Enric González: Expiación

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Mis héroes se parecen a Sean Hoare.

El veterano periodista del News of the World fue quien denunció que los diarios sensacionalistas de Rupert Murdoch espiaban teléfonos privados y no se detenían ante nada para conseguir una noticia. Murió, por causas oficialmente naturales, justo antes de que su confesión desatara una tormenta sobre la prensa y la policía británicas. Pero eso no merece, creo, especiales muestras de respeto. Ya le habían despedido. Su valor moral se demostró antes, durante años. En especial a la hora del desayuno: un vaso de Jack Daniel’s, una raya de coca y unos cuantos cigarrillos.

Eso no significa que la politoxicomanía sea virtuosa. Sí es, en ciertos casos, un indicio de virtud.

Nick Davies, el periodista de The Guardian que investigó los abusos de los diarios de Murdoch, escribió un obituario tras la muerte de Hoare. Le definió como un hombre bueno y citó al propio Hoare para explicar cómo se había autodestruido: “Me pagaban para salir a drogarme con las estrellas del rock; para emborracharme con ellos, para tomar pastillas con ellos, para consumir cocaína con ellos”. Hoare consiguió grandes exclusivas, perfectamente intrascendentes y formidablemente comerciales, gracias a eso. Cuando el compincheo no bastaba, recurría a lo que en News of the World denominaban “artes oscuras”: sobornos a la policía, robo de mensajes telefónicos y correos electrónicos, etcétera. Hoare y otros como él entretuvieron a millones de ciudadanos bienpensantes, los mismos que luego se escandalizaron e hicieron ganar mucho dinero a Rupert Murdoch.

La frase definitiva de Davies sobre Hoarse cerraba la pieza necrológica: “Para bien y para mal, era un hombre de Fleet Street”. Los diarios londinenses ya no están en Fleet Street, también llamada Calle de la Vergüenza. “Un hombre de Fleet Street” significa “un periodista antiguo”. En el obituario publicado por el Daily Telegraph  también se hablaba de Hoarse como de “un periodista de la vieja guardia” y se hacía mención a las antiguas redacciones, pobladas de personajes excéntricos y medianamente desequilibrados. Por razones complejas, sospecho que la antigua industria, deficiente, penosa en ocasiones, tenía mejor conciencia del material con que trabajaba que los impolutos oficinistas actuales.

Considero que el periodismo es necesario, en el viejo formato de intermediación o en el naciente sistema difuso y multiyectivo. Pero nunca me ha parecido una actividad noble. Cualquier trabajo consistente en meter las manos en la realidad para hacerla más acorde a los criterios dominantes en la sociedad del momento implica buscar culpables y señalarlos. Eso hacen los periodistas, los policías, los políticos y algunos otros. En esos trabajos, inevitablemente aproximativos, se hiere a víctimas colaterales, se dañan tejidos humanos, se usan la mentira y la coacción como herramientas y se cometen injusticias en nombre de un fin en teoría superior.

La novela negra, nacida para hacer crítica social y para reflejar que la frontera entre lo legal y lo ilegal, lo moral y lo inmoral, es más arbitraria y circunstancial de lo que pensamos, muestra una característica que casi define al género: el demiurgo que protagoniza la acción, que investiga y destapa, se somete a sí mismo a un voluntario proceso expiatorio. O bebe, o se droga, o destroza sus relaciones familiares, o padece un pavoroso trauma antiguo o, con frecuencia, todo eso a la vez. Según un modelo clásico de justicia retributiva, quien manosea el dolor humano (sin él no existirían ni policías, ni políticos ni periodistas) debe asumir ciertas consecuencias.

El hecho de asumirlas no demuestra calidad moral; si acaso, la sugiere. El hecho de no asumirlas, de mantenerse inmune a la culpa que lleva implícita el trabajo, sí demuestra, en cambio, la inmoralidad del sujeto. Y su falta de inteligencia: quien cree que siempre hace bien un trabajo que nunca puede hacerse bien del todo es a la vez un idiota y un fanático peligroso.

Podría considerarse que el proceso autodestructivo de Sean Hoare iba implícito con el empleo: le pagaban por drogarse con los famosos. Vale. El pagaba a su vez con salud y vida. Es lo justo. Sabía cuál era su negocio.

Desconfío del policía, del político o del periodista sin lado oscuro, sin vertedero de remordimientos. Desconfío de quien se cree capaz de hacer un trabajo sucio de forma científica e impoluta. Desconfío de quien piensa que basta con seguir unos cuantos principios éticos para no mancharse.

Yo me habría fiado de Sean Hoare.

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15 comentarios

  1. Giskard Reventlov destruyo la tierra y lo hizo por nuestro bien, para eso Asimov lo dotó de la ley cero de la robótica que venía a decir que un un robot no puede causar daño a la humanidad o, por inacción, y aquí está la madre del cordero, permitir que la humanidad sufra daño. Y claro ante una directiva como esa no le quedó más remedio que destruir temporalmente la tierra y con esa destrucción el hombre conquistó el espacio.

    Esta metáfora de «El fin justifica los medios» es un matiz a tener en cuenta sobre las personas que tal como se señalan en el artículo son capaces de hacer un trabajo sucio de forma científica e impoluta y en estos casos si cabe la confianza, la confianza absoluta siempre y cuando el fin perseguido sea compartido y digo más: a la postre estas personas son las que mueven el mundo.

  2. «el demiurgo que protagoniza la acción, que investiga y destapa, se somete a sí mismo a un voluntario proceso expiatorio. O bebe, o se droga, o destroza sus relaciones familiares»

    No recuerda a McNulty?

  3. «Los medios de Murdoch acusan al movimiento de acoger a delincuentes, drogadictos y de ofrecer comida gratis para ocupar Wall Street. Según los periodistas de sus medios, el movimiento ha crecido gracias a que ofrecían alcohol y drogas, y firmar artículos que citan, literalmente pasajes como éste: ”He estado fumando y bebiendo aquí por ocho días”, dijo Dave, con el alcohol en su aliento y sus ojos inyectados en sangre, mientras yacía tumbado en una hoja de cartón hecha jirones. ”Tengo que conseguir algo de metadona”, señalaba otro artículo citando supuestamente a otro “indignado”.»

    Rupert Murdoch declara la guerra a los “indignados” de Wall Street

  4. Una delicia.

  5. Pingback: Enric González: Expiación

  6. si, es Mcnulty y muchos mas. El anti heroe. El corrupto y a la vez incorruptible.

  7. Brutal.
    Felicidades!

    Después de cinco años y de licenciarme, me di cuenta que no servia para esto. Demasiados problemas de conciencia, demasiado moralista. Demasiado idiota, también, pero, preferí que se manchara otro.
    Desde el 86, el periodismo ha degenerado hasta comer abiertamente de la mano del poderoso. Hacerle de corre-ve-y-dile, de palanganero sin antifaz. Y encima, en sus horas libres, de consejero. Para pagar la hipoteca, por supuesto.

  8. Luis A.

    Muy bueno, como siempre, lo tuyo Enric. Casi tanto, o acaso más, que tu exquisita disección con las palabras, no deja de sorprenderme el potente contenido de tus textos y la brillante elección de los temas.

  9. Mis felicitaciones y agradecimiento una vez más Sr.González!

    Es una suerte de leerle de nuevo. «El hecho de asumirlas no demuestra calidad moral; si acaso, la sugiere. El hecho de no asumirlas, de mantenerse inmune a la culpa que lleva implícita el trabajo, sí demuestra, en cambio, la inmoralidad del sujeto. Y su falta de inteligencia: quien cree que siempre hace bien un trabajo que nunca puede hacerse bien del todo es a la vez un idiota y un fanático peligroso.»

    Impresionante. Logras la refexión con este texto.

    Saludos.

  10. Este artículo es una obra maestra: 10/10.

  11. Jacopo

    Enric; gracias por seguir en la brecha.
    Tú y cuatro más (por ahí desperdigados) sois como vidrieros o ebanistas; representantes de un oficio en extinción…Larga vida a vuestra alma y vuestro cerebro (todavía no me he aclarado si son lo mismo; creo que no).

  12. Josep LLuis Roca

    Enric! Felicidades por tu artículo.. Si poder leerlos en el periódico justifican el precio del diario, en el blog compensan el precio de la conexión… muchas gracias!

  13. Pingback: Con la venia » Archivo » Enric González en Jot Down

  14. lemmon

    Me sumo al peloteo general…. Sublime maldita sea!

  15. Pingback: Expiació (Enric González) | Fcinc

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