Cine y TV

El retorno de Hannibal Lecter

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Hannibal Lecter, satisfecho con su última receta, no apta para veganos. (Imagen: NBC)

Te mira directamente a los ojos. Y ya sabes lo que pasa con el tiburón: tiene unos ojos sin vida, muy negros, como los de una muñeca. Cuando se te acerca, no parece estar vivo… hasta que te muerde. Y entonces, esos ojos negros se vuelven blancos. Y entonces, ¡oh!, entonces es cuando oyes ese terrible grito agudo, y el océano se vuelve de color rojo (Tiburón, Steven Spielberg, 1975).

Hannibal Lecter, psiquiatra lituano, culto, refinado, de temperamento artístico: buen dibujante, buen pianista, compositor. Hijo de un conde, afirma descender de Giuliano Bevisangue, «el bebedor de sangre», un asesino de la Toscana del siglo XII, y que por sus venas corre también la del propio Maquiavelo; es primo de Balthus, pintor modernista francés, célebre por sus apergaminados retratos de niñas y adolescentes. Tiene seis dedos en la mano izquierda. Sibarita, esnob, delicado chef de agudísimo olfato, mundano, elegante, narcisista. Dotado con una inteligencia propia de genio y con una hábil dialéctica subrayada por un seco acento continental, es astuto, manipulador y mefistofélico; todo lo negocia, ningún acto lo deja al azar, y un trato con él es un pacto con el diablo. Por encima de todo, es extremadamente cruel y un entusiasta practicante de la degustación de vísceras ajenas. Inicialmente clasificado como «sociópata», quienes lo analizan concluyen que «no existe una categoría psiquiátrica que defina lo que de verdad es». Al contrario que muchos otros asesinos psicópatas, ni siquiera parece disfrutar o excitarse sexualmente con sus crímenes; en una ocasión, cuando ataca con singular brutalidad a una enfermera —todavía conectado a los aparatos de medición cardíaca—, su corazón no se acelera más allá de las noventa pulsaciones. Sin una clara motivación emocional o sexual, sus crímenes escapan a la comprensión de la policía y de sus colegas de profesión, los peritos psiquiátricos que lo examinan. Ante la perplejidad que despierta, él se limita a decir que lo suyo es «pura maldad». Nacido en las novelas de Thomas Harris, Lecter ha alcanzado su mayor fama en el celuloide, y lleva camino de convertirse en un Hamlet de lo siniestro: cuatro actores han interpretado al Hannibal Lecter adulto en la pantalla, y tres de ellos han dejado su marca en la historia del cine y la televisión.

Harris, durante muchos años, quiso mantener el secreto acerca de desde dónde le vino la inspiración para crear semejante personaje. En 2013 admitió por fin que Lecter había sido modelado en torno a un tal «doctor Salazar», cirujano al que había conocido tres décadas antes en la cárcel de Monterrey, en México. Harris había sentido curiosidad hacia el médico que había atendido a Dykes Askew Simmons, un estadounidense de dilatado historial psiquiátrico, autor de tres asesinatos y encerrado en aquella prisión. Simmons había sido herido de bala durante una reyerta, y el tal «Salazar» lo había operado en la consulta médica de la prisión, en la que solía atender de forma gratuita a los presos más pobres. Harris se desplazó hasta Monterrey para entrevistarse con el cirujano y se encontró con «un hombrecillo ágil, de cabello rojo oscuro», muy envarado, cuya figura desprendía «cierta elegancia». El novelista planeaba entrevistarlo para aprender más sobre Simmons, pero fue Salazar quien acribilló a Harris con preguntas sobre los crímenes de este. Salazar preguntó sobre detalles sorprendentes: ¿llevaba Simmons gafas de sol para «añadir simetría a su rostro desfigurado»? (tenía varias cicatrices en el rostro). ¿Elegía a las víctimas por su aspecto agradable? (cuando Harris le enseñó fotos de las víctimas, Salazar hizo notar que los rasgos de los asesinados eran, en efecto, bellos y armónicos). El médico mexicano también preguntó al escritor sobre lo que había sentido al conocer a Simmons, y disertó sobre los titulares que se podría utilizar para hablar de esos crímenes, demostrando un agudo ingenio («¿Ha pensado en resaltar hell en la palabra hello?»). Al finalizar el encuentro, Harris, impresionado, invitó al doctor a acompañarlo en una cena si alguna vez se acercaba por Texas: «No soy capaz de recordar ningún rastro de ironía cuando Salazar me dijo: «Gracias, señor Harris; ciertamente cenaré con usted, la próxima vez que me vaya de viaje»».

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2 comentarios

  1. Encuentro al Hannibal de Fuller y Mikkelsen fascinante, para mí superior a cualquier otro. Mi más profunda admiración a la serie y al restyling del personaje. Espero que haya nuevo proyecto pronto. Como dato anecdótico, añadiría que los maravillosos platos contaban con el asesoramiento del chef español José Andrés

  2. Lo que no aparece en el film y en las series es que Hannibal termina sus días en Buenos Aires, Argentina. Será por aquello de… De Carne somos. Les dejo a ustedes la interpretación de esa decisión.
    Saludos de una porteña.

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