Radiografía de un fotograma: La niebla

Publicado por


¡Hay algo en la niebla! ¡Hay algo en la niebla!

Supongo que esto mismo le ocurrirá a bastantes más personas: tengo una relación ambivalente con el género de terror. Por un lado suele aburrirme bastante y enfrentarme a una mala película de miedo me produce mucha más desidia que hacerlo, por ejemplo, a una película de ciencia-ficción. Aunque parezcan géneros muy relacionados, lo del terror me inspira mucha más pereza. Veo con más interés una película mala de ciencia-ficción que una medianita de terror. No por nada, sencillamente se trata de una preferencia personal. Así que cuando supe que se había adaptado una antigua novela de Stephen King a la pantalla —novela que aún no he leído; tampoco es que esté entre mis prioridades, aunque albergo curiosidad— no me sentí muy entusiasmado. Y ello pese a saber perfectamente que varias de sus novelas han dado pie a interesantes películas. Está El resplandor, desde luego, una obra maestra… pero bueno, es Stanley Kubrick. Está Cadena Perpetua, gran película, aunque no es de terror (si no me equivoco, también La milla verde partía de un argumento suyo). Está Carrie, otra joya del cine de horror, muy buena. Están la interesante Misery, la inquietante It, la morbosamente divertida Christine, la turbadora Los niños del maíz

La gran Marcia Gay Harden, bordando el papel de mujer abominable en «La niebla».

Pero el escritor ha sido tan prolífico y ha vendido tantos derechos a los estudios que por fuerza tenían que terminar emergiendo algunas buenas películas de entre todo el montón de adaptaciones de su obra (que se cuentan, literalmente, por decenas). Porque también hay una inmensa cantidad de bodrios cinematográficos que llevan el nombre Stephen King impresos en alguna parte de la carátula. Quizá por esto último, cuando apareció La niebla confieso que no las tuve todas conmigo: un grupo de personas que quedan atrapadas en un supermercado, unos bichos extraños que los acechan desde el exterior… todo sonaba demasiado standard, y el aspecto general de serie B (digna, pero serie B) de las primeras imágenes fijas que pude ver no me insuflaron más ánimos. Craso error. Como dice la canción: no puedes juzgar un libro por su portada.

Sin embargo, sí empecé a juzgar la película por un aspecto más bien superficial: el póster que la anunciaba. Me pareció un poster interesante. Sí, sé perfectamente que es una estupidez, y que un buen cartelista puede conseguir que un espanto de film resulte atrayente hasta el punto de arrastrarnos a verlo, pero lo cierto es que el diseño tenía un no sé qué decimonónico, un guiño a H.P. Lovecraft que me llamó la atención y que parecía dar a entender que existía un trasunto sugerente envolviendo todo el concepto. Aunque después me desinflé de nuevo al ver el trailer: no era un trailer afortunado, francamente. Hacía que la película pareciese lo que podía haber terminado siendo —un rutinario y ramplón ejercicio de género— y me engañó completamente. Estuve a punto de desestimarla por completo. Supongo que algunos comentarios positivos de personas conocidas me impulsaron finalmente a darle una oportunidad. O quizá es que estaba aburrido y no se me ocurrió otra cosa.

Pero un buen día decidí echarle un vistazo, repleto de escépticos prejuicios y  convencido de que a la media hora, como mucho, acabaría completamente asqueado, harto de tópicos, lugares comunes y convencionalismos.

Y bien, después de media hora encontré que sí, que había bastantes tópicos, lugares comunes y convencionalismos. Era una película de terror de esas en que la gente se queda atrapada en un supermercado, pura convención y pura fórmula, no vamos a negarlo. Y sin embargo, no pude despegarme de la pantalla hasta el final. Estaba progresivamente fascinado por la narración y todos mis prejuicios iniciales se fueron diluyendo lentamente. El motivo era claro y sencillo: aquello estaba fantásticamente bien hecho. Con los mismos recursos con los que otro hubiese fabricado una mediocridad, el director Frank Darabont se las arreglaba para construir un valiosísimo recurso, una escalada constante de tensión que te atrapaba minuto a minuto y que difícilmente podía haber captado y reflejado el decepcionante trailer. La película, por una vez, era infinitamente mejor que su anuncio. Estaba hilada con mimo artesano, sin permitir que la emoción o la incertidumbre rodasen por el lado opuesto de la pendiente. Iba capturando emocionalmente al espectador, valiéndose de secuencias de diversos tipos: acción, terror con bichos, terror psicológico, suspense hitchcockiano, y un aura muy Lovecraft que desconozco si está tan presente en la novela, pero que desde luego impregna todo el metraje. Todas ellas funcionaban, cada una a su manera, y no desentonaban entre sí. Todas parecían coherentes. Todas encajaban bien el argumento y lo hacían a su debido momento y de la forma indicada.

El argumento es sencillo: en el típico pueblo estadounidense donde suelen suceder siempre estas cosas, un variopinto grupo de personas están comprando en un supermercado cuando ven cómo una extraña niebla empieza a cubrir el lugar. De repente aparece un hombre ensangrentado gritando “¡Hay algo en la niebla!” y les conmina a cerrar las puertas. A partir de ahí, el grupo de gente duda entre salir o permanecer adentro, mientras junto a ellos vamos descubriendo poco a poco cuáles son las extrañas amenazas que se esconden en la bruma. A medida que las cosas empeoran, en el interior del supermercado la angustia va en aumento y crece la tirantez producida por los roces entre individuos de diversas mentalidades, hasta el punto de desencadenarse serios incidentes.

Laurie Holden un poco menos abominable

Los personajes, podría decirse, son bastante estereotipados y poco profundos, aunque las interpretaciones son, por lo general, bastante adecuadas y en algún caso incluso brillantes. Pero eso importa poco en este tipo de film, donde las secuencias deben trabajar en pos de crear expectación y no de desarrollar caracteres al detalle, lo cual resultaría innecesario. Hay mucho de Alfred Hitchcock en esta película (Los pájaros, fundamentalmente) y tampoco el maestro inglés se caracterizaba por desviar siempre sus energías narrativas a la descripción de los protagonistas, aunque La niebla lo hace todavía menos. Sí, hay personajes-tipo, hay cierta superficialidad psicológica, cierto maniqueísmo y cierto aire de irrealidad pero… ¡es una película de terror! Su objetivo no es retratar concienzudamente a los personajes; su objetivo es construir una situación alucinante de congoja creciente. Lo relevante en esta película es, precisamente, la manera en que transforma una ubicación perfectamente cotidiana en el escenario de una pesadilla, transformando —de paso— a algunos seres humanos en monstruos y a otros en héroes, mientras son todos ellos acechados por los monstruos del exterior.

La película empieza de manera convencional, pero el aparentemente inane arranque del film es como la calma previa a la tempestad: cuando nos damos cuenta, los extraños sucesos que tienen lugar en torno al supermercado empiezan a clavarnos en la butaca. Cierto es que la trama se desencadena con algún momento más bien regular —la secuencia del tentáculo, por ejemplo, que no es mala pero no termina de funcionar al 100%— pero a partir de ahí la cosa no deja de mejorar, y pese a la presencia de bichejos de todo tipo (buenas animaciones; sí, se nota que son CGI, no son perfectas, pero cumplen bien su papel y no arruinan para nada la atmósfera) lo que termina imperando es un horror abstracto en el que uno no sabe si lo peor son las amenazas sobrenaturales de la niebla, o las oscuridades que van surgiendo en determinados seres humanos. Hay algunas secuencias de sustos, otras de monstruitos e incluso algo de “gore” (poco, pero bien hecho) pero como decimos lo que realmente predomina son los resortes psicológicos. El director es extraordinariamente hábil jugando las cartas de siempre y consiguiendo que creamos estar ante un juego diferente.

La película tiene sus derivas, desde luego: hay, por ejemplo, una feroz crítica al fanatismo religioso —crítica que yo desde luego comparto—, un fanatismo que si bien puede parecer presentado de manera exagerada en el film (o no, visto el mundo en que vivimos), pese a todo está defendido con admirable competencia por la genial Marcia Gay Harden, que hace un papel inolvidable de iluminada psicópata y que es lo mejor a nivel interpretativo de La niebla. También sorprende el protagonista, Thomas Jane, cuyo personaje parece insulso en un principio —el típico héroe que es buen padre, buena persona, buen vecino… ¡repelente!— pero que va ganando enteros conforme avanza el film (y al final, hay que decir, se sale con la suya en unas difíciles escenas que bien podrían haber quedado ridículas). Lo mismo para la preciosa Laurie Holden, que también le da cierta solidez al típico (y a menudo ingrato) papel de MILF separada y atractiva que sirve como contrapartida del héroe (tranquilos, nadie se atragantará con un romance, ¡todo lo contrario!) y que al final también convierte su personaje en un punto de interés, pese al escaso material de partida que el guión concede a los personajes. Hay otros actores secundarios igualmente efectivos, y sólo algún que otro parche (el actor que interpreta al soldado joven, por ejemplo), pero el reparto es, en conjunto, más que aceptable.

El sugerente cartel de «La niebla»

Y después está el otro gran personaje de la película: la propia niebla. Incluso cuando ya hemos visto con nuestros propios ojos algunos de los horrores que encierra, el suspense y el misterio en torno a la niebla continúan intactos durante toda la película. ¿Por qué? Porque tenemos la sensación de que, cada vez que aparece algo nuevo de entre la bruma, es más aterrador que lo anterior. El film logra provocarnos la sensación de que la niebla siempre encierra algo más, algo que no aún podemos ver pero cuya presencia deducimos. Por ejemplo, al ver cómo algunas de las monstruosidades son devoradas por monstruosidades aún mayores, lo cuál nos hace preguntarnos ¿cómo será la monstruosidad mayor?

Y después está la criatura del final… no diré nada más por no reventarle el desenlace a quien no haya visto todavía la película. Pero sí puedo decirle que es probablemente uno de los bichos más impactantes y sobrecogedores que habrá visto usted nunca en una pantalla, y eso que no llegará a verlo del todo bien, y que aparece solamente durante unos segundos. Quienes lo han visto ya saben a qué me refiero. Es la clase de monstruo que solo necesita hacer acto de presencia para conseguir que los espectadores contengan el aliento, fascinados. Todo como resultado de una magnífica dirección y montaje, y de un uso inteligentísimo de los efectos especiales.

La niebla es, pues, una película de terror con todas las de la ley, aunque tiene sus elementos de ciencia-ficción. La verdad es que, en esencia, la historia podría ser calificada ciencia-ficción desde un punto de vista conceptual, pero está combinada con el terror de Lovecraft y presentada bajo el formato inequívoco del cine de terror. Es una película acertadamente incómoda cuando ha de serlo, pero no abusa. Tiene sus momentos de displacer. Incluso puede llegar a resultar deprimente. No es un jolgorio de película, desde luego. Y no la vea usted mientras cena, a poco que le disgusten a usted las alimañas raras. Pero si le gusta a usted el cine de suspense, o bien el de terror o bien la ciencia-ficción oscura y con mucho bicho desagradable, o bien las tres cosas a la vez, no se aburrirá ni un minuto. Se lo digo yo, que no soy un fan del género.

Para mí fue una grata sorpresa en su día, y no perdió ni un ápice de su encanto cuando la volví a ver algunos años después. No digo que sea una de las grandes obras de la historia del cine, no, pero es una de las mejores adaptaciones que se han hecho de la obra de Stephen King (que supongo estaba a su vez estaba homenajeando, o copiando, a Lovecraft) y desde luego es una de las grandes películas de terror de los años recientes. Véala. No importa qué clase de terror le guste a usted: en La niebla están prácticamente todos. Excepto, claro está, algunos miembros del gobierno.

MENSUAL

3mes
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

ANUAL

30año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

ANUAL + FILMIN

85año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
1 AÑO DE FILMIN
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 

36 comentarios

                • Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Apuntes sobre mecánica (II): el Horror, el Horror

                • Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Lo que piensan los demás

                • Pingback: ¿Cuál ha sido el final más emotivo de la historia del cine? - Jot Down Cultural Magazine

                • Pingback: ¿Cuál es la mejor película de terror de los últimos años? - Jot Down Cultural Magazine

                Comentar

                Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

                Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.