Arte y Letras Literatura

Vladimir Nabokov, un hooligan ruso en propio campo

Vladimir Nabokov

Cuando Vladimir Nabokov (San Petesburgo, 1899) escribió Lolita, había cambiado ya el ruso por el inglés, y su país natal por Europa, primero, y Estados Unidos después. Fue en este último, en cambio, donde se reconcilió quizá con su origen imperial, trazado de vastos territorios largamente recorridos en su novela más provocadora, novela de carretera americana (distinta y contemporána de On the road, de Kerouac), y en ella cometió todos los disturbios y actos vandálicos que su perturbado protagonista tuvo a bien contarnos.

Pero antes de hacerlo, Nabokov ya había explorado muy a fondo otros campos de los que saldrían espléndidas novelas. A partir de su afición por el ajedrez escribió La defensa, relato de la vida de un ajedrecista, donde mostró lo que puede ocurrir cuando nos entregamos por completo a una única pasión, permitiendo que esta nos domine. Anécdotas mínimas que complementan la que probablemente fue la obsesión máxima del célebre escritor: las mariposas.

La observación de los lepidópteros fue la píldora para aumentar aún más, si cabe, la conocida excentricidad de su persona. La Ciencia reconoció recientemente la validez de algunos de sus descubrimientos de especies (a una la nombraron incluso Nabokovia) y de sus estudios sobre sus órganos. Para él, fue la actividad principal en la que su mujer Vèra le acompañaba siempre (él no llegó a sacarse nunca el carnet de conducir y ella le llevaba) hasta el punto de afirmar que los placeres y recompensas de la inspiración literaria no eran nada comparado al arrobamiento de enfrentarse al microscopio. Sin embargo, incluso esto lo plasmó en forma de literatura en The Original of Laura, un manuscrito inédito publicado en 2009.

A grandes rasgos se podría decir que la minuciosidad y el detalle fueron el modus operandi nexo de unión entre su habitat natural y el mundo fictício, su otro campo. Nabokov fue un esteta del lenguaje y de lo que con él se podía crear.

Lolita de Kubrick
Lolita, de Kubrick

El deseo verbalizado en Lolita

«Entre los límites temporales de los nueve y los catorce surgen doncellas que revelan a ciertos viajeros embrujados, dos o más veces mayores que ellas, su verdadera naturaleza, no humana, sino de ninfas (o sea demoníaca): propongo llamar ‘nínfulas’ a esas criaturas escogidas».

Nabokov dio nombre a algo que ya existía en nuestras mentes y en la “realidad” (según Nabokov, esta palabra solo puede concebirse entre comillas): hay jovencitas impúberes al borde de la adolescencia que resultan perturbadoras, sexualmente inquietantes. Él las llamó, como dice, nymphets, nínfulas, lolitas.

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8 comentarios

  1. Palabras superfluas y vacías.Nada que ver con la obra de la que habla.Por ejemplo , «hooligan».Significa algo aquí ? No , nada

  2. Lo-li-ta

  3. Liborardura

    Un poquito flojo, breve, sin aportar nada, y con un empiece terrible. Estamos en una clase la ESO? Cuando escribió Lolita había dejado el ruso (hombre, gracias, ya lo sabíamos, lo había dejado muchos años antes) y el inglés lo manejaba desde antes de ir a Oxbridge, cosas de pijos rusos que en 1910 ya tienen institutrices en inglés: Habla Memoria

  4. Pues a mí me ha gustado. Y estoy de acuerdo con la idea central del artículo. Por cierto, aunque el dato inicial (abandono de Nabokov del inglés como legua literaria) es conocido, quizá no le sea para todo el mundo, y por otra parte sirve para situar al lector en la biografía de nabokov.

  5. Pues a mí también me ha gustado.

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  7. Pingback: Nabokov, Lolita y todo lo demás

  8. Me ha gustado el reportaje, enfocado desde un punto de vista poco usual e interesante. Quizá añadir que, bajo mi punto de vista, la novela no es la culpable del mito de Lolita, lo es la película de Kubrick porque sexualiza a Lolita, victimiza a H.H. y muestra cómo Lolita manipula a éste; o sea, que la película traiciona el mensaje de la novela (muy claramente).

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