
Decía en mi último post que Marte está al alcance de nuestros sueños. Y lo decía porque Marte es el único otro mundo conocido hoy, en el que quizá podamos vivir algún día. El satélite Kepler ha identificado ya más de mil planetas extraterrestres, pero sólo uno, Kepler 22b, orbita la zona habitable de una estrella parecida al Sol. Kepler 22b tiene un tamaño dos veces y medio superior a la Tierra, así que a duras penas podríamos sobrevivir a su gravedad, si es que pudiéramos cruzar los 600 años luz que nos separan de su estrella. Marte, en cambio, está aquí al lado. Con la tecnología actual —o más bien, con la que desarrollaríamos en algunas décadas si de verdad nos pusiéramos a ello— llegaríamos hasta allí en unos cuantos meses. Su gravedad es muy inferior a la nuestra. Nuestros futuros colonos no llegarán a dar saltos como los de John Carter pero, desde luego, se encontrarán mucho más livianos que en la Tierra.
Ahí se acaban las ventajas, me temo. Marte será un mundo difícil. Su atmósfera, demasiado tenue —la presión atmosférica en la superficie es equivalente a la que encontraríamos a 35 km de altitud sobre la superficie terráquea—, no sólo es irrespirable (está compuesta sobre todo de CO2), sino que a duras penas cumple las otras misiones que desempeña la atmósfera terráquea. Es mucho menos efectiva como escudo de la radiación cósmica y no es capaz de mantener un efecto invernadero tan eficiente como el nuestro. Como consecuencia, hace bastante frío en la calle durante el invierno. Nada menos que 87 grados bajo cero, aunque en verano se alcanzan los 5 bajo cero, que no está nada mal —en mis tiempos en Boston, con cinco bajo cero la gente salía a pasear por el río Carlos en camiseta—. De hecho, en el hemisferio Sur, donde las temperaturas son más extremas, se puede llegar a los 20 o 25 grados en verano. Y puesto que los veranos son largos (el año marciano viene a durar el doble que el terráqueo), podría argumentarse que las condiciones de vida no tienen por qué ser mucho peores que en Siberia y desde luego que en la Antártida, donde la temperatura puede caer también cerca de los 80 bajo cero en invierno y nunca pasa de unos 20 bajo cero en verano. Llevamos un siglo explorando la Antártida, ¿por qué no Marte? ¿No nos vamos a atrever con el planeta rojo los nietos de aquellas tribus de cromagnones locos, los mismos que sobrevivieron a las glaciaciones, los mismos que descubrieron la Polinesia aventurándose al océano inmenso a bordo de unos barquitos de papel?
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Yo mandaría unos robots como SAFFiR para que construyeran los habitáculos para los humanos.
http://www.solociencia.com/ingenieria/12041702.htm
Tal vez el mejor hábitat para protegerse de la radiaciones y demás inclemencias sean las cuevas marcianas, bien sean naturales o excavadas, o tal vez sea mejor instalar una especie de casas prefabricadas como las de las bases de la Antártida.
Los robots humanoides se encargarían de instalar las bases, o acondicionar las cuevas, y entonces llegarían los científicos a instalarse para largos periodos como en la Antártida.
Sería una ironía que el primer refugio del hombre en Marte volvieran a ser … las cuevas, indicando que estamos en la prehistoria de la exploración espacial.
Y es esa capacidad de soñar la que seguirá cambiando el mundo no le quepa la menor duda. Fantástico articulo
Gracias a ambos por los comentarios. Los primeros habitats de Marte (seguramente por un largo tiempo) serán sin duda las cuevas. Eso no quiere decir que no se pueda salir a la superficie por periodos más o menos largos, la radiación que se recibe es más alta que en la Tierra, pero posiblemente tolerable.
Y en efecto, Marte sería la prehistoria. Por ahí se empieza.
¡Fantástico! pero yo me temo que «la avaricia de de unas élites cegatas» seguirá y seguirá durante mucho tiempo.
Bueno, si estamos en la Edad Media, aun podremos construir una catedral que nos lleve a Marte.
¡Y respecto a lo de la plutocracia, siempre nos quedara Praxis!.
Excelente articulo.
Este post no lo había visto.. estás clonado? cuántas cosas haces cada microsegundo?
Los niños y los jóvenes cambiarán las cosas. Ellos son los que más sueñan.
Ah, Victoria nos ha descubierto. Somos 7 clones. Uno trabaja en NEXT, otro escribe posts, un tercero escribe libros, el cuarto es un obseso del deporte, el quinto se empeña en tocar el piano (alma de Dios), el sexto se pasa la vida chatting con los amigos y el séptimo sale a correr por la huerta valenciana con su chico de siete años antes de ir a la piscina a buscar a la de 11.
Eso sí, no vemos la tele, no leemos los periódicos, no vamos al bar y no opinamos de fútbol.
O quizás todo se reduce a querer seguir siendo joven, peor aún, niño. Esto es, los que más sueñan, como bien dices.
Estupendo artículo. Duele pensar en como se despilfarran las energias y talentos humanos. Voy por la mitad de «Marte Azul» de Kim Stanley Robinson después de haber leído la recomendación aquí. Agradecido. Como siempre, muy grande JotDown.