Jot Down Cultural Magazine – The Handmaid’s Tale, la pesadilla de ser mujer en una teocracia

The Handmaid’s Tale, la pesadilla de ser mujer en una teocracia

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Imagen: Hulu.

¿Alguna vez han imaginado cómo sería el vivir bajo el yugo de una teocracia enloquecida? Por si alguien no sabe bien qué serie ponerse a seguir, The Handmaid’s Tale (El cuento de la criada) es la adaptación que han realizado Hulu y MGM Television de una novela publicada en los años ochenta por la respetadísima escritora Margaret Atwood (ganadora, entre otros muchos premios, del Príncipe de Asturias de las Letras). Cuando escribo estas líneas solamente se han estrenado cuatro episodios —es posible que para cuando lo lean ya haya salido el quinto— pero son suficientes para decir que merece la pena subirse al carro. Eso sí, mejor ponerse a verla en un día soleado y cuando tengan las defensas altas, porque la historia que cuenta, aunque ficticia, es tremebunda.

La serie describe un futuro distópico en el que los Estados Unidos, después de sufrir una serie de calamidades ambientales y sanitarias, han caído bajo una dictadura que ha arrastrado toda la sociedad americana hacia un terrorífico Estado de autoritarismo puritano, en el que cada ámbito de la vida se rige por una interpretación enloquecida de la Biblia. Una epidemia de infertilidad ha provocado que las pocas mujeres que todavía son capaces de concebir bebés hayan sido convertidas en «Criadas», una clase social específicamente entrenada para servir en los domicilios del estrato dominante. Entre sus «atribuciones» está la de dejarse violar por el señor de la casa, con la complicidad de la esposa, durante un acto llamado «la ceremonia», en el que se intenta que la Criada se quede embarazada para darle descendencia al matrimonio bajo cuyas órdenes sirve. Todos los ciudadanos viven bajo un régimen de terror religioso-fascista. Los homosexuales, los médicos abortistas y otros «pecadores» son condenados a la horca. Las mujeres carecen de derechos, no pueden trabajar ni tener propiedades a su nombre. Los varones que no pertenecen a la clase dirigente viven también como siervos y ni siquiera pueden tener pareja si no reciben la autorización gubernamental. La población vive atemorizada por una omnipresente red de espías que, al estilo Gestapo, intenta localizar a cualquier ciudadano rebelde que se atreva a salirse de las normas. Todos los habitantes han de hablar con términos religiosos incluso cuando se saludan, y cualquier actitud sospechosa puede conllevar interrogatorios, detenciones y, en última instancia, la condena de un tribunal religioso ante el que ningún acusado tiene derecho a la defensa.

La protagonista de la historia es June, una mujer que antes del levantamiento puritano había trabajado en una editorial y que perdió a su familia durante la fase inicial de la dictadura. Su marido fue asesinado y su hija pequeña fue secuestrada sin que haya vuelto a tener noticia de ella. Su recuerdo, y la remota posibilidad de volver a encontrarla algún día, son los únicos motivos por los que pelea para mantenerse viva y trata de quitarse de la cabeza la idea del suicidio. Rebautizada como Offred —el cambio del nombre es una de las tácticas empleadas para intentar arrebatar a las mujeres de su personalidad—, vive una existencia miserable como Criada, sometida al capricho de sus señores y atormentada por la constante paranoia de que alguien pueda descubrir sus pensamientos «indeseables». Aunque por lo demás casi todo el mundo parece infeliz en esa sociedad.

Imagen: Hulu.

Semejante panorama es descrito con sentido del ritmo y mucha precisión en los dos primeros episodios. La narración combina secuencias del presente con escenas que recuerdan cómo era el mundo antes. La voz en off de la protagonista, que narra y comenta lo que va sucediendo, sirve como punto de vista, ya que de cara a los demás, cualquier queja o expresión de disconformidad podría delatarla ante los espías del gobierno. Tras dos capítulos que nos ponen en situación, lo que de verdad hace que la serie suba un escalón es el tercer capítulo, que es brillantísimo, pero también debe de estar entre lo más deprimente que he visto en ficción televisiva en mucho tiempo. En ese tercer episodio se desgrana ya sin frenos —aunque con elegancia y son cargar las tintas más de la cuenta— la clase de horror que supone vivir bajo una teocracia y muy especialmente lo terrible de la condición de esclavas de las Criadas. Impacta mucho que una historia de ciencia ficción distópica se parezca a lo que sucede hoy en algunos países. También se lanza un mensaje, muy oportuno dados los tiempos en que vivimos, sobre la facilidad con la que una democracia occidental podría derrumbarse si se diesen las condiciones indicadas, y lo que sucede cada vez que un grupo de fanáticos se hace con el control de un país. Esto es, que todo el progreso conseguido a base de sangre, sudor y lágrimas durante doscientos años o más, se esfuma en cuestión de semanas o meses. Derechos que se consideraban indiscutibles e irreversibles le son arrebatados a la gente en un abrir y cerrar de ojos. La mitad femenina de la población pierde su ciudadanía y cualquier consideración como individuos libres. Pese a tratarse de una sociedad patriarcal, también los hombres han de seguir un rígido código de conducta dictado por los fanáticos.

La serie está fantásticamente escrita; la propia Margaret Atwood ha intervenido en la producción (hasta ha aparecido en alguna escena) y las secuencias han sido filmadas con enorme efectividad, pero la principal arma es el extraordinario trabajo de la actriz protagonista, Elisabeth Moss, a la que algunos recordarán por Mad Men. Lo que Moss hace aquí es impresionante y apostaría dinero a que le van a llover los premios, el Emmy incluido. Su rostro es como un barómetro; en cada momento podemos entender lo que está sintiendo y pensando su personaje. Incluso cuando hace las voces en off como narradora consigue modular cada frase a la perfección —muchos actores fallan cuando se trata de grabar monólogos sin cámaras, pero ella lo hace de maravilla—, y ofrece así un magnífico contraste entre el tono sumiso que se ve obligada a emplear como Criada y sus verdaderos pensamientos, más propios de la mujer que era antes de la dictadura. Lo mismo puede decirse de Alexis Bledel (la de Las chicas Gillmore), que también hace un trabajo excepcional interpretando a otra Criada, la que acompaña a la protagonista en algunas tareas como hacer las compras. O de Yvonne Strahovski, a la que vimos en Dexter, y que aquí interpreta a la señora de la casa en la que vive June, un personaje mucho más complejo de lo que parece a primera vista. Por no mencionar a Ann Dowd (la hemos visto en la serie The Leftovers y en unas cuantas películas), que interpreta a la «Tía Lydia», la cruel encargada de la educación y el buen comportamiento de las Criadas. Las actrices, como se ve, dominan el cartel, puesto que casi todos los personajes importantes son femeninos.

Imagen: Hulu.

En cuanto al estilo narrativo, lo que más me ha sorprendido es la facilidad con que se crea una opresiva atmósfera de terror sin recurrir a lugares comunes. Por ejemplo, no hay demasiadas secuencias rodadas en escenarios oscuros o inquietantes. Al revés; casi todo es bastante luminoso —aunque, como es habitual en las producciones americanas, se abusa de los filtros— y casi toda la escenografía tiene un plácido aire burgués, como de novela romántica decimonónica, que no hace sino contribuir a que la historia resulte más chocante y perturbadora. Podemos ver a las Criadas dando un paseo junto a un pintoresco río, como en un agradable cuento de sobremesa, y de repente aparecen cuerpos ahorcados junto a guardias armados, como si los talibanes se hubiesen apoderado del universo de Jane Austen. Aún no he leído la novela de Atwood, pero es fácil deducir que muchos detalles escalofriantes proceden de su pluma. Es difícil describir la sensación de angustia que, más allá de todas las calamidades que les suceden a los personajes, provoca el que todo el mundo vaya por ahí saludándose con expresiones que parecen salidas de una secta ultracristiana. Estos detalles ayudan a poner en su contexto los horrores que el argumento describe. Un ejemplo: hay una secuencia breve pero muy ilustrativa en el que la protagonista, que en su día recibió educación católica, ve reducida a escombros la catedral católica de la ciudad. Vamos, que la teocracia puritana ni siquiera tolera formas diferentes de cristianismo, lo cual nos da idea de hasta qué punto llega su fanatismo. Otro gran acierto del guion es que, además de la vida de mierda que tienen las Criadas y demás servidores, los miembros de la propia clase dirigente —que antes del alzamiento fanático también vivían sus vidas con mayor libertad— tienen sus propios problemas para adaptarse a la sociedad de pesadilla de la que, a su manera, también son prisioneros. Excepto algunos individuos de tendencias sádicas o psicopáticas, los propios privilegiados del sistema parecen abrumados. Además se nos muestran momentos de esos que otras historias distópicas suelen olvidar, como aquellos en que la protagonista consigue hallar, en mitad de su tremebunda vida, pequeños consuelos con las cosas más sencillas o inesperadas. Esos momentos en que la vemos disfrutar con cosas a las que antes no hubiese prestado atención (y que suelen aparecer en las memorias de prisioneros de campos de concentración nazis, del gulag y similares) no hacen sino recordarnos el miserable estado al que ha sido reducida.

Es imposible adivinar el futuro, pero por lo visto hasta el momento me parece difícil que esta temporada de The Handmaid’s Tale termine decepcionando. No se me ocurre cómo podrían estropearla. Sus creadores parecen haberle tomado el pulso al argumento, y no era fácil (de hecho la novela ya fue adaptada en los noventa, pero la película resultante era muy mala). Casi cada elemento está en su sitio y Elizabeth Moss se carga la serie a las espaldas con una facilidad pasmosa. Traten de verla, aunque insisto, no es lo más alegre que hay en cartelera, y no pocas secuencias les dejarán un amargo sabor de boca. En cualquier caso, tiene los mimbres para convertirse en una de las grandes series de la temporada. Muy recomendada, salvo que no quiera usted que le amarguen la jornada.

Imagen: Hulu.

25 comentarios

  1. Me vais a permitir que discrepe. Creo que se debe distinguir entre simpatizar con el mensaje de la serie (algo necesario) y saber valorarla más allá de un sentido social e ideológico. Porque como narración, cojea en muchos aspectos. Primero, porque creo que no es una distopia que narre la complejidad del presente ni del pasado, en base a un planteamiento maniqueo de buenos contra malos en el que apenas se pueden vislumbrar segundas lecturas. Si es culpa del argumento de la novela, pues que quede claro que la novela ha quedado desfasada. Además, algunos diálogos son muy facilones, tipo “My name is June and I will survive”, complementados además por una voz en off totalmente innecesaria. En general, todo el guión parece haber salido de un periodo de hibernación de los años 80 con añadidos puntuales en base a menciones a Tinder o similares. No voy a negar que tiene momentos realmente impactantes, caso de la historia de Offglen (Alexis Bledel), pero estamos haciendo un nuevo “Los lunes al sol”, alabando lo que queremos ver en lugar de lo que realmente hay.

    • Me sumo al comentario anterior pero seré mas breve: es un coñazo insufrible. También es verdad qu no he llegado ( ni lo haré) a ese “brillantisimo” tercer episodio.

      • Me sumo al comentario tb.
        Un futuro maniqueo-desfasado en el que apenas se palpa autocrítica alguna; nada que ver con algunos capítulos sobresalientes de Black Mirror…

    • La novela es muchísimo mejor que la serie. He llegado hasta el tercer capítulo de la serie y he abandonado, porque me parece un poco basura, mientras que el libro no pude soltarlo hasta que lo acabé. Solo un apunte: en toda la novela no llegamos a conocer el nombre real de Offred. Cuando en el primer capítulo oí esa frase que citas, me eché a temblar. E hice bien, por desgracia :-(

  2. Vaya, curioso el paisaje que describe la serie, se parece mucho a lo que debe ser actualmente el denominado califato del Estado Islámico allí en Siria e Iraq, con sus esclavas sexuales yazidíes, sus muyahidines/guerreros con su estatus de héroes por encima del resto de la sociedad, con su policía religiosa, y con su ley, la sharía islámica, aplicada a todos los ámbitos, TODOS, por jeques, donde los derechos humanos no existen, ya se sabe, Allah es el único legislador, y el corán, su constitución, las leyes de los hombres y la democracia son politeismo, etc. Pero claro, vamos a poner que una democracia occidental decae y deriva a una teocracia autoritaria ¿cristiana?. Hay que tenerlos cuadrados.

    • Para lo que hay que tenerlos cuadrados es para decir que “no se meten con el Islam porque no se atreven” ignorando deliberadamente que el libro es de 1985 cuando (¡oh, sorpresa!) el ISIS no existía.
      Que vamos, basta con escribir el título en Google y ya te dice el año, tampoco es un conocimiento oculto e inaccesible.

      • Que te responda la propia autora del libro: “En el libro, la religión dominante se ocupa de alcanzar el control doctrinal y consigue aniquilar las denominaciones religiosas que nos resultan familiares. Igual que los bolcheviques destruyeron a los mencheviques para eliminar la competencia política, y las distintas facciones de la Guardia Roja luchaban a muerte entre ellas, los católicos y los baptistas se convierten en objeto de identificación y aniquilación. Los cuáqueros han pasado a la clandestinidad y han montado una ruta de huida a Canadá. Así que el libro no está en contra de la religión. Está en contra del uso de la religión como fachada para la tiranía: son cosas bien distintas”

        http://elpaissemanal.elpais.com/documentos/atwood-el-cuento-de-la-criada/?id_externo_rsoc=TW_CM

    • Los que no los tienen cuadrados son los cristianos que solo farfullan cuando se meten con ellos. Aaah como añoran aquellos tiempos pasados cuando podían mandar gente a la hoguera a su gusto.

    • Esto me hace muchísima gracia: cada vez que alguien critica cualquier aspecto del cristianismo en cualquiera de sus formas, siempre hay alguien que enarbola la bandera del policorrectismo y añade “¿No os atrevéis con el islam?”

      ¿Y porqué tengo que atreverme con el Islam? ¿No se puede criticar a uno sin “compensar” con el otro? ¿Acaso el cristianismo no mantuvo su “sharia” durante centenares de años?

      Es bueno que el cristianismo no tenga la dominancia de hace décadas. Y mejor será cuando el islam tampoco la tenga. Al fin y al cabo, son dos caras de la misma moneda.

      • NO. El Islám, jamás podrá cambiarse. Es muchísimo más radical. Al contrario. El asunto va a peor. Es una sociedad muchísimo más arcaica. Y lo peor de todo, es que está ocurriendo EN NUESTROS DÍAS. Para equipararse al cambio que se ha dado en el cristianismo, deberían haber sucedido sus cambios de igual manera. Los países islámicos, YA ESTABAN OCCIDENTALIZADOS en los años 50 y 60. Hasta que llegó en integrismo. No. La ley Sharia musulmana y sus terribles mandamientos, no ha hecho más que aterrizar.

        • No,no son caras de la misma moneda,la una estaba destinada a evolucionar y la otra jamas lo hará porque une el poder político con la sinrazón de su fé,no por casualidad,su profeta era un pedófilo asesino.

  3. Ya se habia filmado en los 90’s con Robert Duvall… si quieren saber el final.
    El cuento de la criada…

  4. Dos capítulos vistos: la serie, por ahora, es excelente y bastante dura de ver por momentos. Segundas lecturas tiene muchas, algunas obvias, otras no tanto.

  5. Bueno..casi como vivir en Arabi Saudí, donde la constitución es directamente el Coran

  6. Mujeres condenadas a engendrar los hijos para las élites pudientes, fíjate tú…como lo de los vientres de alquiler esos, o gestación surrogada dicho en fino

  7. Es una de las distopías más perturbadoras que he leído, sea cual sea el mensaje que quieran extraer o como lo quieran interpretar.*** No pienso ver la serie, me estremezco de solo pensarlo.*** Leí el libro hace 30 años (yo tenía 20) y la idea de que una mujer, por el hecho de ser fértil, sea visible como un vientre esclavo, sin reconocimiento de su persona me sacudió profundamente. Decir que es un vientre de alquiler se puede interpretar como que tiene alguna voz en el asunto, que se la reconoce como a un individuo y eso no es verdad. Su estatus es el de una herramienta, una muñeca de goma, viviendo sin derechos ni voz a la sombra de la horca. Si alguna vez leen la escena de la violación ritual por el marido mientras la esposa sujeta a la protagonista… sólo para masoquistas o sádicos. Y si, lo peor es la realización de que es posible, aún en esta era de redes sociales y conectividad global, que un gobierno con el suficiente respaldo armado y tecnológico tome el control, desconecte la red global y sojuzgue a sus ciudadanos; para asegurarse la permanencia en el poder solo necesita habilitar una red limitada y ofrecer recompensas, propiciando una cacería de brujas interna, donde cualquiera puede denunciar anónimamente a quien sea. Imaginen esa situación adaptada a una población que vive, come y duerme con su smatrtphone. Una palabra equivocada expuesta fuera de contexto en el TiranicTube y, antes de llegar a casa, desapareces. Real. Espeluznante.

  8. Pues a mi me recuerda más al Irán de los Ayatollahs que al ISIS. Sociedad perfectamente estructurada y desarrollada, pero perversa desde su raiz.

  9. La descripción del comportamiento en el libro, donde, se explica muchísimo mejor , el estado de las esclavas fértiles, en concreto en un párrafo del principio, donde la protagonista se encuentra con un grupo de japoneses curiosos, donde hay mujeres japonesas, vestidas de manera occidental, y maquilladas, es ESPELUZNANTE, y me recuerda muchísimo a la manera de comportarse de las musulmanas por culpa de la ley Sharia de su religión. Vamos, idéntica. Y hablo de la religión musulmana, porque en mi época, la de ahora, LA QUE ME HA TOCADO VIVIR, es la que más se asemeja a la que describe la serie. No me vengan con las chorradas de que si hace siglos los cristianos estaban así, porque eso, gracias a Odín, ocurrió hace siglos, NO AHORA, que como digo, es la época que me afecta, y en la que soy testigo de la manera en la que viven, sometidas, muchas mujeres musulmanas.

  10. Yo acabo de verla y, siendo una historia muy potente, creo que la estiran demasiado.10 episodios son excesivos y Elisabeth Moss, que es muy buena actriz, resulta poco creíble como objeto de deseo de uno de los mandamases, porque no es nada atractiva básicamente.

  11. Pues a mi me flipa. Eso sí, acabo llorando en todos los episodios.
    No he leído el libro así que no puedo comparar.

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  13. Toma ya, patrones de atracción establecidos pa la saca. Supongo que en la elección de la protagonista debería haber primado la exuberancia y un rostro perfecto en detrimento de la capacidad de actuación. La atracción es química y esa química es imprevisible. Me molesta tu comentario por sumiso y superficial. Las portadas de las revistas no son ni más (ni menos) que eso. Si seguimos por ese camino, tragando estereotipos en el modo salvaje que se hace en el siglo XXI (sé que se ha hecho siempre pero qué pocos visos de mejorar un poco tiene la cosa), las (y los, aunque menos) adolescentes no van a saber con qué cincel modelar su cuerpo, y eso, amigo, suena muy peligroso. Seguid alimentando a la bestia.

  14. Lenta a más no poder.
    Me la he tragado haciendo el honor a las críticas y desoyendo la voz de la experiencia: abandonar a la tercera si no mola…

  15. Pingback: Histeria y maniqueísmo en 'The Handmaid's Tale' (un ensayo) - Diamantes en Serie

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