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Cicutas y cruces: suicidas ilustres

seneca

No es lo mismo querer morir que querer matarse. Y hasta que los desahucios y el acoso escolar no se han cobrado sus víctimas en un sacrificio ritual que la sociedad posmoderna ofrece a sus dioses —como el minotauro se cobraba puntualmente sus jóvenes de entre lo más selecto de la sociedad cretense—, hemos mirado poco el suicidio de frente. Poco o nada. “Cuando se miran de frente los vertiginosos ojos claros de la muerte, se dicen las verdades: las bárbaras, terribles, amorosas crueldades”, escribió ese poeta eléctrico que fue Gabriel Celaya, a propósito de algo que no era el suicidio, pero que lo absorbía como el cosmos fagocita la vida y la muerte: la habitual capacidad del ser humano para bajar los párpados cuando descubre incertidumbre en lugar de pálpito caliente de carne. Ya lo sentenció Faulkner —y lo remarcó Laforet con marchamo patrio—, cuando imprimió que el sexo y la muerte eran “la puerta de delante y la puerta de atrás del mundo”.

Hoy los suicidios son noticia, igual que los asesinados han sido noticia desde que la Biblia se convirtiera en la publicación más extensa de sucesos de la humanidad. La muerte a mano propia la habíamos expulsado de los medios de comunicación por temor a un efecto contagio. Ahora se ha dado la vuelta al asunto para intentar evitar que el sufrimiento de los jóvenes que son acosados —por Internet o en vivo y en directo— les empuje a la puerta de atrás del mundo sin haber transitado apenas por él, al menos en tiempo, aunque ya explicó Ernesto Sabato a quien quisiera entenderlo que el tiempo no era mesurable por cronología sino por intensidad de vida y, en eso, nadie puede saber cuánto vivió un suicida. Lo que sí está claro es que el tema tabú por excelencia en cualquier religión monoteísta y, por tanto, en la mayoría de las sociedades por número de habitantes, se ha convertido de la noche a la mañana en trending topic.

Echemos la vista atrás para recorrer cómo estuvimos tanto tiempo de espaldas a un asunto al que ahora no sabemos cómo darle la mano.

Séneca, que tanto prestigio consiguió allá por los años cero de esta era cristiana que tan cainita está resultando, terminó con su propia vida. La enorme reputación conseguida por el patricio pensador era síntoma de la consagración de su nobleza de espíritu y —envidia mediante— soliviantó a tantos y tan tremendos enemigos, que el encarnizamiento con que tuvo que batirse le hizo paladear la tierra seca que es una vida vivida en serio. A partir de esos años y con el afianzamiento cristiano como lo que hoy sería una política de Estado y entonces se llamó religión, lo de hacerse cargo uno de mismo de su propio final estuvo proscrito.

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35 comentarios

  1. Pingback: Cicutas y cruces: suicidas ilustres

  2. Una maravilla de artículo.

    • Iván, muchas gracias por tu opinión positiva. Pretende ser un artículo que abra el debate sobre la necesidad de tratar informativamente un tema muy peliagudo.

  3. Rebeca, ahondas en un tema muy interesante y complejo que también suscita en mí largas reflexiones. De hecho, uno de lo mayores cabreos que tuve con un amigo fue cuando dijo que «todo el que se suicida es un cobarde».

    Tu lista es amplia y rica en detalles, pero déjame decirte una cosa: lo que afirmas de San Agustín es una auténtica gilipollez. No soy cristiano. Ni siquiera creyente, que conste, pero tu análisis es de una pobreza directamente proporcional a la ignorancia que esconden dichas líneas. Y lo digo porque me he pasado 4 años estudiando la figura de San Agustín y su filosofía. ¿Qué coño tendrá que ver la hipocresía con el hecho de que se convirtiera?

    • Gracias por el comentario y por haber leído el artículo. Si has estado estudiando tantos años a San Agustín no voy a ser yo quien te enseñe nada sobre él. Cada uno sacamos ciertas conclusiones sobre las cosas que aprendemos y las figuras que estudiamos… y yo he sacado las mías. Entiendo que no las compartas o que incluso te parezcan una gilipollez. No voy a entrar aquí en debates pero sí quería agradecer el tiempo que has dedicado a leer el artículo y tu opinión sincera. Saludos. Rebeca.

      • Gracias a ti por la tolerancia en tu respuesta. Hablaría largamente de este tema contigo cara a cara. Y bien a gusto, creo. Saludos.

        • Se trata de encajar bien otros puntos de vista, independientemente de si nos gustan más o menos, o de si creemos que hemos sido mejor o peor entendidos. Creo que el debate es necesario, aunque nos suela gustar más la polémica. Intento centrarme en el primero. Y agradezco mucho que hayas contribuido a ello con tu punto de vista.
          Saludos, Rebeca.

    • Supongo que el mismo rigor que ‘suicidar’ a Jesucristo y hacerle esenio después de la crucifixión, cuando no hay ni un solo documento de Qumrán que lo mencione.

    • Eso de que ahonda es muy generoso por tu parte, aunque, de todas formas, es bastante complicado hacerlo en este tema, y menos en palabras contadas.

      Si la sociedad (posmoderna (dudoso)) ofrece un sacrificio que es ritual (costumbre) a sus dioses (:suicidio), es complicado que los que forman tal sociedad no hayan mirado (a)el suicidio de frente. Cabe pensar que sea así, en tanto que usted lo ha hecho, por ejemplo: el minotauro quizá esté totalmente enajenado.

      Lo que quiero decir es que dedicándose usted a tratar con el lenguaje quizá se le debiera exigir cierto rigor respecto al mismo; parece que ha escrito usted este texto deprisa y corriendo. Sus razones tendrá.

      *

      Leo en una entrevista que le hicieron a usted:

      «Nos ha inundado una idea de personas muy sofisticadas en su apariencia física, con poca capacidad analítica y con menos registros emocionales: son capaces de transitar por la tragedia con el mismo espíritu que asisten a un desfile de alta costura.»

      Tal es el desfile de ilustres fracasados sociales enormes (véase índice onomástico) y el trato que le da usted al tema, superficial, como no podría ser de otro modo en un texto de este tipo, y ni siquiera empático, pues rapiña usted sucesos tristes y actuales como son las olas de desahucios usándolos como punto de partida para unas reflexiones que no conducen a ningún lado y están plagadas en su desarrollo de lugares comunes y comparaciones dudosas, por no hablar de los (en mi opinión, pues no se puede demostrar) pretendidos lucimientos de estilo endomingado que hace.

      Un saludo.

  4. Me ha gustado mucho el artículo, pero sea como sea es una triste pena que alguien decida suicidarse, independientemente del honor, el orgullo o las ideas.

    • A Mariela:
      Esa es la cuestión: que el suicidio es un fracaso social enorme. Y sería conveniente no taparlo más, para ver si es posible reducirlo desde la transparencia y el debate sereno -y en la serenidad radica lo peliagudo de la cuestión, me temo (y esto sí es opinión propia)-. Gracias por tu comentario y saludos. Rebeca

  5. ¿Jesús *suicidado*?¿Esenio después de resucitado tras la muerte, que es la única creencia básica que ha de tener un cristiano?? Vaya cacao teológico e histórico, mon dieu.

    • Muchas gracias por ti opinión. Puedes estar de acuerdo o no con lo que se dice pero poco «cacao» hay: preciasmente está todo claro; quizá por eso te moleste; ya lo siento. Un saludo.

      • Hola Rebeca, no es una cuestión de molestia sino de rigor. Pero esta es tu capacidad de argumentación y yo también la respeto. Un saludo.

  6. Qué artículo más desaprovechado. Un tema interesante, pero tocado con esa tan de moda en estos «años cero» (para citar a la autora) mezcla de displicencia, culturetismo y opiniones «porque yo lo valgo»; es decir, tan gratuitas como la de Nietzsche o la de San Agustín.
    Jot Down me suele aportar cosas interesantes, este refrito en forma de texto, no.

  7. ¿Carl Salgari? ¿Y ese quién es?

  8. A Carlos. Muchas gracias por haber leído el artículo y comentarlo. Se trata de un texto periodístico y no filosófico o metafilosófico -si me permites el término-. En cuanto al comentario «si yo lo valgo»… Prefiero pensar que también lo hubieras escrito
    si el artículo viniera firmado por un hombre. Muchas gracias por dar tu punto de vista.

  9. J. B. Otin

    Buen artículo porque cuestiona el tratamiento que se da al suicidio social e mediáticamente. Ilustrado con referencias culturales y filosóficas que entiendo que no pretenden ser la clave del artículo y que están adaptadas al público. Me ha gustado mucho.

  10. EL SUICIDIO SIEMPRE HA ESTADO AQUÍ

    Excepcional texto y sólo me atrevo a corregir un pequeño detalle: la CRISIS no ha aumentado la tasa de suicidio, de 4000 personas al año aprox, (en aumento proporcional desde antes de la crisis)

    El suicidio se ha colocado, casualmente desde la crisis, como la primera causa de muerte en el país, pero por la bajada al segundo puesto del ranking de los accidentes de tráfico que han disminuido de manera importante.

    Pocas veces el suicidio gana la medalla de oro pero siempre ha estado en el podio.

  11. Artículo simplón y trufado de lugares comunes. Eso sí, con generoso barniz de citas y nombres ilustres. ¿Cual es el mensaje?¿Cual el punto de vista?

  12. Gracias J.B. y Alex.
    Alex, imagino que manejas los últimos datos del INE, referidos a 2010. Y te agradezco mucho la puntualización. Gracias mil.

    Mito, el mensaje es que conviene reflexionar sobre el tema en lugar de silenciarlo -como se viene haciendo en los medios para evitar el “efecto contagio”-. Si tu crítica se refiere a que no hay mensaje que pontifique al respecto, sí, es cierto, no lo hay para no caer en el dogmatismo. El artículo es expositivo y no pretende adoctrinar; hay muchas instituciones que ya se dedican a ello. Gracias por el resto del comentario, que independientemente de cómo podría valorarlo, es muy respetable. Saludos y gracias de nuevo.

    • Gracias a usted, le reconozco el esfuerzo -y en lo que a mí respecta, el valor torero, dicho sea en el mejor sentido-, de dialogar con sus lectores. Un saludo cordial

  13. El que se suicidó fue Eugène Marais, no Sandor Marais. Además no hay ningún escritor que se llama «Carl Salgari». No sé quién es Rebeca Viguri, pero le recomiendo que trate de investigar un poco antes de endilgarle al lector un artículo sin pies ni cabeza y mal investigado.

    Y qué pena ver esto en Jot Down, que es una publicación de nivel.

    • Antonio, Rebeca tiene más razón que un santo en este punto: tantos Eugène Marais como Sándor Márai se suicidaron. Este último fue un escritor como la copa de un pino. Y si tienes más dudas al respecto, prueba a leer sus «Diarios», recientemente reeditados en España.

  14. Antonio, cuando cito a Sandor Marai lo cito a él y no Eugène Marais. Son dos escritores diferentes; imagino que no has oído hablar nunca del primero y eso te ha llevado a la confusión (que, lo siento, es tuya, no mía). A la cuestión de Salgari respondí anteriormente. Muchísimas gracias por el comentario, todos nos definimos en lo que escribimos. Un saludo.

  15. Está bueno el artículo, pero en mi opinión lo de San Agustín desentona un poco. Como que en vez de centrarte en su pensamiento (me imagino que es tarea ardua teniendo en cuenta el nivel de sus escritos) hiciste todo un análisis en base a lo que vos opinás de cómo era él. Por cierto que lo del suicidio y San Agustín como punto de inflexión a la hora de tomarlo desde el cristianismo es, si se me permite, sumamente arriesgado. De hecho, no sé de dónde lo sacaste.

  16. Mito, creo que no vale lanzar algo al público y luego desentenderse (ya sé que esconder la mano es una forma bastante habitual de funcionar, pero no es nada constructiva). De todas formas, gracias por lo del valor torero: me ha hecho reír bastante! :D Aunque me he sonreído con todo.

    A quien busca la polémica, lo siento, no voy a entrar. En cuanto a las interpretaciones, los autores citados darían para varias vidas: podríamos debatir durante horas y, aún así, nadie quedaría satisfecho (aparte: el espacio de comentarios tampoco creo que sea el «lugar»). El artículo tiene su objetivo y su marco, y cada uno/a también tiene sus más o menos ganas de comprender lo expuesto o interpretarlo/deformarlo hasta que le sirva para su propósito.

    En cuanto a las descalificaciones directas, la mayoría tienen su punto divertido, así que ¡gracias también por ésas!

    Si se produce algún nuevo comentario que no se pueda englobar en los grupos anteriores, estaré al tanto. De lo contrario, ha sido muy instructivo leer estas opiniones –si pongo “placer”, lo mismo suena endomingado (once again, wow)– y sobre todo, sacar conclusiones sobre ellas–. ¡Saludos!

  17. Rebeca, sigue explicándonos lo que quisiste decir en tu artículo, a ver si algún día lo entendemos.

  18. Pingback: 14/01/13 – Cicutas y cruces : suicidas ilustres « La revista digital de las Bibliotecas de Vila-real

  19. «Y si el hombre es el artífice, el gobernante de su vida, también el suicidio habrá de ser un acto de gobierno, no el resultado de una pasión enfermiza. Ha de haber una prudencia, una sabiduría en el suicidio, que nos evite al mismo tiempo la precipitación y la cobardía. El varón fuerte y sabio, de la vida no debe huir, sino salir (non fugere debet e vita, sed exire). Digno y bello programa.»
    De «Del suicidio considerado como una de las bellas artes», de Antonio Priante, editorial Minobitia, donde, entre otras cosas, se distingue entre suicidios y suicidios.

    • Augustbecker, gracias por el comentario. Excelente blog, por cierto; lo he leído estos días con gusto. Saludos.

  20. Pingback: MIS LECTURAS: EL COMPLEJO MUNDO DEL SUICIDIO « savonarolamiscelanea

  21. (Y aunque el articulo sea del 2013, todavía es debatible)

    Es que primero indexas la lista de suicidas celebres, todos culturosos por supuesto, con el pretexto de “mira, si hubiésemos tratado el tema desde el año cero, hoy sabríamos como manejar el asunto (¿wtf?)”, luego el reproche a la religión por su censura/condena de todos estos años…el religioso que lee Jotdown, seguramente tendrá (hoy, siglo XXI, a la perspectiva de la inquisición y demás) sus argumentos para condenar el suicidio o no pero, ¿a quién le molesta que una institución moralmente tachable como la iglesia condene el suicidio?, ¿no es ya algo trivial la critica al cristianismo?, al resto de nosotros que creo somos la mayoría por estos lares (ateos, agnósticos, etc.), realmente lo que opine hoy la iglesia nos importa bastante poco, y sobre los perjuicios que provocó a la humanidad, nos parecen aberrantes pero ya superados (ya no inciden sobre los suicidios de nuestros días)…justamente, estamos en el 2016.
    Te confunde “que tantos años no se haya hablado de la muerte a voluntad propia mientras la violencia copa informativos y ficción”, por supuesto hay que tratar de contener al suicida y de que no sea tabú el asunto pero desde su entorno, no desde un medio masivo y el debate popular, porque ya sabemos que eso es contraproducente (como bien decís, el efecto contagio), es un motivo valedero y no hay mas vueltas que darle a esto.

    PD: Otra cosa con la que no estoy de acuerdo (que es parte de otro tema pero igualmente) es cuando hago un mix entre eso de “Aceptamos los homicidios, los asesinatos, los holocaustos (¿?)…el boxeo”, y “dando cobertura a la rivalidad de la caverna”, en algún momento de nuestra existencia, caes en la cuenta de que la violencia es parte de la vida, ¿es legal, no es legal, es ético, no es ético?, es parte de la vida factica, esta ahí aunque no lo quieras aceptar, y cuando a mi me vengan a robar la bicicleta, yo puedo invocar medio código civil, apelar a la moral divina, a los derechos humanos, cualquier superestructura social…o puedo defender mis pertenencias y meterle una trompada, todo aquel que practica boxeo entiende este costado de la vida y se resigna ante el hecho. Ahora, no por eso vamos a avalar el holocausto (tal vez un poco exagerada tu elección de palabras) pero si reconocer que los conflictos humanos son inherentes a ciertas situaciones, e inevitables muchas veces, y que una reacción violenta medida y en el momento justo, puede evitar desenlaces mucho peores.

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