La Pasión según san José Fallero

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Fotografía: Rafa Esteve (CC).

Génesis

En el principio creó Dios el cielo y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Y dijo Dios: sea la luz, y cuando iba a ser la luz Dios miró muy fijamente a la tierra, poniendo los ojos así como pequeñitos, como de chino, y vio Dios que ya había fuego. En el Edén, cerca de la Albufera, unos labradores estaban haciendo una hoguera. Y la voz de Dios resonó como un trueno diciendo: «¿Qué estáis haciendo?». Y dijeron ellos, «Ací estem, cremant la fusta que ens ha sobrat de la faena». Y vio Dios en su calendario que era 19 de marzo.

Y de esta forma, y a partir de entonces y durante generaciones y generaciones, los valencianos han perpetuado las mejores fiestas del mundo de forma absolutamente objetiva y cuantitativamente ponderable; las Fallas. Desde entonces, y hasta hoy, las Fallas han cambiado más bien poco.

La creencia habitual es que las fallas son en marzo. Nada más lejos de la realidad. Las fiestas falleras, por el contrario, recorren un vía crucis que alcanza todo el calendario gregoriano. De hecho empiezan el mismo día que acaban, en una suerte de eterno retorno de Nietzsche, o de ave fénix que resurge cada año de sus cenizas. Esto lo saben solo los valencianos; los forasteros, por el contrario, saldrán disparados como alma que lleva el diablo una vez se quemen las fallas. Los oriundos saben que la fiesta recorre un in crescendo magnífico que acaba en el fuego cautivador y purificador de la pasión de san José Fallero. Las nuevas fallas comienzan cuando los basureros todavía están recogiendo los restos humeantes y húmedos del monumento recién sacrificado en la suerte suprema del fuego que marca el final de un ciclo y purga los pecados de los valencianos un año más. Pero vayamos por partes, o mejor dicho, por estaciones de nuestro particular vía crucis.

Primera estación: la presentación

Aunque el valenciano de bien conoce perfectamente que las nuevas fiestas comienzan el mismo 19 de marzo de madrugada, ya tiene marcado en su almanaque particular ciertas fechas a las que acudirá con puntualidad británica y caiga quien caiga. Empieza la puesta de largo en la presentación. O la «presentació» (léase «presentasió»), como diría el bueno de David Broncano. La presentación es la puesta de largo de los integrantes de la falla, ergo, los falleros. Valga el término «falla» como escultura que arderá en el clímax álgido de las fiestas; valga, asimismo, como segunda acepción al utilizarse como «conjunto de falleros de una congregación», y que se reúnen en un local común que llamaremos «casal», con el único objetivo de comer, beber, y loar las evidentes ventajas de la falla (valga ahora como monumento), en contraposición con las fallas vecinas (siguen siendo monumentos) con las que compite.

Pero volvamos a la presentación. Dicho evento se realiza hasta con seis meses de antelación a la semana fallera, y tiene como principal motivo fomentar el sentimiento enraizado de clan que conforma a la falla (ahora como conjunto de personas), exaltando la belleza de las reinas de la corte, esto es, sus falleras, en dos categorías que no compiten, tanto infantiles como adultas, y que ostentan el rango de «falleras mayores». La labor de los presidentes, también de ambos rangos, se restringe a acompañar circunspectos a sus damas. Portan los falleros de su falla (congregación ahora) estandartes o pendones al más puro estilo William Wallace, que ríete tú de la DUI y del cacareado «procés». Un valenciano nunca será secesionista, pero por su falla (de nuevo conjunto de personas) pueden llegar a morir (entiéndase esto último como licencia poética, ya que el máximo sacrificio será resignarse a mascullar un lacónico «ché collons»).

Segunda estación: la cabalgata del ninot

La cabalgata fallera es celebrada con algarabía y fanfarrias en el frío mes de febrero, con el mandato de separarla el máximo espacio de tiempo posible de las cabalgatas navideñas de los Reyes Magos. Una cabalgata fallera difiere de la cabalgata de sus majestades fundamentalmente en que donde deberían estar los Reyes se encuentran las falleras mayores y donde los pajes, sus cortes, siempre precedidos de la falla (acepción grupal ahora) ataviados con los más bizarros disfraces. Pero esa no es la diferencia más marcada. Una cabalgata es fallera tan solo si tras la falla disfrazada se encuadran dos elementos. Uno, una charanga de percusión y vientos engalanados con camisetas customizadas para la ocasión y con algún elemento adicional común en la cabeza (verbigracia unos sombreros). Y dos, y más importante si cabe; una furgoneta o remolque donde se asan longanizas, morcillas y chorizos y se reparten como en el milagro de los panes y los peces entre los falleros que se mueven en singulares coreografías que van perdiendo la coordinación conforme aumenta el cansancio. La bota de vino es compañera contingente en semejante caravana.

Tercera estación: las mascletàs

Fotografía: Rafa Esteve (CC).

Son los valencianos los únicos que han desarrollado suficientemente sus epitelios olfatorios como para conectarlos casi directamente con su amígdala cerebral al aroma de ciertos y muy concretos olores. Las lágrimas de un valenciano brotan irremediables fundamentalmente con tres esencias precisas, a saber: el aroma de la paella burbujeante al fuego de leña, el olor cálido y penetrante de los buñuelos de calabaza, y, por supuesto, el intenso aroma de la pólvora recién quemada tras una mascletà. El primero, y si se es buen valenciano, se puede disfrutar periódicamente los domingos. Los otros dos son eminentemente estacionales. Y no hay olor que más identifique a un valenciano, y exalte más su sentimiento, que el de la pólvora tras una atronadora mascletà en la Plaza del Ayuntamiento, otrora Plaza del Caudillo. Tras el éxtasis grupal, los falleros, vestidos con los blusones de faena, se arrojarán hacia la búsqueda del maestro «pirotècnic», entre vítores y alabanzas verdaderas, espoleados por el cambio comportamental que experimentan sus ebrios cerebros con el olor a pólvora. Es de buen comportamiento, tras la ovación cerrada de rigor, comentar brevemente la intensidad, ritmo o música de las explosiones. El verdadero experto es capaz de entender las carencias y las frecuencias entre «masclets» (nunca petardos) terrestres y «aéreos» (estos siempre sin sustantivo).

Cuarta estación: la plantà

Dicen los expertos, muchos de ellos doctorados durante décadas y décadas de deambular noctámbulo e infinito, que el verdadero fallero acude a la «plantà». Huelga apuntar que la plantà es cuando se «planta» la falla (ahora monumento). Es el momento en que los elegidos, aquellos servidores más fieles a la falla (ahora congregación), lanzan órdenes deslavazadas a los operarios de las grúas que, a pesar de los gritos, intentarán que los grandes ninots (el que usa «muñeco» es expulsado automáticamente de los lindes que perfilan la tierra de las flores) no acaben con los sueños de los falleros estrellados sobre el asfalto. Y ahí el gran enemigo, el Godzilla que encoge los temerosos corazones de los falleros, el único monstruo que atemoriza al valenciano en periodo festivo es un elemento incontrolable de la naturaleza: el viento. La plantà acaba por liturgia con los retoques de pintura. El maestro fallero sabe que en ese momento se la juega, como en las distancias cortas de Brummel. Es cuando debe demostrar su maestría, cuando se debe lucir ante sus expectantes aprendices. El momento cumbre. El clímax. El alfa y el omega. El principio y el fin. Cuando amanezca, porque la plantà debe hacerse con alevosía a veces, pero siempre con nocturnidad, el valenciano de bien escrutará con ojos de halcón si se perciben, aunque sea sutilmente, las marcas de pintura que diferencian el trabajo en el taller del de la calle. Ahí residirá el premio, la competencia feroz con la falla vecina, el grado superlativo del artista fallero.

Quinta estación: la pasión

Las noches interminables deambulando de falla en falla (ahora como acepción geográfica, que también la tiene), los albores de la mañana con las despertàs plagadas de explosiones rítmicas, las docenas de buñuelos ingeridos, los largos desfiles de las ofrendas hacia la «Geperudeta» y las noches previas en los casales son solo el anticipo de la gran noche; la noche de la pasión. Como emulando a Kavafis, los valencianos saben que lo importante es siempre el camino, y que la cremà es equivalente a la emoción, pero también a la tristeza del fin, y que ninguna persona de bien quiere alcanzar el clímax máximo que anticipa al día después. Pero no tiene sentido lo que no se quema, así que esa lánguida noche los buenos valencianos se arman de paciencia y, aunque compungidos por la pena, deciden recorrer las calles en busca de los camiones de bomberos, que permiten identificar con exactitud de satélite dónde ocurrirá la siguiente cremà. El bombero, aun a sabiendas de que es un servidor público encargado de que las ciudades valencianas no se conviertan en la Roma de Nerón, debe ser siempre abucheado. Es la norma. Es el único que se interpone entre la viveza mastodóntica del fuego y la sed incendiaria del enloquecido pueblo fallero. Es él el que reduce la quema, el que minimiza las lenguas de fuego, y por su pecado se le recriminará. El acto ancestral del inicio de la cremà corresponde única y exclusivamente a la fallera mayor, no hay personaje más importante en toda la fiesta. Será la encargada de prender la falla, utilizando una traca, claro, mientras suena el «Per a ofrenar», y las lágrimas brotan de los ojos y los corazones de la gente de bien que se encogen contritos.

El apocalipsis

La vuelta a casa, a nuestra Ítaca particular, se debe realizar no antes de que despunte el alba. Tal vez el enésimo chocolate con buñuelos nos caliente el cuerpo y permita transitar por la tristeza del inexorable fin. Los restos humeantes de las cenizas y las maderas a medio quemar nos recordarán, sin ambages, que todo tiene su fin, pero que no tiene sentido lo que no comienza. La punzada perfora el pecho cuando los barrenderos recogen los últimos despojos del cadáver de la falla, los vasos muertos sobre el asfalto, las crisálidas de los masclets.

El día siguiente dará paso a una ensoñación, en el que nadie osará mencionar el fin de las fallas, tal es la congoja. Cada uno volverá a su puesto de trabajo, silencioso, rememorando las vivencias inmediatamente pasadas, queriendo oír la sombra de las explosiones azarosas en la lejanía. Pero pronto las mentes comenzarán de nuevo a pensar en las siguientes fallas, en sus vestidos, sus monumentos y sus mascletàs. Y el ave fénix volverá de nuevo a desperezarse, ya que sabe que es la única forma cabal de no morir de tristeza.

Cremà. Fotografía: Asier Solana Bermejo (CC).

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24 comentarios

  1. “…los valencianos han perpetuado las mejores fiestas del mundo de forma absolutamente objetiva y cuantitativamente ponderable; las Fallas.”

    A mí eso de trabajar todo un año fabricando ninots para terminar quemándolos mientras se reduce ostensiblemente tu capacidad auditiva y se producen algunos ingresos por quemaduras, amputaciones, e incluso algún muerto de vez en cuando, me parece una gilipollez supina. Pero cada cual se divierte como quiere…

    • Ensaladeta

      Esa debería ser la descripción de un concierto de Black Metal.

    • Tangorino

      Claro, supongo que no conduces un coche por miedo a morir, no viajas en avión por miedo a morir, no usas auriculares ni vas a discotecas porque reducen tu capacidad auditiva. Vamos, que das a entender que prácticamente no sales a la calle por miedo a morir o que te pase algo… No te digo que corras delante de los toros en los Sanfermines, pero leyéndote pareces más del perfil de los que van a ver procesiones de Semana Santa, donde el riesgo es nulo, o casi.

      No soy fallero y veo más molestias de las que te imaginas en las Fallas, pero son la única fiesta que conozco en la que toda la ciudad se vuelca, se involucra y hay actividades para todos los gustos y personas. Al contrario que muchas otras fiestas principalmente basadas en beber y comer.

      • Pues entonces has hecho poco turismo nacional para aseverar que son la única fiesta en la que se vuelca toda una ciudad. Creo que esa frase podría aplicarse al 80 % de las fiestas patronales de España. Y no, tampoco me gustan las procesiones. Es más, las detesto.

        • Tangorino

          Quizás debería haber dicho que es la fiesta en la que más personas se vuelcan y durante más tiempo (un año entero para muchos falleros y 1 semana completa casi toda la ciudad). Dime otra fiesta en una ciudad de 800 mil habitantes duplique su población durante esos días. O en la que se corten casi más de mil calles, planten más de 700 monumentos, haya espectáculos pirotécnicos en toda la ciudad, además de conciertos, desfiles, cabalgatas, ofrenda… Me remito a datos objetivos. Es precisamente eso lo que convierte a las Fallas en un caos para los que a veces queremos desconectar o hacer vida normal.

          Si tú crees que son peligrosas, allá tú. Por esa regla de tres, como te digo, no te gustará prácticamente nada de lo que se puede hacer en esta vida. Espero que nunca hayas hecho puenting, montado en moto o viajado a Estados Unidos… Para ser consecuente con lo que dices. Además de que las Fallas están más controladas de lo que parecen. Menuda visión distorsionada tienes.

        • Tangorino

          Ah ¿sí? Valencia es una ciudad de 800 mil habitantes que casi dobla su población durante una semana. ¿Eso también pasa en todas las fiestas patronales? Se cortan casi mil calles, se plantan 700 monumentos que se pueden visitar durante 4 días. Hay ofrenda durante más de 10 horas durante 2 días. Pasacalles, castillos y mascletàs en cientos de lugares al mismo tiempo y durante varios días.
          Tampoco pretendo que entiendas la grandeza de una fiesta imposible de abarcar. Pero supongo que serás consecuente con todo lo que dices y no harás ninguna actividad que suponga riesgo para tu vida (aunque yo llevo más de 30 años viviendo en Valencia y los riesgos durante fallas son mínimos).
          Es que solo falta que seas ciclista, esquíes, hagas paracaidismo o te gastes dinero en alcohol, en discotecas o conciertos… Porque todo eso también pone el peligro tu vida y equivale a quemar el dinero… Dinero que, por cierto, se recupera con creces gracias al turismo.
          Pero sí, por lo que dices es mucho más seguro quedarse en el sofá viendo la tele.

          • No creo que se trate de ver quién la tiene más larga para presumir de fiestas patronales, pero si te hace ilusión todo ese despliegue perfecto. Para mí son datos superfluos. Respecto a ciudades con celebraciones equiparables no me hagas mucho caso, pero por Sevilla y Málaga durante la Semana Santa me suena que se monta algo parecido, pero quizá ya no pertenecen a España…Lo de duplicar población tiene poco mérito si consideramos el ejemplo de multitud de localidades costeras que llegan a triplicar su población en verano, por no hablar de la ciudad kitsch por excelencia, parte de tu Comunidad también, Benidorm, que casi se decuplica durante el estío.
            Pero bueno, sigue peleando por entrar al Guinnesss, ya te digo que a otros nos interesan y nos llenan (afortunadamente) otras cosas. Disfruta con pasión de tus fiestas, en serio.

            • Tagorino

              Claro, claro. Y en Semana Santa puedes visitar monumentos, escuchar música, ver castillos de fuegos artificiales y mascletás, cabalgatas, visitar luces iluminadas…Oh, no espera, que igual sólo tienes la parte religiosa que tanto parece gustarte.
              No se trata de ver quién la tiene más larga sino de reivindicar el hecho objetivo de que las Fallas son una fiesta muy completa que a menudo se ve opacada por otras tradiciones españolas muy loables. Correr delante de los toros, tirarse tomates, llorar delante de tu santo o de tu Virgen (que eso también es una parte ínfima de las Fallas, por cierto). Perdona si a los valencianos, incluso los que no somos falleros (como yo) nos parece un disparate que todas esas fiestas representen más a España en el exterior que una fiesta más COMPLETA (no digo que sea mejor, eso es subjetivo) como las Fallas.
              Durante años las Fallas se han vendido muy mal, y ahora toca reivindicarlas.
              Las localidades costeras que triplican su población también tienen casi un millón de habitantes?? Y no te enfades, yo sólo he dicho que atacar a las Fallas por su locura y su peligrosidad no es justo. Porque aún no me has dicho cuáles son tus aficiones pero, a menos que sean leer libros o ver la tele en tu sofá, también te las podría desmontar por peligrosas e inconscientes. Así que déjate de demagogia. Está bien que no te gusten, pero no seas DEMAGOGO.

              • No das una macho. No paras de realizar juicios de valor sobre mis aficiones y filiaciones. Soy ateo gracias a Dios y me la refanfinflan las fiestas patronales de cualquier sitio, incluso de las de mi ciudad. Entiendo el componente cultural que puedan encerrar, pero me tira para atrás toda la parafernalia hipócrita y religiosa (¿o no era lo mismo?) que implican. Tu actitud no difiere mucho de un habitante de Villarriba que rivaliza con uno de Villabajo porfiando por defender la supremacía de las fiestas de su terruño, solo que la recubres con el pretendido barniz cosmopolita que teóricamente otorga vivir en una ciudad de tamaño medio-grande, lo que paradójicamente la hace más provinciana. De la lista que enumeras, salvo las mascletás y los castillos de fuegos artificiales el resto de eventos de manera conjunta los tienes hasta en el pueblo más recóndito. Para ti son el epítome de la completitud, perfecto, a mí me siguen pareciendo kitsch e insoportables. Y no te apures, que no estoy enfadado, todo lo contrario.

                • Tangorino

                  No, si la cuestión es que me importa bastante poco lo que pienses. Y tú tampoco das una. Yo mantengo una relación de amor-odio con las Fallas, así que no hace falta que nadie me abra los ojos, ni para lo bueno ni para lo malo. Aunque veo que te resistes a reconocer tus gustos y aficiones, quizás porque en el fondo sabes que tus aficiones también son gilipolleces supinas, y alguna seguro que más peligrosa y arriesgada que las Fallas. Y no te enfades, es que los que califican desde la ignorancia y la superioridad moral lo que hacen o dejan de hacer los demás, merecen ser pagados con la misma moneda. Creo que siendo ateos ambos (yo también) esperaba un poco más de respeto por tu parte. Ya no sé si me conviene pertenecer a ese grupo si hay gente como tú. Me paso al agnosticismo. Saludos

                  • Aquí quien se ha puesto ha deducir sin acertar has sido tú, así que no recojas cable pretendiendo equiparar tu actitud inquisitoria con los razonamientos y opiniones (gusten o no) que he contrapuesto. No pretendo abrirte los ojos, pero si estás dispuesto a expresar afirmaciones maximalistas y entusiastas respecto a las Fallas, tendrás que admitir que alguien (en este caso yo y algún otro que ha escrito y además paisano tuyo) rebaje a tintorero con el agua de la opinión y argumentación lo que has intentado vender como Vega Sicilia. El debate está para confrontar opiniones y no reforzar nuestras posiciones. No me considero superiormente moral, a ver si te suena esto: “12/03/2018
                    Ah ¿sí? Valencia es una ciudad de 800 mil habitantes que casi dobla su población durante una semana. ¿Eso también pasa en todas las fiestas patronales? Se cortan casi mil calles, se plantan 700 monumentos que se pueden visitar durante 4 días. Hay ofrenda durante más de 10 horas durante 2 días. Pasacalles, castillos y mascletàs en cientos de lugares al mismo tiempo y durante varios días.
                    Tampoco pretendo que entiendas la grandeza de una fiesta imposible de abarcar. ”

                    No sé, yo diría que ese párrafo desprende tufillo de superioridad moral, y su autor no anda lejos de este intercambio dialéctico.

                    Respecto a la ignorancia te diría que, igual que no hace falta haber vivido en el medievo o cualquier época para hacerse una idea disponiendo de documentación y ejerciendo la sana costumbre de la lectura, en el caso que nos ocupa fue precisamente la visita durante varios años a Las Fallas lo que hizo que me autoprohibiese ir a Valencia durante la celebración de sus fiestas mayores.

                    Ya que muestras tanto interés por mis aficiones te diré que van desde el cine al deporte (practico tenis, pádel, natación y corro), pasando por la música, viajar, música y la literatura.

                    Espero haber saciado tu curiosidad.

                    • Donde dice “tintorero” debería poner “tintorro”, gajes del corrector.
                      Y no te pases al agnosticismo, eso es como decir que alguien está medio embarazada, un imposible metafísico.
                      Saludos.

                    • Claro, los puntos de vista existen para ser expuestos. Por eso podemos llegar a conclusiones como que la existencia de tipos como tú es una gilipollez supina. Superioridad moral sería decir eso, que sólo lo he dicho para poner en evidencia tus malas formas. Lo que tú entiendes como superioridad moral son datos objetivos a los que me remito para contarte la “exclusividad e intangibilidad” de una fiesta como las Fallas.
                      Que te gusten o no lo acepto, pero sólo quería evidenciar tu “superioridad moral” al referirte a estas fiestas como gilipollez supina. Para aplicarse el cuento del debate también hay que practicarlo, a ser posible no atacando ni insultando a quien defiende posturas enfrentadas o que no nos gustan. Pero bueno, con suerte igual eres solo un troll y no alguien con una mente cerrada.

                      Y de tus aficiones te recomiendo que dejes de viajar y practicar la natación, en ambas podrías fallecer practicándolas al igual que con las Fallas, Dios no lo quiera (entendiéndose como frase hecha y no literalmente ya que hemos dejado claro que Dios no existe). Te podría poner links a accidentes de avión, tren o coche. O de gente que ha fallecido ahogada.

                      De hecho, me parece una gilipollez supina que corras por correr. Si lo haces para mantenerte sano, algún día morirás; si lo haces para estar en forma, algún día tu cuerpo dejará de serlo; si lo haces por competir y ver tus límites ¿para qué sirve demostrar nada a nadie?; y si lo haces por matar el rato es mejor que vayas más al cine o leas. ¿Ves? Es muy fácil tachar como gilipolleces supinas las aficiones o pasiones que tiene otra persona. Y te diré que todo lo que haces también lo hago yo, así que no es demasiado original. Pero si empezamos a buscarle los peros a todo, mejor no nacer.

                      Y que conste que en los dos últimos párrafos he usado la exageración y la hipérbole, para que veas en el espejo la absurdo de tus argumentos. Que no te gusten las Fallas me parece perfecto, a mí tampoco me gustan 100% y maldigo como el que más a los falleros cuando me molestan. Pero eso no me convierte en un paleto “antipaletos” que niega la singularidad de una fiesta muy especial.

                    • Gracias por tus impagables consejos.He encontrado un faro moral en el fragor de la cremà dialéctica. Me has salvado del abismo de superioridad en el que estaba instalado, a partir de ahora me convertiré en un derviche giróvago. Alabado seas Tangorino por hacerme ver la inefable e incomparable realidad fallera.

    • Pregunta …. de donde eres ??? Muertos , amputaciones ??? No te habras confundido con La matanza de Texas o los Sanfermines ??? Alucino , tengo 49 años , y no se si hablas de The Walkig Dead … Te invito en fallas a darnos un paseito toda la noche y contamos cadaveres ….

  2. javier

    Apenas se hace mención a la música y a las bandas. La música es el corazón de la identidad de los valencianos. Javier.

  3. Paquito el chocolatero

    “Desde entonces, y hasta hoy, las Fallas han cambiado más bien poco.” Vaya, este artículo no da ni una en el clavo. Las Fallas actuales son una aberración, una fiesta barriovajera y poligonera que poco o nada tiene que ver con su pasado. ¿La ofrenda a la Virgen como acto central? La ofrenda data de los años cuarenta en plena dictadura franquista. ¿Carpas por toda la ciudad? Super tradicional sí, como todos esos puestos de churros, bocadillos y fritanga que inundan y apestan Valencia. También altamente tradicional que todo fallero se equipe con un forro polar de colores con su nombre en letras grandes detrás, todo el mundo sabe que los llauros de l´horta (agricultores de la huerta) vestían forro polar. Los valencianos de verdad, los de bien, los que vivimos en esta ciudad nos vamos bien lejos en cuanto los mamarrachos empiezan a tirar petardos a todas horas.

    • luchino

      No puedo estar mas de acuerdo con lo que afirmas, sobre todo las últimas frases; yo siempre que puedo huyo de Valencia en fallas ( no siempre se puede, claro )
      ¿ Porqué ? pues porque, a partir del dia 15 de marzo, y a veces antes, no puedo conciliar el sueño antes de las 2 h. de la madrugada; porque un grupo de vecinos se reúnen en el casal fallero ( situado justo debajo de mi dormitorio ) a bailar y divertirse con la música a toda pastilla. Que yo deba levantarme a las 6:30 h. para ir a trabajar les importa un rábano.
      Y no soy sólo yo, calculo que en las fincas colindantes pueden vivir unas 700 familias a las que les ocurrirá lo mismo. Ah, y no se te ocurra reprochárselo: las fallas, la tradición, se están divirtiendo, y el argumento supremo: eres un mal valenciano.
      Vale, pues bueno, pues muy bien.

    • Lux Interior

      Los valencianos de “mal” los que aún no siendo falleros anhelamos que llegue el mes de marzo, los que vivimos y trabajamos todo el año en esta ciudad (compartiendo espacio desgraciadamente con gente como tú) no deseamos que lleguen las fiestas falleras por su colorido, su olor, su música, su fiesta EN LA CALLE para que la disfrute todo el mundo no solo los falleros, su ruido, su ambiente, sus buñuelos con chocolate, su arte, sus tradiciones, sus paellas en la calle, su ofrenda a la virgen, sus pasacalles, no…deseamos que llegue marzo para ahuyentar a gente como tú, para tirar petardos bajo tu ventana y que desaparezcáis si es posible para siempre de aquí.

  4. Harwisch

    Le reconozco al autor el enorme talento de contar algo como las fallas de la forma en la que lo ha hecho. Esa visión novelesca, esos apuntes de costumbrismo con tintes de investigación antropológica, esa ingenuidad tan folclórica, distorsionan la realidad de esas fiestas. Donde yo veo una película porno el autor ve una comedia romántica

  5. Pues claro que hay que respetar y mucho las costumbres y creencias,.—siempre.—Pero que halla también moderación en todo.—-!!!!

  6. Quien no conozca el concepto de ”coentor” no podrá comprender jamás las fallas. Son tan grandes, tan simbolicas, holísticas, compenden casi todo de un pueblo, el pueblo valenciano, son espirituales, artisticas, tan horteras y absurdas. Están TAN por encima de cualquier fiesta patronal, tienen todo lo malo y lo bueno multiplicado por mil. Practicamente la semana fallera en Valencia es un estado de excepción.
    Y si alguien se queja, la verdad, da igual bastante igual. Viva el chovinismo fallero.

  7. Carles

    Ni es tan kafkiano como se cuenta en el artículo, ni todos los valencianos somos falleros, y por supuesto, los falleros no representan a toda la población. El objeto de este texto es dar a entender que el nuestro es un pueblo paleto. Error. Solo busca carnaza y enfrentamiento, lamentable.

    Por otro lado, y como valenciano nacido en esta ciudad y no fallero diré lo siguiente: la falta de respeto de una gran parte de la “valencianía fallera” (insisto, no de los valencianos en general) es evidente. No todo vale, ni todos vivimos para celebrar el ruido y disfrutar del olor a pólvora. Existe poco civismo, ¿en calidad de qué alguien se permite el lujo de no dejar dormir a los demás y obsequiarle con una traca de petardos a primera hora del día? ¿en calidad de qué se defiende que una ciudad quede paralizada casi un mes para que unos pocos se monten la fiesta?

    Fallas sí, tradición también. Pero modernidad y sentido común nos vendría bien a todos. A los falleros y a los no falleros. Quizá ahí esté la solución. Un saludo

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