Deportes Sociedad

Antimundial en el país del fútbol

Rio
Fotografía: Cordon Press.

El pagode es un subgénero de samba convertido en fenómeno comercial desde hace dos décadas en Brasil. Mucho más instrumentada y percusiva que la versión original, es la música más popular en el gigante sudamericano y sus compositores e intérpretes, dioses. Por eso bastaron solo un par de horas para que el país montase en cólera al leer la noticia que se desparramó por medios y redes: la FIFA había registrado esa palabra, «pagode», en el Instituto de la Propiedad Intelectual para el año 2014. O sea, que lo hacía suyo. En realidad fue una falsa alarma. Contra lo que se dijo al principio, no se prohibía la reproducción de la palabra, sino que la Fifa bautizó con ese nombre la fuente tipográfica del Mundial y la protegieron patentándola. Pero el daño ya estaba hecho. La prensa diaria, poco sospechosa de posicionarse contra lo que rodea la Copa del Mundo, publicó columnas incendiarias contra la apropiación de un concepto intangible y querido como el pagode. Ya la indignación en contra había desbordado incluso a sectores de la gigante sociedad brasileña que jamás lo hubieran pensado en 2007, cuando se supo que su país acogería el Mundial. Por aquella época el evento era motivo de orgullo e hinchazón pectoral generalizados. Siete años después, la sonrisa no es la misma. La catarata de noticias sobre el papel de la FIFA, sumada al enfriamiento económico y, lo más importante por inusitado, el arrojo con el que la gente salió a la calle a protestar por primera vez en décadas, tiraron a la lona el sueño del Mundial feliz en el autodenominado país del fútbol. Contra lo que se viene gritando en las calles de las grandes ciudades brasileñas el último año como un mantra, sí, vai ter Copa, va a haber Mundial, pero está por ver cómo resulta y a qué precio —no solo financiero—: obras inacabadas o sin empezar, estadios que se quedarán sin uso tras el evento y desatención a los problemas reales de un país con mucho que trabajar antes que celebrar. En eso se basan los contrarios a la FIFA para manifestarse contra el Mundial, que no el fútbol como deporte. Veamos entonces las causas y consecuencias.

1-¿Por qué un Mundial en Brasil?

En la ciudad suiza de Zurich se yergue la sede principal de un ente, porque no se le puede llamar empresa, mucho menos ONG, que rige los destinos del fútbol. Se llama Federación Internacional de Fútbol Asociación y es la dueña de la pelota, porque domina hasta la última micra de lo que se mueve en el fútbol, que en su versión moderna, más bien contemporánea, se refiere única y exclusivamente a dinero. Money. No es de ahora: precisamente fue un brasileño, João Havelange, el que empezó a cambiar los destinos de la FIFA —ergo el fútbol— al globalizar el negocio del deporte más universal, valga la redundancia. Su última gran jugada antes de retirarse, de hecho, fue llevar el Mundial a Asia, el mercado más achicharrado, en 2002. Después asumió el poder su lugarteniente europeo, Joseph Blatter, que mantuvo la política de rotación de mundiales por continentes. Allá por 2007 se decidió —así, en impersonal— que el Mundial de 2014 se jugaría en Brasil. El proceso, pese a todo, tuvo su protocolo: como después de Asia fue Europa (Alemania 2006) y más tarde África (Sudáfrica 2010) lo lógico era volar a América, específicamente a la del sur, pues la federación del norte, Concacaf, ya había tenido su torneo relativamente hacía poco (EE. UU. 1994). Así que se pusieron en manos de la Conmebol, asociación sudamericana, que a su vez pasaron el regalo al entonces todopoderoso presidente de la todopoderosa Confederación Brasileña de Fútbol (CBF), Ricardo Teixeira, a la postre yerno de João Havelange, y le dijeron que tenían un Mundial esperándolos. No había interés en los otros nueve países de la Conmebol —salvo la Colombia de Uribe, que terminó apartándose del camino muy a su pesar— en meterse en un fregado como el que afrontaría Brasil, encantando de haberse conocido, por aquella época, con crecimiento económico a tasas chinas y un presidente que iba de cumbre en cumbre sin tocar el suelo. Lula da Silva aceptó el soplido de Teixeira y tachán, Brasil se convirtió en único candidato a albergar el Mundial 2014. Se oficializó el 30 de octubre de 2007 en Zurich. La comitiva de la Confederación Brasileña de Fútbol era variopinta: el presidente, el director de comunicación, dos excampeones del mundo (Romário y Dunga) y Paulo Coelho. Sí, Paulo Coelho. Debió de ser algo ridícula la historia porque no hubo ni presentaciones ni carpetas: era Brasil o Brasil. «No conozco a nadie que haya visto el dossier brasileño de 2014. Porque no existe». Quien habla se llama Christopher Gaffney, elemento fundamental en la crítica de lo que ocurre en las bambalinas de los grandes eventos. Estadounidense, exfutbolista profesional, geógrafo y profesor visitante de la Universidad Federal Fluminense de Río de Janeiro, es el académico de referencia en torno a Mundiales y Juegos Olímpicos. De hecho, la Universidad de Zurich —justamente— lo acaba de contratar para que investigue en el próximo lustro la transición entre Brasil 2014 y Rusia 2018. Gaffney abre bien los ojos en su casa del barrio carioca de Flamengo y añade: «Desde 2002 Brasil sabía que sería sede. Luego, formalmente, se supo en 2007, y en 2009 se firmaron los contratos de las sedes con la FIFA, con una matriz de responsabilidad que incluía proyectos de todo tipo y que se han cumplido en muy pocos casos». Estaba todo listo, pues, hace nada menos que doce años. Curiosamente, ese año en que según Gaffney se puso la primera piedra del Brasil mundialista, en 2002, un grupo de muchachos también sembraron la semilla de lo que se convertiría en núcleo de la lucha anti-Mundial, al crear los comités contra los Juegos Panamericanos de 2007, que se celebraron en Río. Sin saberlo, la contestación al Mundial acababa de comenzar. Y la rotación de continentes para organizar mundiales acababa de terminar.

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18 comentarios

  1. Pingback: Antimundial en el país del fútbol

  2. Hubo unas declaraciones muy divertidas de una responsable de no sé qué comité advirtiendo que no era el momento adecuado para las protestas, que eran inútiles y debían haberse producido antes, porque «ya habían robado todo lo que se podía robar»….

    También he leído que el presupuesto, con gran parte de las infraestructuras sin acabar, ya ha superado a la suma de lo gastado para los dos últimos, el de Alemania y Suráfrica…

    Todo muy edificante.

    • Quintanilla

      Hablas de Joana Havelange, hija del presidente de la confederación brasileña (que dimitió al ser investigadopor corrupción), nieta del ex presidente de la FIFA, Joao Havelange, y directora ejecutiva del Comité Organizador del Mundial. Vamos que en fútbol también funciona la monarquía, con su corrupción incluida.

  3. Se suele pensar que es un buen negocio organizar un Mundial en un país futbolero (o, mejor explicado, en un país con una liga potente de fútbol), y es cierto que normalmente es así. Poniendo por caso Alemania 2006, el Estado gastó un dinero en estadios empleando cofinanciación (los clubes propietarios pagaban parte), obtuvo un retorno económico inmediato a través del gasto de las aficiones visitantes e indirecto a base de la mejora de imagen del país (turismo futuro, etc). Y de cara al futuro, quedaron unas instalaciones modernas que han aumentado los ingresos de los clubes y mejorado mucho la liga alemana de fútbol.
    En un principio se podría haber pensado que Brasil era un país inmejorable para repetir este esquema exitoso… parece ahora bastante claro que no ha sido el caso.

  4. Por cierto, una de los parámetros más curiosos del negocio FIFA World Cup es que, siendo el evento más seguido del mundo, deja miles de millones de euros en derechos de imagen, televisión, publicidad, etc… que van a parar a las arcas de una organización sin ánimo de lucro en lugar de servir como financiación de las obras para el país organizador.
    O sea, un señor convoca una fiesta en tu casa, te gastas el dinero en decorarla bien y en comprar bebida y comida, luego te tocará limpiarla… pero las entradas al evento las vende ese señor que dice que no lo hace por ganar nada sino por amor al arte… y al final se queda todo el dinero.

  5. Pingback: Amor y Odio - Blogs lanacion.com

  6. Um funk com a cara do Brasil. Das pessoas mais carentes nascem os craques do futebol! Me orgulho disso.
    http://mariadario.wordpress.com/2014/06/11/filosofia-da-arte-musica-o-funk-da-copa-o-funk-da-cara-do-brasil/

    Queria que vocês soubessem que @s brasileir@s estão mudando! Um abraço a todos.
    http://mariadario.wordpress.com/2014/05/17/etica-esperando-a-copa-2014/

  7. Pingback: El fútbol es bueno » El Descodificador

  8. Pingback: 5 cosas que debes saber sobre el mundial | Redacción

  9. João Carlos

    Já sabemos o que fazer com os estádios após a Copa:
    Vamos transformá-los em penitenciárias e alojar o congresso nacional.
    Não teremos melhor destinação.
    Ninguém se salva.

  10. Corrupcion a tuti plen

    En los países del 1er mundo (Alemania) suelen hacer mejor las cosas, sobre todo en lo económico. En los del 2ndo (España) peor. No se como sería el tema del mundial (de 1982) y las Olimpiadas (1992), económicamente ,para España y para Barcelona, respectivamente. Para Barcelona parece que bien, por la cantidad (dicese que desproporcionada) de turismo que hay desde entonces. En los del 3er mundo (Brasil) a pesar de la notable mejora en los últimos 10 años, sigue habiendo unas desproporcionadas desigualdades. La corrupción siempre aparece donde no había dinero y empieza a aparecer, casi de la nada (España y el ladrillo): Ahora Brasil seguramente China, también. maldito dinero…mal empleado. He dicho.

  11. Pingback: Lecturas de Domingo (41) | Ciencias y cosas

  12. Pingback: La FIFA, el monopolio sin control

  13. Pingback: SABER MÁS: La polémica sobre el Mundial de Brasil | Ágora

  14. Pingback: Brasil 2014. Cuba posible. | OnCuba

  15. Pingback: Los elefantes blancos de Brasil - Jot Down Cultural Magazine

  16. Pingback: Los elefantes blancos de Brasil – Jot Down Cultural Magazine | spottnews

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