Andoni Zubizarreta y Enric González o si Messi está contento, lo demás es fácil - Jot Down Cultural Magazine

Andoni Zubizarreta y Enric González o si Messi está contento, lo demás es fácil

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Andoni Zubizarreta (Vitoria, 1961) es un fajador. Como guardameta del Athletic, del Barcelona y de la selección solía recibir críticas por su mal juego con los pies. Cruyff le despidió tras la derrota frente al Milan en la final de Atenas y le dejó sin equipo. Ahora, gran parte de la afición le cuestiona como director deportivo barcelonista. Es un hombre tranquilo y reflexivo. La entrevista se desarrolla ante uno de los campos de entrenamiento.

¿Qué tal trabajo es el suyo?

Es un trabajo apasionante. En caso de que te guste el fútbol, evidentemente. Estás trabajando en lo que sería el back office, en lo que sería la organización de la obra. Desgasta por lo que tiene de exposición pública, porque todas las decisiones o no decisiones son sometidas a escrutinio sin esperar a si han sido buenas o malas en función del tiempo en que se han tomado y en el que se han podido desarrollar. Desde el punto de vista personal, y me refiero a la familia, es difícil de llevar porque nuestra semana de trabajo no es una semana normal, incluye sábado y domingo y el lunes recomienza. La gente encuentra momentos para disfrutar en familia en fines de semana, Navidades, verano, pero nosotros vivimos al margen de ese calendario. Puedes programar algo importante para un día, pero si ha pasado algo o han cambiado el partido del martes al miércoles… Como observatorio, mi trabajo es apasionante. El fútbol es un sitio espléndido para mirarse uno mismo, al deporte, a la sociedad, al momento social, al político…

¿Y de uno mismo qué se ve?

Te encuentras ante tus limitaciones, tus circunstancias, descubres que hay cosas que puedes hacer pero que no eres Superman. Mi cargo es director del área de fútbol, y me doy cuenta de que dirigir, en el sentido de mandar o imponer, es algo fuera de mi alcance. Lo que hago básicamente es planificar, ordenar y organizar. Puedo proponer, convencer, ofrecer posibilidades y opciones para no tener que acabar enrocado en una situación. En una organización clásica de empresa mi posición estaría por encima de la de los entrenadores y la de los jugadores, pero es evidente que en el fútbol los entrenadores y los jugadores son los que llevan la parte del negocio, que además es la que al público le gusta.

La suya es una posición extremadamente expuesta. Después de cada partido se opina sobre usted, que ni ha jugado ni ha hecho la alineación.

Es uno de los aspectos del trabajo a los que tienes que acostumbrarte. Cuando fichas a un jugador culminas una decisión que empezó a tomarse a veces hasta dos años antes. Son análisis largos. Seguimos al jugador que queremos fichar durante muchos meses en muchos partidos.

¿Ahora mismo a cuántos estaría siguiendo?

¿Un número?

Aproximado, si quiere.

En la primera parte de la temporada, desde agosto hasta noviembre, hacemos una observación global. Ahora ya sabemos cuáles pueden ser razonablemente las necesidades que podemos tener para la temporada que viene (si el tema FIFA se soluciona), y repasamos la situación de jugadores que ya habíamos marcado como posibles incorporaciones por si surgiese una lesión grave y surgiera la posibilidad de fichar, previa consulta a la FIFA. Ahora mismo nos fijamos en unos veinte o veinticinco jugadores. Aunque eso depende de dónde mires, porque en fútbol formativo la cantidad de partidos que se ven al año es bestial, vemos a muchísimos jugadores. Lo que se hace para el primer equipo es más claro y visible, pero lo que hago durante una semana normal tiene mucho más que ver con cuestiones ajenas a la planificación. Puedo tener dos reuniones sobre renovaciones o situaciones contractuales; sin embargo, mucho de lo que hago está relacionado con la metodología, con resolver temas de gente que tenemos por ahí viendo partidos, con pagar las facturas que pasan… Son cosas más relacionadas con la administración que con el campo.

Creo que dedican bastante tiempo a una cuestión de metodología.

No encuentro una palabra mejor que esa, metodología. Somos un club que se caracteriza por proponer una forma de jugar al fútbol diferente. Un amigo entrenador me decía que el fútbol consiste simplemente en cómo llevar el balón desde tu portería hasta la contraria, y cada uno propone una fórmula. Nosotros proponemos la combinación en el juego, la creación de superioridades en un sitio para llevar el balón a otro… por eso tenemos un perfil de jugador un poco especial y buscamos una comprensión del juego un poco más compleja de la habitual, que ya es de por sí compleja. El fútbol es probablemente el juego más sencillo que existe si nos fijamos en sus reglas, pero es enormemente complejo en su desarrollo: campo grande y once contra once; las posibilidades que se dan ahí son muchísimas, y eso lo hace extraordinariamente rico e interesante. Esa es la parte que me gusta. Nuestros primer y segundo equipos son un referente en todo el mundo, y lo que hemos hecho ha sido trasladar eso del Barça B hacia abajo. Todo el mundo dice que a nuestros equipos, desde pequeños, se les ve jugar de una forma determinada: en la posición de 4 incluso un niño de nueve años se parece a Busquets, los interiores se parecen a Xavi o Iniesta… esas cosas se reconocen. Porque buscamos ese tipo de jugadores, pero también por cómo trabajamos con ellos para que vayan desarrollando su talento, vayan adquiriendo ciertas habilidades y características a partir de ese proceso de formación. No sería lo mismo que un programa académico de un niño que entrara a la escuela con ocho años, pero se podría asemejar. Y en ese proceso estamos. Tenemos la ventaja de contar con Paco Seirul·lo, que es el motor de esa metodología. Metodología es una palabra que no nos gusta, sería más apropiado hablar del desarrollo del jugador o el crecimiento de su talento, pero aún no hemos encontrado unas siglas o un nombre chulo para eso. Tenemos a Seirul·lo y tenemos a Jordi Roura y Aureli Altimira, que han estado en el primer equipo y ahora trabajan en las categorías inferiores. Disponer de esa experiencia ofrece una oportunidad única, porque es muy difícil que entrenadores del primer equipo bajen al fútbol formativo. Además estamos en el proceso de recoger datos en un programa informático para cruzarlos luego y que nos den pautas para el futuro. Lo organizamos todo alrededor del jugador. Para nosotros, los datos fundamentales son el juego y el jugador. El juego lo hace el jugador, así que definiendo lo que queremos como juego decidimos qué tipo de jugadores queremos y qué tipo de mentes queremos en ellos. No pretendemos hacer ciencia sino registrar lo que nos vaya pasando para ver si en tres o cuatro años, mirando ese mapa de cosas que nos han ido pasando, somos capaces de detectar pautas.

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Esa es la parte que se puede desmenuzar en estadísticas. Luego está la tormenta perfecta en la que llevan unos cuantos años: Guardiola se va, se queda Tito, se pone enfermo, llega la sanción de la FIFA por algo que se ha hecho mal, Xavi se va y al final se queda…

la marcha de Víctor Valdés

… un conflicto muy vistoso para el público entre la directiva actual y las anteriores… Todo esto no era previsible, pero es lo que tienen que manejar ahora, incluyendo la necesidad de realizar los fichajes de dos años por si la FIFA mantiene su sanción.

El fútbol es el juego de lo imprevisible, es donde pasa aquello que no iba a pasar. Hoy estaba leyendo en un artículo de Icon que el fútbol es de letras, porque es muy difícil de parametrizar. Por eso almacenamos datos, para ver si encontramos claves. En fútbol puede ganar el equipo que menos tiene la pelota, el que menos chuta… se puede ganar hasta sin chutar porque el rival puede meterse un gol en propia puerta. En el Barça se han dado situaciones impredecibles muy complejas. Cuando yo aterricé aquí en 2010 las grandes preguntas que se planteaba el Barça eran si podría mantener su nivel de excelencia en el juego y cómo hacer la transición de Pep Guardiola, que era un referente, no solo en la gestión del vestuario sino también en la comunicación. Esas eran las dos preguntas. Visto desde ahora, ojalá las preguntas hubieran sido solamente esas dos. Ocurrieron algunas desgracias humanas, como en el caso de Tito Vilanova o el de Abidal. A veces olvidamos que los deportistas son personas que pueden ponerse enfermas. En el caso de Abi, recuerdo que estaba viendo un entreno en el Campo 2 con el director de nuestros servicios médicos y comentábamos lo bien que estaba físicamente Abidal. Y de repente apareció el cáncer.

Fueron dos casos de cáncer.

Estadísticamente es muy raro. Ha habido casos en otros clubes, como el del recientemente fallecido entrenador de baloncesto de Zaragoza, pero dos a la vez en un mismo club… Eso implica un desgaste personal muy grande, porque las decisiones profesionales que tienes que tomar están impregnadas de elementos emocionales. Decidir sobre la marcha de Abi fue muy complejo. Uno no puede aislarse de lo que ha vivido con él durante dos años.

¿Cómo se le quedó a usted el cuerpo?

Te quedas mal. Aunque tengas tranquila la conciencia, aunque hayas tomado la decisión después de haber consultado a todo el mundo y creas que es la mejor posible, te sientes mal. Deja heridas. De ahí viene eso que decía de aprender sobre uno mismo, de esas situaciones y de cómo las vas asimilando. La transición de Pep a Tito también ha sido compleja y nos ha dejado muchas heridas emocionales y personales.

Parecía que podía ser una transición más o menos amigable cuando se planteó.

Han pasado dos años desde aquello y tantas cosas… En ese tránsito también pensamos que lo fundamental era el juego y nuestra idea del juego. Es decir, qué somos y cómo somos, y esa fue nuestra guía de decisión. La mejor solución nos parecía Tito, que suponía la continuidad de la idea y del modelo. Preguntado Pep Guardiola sobre si tenía alguna pega, dijo que no. Lo que pasa es que somos personas y en ese tipo de separaciones siempre se dejan muchas cosas desde el punto de vista personal. En el caso de Tito, la transición resultó especialmente difícil por su enfermedad, su estancia en Nueva York para el tratamiento, la reaparición de su enfermedad… Mantuvo en un contexto personal un asunto que debería haber sido puramente profesional. En resumen, ha sido duro. El problema de las relaciones entre las juntas directivas viene de 2010 y nosotros intentamos mantenernos al margen. Somos simples observadores de lo que va pasando en el día a día del club. Es una vida agitada, pero seguramente no lo es más que la que encontraremos si salimos de los límites del Camp Nou y de las oficinas y nos vamos tres calles más arriba.

En todas partes hay agitación.

Me da la sensación de que sí. La agitación está en casi todas partes. Y no hablo solo de política, sino también en lo empresarial, en lo social… Por eso el fútbol es un sitio bastante interesante desde el que mirar el mundo. En cuanto a lo de la sanción de la FIFA, es una situación realmente excepcional, porque no se había dado antes. Al principio intentamos entender qué era lo que había pasado, porque habíamos seguido procedimientos absolutamente aceptados. Luego entendimos que dentro de esos procedimientos, como el presidente dijo, había una serie de acciones administrativas incorrectas, y estamos trabajando para que la FIFA comprenda que nunca hubo intención de vulnerar las reglas. No somos un club que compre niños para venderlos o dejarlos tirados, sino al revés.

Pero son conscientes de que en el fútbol infantil se producen abusos muy graves.

Indiscutiblemente, porque los vemos y los conocemos, pero no somos un club que constituya una referencia negativa, sino al contrario. Sin embargo, nos ha caído una sanción ejemplarizante en una cuestión extremadamente sensible. Y no sensible en lo deportivo, sino en lo social, tiene que ver con el tráfico de niños para su utilización en la industria y negocios oscuros. Ahí el fútbol vuelve a ser un sitio desde donde mirar y tal vez emprender acciones que puedan ser útiles para la sociedad. Por otra parte, se nos plantean situaciones complejas. En España hay muchos niños que han venido con sus familias sin una situación legalizada, jueguen o no jueguen a fútbol, y sin embargo van a la escuela juntos. El fútbol es un elemento de integración. ¿Cómo se compagina eso con una ley que diga que no se pueden mover de su país?

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¿Les ha tocado porque se trata del Barça y convenía hacer un castigo ejemplarizante, o porque han fallado los contactos institucionales?

Si aceptásemos que los contactos institucionales solucionan esos problemas hablaríamos de un mundo que no sé si es el que queremos. Somos un club muy transparente para lo que son los clubes de fútbol en general. De nuestras cosas se sabe y se conoce. Y al saberse y conocerse hay unos organismos que pueden actuar sobre nosotros. Tendremos que aceptar que eso nos puede pasar. Si fichamos a un chaval de catorce años, a los dos días ya ha aparecido en algún medio de comunicación. Otros grandes clubes de Europa reciben menos atención. Pero esa es una de nuestras características, y a partir de ahora nos tendremos que adaptar a trabajar con un nivel de corrección extraordinario. Si pudiéramos volver a 2010, cuando asumí el cargo, no haríamos algunas de las cosas que hicimos, vistas las consecuencias. Pero si tenemos en cuenta cómo se gestionaban estas cosas en el fútbol de 2010, no hicimos nada que no se hiciera normalmente. No sé si es porque somos nosotros y eso lo hace más ejemplarizante, solo sé que estamos en esa situación y que tenemos que resolverla, sobre todo por dos cuestiones: porque el Barça indiscutiblemente no vulnera los derechos de los niños y porque los chavales afectados no tienen la culpa y lo que quieren es jugar a fútbol en un club como el Barça. Debemos mantener la confianza de aquellos que nos dejan lo más preciado que tienen, que es un hijo. Siempre trabajaremos en eso, igual que hemos trabajado en las campañas de concienciación contra el tráfico de niños, por la alimentación, contra los abusos sexuales… Este club siempre ha estado muy cerca de todo este tipo de cuestiones.

Me habla usted de cómo gestionar todo esto desde un punto de vista profesional.

De intentarlo.

Antes comentaba el caso de Abidal. Uno de los atractivos del fútbol es su componente emocional. Pero ustedes intentan mantener una actitud profesional. ¿Cómo se maneja eso?

En el caso de Abidal quizá hubiese sido más fácil y popular dejarle continuar, porque en este tema se han hecho muchas cosas de las que no vamos a hablar…

¿En el caso de Abidal?

Sí. Se ha hecho lo que se ha hecho y no quiero hablar de ello. Y como no voy a escribir un libro de memorias tampoco aparecerán allí. Me refiero a cosas que pertenecen al ámbito de la vida, no a la comunicación externa. En ese tráfico de emociones no entraré nunca. Tomaré las decisiones que tenga que tomar. Aunque estén marcadas por un elemento emocional, decidiré sin tener en cuenta qué es lo más cómodo y da mejor imagen. Cuando me encuentro con Abi nos abrazamos, y eso es lo que realmente me importa. Hemos discutido y hablado mucho, porque la vida nos colocó en una situación en la que tuve que decirle que no contábamos con él. Los dos aprendimos mucho de nosotros mismos. Abi tiene las puertas del Barça siempre abiertas [un día después de realizarse esta entrevista, Abidal anunció su intención de incorporarse al cuerpo técnico barcelonista a final de temporada], porque es alguien que nos ganó a todos y ganó una batalla muy difícil. Fue complicado dialogar con alguien que no hablaba desde una posición profesional, la que podría darse con un jugador que no es consciente de su edad y cree que aún le quedan años (como me pasó a mí mismo), sino que hablaba desde la emoción. No resultó fácil decirle lo que a mí me parecía mejor. Ese día volví a casa noqueado. Somos profesionales pero nos movemos entre emociones. Uno de los elementos más difíciles de medir en el juego es el impacto emocional que puede tener que, por ejemplo, en una final de Champions entre el Barça y el Madrid jueguen Messi y Cristiano Ronaldo o no jueguen: la convicción que pueda tener tu público, la de tus propios compañeros… En otro tipo de deportes creo que el impacto resulta menor. Esa parte emocional está en todas las decisiones que tomamos. Cuando yo explico por qué hemos fichado a un jugador, por ejemplo, siempre aparece ese elemento. O cuando tienes que contestar a las preguntas después de haber perdido un partido.

Hablando de sentimientos, tras la final de Atenas, cuando dejó de ser jugador del Barça, ¿cómo se sentía?

Pasaron tantas cosas… ¿Después de Atenas o después de después de Atenas? A ver, empecemos por después del partido. No solo supuso la decepción de perder, que perder una final de la Copa de Europa ya te genera mucha, sino sobre todo el no haber llegado a competir. Un 4 a 0 en una final te da la sensación de que no has tenido ninguna posibilidad de ganar. A ese nivel y con nuestro equipo, debíamos haber generado más posibilidades de ganar. Me fui decepcionado del todo: por no haber sido capaz de resolver las situaciones que tuve, porque podríamos habernos ayudado más como equipo, pensando en qué nos equivocamos en el previo tras ganarle la liga al Dépor, pensando si ese pico emocional nos vino bien o mal… esas cosas te las llevas en la cabeza para toda la noche tras el partido. Y te vienen continuamente los dos primeros goles antes de la media parte y el de Savicevic, qué tendrías que haber hecho para que no te lo marcaran, que si no lo hubiesen marcado quizá habríamos podido hacer algo… eso es lo que te viene a la cabeza. Después del partido, en el vestuario, nos conjuramos para volver a la final de la Champions al año siguiente. Pero, claro, a mí ya no me fue posible porque tuve que dejar el Barça. Y eso me cambió el parámetro de medir las cosas. Me parecía que perder una final de la Copa de Europa por 4 a 0 era terrible, pero perderla y encontrarte sin equipo cuarenta y ocho horas más tarde ya era una sensación de abandono absoluto. A pesar de que tuve el cariño de los compañeros y la gente, por dentro estaba destruido. No tenía ni agente ni nada de nada. Me encontré yendo a la presentación del Mundial de Estados Unidos sin equipo. En 1994 quedar libre no era como en 2014. Ahora parece una oportunidad de negocio. Entonces suponía un cierto estigma. No sabía qué hacer, nunca había tenido agente, había estado cinco años en el Athletic y ocho en el Barça, pensé que iba a acabar mi carrera en el Athletic y no lo hice, después pensé que iba a acabar mi carrera en el Barça y tampoco lo hice… Tuve la suerte de que el Valencia me llamó y pude resolver mi situación durante el Mundial.

¿Entendió que se le señalara como culpable máximo de un equipo que estaba en decadencia?

Si lo tomo como que alguien me quería señalar porque creía que mi tiempo en el Barça se había acabado, como una decisión profesional, lo puedo entender, es lo que hablábamos antes. Nos llevaría a una pregunta en el terreno de las hipótesis: ¿qué habría pasado si hubiéramos ganado la final? ¿La decisión habría sido la misma? En el mundo real, alguien tomó una decisión con respecto a mi carrera y yo quiero pensar que lo hizo bajo criterios absolutamente profesionales.

Usted fue reemplazado por dos porteros de nivel bastante discreto, Busquets y Angoy.

Ocupar la portería del Barça no es nada fácil.

¿Por lo del juego con los pies?

El mío era maravilloso. [Risas] A veces pienso que si hubiera tenido el juego que tienen con la zurda Ter Stegen, Bravo o Masip, todos ellos diestros, mi carrera habría sido diferente. Pero vuelvo a lo del principio: cuando se toma una decisión de ese calibre hay que haberla pensado, y hay que tener una opinión clara sobre quién puede ser el mejor portero para el Barça, sea más conocido o menos. En aquel momento comenzó un gran debate sobre la portería del Barça y pasaron por ella muchos jugadores [trece], hasta que se asentó Valdés, con algunas dificultades en su primera fase. En cualquier caso, quien tomó la decisión de reemplazarme fue alguien que sabe de fútbol. Johan Cruyff conocía el equipo y sus necesidades. Otra cosa es que su decisión saliera bien o saliera mal.

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Nunca me ha parecido —es una opinión personal— que el Dream Team estuviera a la altura de los grandes equipos de la historia. En ciertos momentos cruciales tuvo suerte, y lo que Cruyff aportó fue sobre todo un espíritu, una forma de ver el juego.

Johan Cruyff tiene una visión diferente del fútbol. Primero, porque lo mira desde la atalaya de Johan Cruyff, alguien único. Eso le permite proponer ciertas cosas que funcionan a partir de su leyenda, como lo de «salid y disfrutad» en Wembley. Pues sí. Pero también teníamos una ordenación habitual para jugar, que era un 3-4-3 con rombo, y en esa final jugamos con un 4-3-3, con el interior izquierda reconvertido en lateral. Nadie, sin embargo, ha entrado en ese tipo de debates, de si el sistema se cambió o no, entre otras cosas porque ganamos y porque aquel equipo que jugó en Wembley fue reconocible en su juego y en su idea de cómo quería jugar. Los grandes personajes tienen ese tipo de cosas… Sí, una vez Cruyff alineó a doce jugadores, pero en aquella época las alineaciones se daban de otra manera, de viva voz o escritas en una pizarra, y podía haberle pasado a cualquiera. Cualquier cosa hecha por Cruyff adquiere el nivel de leyenda. Yo creo que aquel Barça tuvo mucha influencia en la forma de jugar al fútbol, porque funcionar con tres defensas…

Absolutamente: Cruyff cambió el fútbol.

No solo lo cambió. Además lo hizo ganando. El último gran equipo que había propuesto una fórmula similar había sido la Holanda de 1974, que perdió la final. Se recuerda a aquella selección como se recuerda al Ajax, pero quien ganó la final fue Alemania. La Holanda conocida como la Naranja Mecánica proponía combinación y jugadores polivalentes. El futbolista no tenía una posición estable, su posición era la que ocupara en cada momento y cuando un portero subía a rematar un córner, era delantero. Esa innovación careció de desarrollo inmediato. El fútbol tendió más a lo físico hasta que el Dream Team recuperó la idea y ganó con ella una Copa de Europa.

Creo que Guardiola llevó las ideas de Cruyff hasta niveles muy difíciles de superar. El Barça de las finales de Londres y Roma sí me parece uno de los mejores equipos de la historia.

Estoy de acuerdo. Y, sin embargo, los éxitos de Guardiola fueron posibles por un disparo desde fuera del área de Andrés Iniesta en Stamford Bridge que entró por la escuadra en un partido donde la suerte jugó un papel determinante, por una tanda de penaltis que Pinto resolvió en una final de Copa… El fútbol es impredecible. Lo que ese Barça de Pep consiguió en su momento fue dominar las variables que un equipo puede controlar, como la organización o la estructura. Hay cosas que en principio no se pueden controlar, como una decisión del árbitro. Pero sí se puede, por ejemplo, proponer a los jugadores una cierta forma de relacionarse con el árbitro. Pep consigue controlar lo controlable gracias al equipo y a su cuerpo técnico. Seguramente lo hace desde un punto de vista más estructurado que el que podía tener Johan Cruyff, pero es que de estructurar la idea de Cruyff se encargó Louis Van Gaal. Quizá le dio al equipo demasiada estructura y eso lo bloqueó. El proceso es ese, un debate continuo sobre la libertad y creatividad o la organización como elemento de sujeción y apoyo para que los creativos se sientan seguros, sobre hasta qué punto cuando crece la organización bloquea a los creativos y cuando crecen los creativos se independizan de la estructura porque creen que limita su creatividad.

También se debate ahora sobre el menor protagonismo de los centrocampistas frente a un triplete de ataque con Messi, Neymar y Suárez.

¿Y cuál era el que tuvo Guardiola el primer año? Thierry Henry, Messi y Eto’o. Ahí lo dejo.

Cierto.

Los debates vienen casi siempre condicionados por el resultado. En 2008 los atacantes que van a la final de Roma son Leo jugando por la derecha de extremo entrando, Eto’o como un punta pero no de referencia y Henry partiendo de la banda entre lateral y central. Luego se va Eto’o, pero viene Ibrahimovic. Se va Henry, pero viene David Villa. Crece Pedro, que es campeón del mundo. Tenemos aquella delantera «MVP» de Messi, Villa y Pedro que gana otra vez al Manchester United en Wembley. Cuando miras con perspectiva histórica, esos debates los hemos tenido siempre: cómo se integra Leo con los demás delanteros (sobre todo con Ibrahimovic), qué pasa con los delanteros que vienen…

Si la historia continúa como hasta ahora, Suárez y Neymar tienen los días contados, porque las sucesivas delanteras del Barça han sido Messi y gente que dura relativamente poco.

No creo que sea exactamente eso. Detectamos, y es algo que viene de la época de Pep, que los equipos nos analizaban y nos creaban problemas, como nos los creó el Rubin Kazán, que jugaba con una línea de diez y un mediapunta. Mourinho encontró unas soluciones, entre comillas, para poder jugar contra nosotros, que consistían en interrumpir mucho el juego para que no tuviera continuidad, dejar el césped alto para que la velocidad del balón se redujera… Mourinho no resolvió la ecuación a partir del juego. Pero con el Madrid encontramos cada vez más problemas. Necesitábamos encontrar nuevas opciones. Algunas de las que hemos ido proponiendo han salido bien y otras no tan bien. Hay que tener en cuenta que nos comparamos con nuestro mejor momento. Y estamos queriendo ver siempre al mejor Messi que jamás hayamos visto, cuando en la realidad nuestros mejores momentos se dan solo de vez en cuando. Eso me vale también para Cristiano. Cada setenta y dos horas les pedimos su mejor momento. A veces te vas del campo diciendo que aunque haya marcado dos goles, haya creado oportunidades y haya tirado dos balones al palo, a Messi le ha faltado algo.

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¿Cómo se gestiona un Messi?

Pep da una de las soluciones, y es que Leo esté contento. Porque si lo está, lo demás es fácil. Interpreto ese contento no como la sonrisa permanente o la felicidad, sino que esté en un sitio en el que pueda competir a la altura de lo que necesita. Que esté en situación de poder ser lo que él es. Leo no pide grandes palabras ni discursos porque él tampoco es de grandes palabras o discursos, es de hechos. Y hechos de la raya para dentro, entendiendo esto como de vestuario. Quiere jugar en un equipo competitivo y que sus compañeros compitan y también hagan goles si él no tiene el mejor día.

A usted deben pedirle que monte una plantilla que funcione bien con Messi, porque él es el factor inamovible.

La pregunta sería al revés: ¿cómo se puede funcionar mal con Messi? Desde un punto de vista profesional Leo tiene un altísimo nivel de exigencia, propia y de los demás.

¿Messi funcionaba bien con Ibrahimovic?

Hubo problemas, pero eso se constató luego. Aunque yo no estaba aún aquí, al principio se dijo que Messi, Ibra y Henry componían una delantera que aportaba juego aéreo y presencia física, recursos que hasta entonces no teníamos.

A la hora de fichar, ¿piensan si un tipo de carácter encajará o no?

A partir de lo que vemos en el equipo durante la temporada y de las conversaciones con los entrenadores buscamos aquellas cosas que nos puedan ayudar a que el potencial de los jugadores sea mayor. Y los jugadores van evolucionando. Hoy Messi no es el mismo que empezó jugando de banda para dentro. Neymar, por ejemplo, nos da mucha calidad fuera, por lo que los rivales tienen que jugar más abiertos y eso genera espacios. En el caso de Luis Suárez pasa lo mismo que con Alexis, buscábamos a alguien que jugara de fuera adentro y que pudiera aportar en la primera presión. A ver, si yo sé que hay un jugador que con Leo tiene una relación personal extraordinariamente mala… pero tampoco querría a un jugador que tuviera una relación extremadamente mala con Xavi o con Busquets. Sería una temeridad. Luego el proceso del vestuario hace que haya mejores y peores relaciones, sinergias mayores. Al final, todos se relacionan en la búsqueda de su mejor nivel competitivo. Johan Cruyff dice que el jugador siempre juega primero para él mismo. El jugador vive de su físico y eso es algo muy inestable. Tú entras al campo en el entrenamiento de antes de un partido y sales a los dos minutos con una rotura muscular que te retira tres semanas. Esa incertidumbre hace que el jugador primero defienda su nombre, su prestigio, su capacidad, su carrera, su empresa, que es él… y luego defiende a sus compañeros porque los necesita. El futbolista se pone una camiseta y un escudo que representan a un club, a una gente, a unos señores que delegan en él la posibilidad de jugar. Ese es el proceso, pero si lo reducimos al mínimo encontramos a un jugador, con sus capacidades e incertidumbres, que espera en el túnel de vestuarios la hora de salir al campo.

¿Qué le pasa al Barcelona con los centrales?

¿Qué pasa con los centrales en el mundo? En realidad les está pasando lo mismo a los centrales y a los laterales, a todos los jugadores de la defensa. Antes las superioridades en el juego las solían hacer los delanteros y algún centrocampista creativo, como Pelé o Cruyff, jugadores que eran capaces de marcar la diferencia con un pase, un tiro, una falta, su capacidad de aglutinar… De ahí para atrás la diferencia la marcaba la fortaleza defensiva, la capacidad de mantener el cero en la portería. Defender, no dar oportunidades al contrario, y que los buenos delanteros resolvieran el partido. Ahora, con la evolución que ha experimentado el fútbol, les pedimos a los de arriba más tareas defensivas y a los que están atrás que aporten en tareas ofensivas, que los laterales no sean laterales sino que se incorporen arriba, que los centrales nos saquen la pelota jugada para poder dividir y crear superioridades… Eso ha llegado incluso hasta los porteros. Durante muchos años el Barça ha creado superioridades utilizando al portero como un jugador más: cuando nos presionaban le dábamos el balón a Valdés. Eso es una evolución del juego. Hoy parece que un portero, más que parar, deba jugar bien con los pies. Lo que les ha pasado a los centrales es que antes eran jugadores físicamente estables en el sentido de que no tenían un gran desplazamiento en el campo, que su juego contra los delanteros era muchas veces muy físico, con mucho choque. Cuando tenían el balón se oía esa frase de «dásela al que sabe». El fútbol de ahora les pide a los centrales que paren el balón, que elijan un buen pase o incluso que inicien ellos el juego. Vemos a Mascherano o a Bartra incorporarse al centro del campo para dar un pase…

Entre nosotros, Mascherano no es central.

Es un central reconvertido, por decirlo de alguna manera. Al final, cuando el rival te domina y te ataca, o en las acciones a balón parado, cuando el juego se iguala porque no hay ni posesión ni dominio sino un tío que tira el centro y unos que saltan, lo que les pedimos a los centrales es que vuelvan a su característica principal, que es ser un defensa: defender y mantener la portería a cero. Lo que nos pasa a nosotros con frecuencia es que dominamos la posesión, el contrario ataca poco y les pedimos a los defensas que actúen como centrocampistas. Y la mezcla entre las dos cosas resulta difícil. Dentro de unos años, en Europa habrá centrales que hagan las dos cosas, pero en este momento les pedimos demasiado. Los centrales históricos se sentían confortables a unos veinticinco metros del área, con la espalda protegida porque el portero podía salir para proteger un pase en profundidad, y sin necesidad de correr muchos metros. Eran los jugadores de mayor envergadura y menor velocidad. Nosotros hemos tenido la suerte de contar con la pareja PiquéPuyol, que representaban eso: Puyol sería el defensa rápido y Piqué el de sacar el balón. Ahora la defensa es una tarea colectiva. Ya hace unos años, Nike hizo un anuncio sobre el Barça que decía: «Somos uno, somos delanteros que defienden, somos defensas que atacan». Eres defensa si estás en la línea defensiva aunque seas un extremo.

Pero cuando al Barça le sacan un córner, muchos añoran a un tipo alto, un Migueli, que despeje como sea.

Los equipos de hoy lanzan mejor las faltas y los córners, tienen mejores lanzadores. Y el marcaje ya no es uno contra uno. Si marcas uno contra uno estás muerto, porque con dos bloqueos te van a dejar un jugador solo y el jugador pequeño va a ser el que marque. Muchas veces los goles no los hacen los jugadores grandes, sino los pequeños. Los grandes atraen a la defensa. Desde ese punto de vista el juego estratégico se ha enriquecido enormemente, por eso necesitas jugadores que entiendan mejor el juego, no la acción. No es un «márcame bien a ese», porque tú lo puedes marcar muy bien, pero te hacen una pantalla y el jugador remata. Tienes que entender que eso puede pasar, ver si hay alguien que te lo va a hacer… y al revés, eso es lo que vas a intentar provocar en la otra área. Por eso el juego se ha vuelto más complejo, más de detalles. Hemos hablado mucho de la derrota en el Bernabéu. Hasta el gol en el córner el Madrid no nos había creado superioridades ni había dado la sensación de dominar, y los goles que nos hicieron fueron en un penalti y en una jugada de estrategia. Pero es que hoy en día eso es una parte fundamental del juego, se trabaja muy específicamente.

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El Atlético de Madrid defiende esas jugadas mejor que el Barça. Y el Real Madrid también.

Acepto lo del Atlético de Madrid porque está estructurado de otra manera como equipo. Aunque el gol que les hizo Neymar en la Supercopa fue un remate de cabeza. Si nos vamos al Madrid, está menos claro. El debate del madridismo precisamente es ese: cómo se defienden las jugadas. Luego contra nosotros metieron el gol de cabeza. Bueno, pues esas son las contradicciones que tiene el fútbol, y ya está. Es un recurso con el que los equipos cada vez crean más dificultades. En mis tiempos había un lanzador en cada equipo. Hoy en día hay lanzadores diferentes y la pelota cae más, coge más velocidad.

También el balón es más ligero.

El primer gol que le mete el Atlético de Madrid al Real Madrid es un córner que pasa por encima de Cristiano. El error de Cristiano es mínimo, me parece que da un paso, no da ni dos, para intentar anticipar, y la pelota le pasa por encima, se anticipa Tiago y hace gol. El fútbol se está decidiendo últimamente, sobre todo en los grandes partidos, en espacios muy pequeños y distancias muy pequeñas. Cuando ya se rompe el partido de Madrid empiezan a aparecer más espacios, pero hasta ese momento los partidos son más justos que en nuestro tiempo, cuando el espacio era mayor. Si te dan más espacio tienes más tiempo, y si te dan más tiempo puedes pensar, ejecutar… hoy el tiempo se ha reducido extraordinariamente. La exigencia de ejecutar rápido es la clave.

El tiempo se ha reducido en todos los aspectos. ¿Cuánto habrá que esperar, por ejemplo, a Douglas y Vermaelen?

Parece que todo ha de ser inmediato. Si pensamos en los medios de comunicación, ¿dónde está el tiempo, la reflexión, las posibilidades de analizar y hacer una investigación larga? Eso ya no existe. Existe Twitter, la información inmediata que lleva a unas conclusiones absolutas, y luego se cambia el mensaje para sacar otras conclusiones absolutas. Esa es la sociedad en la que estamos. Pero hay que dar tiempo para ver si un jugador se adapta y luego veremos si los resultados son buenos o malos. Nuestra exigencia es muy alta. Estamos en ese proceso. Si fichamos a jugadores hechos, se nos critica; si fichamos a un jugador como Douglas, que creemos que una vez que se adapte a nuestro fútbol nos dará recorrido, también. Todo es para ahora o para ayer. Sin embargo, el tiempo es necesario. El Madrid ganaba en Anoeta 0-2, pero le remontaron y perdió 4-2, y luego perdió contra el Atlético y ya se organizó la crisis, que si el Madrid nunca ha ganado una liga cuando ha estado a no sé cuántos puntos, que si le faltan jugadores, que si Casillas… ahora, en noviembre, ya estamos en algo totalmente distinto. Una de las cosas más difíciles del fútbol es mirar con perspectiva y ser consecuente con lo que buscas. Si miro la alineación del Madrid veo jugadores de treinta años, si miro la del Ajax veo jugadores de veinte… ¿cuál quiero mirar? ¿Digo que trabajo para el futuro y miro la del Ajax? No, intento mezclar.

Acaba de mencionar a Casillas. ¿Qué pensaba usted durante toda esta mala época de Casillas?

Me alegraba de que en mis tiempos como portero no existiese Twitter. Con todo lo que me sacudieron, si encima hubiese habido Twitter habría sido un escándalo. Sobre Casillas volvemos a lo de antes. De él recordamos sus paradas milagrosas, y esperamos que haga un milagro por partido, y cuando deja de hacer un milagro por partido y los rivales aciertan o él no está tan acertado o la defensa le deja vendido…

¿Afecta mucho al jugador la percepción de que el técnico no le tiene confianza?

Se nota mucho, sí. Aunque podríamos debatir sobre qué es la confianza, y cómo se construye, se gana, se pierde, si se otorga a cambio de nada o si se otorga a cambio de trabajo y dedicación… No hablo de Casillas, hablo como concepto general. Una parte del vestuario es el entrenador, que hace alineaciones, piensa en cómo ganar al Almería, hace una convocatoria… pero hay también otro tipo de elementos, como quién viaja, quién juega, cómo juega, si jugando en Almería me siento reforzado, si no me siento reforzado, si el de Almería es un partido de los menores y lo que quiero es jugar los mayores, si me va bien porque me da confianza… Toda esa otra sinfonía de relaciones personales y la interpretación que se hace de las cosas. Al final el entrenador gestiona las suyas y las de su equipo de trabajo, pero también las de las veinticinco personas que tiene en el vestuario. Uno puede interpretar una decisión como algo puramente profesional, como lo hice yo con la decisión de Johan Cruyff sobre mi continuidad, y dejar ahí las cosas. Pero también le puede dar mil vueltas. El futbolista es un hombre joven cuya vida consiste en estar en el campo y jugar. La cuestión de la confianza es de las más complejas.

Andoni Zubizarreta para Jot Down 6

Volviendo a su trabajo, ¿hay algún tipo de fair-play entre los directores deportivos? Porque se supone que compiten por llevarse los mejores jugadores.

Conozco a algunos. De España a casi todos, porque coincido con ellos en los palcos. Cuando jugamos contra el Manchester City estuve hablando con Txiki Begiristain, porque él sabe qué es estar aquí, en el Barcelona. Hablamos con mucha naturalidad. Sabíamos que el City buscaba centrales, como nosotros. No hace falta ocultar las cosas. Cada uno tiene sus características y ofrece cosas distintas. No digo que haya un código de comportamiento, pero todos sabemos a qué nos dedicamos. Yo intento, en mi relación con clubes españoles, comprender la posición ajena. Si nosotros tenemos como club unas circunstancias, los otros también las tienen, e intentar entender eso te ayuda en los procesos de negociación y comunicación. Nos respetamos sabiendo que todos vamos a ir a buscar aquello que más nos interesa. Yo puedo tener unas necesidades determinadas, pero si Matthias Sammer, el director deportivo del Bayern, ve mi equipo puede, más o menos, intuir qué necesito, igual que cuando veo la plantilla del Bayern intuyo qué les podría faltar dentro de un año y hacia dónde se van a mover en el mercado. Y como nos movemos en paradas similares del mercado tenemos información de con quién ha estado hablando cada uno; igual que nos dan esta información a nosotros, evidentemente se la dan a los demás.

¿Qué tiene alguien como Ramón Rodríguez, Monchi, el director deportivo del Sevilla, para llevarse casi siempre el mejor pescado y al mejor precio?

Ramón lleva muchos años en el negocio. Además la gente con la que trabaja es de su confianza y completa mucho su mirada. Y tiene la capacidad de elegir y decidir rápido. Su club es más pequeño, por lo que a veces la toma de decisiones es más rápida. También podríamos sentarnos y repasar, porque…

Habrá fallos, pero encuentra joyas.

Me gusta mucho su discreción, es un tío que trabaja y no da explicaciones continuamente. Se mueve, tiene a su gente viendo mucho fútbol por ahí… y dentro de eso, en lo que son las circunstancias de su equipo, es capaz de ir encontrando a esos jugadores… ahora mismo tiene a dos jugadores nuestros, Denís y a Gerard Deulofeu, que son muy buenos. Y en cuanto supo que podíamos cederlos decidió que eran interesantes para su proyecto. El Sevilla es un muy buen equipo para ellos.

¿Cuánto aguantará usted en esto?

Tengo contrato hasta 2016. Pero en el fútbol, y eso lo aprendí en mi primera época en el Athletic, hay que planificar a medio y largo plazo sabiendo que todo puede cambiar en un momento.

¿Se ve muchos años como director deportivo?

No creo. Quizá fuera, en otro equipo. Los clubes ingleses y alemanes tienden a ser más estables. España tiende a ser, en todo, un país más efervescente. El caso de Monchi es muy singular y está asociado al club, a la propiedad, a que es el hombre de confianza de Del Nido… y esa relación se ha mantenido mucho tiempo. Yo disfruto cada día como si fuese toda una vida. Realmente, hay días aquí que parecen años.

Andoni Zubizarreta para Jot Down 7

Fotografía: Alberto Gamazo

19 comentarios

  1. Oiga, repase, repase ud el trabajo de Monchi.
    A VER SI APRENDE ALGO.

  2. Enric Gonzalez es un excelente periodista, y no le gusta darse ínfulas por eso no entiendo como se deja poner en el titular junto al entrevistado.

  3. Pingback: Zubizarreta: “One of the keys is that Messi is contented; if it is it, everything is easier” | News Round

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  6. Esperaba que se sacase un poco más de ‘chicha’ en esta entrevista, sobre todo teniendo en cuenta que estamos ante un ex jugador con una diltadísima experiencia. Creo que se ajusta más al formato de diario deportivo tradicional que al de las maravillosas entrevistas a futbolistas que hemos ido leyendo en JotDown.

  7. Pingback: Zubizarreta: I don’t think I’ll have many more years at Barcelona « Inside Spanish Football

  8. Cuando dice que Mourinho encontro soluciones en plan dejar el cesped alto, y que no les gano a partir del juego, ya me ha dejado roto. Este tipo o no sabe nada de futbol, o lo que sabe lo esconde detras de sus prejuicios; en ambos casos, mal asunto que se dedique a la direccion deportiva.

    • “Este tipo o no sabe nada de futbol,”

    • Tiene más que demostrado que no tiene ni puta idea.
      Y muy bien por Enric poner encima de la mesa el tabú del “dream team” (entrecomillado que menudo invento de nombre), que no jugaban ni la mitad de bien que se dice, y la potra que tenía aquel equipo.

  9. Cultos ambos. Entrevistador y entrevistado. Gente leida.
    Un cordial saludo.

    • No sé si hay ironía en su nota… Es cierto que Zubizarreta no es a la hora de expresarse como Messi o Sergio Ramos por poner dos ejemplos, pero de cualquier modo, no tengo la menor duda de que el periodista pule el léxico y la sintaxis de cualquier entrevistado que lo necesite. Y los lectores solo podemos especular sobre el tema, nunca tener la seguridad absoluta; por otra parte, esto es algo extensivo a todo lo que leemos, oímos y vemos a través de los medios de comunicación.

  10. Pingback: Barça : Zubizarreta lâche ses vérités sur le cas Messi et les énigmes Vermaelen et Douglas - FARAFINA FOOT NEWSFARAFINA FOOT NEWS

  11. Vaya castaña de entrevista (con perdón para el maestro González). Se deja en el tintero cosas muy importantes, como todos los tejemanejes del mundo de los representantes, agentes Fifa, pseudoagentes Fifa, padres de futbolistas, abogados y otra gente siniestra que circula en este mundo y que Zubi, como director deportivo, conoce bien y debe tratar cotidianamente.

    Que nos hablara -que no puede, pero al menos se le puede preguntar- de los extraños tejemanejes en el fichaje de Douglas, con precios inflados; que nos hable del fichaje de Neymar y su inefable padre; o de cómo se las apañan para que los futbolistas paguen menos impuestos o, directamente, no tributen -que se lo digan al padre de Messi-. Y que se le pregunte por la mano derecha de Zubi, un tal Albert Valentín, a quien -según explicó la semana pasada la Cadena SER- el club está investigando por (presuntamente) haber metido mano en la caja y hacer de comisionista a costa del Barça.

    Aunque, sabiendo que Enric González es un reconocido seguidor del Espanyol, no me extraña que le haga este masaje a Zubizarreta, un hombre que con su incompetencia está destruyendo la plantilla culé y que es una auténtica bendición para pericos y merengues.

    • Y por qué ni una preguntita sobre la inaudita e injustificable destitución de Amor (que desencadenó la dimisión de Albert Puig), máximos responsables de la Masia? Zubi le responsabilizó del asunto de los menores, lo cual es una doble canallada: Amor no podía tener los conocimientos jurídicos como para no delegar semejantes asuntos a los servicios jurídicos del club (los verdaderos culpables — unos inútiles que no han ganado ni un caso en los últimos años) y además Amor es una leyenda del Dream Team.

  12. Es un tio educado y mesurado, pero el o quien corresponda ha cometido errores de bulto. Fichar a Douglas ya es una cagada, pero fichar a Vermaelen, que ya sano es un central bastante blandito, y encima hacerlo sabiendo que ha estado mas tiempo lesionado que sano, es un error imperdonable. Lo siento, pero deberia dejar el puesto

  13. Uno de los mejores directores técnicos del R.Madrid

  14. ¿Por qué no le preguntó por Martino?

  15. Pingback: Cuando Bakero ganó la primera Copa de Europa en Kaiserslautern | Mediavelada

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