
— Pat, tienes que venir a ver esto. ¡Es una bestia!
—¿Dónde estás?
—Apurando mis vacaciones en Orlando.
Llevaban años separados. Pero la amistad entre Pat Williams y Jim Kaat seguía cobrándose las mejores confidencias. Kaat era el pitcher de los Twins de Minnesota cuando Williams gestionaba su plantilla. Ahora hacía lo mismo para los Sixers de la NBA. Y tras el desastre de 1973 había libertad para hacer y deshacer porque más bajo no se podía caer. Solo había un problema. El técnico de Philadelphia, Gene Shue, era muy escéptico con los jóvenes y habría que convencerlo. O mejor, imponerle aquella visita.
—No tengo la más mínima intención de perder una elección en el draft con un niñato de instituto. ¿Os habéis vuelto locos o qué?
Williams le hizo el caso justo. En secreto envió a Orlando al asistente de Shue, el resignado Jack McMahon, con un nombre, una libreta, los ojos como platos y el teléfono de Kaat. Al llamar le atendió la criada, que no entendió nada de lo que aquel hombre le decía.
—Lo siento, yo solo hablo español. El «señol» no está en casa. Partió para su ciudad —y colgó el teléfono.
McMahon tuvo que recurrir al Sentinel local para averiguar el instituto del muchacho.
—Se llama Maynard Evans. Según el calendario mañana podrá usted verles jugar.
El centro quedaba a varios kilómetros al noroeste de la ciudad. McMahon llegó pronto, esperó a que la grada se poblase y empezó a preguntar a su alrededor. «Contadme cosas del tal Dawkins. ¿Es tan bueno como dicen?». Las entusiastas respuestas, ninguna de las cuales olvidó insistir en la fuerza, palidecieron cuando el mozo hizo entrada al pequeño pabellón, dejando a McMahon sin aliento. Aquel enorme semental no podía tener dieciocho años recién cumplidos, ni moverse como lo hacía, ni hundir todo balón recibido, ni soportar que dos o tres muchachos se le colgaran encima como si nada, motivo por el que en pabellones rivales algunos desalmados le arrojaban cáscaras de plátano y galletas, como si fuera un gorila. Hasta que un rival se metió con su madre y, entonces sí, el desdichado tuvo que escapar grada arriba con riesgo de muerte. Darryl Dawkins hizo cuanto quiso y ganó él solito el partido con cuarenta y cuatro puntos como si hubiera hecho falta el doble. Aquella noche McMahon redactó el informe más histérico de su vida. Cuando Gene Shue pudo leerlo levantó una mirada incrédula a McMahon y Williams.
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Que sosa más bonita de artículo.
AL final uno se lía con tantas plataformas; iba buscando darle al «Like» o al «RT», o al «Hechizo», o a una de esas cosas…
Muy bueno, como siempre.
La verdad, sabía muy poco de su vida y personalidad… siempre me cayó bien como jugador.
A todos los niños nos han fascinado siempre los gigantes.
Los demás eras altos, incluso algunos, más altos que él.
Pero él era un gigante.
Preciosa lectura! Enhorabuena!
¿Qué decir? Maravilloso una vez más Gonzalo y en esta ocasión además con un punto de belleza que deja un poso de nostalgia perfecto. En mi caso particular a eso se le suma que curiosamente tenía mucho más clara su etapa italiana que la estadounidense, así que doble placer en la lectura.
Muy bueno, genial artículo
Muchas gracias por un artículo como este. Gracias Gonzalo, heaprovechado para leer el de Robinzine. Gracias a Jotdown porpermitirnos disfrutar de él.
Joder, qué emotivo. Una bestia con el corazón de oro.
Yo le vi jugar en vivo. El año que Estudiantes se clasificó para la F4 de Estambul (1992), Dawkins formaba parte del Philips Milano. Ya estaba lento y ni siquiera dominaba el rebote (en defensa sí).
Ahora bien, he visto en vivo a pie de pista a Sabonis y a Muresan. Dawkins, de lejos, era el jugador físicamente más intimidante de los que he visto en la cancha.
De nuevo GV haciendo gala de su inventiva (lo del «señol» de la criada está en su top 5) y volviendo farragosa y aburrida una figura tan exuberante y cachonda como la de Dawkins (a quien, por cierto, vi en directo entre bambalinas cuando los Jazz vinieron a Madrid hace unos años, vestido de amarillo plátano y en su salsa).
Si eso te parece una licencia demasiado excesiva me pregunto que no te lo parecerá.
No te gustará,lo respeto, pero te retratas con esa critica a algo tan francamente superfluo.
Excelente articulo. DEP
Gran artículo. Genial.
Brillante, como siempre.
uno de esos tantos jugadores , que sin tener rol de jugador estrella o franquicia ,dieron lustre a la nba con su aspecto bonachon … y que tanto hicieron q esta liga calase tan hondo en todas las esferas del mundo