Jot Down Cultural Magazine – Rubén Uría: En el país de Dios, Le Tissier

Rubén Uría: En el país de Dios, Le Tissier

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No hay mucho que ver en Southampton, ciudad del sur de Inglaterra, situada a unos 100 kilómetros al sudoeste de Londres. La mayor parte de su casco viejo fue destruido por los bombardeos de los nazis en la Segunda Guerra Mundial y su puerto, uno de los más importantes del Reino Unido, fue el punto de partida del tristemente célebre Titanic. Es una ciudad melancólica, con un clima gris, cuyas carreteras convergen en un mismo punto neurálgico. La M27 envuelve la ciudad con todos los puntos de la costa Sur de Inglaterra, la A34 enlaza con Winchester y la más famosa, la M3, es la autopista que une Londres con Southampton. Sin embargo, en todos los accesos hasta la ciudad conocida como ciudad de los santos uno puede leer cientos de leyendas y carteles a la entrada de Southampton que rezan así: Welcome to Southampton, you’re entering the country from Le God. [Bienvenido a Southampton. Está usted entrando en el país del Dios]. Southampton es muy religiosa, es cierto, aunque basta un cuarto de hora en el corazón de la ciudad para descubrir que, para los casi trescientos mil vecinos de Southampton, ese concepto de divinidad tiene su raíz en el fútbol. En la ciudad desde la que zarpó el Titanic, el título honorífico de Dios de Southampton es para un futbolista de calidad superlativa cuyos milagros forjaron una leyenda a comienzos de los años noventa. Su nombre apenas figura entre las páginas más brillantes de de los libros de historia y estadística del fútbol mundial. Sus goles imposibles nunca merecieron prestigio fuera de Las Islas y sus hazañas nunca llegaron a traspasar el umbral del Canal de La Mancha. Pero si en la Tierra los dioses del fútbol responden por nombres como Maradona o Pelé, existe un lugar en el mundo donde Dios —con mayúscula— es británico. En Southampton, Dios bajó a la tierra para vestirse de corto y jugar al fútbol en un modesto. Lucía camiseta rojiblanca, calzón negro y llevaba el siete a la espalda. En Southampton, Dios era un tal Matt Le Tissier.

El gran ídolo de Southampton nació en Saint Peter Port, en Guernsey, una isla situada en el Canal de La Mancha, entre Inglaterra y Francia. De niño, su sueño era jugar en la Premier League y vestir, algún día, la camiseta de Inglaterra con los tres leones grabados tatuados en su pecho. Talento precoz, hizo sus primeros pinitos como futbolista en el Vale Recreation, equipo en el que se dio a conocer muy pronto por sus goles imposibles, algunos desde el centro del campo o desde el saque de esquina. ‘Para mí, salir de mi pueblo fue como pisar la Luna, así que disfruté de lo único que se me daba bien, jugar al fútbol y beber cerveza’. En 1985 llamó la atención del Southampton, que lo fichó sin titubear. Los dirigentes tenían mucha confianza en aquel chico alto con tendencia a engordar, con nariz de alcayata y gesto displicente, que era tan irregular como genial, siendo capaz de andar, literalmente, durante 85 minutos, para anotar un hat-trick en los cinco restantes. Matt tenía precisión de cirujano en la diestra, dibujaba pases de 40 metros que provocaban el asombro del público y era el terror de los rivales cuando levantaba la cabeza desde fuera del área y apuntaba a la escuadra, alojando la pelota en el ángulo. No tenía demasiada velocidad, no tenía demasiado ritmo, no luchaba cada balón dividido y tenía serios problemas para marcharse de su marcador en velocidad. Pero cuando aquel falso lento encaraba la portería rival, de sus botas salían relámpagos teledirigidos.

En su primera temporada como jugador de los Saints Le Tissier marcó tantos goles espectaculares que la prensa le bautizó como ‘Mister Le’, aunque la hinchada del Southampton fue mucho más allá después de un golazo al Aston Villa, a raíz del cual Le Tissier pasó a ser conocido con el calificativo de ‘Le God’ [El Dios]. Sábado a sábado, la fama de Le Tissier comenzó a crecer entre los fieles que acudían en masa al Victorian Former Ground, el estadio del Southampton, más conocido por The Dell. Después de un par de temporadas donde Le Tissier fue máximo goleador del equipo y su mejor asistente, antes de cada partido los hinchas rojiblancos recibían la salida al campo de Matt con un grito unánime que inmortalizaron como el estribillo de una canción cuya estrofa más repetida y coreada decía: ‘He is God, Matt Le God‘. Matthew, abrumado por tanto cariño, se tomaba su condición de estrella de un modo campechano y terrenal. ‘Me llamaban Le God, pero podría haber sido Matt The Fat [ Matt, el gordo]. Bebía tanta cerveza antes de los partidos que a veces me pesaba el culo. También me pasaba con las hamburguesas y el chili’. Tímido, reservado y hombre de pocas palabras, se sentía extraño ante tanto halago. ‘Cuando me llamaban Dios, no sabía qué decir, sobre todo si me cruzaba con un cura… Yo no era Dios, claro. Imagínate que Dios siguiera mi dieta de cerveza y hamburguesas’.

El siete del Southampton correspondió a tanto afecto con una fidelidad de por vida. Jamás se movió del hogar de los ‘saints’. Nunca abandonó a un equipo pobre privado de grandes futbolistas, acostumbrado a pelear por no descender y cuyo presupuesto era reducido. Vistió la zamarra rojiblanca durante quince intensas temporadas, donde disputó 540 partidos entre Liga, Copa y Copa de la Liga, anotando más de 200 goles como capitán y emblema del club. Muchos futbolistas que compartieron vestuario con Le Tissier sí se subieron en marcha al tren de la fama, fichando por los grandes de Inglaterra, como Alan Shearer, que acabó en el Blackburn Rovers. No fue el caso de Le Tissier. Él jamás llegó a abandonar las calvas praderas del vetusto estadio de The Dell. Nottingham Forest, Arsenal, Tottenham o Liverpool lo quisieron en algún momento. Fuera de Inglaterra, Lazio de Roma, Juventus, Marsella y Atlético de Madrid preguntaron por él. Siempre recibían la misma respuesta. El club estaba como loco por vender, pero Le Tissier nunca les devolvía la llamada. Tenía todo lo que necesitaba. ‘Es fácil jugar en el Manchester United o en el Liverpool. Yo prefiero jugar al borde del abismo, con presión, sacando a un equipo de bajar a Segunda’. En una entrevista concedida a la BBC le preguntaron por qué motivo no había aceptado nunca las ofertas del United o del Liverpool, siempre interesados en hacerse con sus servicios. La respuesta de Matt fue comparable a una Copa de Europa para los hinchas del Southampton: ‘Jugar en los mejores clubes es un reto bonito, pero hay un reto mucho más difícil: jugar contra los grandes y ganarles. Yo me dedico a eso…’. Años después, confesaría a Four Four Two: siempre me pregunté si habría sido capaz de ganar la Premier League, pero conseguí algo más importante, estar 16 años en Southampton y conseguir que ese equipo estuviera en la elite. Quien ha nacido en Southampton sabe de qué hablo, era un pequeño milagro mantener siempre a un equipo tan modesto’.

Le Tissier siempre tuvo claro que entre el honor y el dinero, lo segundo nunca era lo primero. La mejor muestra llegó cuando, a comienzos de los años noventa y según confesión de su mejor amigo y compañero, Ronnie Ekelund—que llegó a probar con el Barcelona de Cruyff—, el Chelsea decidió poner toda la carne en el asador para llevarse a ‘Le God’ a Londres. Por aquel entonces, el Chelsea necesitaba recuperar su cartel como equipo grande y estaba dispuestos a pagar lo que hiciera falta para convencer a Matt, pero Le Tissier jamás llegó a negociar y considerar todos los ceros que podrían adornar su cuenta bancaria. Antes de un partido en casa, Matt me comentó que el Chelsea le había hecho una oferta de tanto, tanto dinero, que la vida de los hijos de sus hijos estaría resuelta —confiesa Ronnie Ekelund—. Luego se calzó las botas, se puso la camiseta con el siete a la espalda y me dijo que él no valía todo ese dinero. Aquel día ganamos, Matt marcó un golazo, se duchó y se fue a casa. Nunca devolvió la llamada al Chelsea. Cuenta la leyenda que rechazó un cheque en blanco del Mónaco (‘son habladurías, me daban mucho dinero, quizá demasiado’), también un ofertón de la Juve (‘no hablaba una palabra de italiano y allí no tendría a mis amigos para hablar en el pub’) y una propuesta, la del Tottenham, que fue la única que estuvo cerca de cuajar (‘me iba a casar y a mi futura esposa no le apetecía mudarse recién casados, así que me quedé y punto’). Esa resistencia a la tentación, ese orgullo por su camiseta, esa contumaz idea de ser el estandarte de un equipo pobre, consiguió que Le Tissier no sólo fuera considerado el mejor jugador del club, sino que se ganó el primer lugar del escalafón del santoral de la hinchada del modestísimo Southampton, un equipo que llegó a batir varias veces a los grandes en su estadio gracias a los goles de Le Tissier, su sempiterno capitán, una especie de Robin Hood del fútbol que robaba a los ricos para dárselo a los pobres. ‘Pude cambiar de camiseta muchas veces, pero no tengo remordimientos. Dicen que soy un romántico, pero los que dicen eso no ven la cara de los niños de esta ciudad, que son felices cuando me piden autógrafos’.

El Dios de Southampton pasaba consulta los fines de semana regalando milagros a su parroquia. Una tarde ganaba, él solo, al Manchester United. Otras veces, salvaba a su equipo del descenso con un gol desde el centro del campo. Y otras, como en la temporada 1994-95, marcaba el gol de los goles. Ese sábado el gigante en cuestión era el Newcastle, y el Southampton estaba en su lugar natural, el fondo de la tabla. Había que ganar o ganar. ‘Estábamos en una situación difícil y pensé, Matt, de esto te deberías ocupar tú porque es lo que los chicos esperan de ti’. Le Tissier enganchó un balón suelto en el centro del campo. La pelota bajaba con nieve y el siete, mal colocado para recibir, giró sobre sí mismo y controló de espuela para bajar la pelota al pasto. Primera ovación y primer rugido del estadio para ‘Le God’. Le Tissier avanza con la pelota controlada, encara a un defensa y le supera en carrera con toque, sutil y dulce, para sortearle por un costado. Segunda ovación y segundo rugido en honor a ‘Le God’. Le Tissier prosigue su carrera hacia el corazón del área, un central le sale al paso y, cuando la pelota bota delante del capitán del Southampton, Le Tissier se inventa un sombrero que deja roto al central. Tercera ovación y tercer rugido de The Dell para su héroe. Matt aguarda a que baje la pelota mientras observa cómo el portero del Newcastle le achica el ángulo desde el área pequeña, espera una décima de segundo y coloca el empeine derecho de su bota para acompañar la pelota de una manera suave y delicada, junto al poste. Para sorpresa del personal, aquel gol maradoniano, kilométrico, desde el centro del campo, no fue elegido gol de la temporada por votación popular. ¿Quién podría superar aquel golazo? Pues… el propio Le Tissier. Su tanto al Blackburn Rovers, desde el centro del campo, con un disparo a la escuadra desde más de 40 metros, fue su milagro más sonado con los ‘saints’. Un gol que hoy, muchos años después, sigue en el top-10 de goles más descargados en Internet en el Reino Unido. ‘Han pasado mucho años desde aquello y ahora puedo decir que tuve mucha suerte. De cien veces, esos goles me salen una’.

La única prueba existente de que Le Tissier era humano y que estaba hecho de carne y hueso, había llegado un año antes, un 24 de marzo de 1993, en un partido de la First Division. Hasta entonces, ‘Le God’ había anotado todos los penaltis que había chutado. Aquella tarde, Matt había marcado un golazo y tenía en sus botas la oportunidad de empatar la contienda ante el Nottingham Forest de Roy Keane y Nigel Clough, el vástago del mítico Brian Clough. Le Tissier cogió la pelota, la colocó en el punto fatídico, cogió carrerilla y pateó, para sorpresa de todos, de modo defectuoso. La pelota salió mordida y Mark Crossley, el meta visitante, alargó la mano para despejar la pelota y conjurar el peligro. Crossley recuerda aquella parada como un fenómeno extraño. ‘Él era un seguro de vida, pero le pegó mal y lo paré’. Le Tissier había marrado una pena máxima y su equipo había caído por 1-2. Entonces sucedió lo inesperado. ‘Matt se me acercó y me dijo que algún día tenía que fallar, y que esperaba que mi parada me diera buena suerte para jugar algún día con mi selección’. Años después, Mark Crossley llegaría a ser el portero titular de la selección de Gales, pasando a la historia como el único portero que fue capaz de detener un penalti a Matthew Le Tissier. Después de casi 16 años en el Southampton, ‘Le God’ anotó todos y cada uno de los que lanzó. Ejecutó 50 penaltis y anotó 49. Tras fallar ante Crossley, nadie volvió a detenerle una pena máxima.

Sin embargo, sus goles espectaculares, su carisma en Southampton y su extraordinaria elegancia sobre el campo nunca fueron un aval suficiente como para que Le Tissier triunfara con Inglaterra. Siendo un chaval pudo haber elegido jugar para Francia, al haber nacido en territorio anglo-francés, y alguna vez debió arrepentirse de no haber probado con Les Bleus. Porque, a pesar de que Le Tissier fue convocado en varias ocasiones para jugar con su selección, nunca fue un fijo para su país. Nunca tuvo continuidad. Siempre fue injustamente marginado. ‘Mi reputación de perezoso no me hizo ningún favor con Inglaterra. Cuando estaba en el mejor momento de mi carrera los seleccionadores no fueron lo suficientemente valientes como para encontrarme un acomodo en el once inglés’. Sólo disputó ocho encuentros con la camiseta de los ‘pross’ y se quedó fuera tanto de la lista de la Eurocopa de Inglaterra, en 1996, como dos años más tarde del Mundial de Francia, en 1998. Ni Terry Venables ni Glenn Hoddle, ni Kevin Keegan ni Sven-Göran Eriksson confiaron en su pie de seda. Todos dieron la espalda a Le Tissier como pieza clava para ganar los campeonatos y le sacrificaron en beneficio de jugadores de un perfil mucho más áspero. Unas veces fue por sus lesiones musculares. Otras veces, el ‘no’ llegó por sus problemas de espalda, otras, por su propensión a engordar más de la cuenta y, la mayoría, por su carácter introvertido. Nadie sabe qué habría conseguido Inglaterra con el siete del Southampton como director de orquesta.

Con los tobillos resentidos, con un evidente sobrepeso, con múltiples problemas en su espalda y una rodilla muy desgastada decidió colgar las botas en el año 2002. Tenía 33 años y había dado toda una vida por su club. En mayo de ese mismo año Matthew Le Tissier tuvo su partido homenaje, en un choque amistoso que enfrentó a sus dos únicos equipos desde que era un niño. El Southampton y la selección de Inglaterra. Rodeado de sus ex compañeros, Alan Shearer, Tim Flowers, Paul Gascoigne o Ronnie Ekelund, el último adiós de Matt Le Tissier congregó a 32.000 aficionados en las gradas. Fue un día triste para Southampton, aunque él lo asumió con naturalidad: ‘En esta vida estamos para pasar un buen rato’. Su cuerpo había dicho basta y su prominente barriguita jamás volvería a lucir la elástica con el siete. El Daily Mirror fue tajante en su emotiva despedida: ‘Se va uno de los más grandes de la historia, un genio de andar por casa que habría sido mucho más si hubiera querido irse de Southampton’. Tras la retirada de Le Tissier los fans del Southampton comercializaron un CDRom biográfico con todos los detalles de su carrera. Sus mejores goles, su vida, sus comienzos, sus mejores frases, su familia y sus amigos. Lo compraron veinte mil seguidores y tuvo tanto éxito que a partir de 2006 decidieron que se pudiera descargar de manera gratuita a través de Internet.

Aficionados, ‘celebrities’ del fútbol británico y prensa coinciden en señalar que Matt Le Tissier fue único, irrepetible, un genio que pudo haber marcado una época. Sir Alex Ferguson fue explícito: ‘Podía ganar un partido cuando le diera la gana’. George Graham también: ‘Tiene aspecto de gordinflón, pero le ves tocar la pelota y piensas, demonios, quién fuera un gordinflón’. Su compañero Ekelund, tajante: ‘Si tenía ganas de jugar, te marchabas al vestuario sabiendo que habías visto jugar a Maradona en The Dell’. Y Tommy Docherty, mito viviente de los banquillos y que presume de haber tenido más clubes que Jack Nicklaus, ponía el dedo en la llaga: ‘Podría haber sido lo que le hubiera dado la gana. Su pierna derecha era pura clase’. En opinión de Julio Maldonado, comentarista de fútbol internacional de Canal Plus y la Cadena SER, Le Tissier fue uno de esos talentos mitad pereza, mitad genialidad. ‘Recuerdo haberle visto bostezar en mitad de un partido. Era el Mágico González del fútbol inglés. Tenía un talento similar, no exagero. Le Tissier era un deleite para la vista’. Gaby Ruiz, analista de Canal Plus y eminencia del fútbol internacional, define al siete eterno del Southampton en cuatro palabras: ‘El Trinche, Le Tissier’, en un paralelismo con la figura genial de Carlovich con el genio británico. Axel Torres, referencia en Gol TV y Radio Marca, considera que Matt fue ‘una isla de clase y fantasía casi latina en el contexto de un fútbol inglés que no parecía poseer espacio para piernas finas y cabezas frías como la suya’. Iván Castelló, comentarista del programa Fiebre Maldini va más allá. ‘En su grandeur, Napoleón imaginó su Imperio, y esa obra inacabada la continuó Matt Le Tissier en un campo de fútbol. Fue el mejor jugador que jamás he visto’. Y Fermín de la Calle, periodista de As y Esquire, disecciona así al crack que se quedó grabado en su memoria: ‘Recuerdo que vi a Le Tissier con mi padre, en el año 94, en el campo del QPR. Escondía la mejor pierna derecha del fútbol inglés en un cuerpo de estibador. Era el Zidane de la Premier en una Premier más británica y menos técnica que la actual. Era perfume caro en una botella de dos litros’.

A día de hoy, Matt Le Tissier nunca ha querido aceptar las ofertas que le han llegado para ser entrenador ni ha escogido vincularse a la directiva de su club de toda la vida. Realiza colaboraciones puntuales como comentarista de la cadena Sky Sports y suele relajarse tomando el sol en España, su destino favorito, mientras mejora su hándicap jugando al golf en La Manga. Allí, después de cada partido con los amigos, aprovecha para contar algunas de sus anécdotas más famosas, para charlar de fútbol y presumir de algo que muchos desconocen, haber sido una referencia para el Von Karajan del Barça y de la selección española, Xavi Hernández. ‘Lo dijo en una entrevista y salió en los periódicos, no me lo podía creer. Fui el ídolo de Xavi, el del Barça, cuando era un niño. Algunos de vosotros soñaríais con eso ¿verdad?’. Querido por todos los ingleses y sin el pesar de haberse quedado a la mitad de lo que podría haber sido, Matt Le Tissier confiesa que no se pierde ni un solo partido del Southampton y tampoco del Barça. Se declara entusiasta de ‘Xabi Alonso y sus cambios de juego impresionantes’ y de las cabalgadas eléctricas de Leo Messiel mejor futbolista del momento, a la altura de Maradona’, aunque pone el acento en cómo ha evolucionado el fútbol en apenas unos años. ‘Cuando yo jugaba, todos me decían que corriera y yo hacía correr la pelota. Hoy todo es diferente, el fútbol ya es más técnico’. Tras publicar con éxito editorial su autobiografía, Taking Le Tiss, sigue echando balones fuera cuando le preguntan sobre el talento natural que encumbró su admirable carrera: ‘Decían que yo era muy bueno, pero exageraban’. Nunca fue un santo, incluso llegó a verse inmerso en un caso de apuestas ilegales, pero siempre fue fiel a una personalidad tan particular como poco común. ‘Nunca me gustó correr demasiado, ni en la vida, ni en el campo. Para mí, el dinero nunca lo fue todo. El cariño de la gente, sí’. A día de hoy, Le Tissier sigue siendo el embajador más universal de los ‘saints’ y el hijo pródigo de Southampton, una ciudad que, en todas sus carreteras y autopistas, está plagada de varios carteles que mantienen viva la llama de su leyenda: Bienvenido a Southampton, estás entrando en el país de Dios‘.

41 comentarios

  1. Sin duda, este es el artículo que más me ha gustado de Rubén Uría y hoy me he leído TODOS los suyos. Llevo 3 horas leyendo. Enhorabuena

  2. Algo que me parece curioso es que hayan tantas historias futbolísticas en las islas británicas

    • Es que, sin duda alguna, son la Biblia del fútbol a nivel de literatura y mitos. Argentina también. España mucho menos

  3. Grandisimo artículo y grandísimo personaje el bueno de Matt.

  4. Su golazo del Blackburn Rovers todavía lo recuerdo y el del Newcastle lo acabo de ver en yioutube y es flipante. Un grandioso jugador que pudo haber sido un crck mundial, pero nunca salio del Southampton ni de Inglaterra

  5. Por cierto, gran idea lo de contar con opiniones de otros periodistas tan buenos como Maldini, Gaby Ruiz o Axel

  6. Una vez más, gracias Rubén

  7. Un artículo tan genial como el mismo Le Tissier. Enhorabuena.

  8. Magnifico articulo Rubén, creo que es el jugador que mas me ha fascinado sin haber llegado a verle en directo nunca, me encantan los artículos “biográficos” que haces, sobre todo este y el de Vinnie Jones.

  9. Gran artículo Rubén, hoy he podido aprender algo más de historia del fútbol internacional gracias a tu trabajo. No sabía Matt Le Tissier fuese el ídolo de Xavi en su infancia. Gracias, espléndido trabajo.

    Xavi Navarro

  10. Palabra de Dios e imborrables recuerdos de ávidas esperas para contemplar los resúmenes de la Liga inglesa con la intención de ver, como cuenta Rubén, los goles de un Dios vestido de corto, gordo y desmadejado pero celestial. En mi ignorancia geográfica he de reconocer que si conozco Southampton es por Le Tissier pero evidentemente tras leer a Rubén conozco mucho mejor tanto a Matt como a la ciudad del sudoeste de Londres. No lo sabía pero no me extraña que Xavi lo considere un ídolo…

  11. Ha sido uno de los mayores genios del fútbol, pudo ser más grande si no fuese tan introvertido: imaginarlo en el United con Giggs y Cantona a mediados de los 90 y se me cae la baba.

    No sabía que fue un ídolo de Xavi. No tiene mal gusto y no sabe de fútbol el jodío.XD

  12. Mi jugador favorito. Ójala hubiera más jugadores como Le God.

  13. El fútbol actual es una pena, cualquier medianía que medio hace algo va a ser conocido por millones de personas más que las que conocieron a jugadores como este en su época, será cosa de la globalización… Y lo de One man club a ver cuantos mas salen a partir de ahora

  14. Gracias Rubén por compartir tus conocimientos con nosotros

  15. Uno de mis preferidos de siempre contado por uno de los mejores. A pedir de boca. Enhorabuena, JotDown.

  16. Grande Matt,que aprendan muchos jugadores del momento lo que es sentir una camiseta

  17. Sir Matthew Le Tissier, junto con Mágico González, el talento futbolístico más descomunal y asombroso que yo haya visto. Ha habido muchos otros más completos, regulares, profesionales, pero lo que era capaz de hacer este tipo era irrepetible. Otra joya periodística del gran Rubén.

  18. ¡Magnífico artículo captando toda la carisma de uno de los grandes, de los pocos “especiales” del mundo del fútbol!

  19. Gran artículo, una delicia leerte, como siempre.

    El fútbol, y el deporte, está lleno de historias, muchas de ellas desconocidas que merecen salir a la luz.

  20. Joder, ¡qué gordo está en la foto del puro!

  21. Impecable. Voy a tener que guardar estos artículos para casa porque siempre los ojeo en el trabajo y termino por leerlos del tirón. Enhorabuena, pero ¿para cuándo ese libro recopilatorio?

  22. Muy buen articulo. Enhorabuena.

  23. Enric González ya escribió un artículo en “El País” hace unos años sobre Le Tissier.

    No conocía que hubiese podido jugar con Francia, quizás habría que confirmar ese dato; como ciudadano de las Islas del Canal, podía elegir jugar con Inglaterra, o con Escocia, con Gales o con Irlanda (entiendo que con Irlanda del Norte, no con Eire, pero vaya usted a saber); la situación jurídica de las Islas del Canal es un poco liosa, no son parte del Reino Unido, son “dominios de la Corona” o “territorios de ultramar” o lo que sea; no tienen conexión jurídica con Francia, de ahí mi duda sobre que pudiese haber jugado en la selección francesa.

    También era originario de las Islas del Canal Le Saux, que jugó en el Chelsea y también en la selección inglesa.

    Un saludo

  24. Apoyo la moción de un libro recopilatorio,fantástico artículo de nuevo señor Uría.

  25. Artículo y jugador a parte (fantásticos), hablando de esas leyendas del fútbol, Quini del Sporting encarna mejor que nadie en España ese espíritu: jugadorazo, humano, con vicios, con historias (más felices y más truculentas), religión en Gijón y seguro, entre muchos, en Barcelona ¿Qué tal un artículo sobre él?

    • Buena sugerencia la de Quini, aunque ya si Rubén Uría dedica uno de estos artículos a Mágico González… en fin, me emociono solo de pensarlo

  26. Magnífica historia como todas las tuyas Un abrazo maestro,

  27. Descubrí a este tipo gracias a Lobo Carrasco y a Maldini en “El día después”. Nunca entendí cómo no jugaba con su selección, sus goles eran antológicos!

  28. Pingback: Matthew "Le God" Le Tissier

  29. Grandísimo jugador, pero precisamente su forma de ser y su integridad son las que le hacen más grande, ahora cualquier proyecto de futbolista mete un gol y se besa el escudo, lo que hay que ver. Gracias por el artículo me recuerda mejores tiempos.

  30. Pingback: "Welcome to Southampton, you’re entering the country from Le God" « Fútbol Sin Trampa

  31. Espectacular texto y espectacular futbolista. Al atribulado Maldini no le falta razón cuando compara a Le God con Mágico. Uno era Keith Richards y el otro, Peter Tosh… o algo así…

    http://blogs.laopinioncoruna.es/zorromono/2011/01/19/el-mejor-ano-de-nuestras-pus-vidas-y-ii/

  32. La historia me recuerda a la de Fernando LlorentJAJAJAJA saludos

  33. Hola

  34. Gran artículo.
    ¿Para cuándo un artículo sobre la filosofía del Athletic de Bilbao?

  35. El articulo es una tontería, porque da a entender que le Tissier era una suerte de excentrico por no haber jugado en otro equipo de más nombre cuando eso era habitual en la premier de principios de los noventa, la filosofía del one club man (incluso cuando se iba a segunda)estaba profundamente arraigaida en Inglaterra en esa epoca. No era mayoritario ,porque muchos si se iban a Liverpool, Manchester ,o Londres si había oferta, pero si era habitual, por asi decirlo.

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