Destiempos Opinión

Ricardo Cantalapiedra: Las lumis en Madrid

calle montera fotografía de F Bartoli

Esa oscura golondrina que va de esquina en esquina volviendo atrás la cabeza”. (Yo soy esa, de Quintero, León y Quiroga, trinidad de la copla) es conocida en Madrid como lumi, vocablo omitido por el diccionario de la RAE. Lo más parecido es “lumia”; los que limpian, fijan y dan esplendor a la lengua definen lacónicamente: prostituta. Las lumis de Madrid, como las de toda España y de casi todo el mundo (en la Roma imperial, por ejemplo, eran muy consideradas), siempre han llevado una vida arrastrada y azarosa, pero ellas son incombustibles, inasequibles al desaliento y a las redadas seculares. Son eclécticas, barrocas, ecuménicas, asilvestradas, la alegría procaz de la huerta.

La castiza expresión “lumi” viene del caló “lumí” (concubina, manceba, querida) y del romaní “lubní” (de idéntica significación).  No sé por qué razón en el Foro dejó de ser palabra aguda y se convirtió en llana, aunque las putas son bastante esdrújulas, lo mismo se llamen Carmen que Lolilla que Pilar, porque con lo que quieran llamarlas se tienen que conformar.

A pesar de la actual situación clandestina y del cacao que tienen las autoridades sobre su legalización, las putas tuvieron reputación en España desde las Partidas de Alfonso X el Sabio (1221-1284) en las que se legislaba sobre “mujeres que están en la putería y se dan a todos cuantos a ellas vienen”. Posteriormente hay un vacío histórico hasta en siglo XVI: con el ascético Felipe II había en Madrid tres casas de mancebía ubicadas en la calle de Francos (hoy Cervantes), en la de Luzón y en la plaza del Alamillo. Su hijo, el piadosísimo Felipe III (1578-1621), de feliz recordación para las lumis, incrementó extraordinariamente el número de esas casas: había en Madrid más de 800 burdeles abiertos día y noche controlados por la ley y la sanidad pública. Las condiciones para ejercer la prostitución en una casa de mancebía eran sorprendentes: cada aspirante debía aportar documentos acreditativos de ser mayor de 12 años (¡sí, 12!), haber perdido la virginidad, ser huérfana o de padres desconocidos y haber sido abandonada por los suyos, siempre que estos no fueran nobles.

Todas esas libertades acabaron con el lujurioso Felipe IV (1605-1665), que en plena Edad de Oro solo permitió una casa de mancebía en la Corte, situada en la Puerta del Sol esquina a la Calle Mayor, justo donde hoy está una de las más clásicas pastelerías de Madrid, La Mallorquina. El disoluto Felipe IV tenía 21 hijos, 8 de los cuales eran bastardos.

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6 comentarios

  1. Pingback: Las lumis en Madrid

  2. Lo de las putas en España es de traca. ¿Seguiría Público abierto hoy en día si no se hubiera pegado un tiro en el pie retirando los anuncios de putas de su periódico?

    Me encanta cómo en España no tenemos para pan y sin embargo, compramos estampitas por toneladas con la intención, sin duda alguna, de ser más papistas que el papa. Lo mismo iría por la ley anti-tabaco, y eso que odio el humo.

  3. Que se prostituyan las españolas

    Lo de las putas en España es de traca. ¿Seguiría Público abierto hoy en día si no se hubiera pegado un tiro en el pie retirando los anuncios de putas de su periódico?
    ***

    Por eso me laegro de la crisis espola. Quereis vivir de explotar mujeres de forma legal para vuestras arcas publicas, siempre que sean inmigrantes y os parece estupendo que un diario se mantega con la prostitucion. Dais asco.

  4. María Jesús Carbajal

    No conocía la historia de las llamadas «lumis» de Madrid. En general pienso que la prostitución forma parte de la hipocresía de este país.

  5. José Portolés

    Respecto a los tiempos de Felipe IV, ¿cómo tanto error junto?
    a) No permitió una mancebía sino tres: c/ Francos, c/ Luzón, Pza. del Alamillo.
    b) La ley de mancebías entró en vigor en 1622
    c) Su relación epistolar con Mª Jasús de Ágreda comenzó en 1.643.
    d) La actual pastelería La Mallorquina, era entonces el palacio del Conde de Oñate.
    …etc…

  6. Jamás escuché ni leí lumí , siempre lumi,
    pero si usted dice que era lumí lo tendré muy en cuenta, porque como decía la matrona, – No te has de acostar sin bien jodida estar, ni saber ya, de una cosa algo más.

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