Ricardo Cantalapiedra: Del trato con los dioses

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La Humanidad ha mantenido siempre relaciones sorprendentes con los dioses. Griegos y romanos, con ese batiburrillo de divinidades, no se aclaraban ni ellos mismos, igual que pasa con todos los politeístas. Llama la atención que mentes tan lúcidas como las de muchos filósofos grecorromanos siempre pidieran a sus discípulos respeto a los dioses. Seguramente la mayoría de ellos no tenía contacto alguno con la divinidad, pero no les quedaba otro remedio que fingirse religiosos para no crearse problemas.

Hay políticos que solventaron la cuestión de una forma astuta y refinada para quedar bien con todos, por si acaso. Por ejemplo, Kublai Khan (1215-1294), último y más poderoso sucesor de Gengis Khan y primer emperador chino de la dinastía Yan. Su postura ante los principales dioses la describe así Marco Polo (1254-1324) en Viajes por la tierra de Kublai Khan (Taurus, 2012): “Existen cuatro profetas en muchas tierras adorados, de modo que todos los hombres rinden homenaje a alguno de ellos. Los cristianos dicen que su Dios fue Jesucristo, los sarracenos adoran a Mahoma, los judíos a Moisés y los idólatras a Buda, primero entre los ídolos. Yo rindo a esos cuatro honor y reverencia; y al ser alguno de ellos el mayor en el cielo y el más verdadero, devotamente le ruego que me ayude”. Aunque aparentemente respetaba la fe cristiana, “pues nada ordena que no esté lleno de bondad y santidad, de ninguna forma permitía que llevasen una cruz ante él, pues sobre ella sufrió y murió un hombre tan grande como lo fue Cristo”. Lo cierto es que le convenía llevarse bien con el Papa, uno de los mandatarios más poderoso de Occidente. Kubai Khan encontró la fórmula para no creer en ningún dios y llevarse bien con todos ellos. Esa máxima ha sido, y es, el emblema de muchas personas sagaces, sobretodo de los políticos y los apocados.

El filósofo católico Blas Pascal (1623-1662) dio una razón muy pragmática a los descreídos: “Prefiero equivocarme creyendo en un dios que no existe, que equivocarme no creyendo en un dios que existe. Porque si después no hay nada, nunca lo sabré, pero si hay Alguien tendré que dar cuenta de mi actitud de rechazo”. En pocas palabras: si creo, no pierdo nada; si no creo, puedo perderlo todo. Es el pragmatismo barato que han hecho suyo millones de personas en la historia para no crearse problemas físicos ni metafísicos. El ateísmo declarado suele resultar incómodo para quien lo practica (con la Iglesia hemos topado). Resulta mucho más práctico guardar ese pensamiento en la intimidad. O al menos responder cuando te preguntan sobre el tema: “Señor, yo soy agnóstico”. Queda mucho más discreta y elegante esa palabra que utilizan numerosas personas con cierta cultura.

Hay un personaje español que mantuvo siempre un cinismo ejemplar en estas cuestiones: el catalán Doménec Badía i Leblich (Barcelona, 1767- Damasco, 1818). No entiendo cómo su vida no ha sido llevada al cine. Fue militar, ilustrado, espía —primero a las órdenes Godoy; más tarde, de Napoleón—, arabista, aventurero, científico, audaz, masón… En Damasco fue descubierto por los servicios secretos ingleses y allí murió envenenado. En 1803, enviado por Godoy, viaja a Marruecos, Argelia, Libia y diversas regiones del imperio otomano. Una larga odisea de 18.000 kilómetros en la que se hizo pasar por Alí Bey el Abbasi, príncipe sirio descendiente de la familia de Mahoma. Fue el primer occidental que entró en la Meca y besó la piedra negra de la Kaaba. Entre otros cargos, en España fue consejero de Godoy y de José I; enviado de Napoleón a África; Caballero de la Orden del Santo Sepulcro; Mariscal de Campo, nombrado por el rey francés Luís XVIII… además de numerosas distinciones oficiales en los países árabes. Es decir, Doménec Badía se llevó estupendamente con Jesucristo y con Alá. ¿En quién creía Alí Bey el Abbasi? ¿En la Virgen de Montserrat, acaso?

En 1816 ya circulaba por Europa su gran obra Travel of Alí Bey, escrita en árabe y traducida inmediatamente al francés, inglés, alemán, italiano y, más tarde, al castellano (1836). Yo dispongo de Los viajes de Alí Bey, editada en Madrid en 1996 por la Compañía Literaria, S.L. Es un auténtico gozo leer y releer ese libro.

Kublai Khan, Pascal y Alí Bey, cada cual en su tiempo, son tres modos de tratar con los dioses. Será imposible escribir la Historia del trato con los dioses. Es seguro que cada individuo, desde el principio de los tiempos, tiene su propia forma de tratar o no tratar con la divinidad.

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6 comentarios

  1. JuslibolLord

    Siempre he pensado que de existir un dios de verdad la propuesta de Blas Pascal acabaría más o menos como describe el siguiente genio:

    «Esto es muy similar a la sugerencia del filósofo quirmiano Ventre, que dijo: «Posiblemente los dioses existen, y posiblemente no. Así que ¿por qué no creer en ellos de todas formas? Si todo es cierto, irás a un lugar perfecto al morir, y si no lo es no has perdido nada, ¿no?». Después de morir se despertó en un círculo de dioses que llevaban palos con bastante mal aspecto, y uno de ellos le dijo: «Vamos a enseñarte lo que pensamos de los listillos por aquí…»
    — Terry Pratchett, Hogfather. «

    • Terry Pratchett, ése sí es un profeta en la tierra y no todos esos majaderos de túnicas diversas…

  2. Jesús Turcia Gayoso

    Un buen análisis de la forma de ver a los dioses

  3. No consigo entender por qué han dejado de permitir hacer comentarios que no sean texto. Son ustedes los profesionales, además de quienes deciden, pero realmente creo que una fotografía, una poesía, una pintura o una viñeta (ojalá tuvieran cabida olores y sonidos), pueden comentar un artículo con la misma intensidad y coherencia que un montón de palabras (no siempre llenas de significado).

    Lo último que quiero hacer es molestarles, por lo que ruego me confirmen que su descisión es definitiva para no seguir intentando comentar sus estupendos artículos de la forma que mejor sé.

    Aprovecho para darles la enhorabuena por un trabajo tan bien hecho.

    Manuel Muñoz.

  4. Ahora hay cierto respeto hacia el agnóstico, pero si me hubiese visto yo en el mismo brete hace un buen puñado de años creo que hubiese elegido la opción de Kublai Khan, claro que para poder hacerlo se requiere cierto poder. Al final no hay nada sagrado para depende que hombre, normalmente un bastante rico. Y a pesar de la queja y ya que estamos con Pratchet, tiene otra cita que me resulta bastante oportuna:

    «Los dioses del Disco nunca se han preocupado mucho de juzgar las almas de los muertos, así que la gente sólo va al infierno si es allí donde creen, en su fuero más interno, que merecen ir. Lo cual no creerán si no lo conocen. Esto explica por qué es tan importante disparar a los misioneros nada más verlos.»

    – Terry Pratchett, Eric.

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