Música

¿Cómo reconocerías a un americano?

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«Esto suena raro, ¿seguro que no tienes la partitura del revés?». Fotografía cortesía de la Kurt Weill Foundation for Music.

“—No soporto que me den órdenes. Da igual lo mucho que me esfuerce, sencillamente no soporto que nadie me dé órdenes.
—Pero ¿por qué?
—Vas a decir que esto suena ridículo, pero… quizá es por algo que he comido”

Y con este extracto del inicio de It Never Was You podríamos dar por terminado este artículo, pero convendrán conmigo en que estaría feo dejarles ahí, con una pregunta y una respuesta.

Todo tan sintético, tan aséptico. Sin abrir nuevas preguntas.

Sin saber que ese diálogo lo escribió en 1938 Maxwell Anderson, poeta americano de la misma Pennsylvania, para un musical de Broadway.

Un musical que estaba componiendo Kurt Weill.

Oh, luna de Alabama”

Tercer hijo de una familia judía alemana no especialmente acomodada —por derribar algún prejuicio—, Kurt Weill nació en Dessau en 1900. Desde niño estudió y se dedicó a la música, como el resto de su familia, que tampoco eran trabajadores del campo de sol a sol —por afianzar algún otro prejuicio.

Compositor, arreglista, pianista, repetidor (pianista de ensayos; es decir, tocaba el arreglo para piano de la parte orquestal para que los cantantes pudiesen practicar), las necesidades económicas hicieron que Weill trabajase casi de cualquier cosa relacionada con la música en los primeros años de la República de Weimar, tras el fin de la primera guerra mundial.

A los 22 años se unió al Novembergruppe berlinés, colectivo de artistas de izquierda que, de alguna manera, servirían para canalizar su pensamiento marxista mientras terminaba los estudios de composición que cursaba bajo la tutela de Ferruccio Busoni.

En esa época, y teniendo en cuenta que Busoni solo admitía a cinco estudiantes superiores, Weill compuso un corpus esencialmente clásico (en la acepción de “tradicional”, no en la acepción técnica que califica a las obras de Mozart y su tiempo). Esto es, compuso su primera suite y su primer poema sinfónico (a los 19), su primera sinfonía (a los 21), así como cuartetos, cantatas, conciertos y óperas.

Estas obras tenían una eminente influencia del postromanticismo de Mahler, del expresionismo de Stravinsky e incluso del dodecafonismo de Berg o Schönberg. Algunas obtuvieron un notable éxito, como el Cuarteto de cuerda nº 1 que fue interpretado por Paul Hindemith y el Cuarteto Amar en 1923.

Y sin embargo…

Y sin embargo, algo faltaba. Weill sentía la necesidad de contar lo que pensaba de esa Alemania de Weimar y del Berlin Alexanderplatz de Alfred Döblin. Una Alemania pobre, agotada por el tributo de la primera guerra mundial, convulsa y, a los ojos de un socialista convencido como Weill, enfangada en una corrupción política y moral que manchaba prácticamente todos los niveles de la sociedad.

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22 comentarios

  1. El artículo es genial, pero los pies de foto son sublimes. Evidentemente no me refiero a una parte de la anatomía de los retratados.

  2. Es un artículo estupendo. Ha sido un placer leerlo.
    No es necesario que una obra tenga un mensaje, un sermón. Son más interesantes cuando reflejan la vida en toda su complejidad, con sus contradicciones. Pero el autor, Pedro Torrijos, encuentra la que quizás fue la clave de la vida de Weill (y de Lenya), y también una explicación de su separación de Brecht y del estilo de las obras que hizo con él. Tampoco yo sé si Weill era un liberal clásico, un libertario, un liberal de los de tertulia y Twitter, o qué. Quizás no era más que un hombre con una profunda inclinación por la libertad individual (no todo el mundo la tiene) y una profunda repugnancia por la injusticia, como su Brom. Y no es poco.

    • Pedro Torrijos

      Al menos, es lo que a mí me gusta pensar. Y de alguna manera poner de manifiesto ese «liberalismo» de tertulia y Twitter empuñado por niños de papá que no saben ni lo que es el talento ni lo que es el esfuerzo ni lo que es ser un individuo.

      De hecho, estoy preparando una trilogía épica que llamaré «El liberal de Twitter: de niña a mujer»

    • Pedro Torrijos

      No sé si fue esa la razón, pero a mí me gusta pensar que lo fue.
      Y bueno, quería poner de manifiesto también a ese liberalista de tertulia que suele ser un niño de papá y que no sabe lo que es el talento ni el esfuerzo ni mucho menos el individuo.

      En cuanto a Twitter, estoy escribiendo una trilogía épica que se llamará: «El liberal de Twitter: de niña a mujer».

  3. Me han dado muchas ganas de volver a oir a Kurt. Gracias.

    • Pedro Torrijos

      Weill es una figura absolutamente única en el panorama musical del s.XX -de cualquier siglo, diría yo-. Siempre merece la pena volver a escucharle.

      Y su producción americana, aún algo desconocida, es formidable.

  4. Me pasé diez años estudiando su repertorio (1993-2003) y monté un programa desde su época berlinesa con Brecht, pero también con Kästner, Kaiser …. hasta su maravillosa época americana.
    Su profesor de piano Ferrucio Busoni, una vez le dijo: Pero es que te quieres convertir en un «Verdi moderno» ? y él le contestó: Qué tiene de malo?
    Era moderno en el sentido más amplio, compuso melodías y armonías magistrales … podría escribir horas y horas.
    Gracias por el artículo :-))))

  5. Mi viaje musical partió del pop hacia el jazz y de alli a la música «seria». En realidad siempre he estado rodeado de la última desde la niñez.

    El libro de Alex Ross que terminé hace unas semanas sobre música del siglo XX (The Rest is Noise que recomiendo vivamente en su versión original) me ha azuzado la curiosidad sobre Stravinski, Copland y el protagonista de este arículo.

    Me gustaría que me recomendárais discografía de Weill.

    Gracias y hasta tu próximo escrito que promete mucho.

    • Pedro Torrijos

      Bueno, realmente de Weill lo recomendable es todo, pero yo creo que alguna buena versión de La Ópera de Tres Peniques, Caida y Auge de la Ciudad de Mahagonny y quizá Street Scene está muy bien para empezar.

      En cuanto al próximo artículo…creo que habrá sorpresas.

  6. Gracias. Muy, muy buen artículo. Sobre todo para los que nos gusta Weill pero no lo conocemos tan bien.

    Y también para los que piensan que solo compuso «Mack the Knife» expresamente para que la destrozaran cantantes de todo pelo haciendo como que son Marlene Dietrich.
    Por cierto, madre mía como está de mayorla Stratas en el vídeo.

  7. http://spainisintheair.blogspot.de/2013/01/domingo-27-de-enero-en-realidad-nunca.html

    STRATAS SINGS WEILL (buen disco para entrar en todos los periodos de su música)

    THE UNKNOWN KURT WEILL (las canciones que Lotte Lenya le «regaló» a Stratas que ella nunca había grabado)

  8. Después de leer este excelente artículo, espero la pronta materialización del del liberal de Twitter y tertulia. Teniendo en cuenta lo que hoy se autodenomina «liberal» por estos lares, prepárate con la que te va a caer en forma de «think tank» de lo más granado de la sociedad.

  9. Pedro, de diez. Estultos como yo incluso aprendemos. Fuck the tank and think the thing.

  10. «He intentado encontrar la más pura expresión musical para cuanto quería decir. No vuelvo la espalda a lo desagradable. Bebo mi porción, pues es parte de la época en que nací y porque señala la belleza que florece hoy, como ha florecido siempre.»

    Kurt Weill

  11. Estupendo artículo! Curiosamente acabo de leer las «Crónicas» de Dylan y dedica bastante tiempo a explicar como la canción «Pirate Jenny» de Weil le cambió definitivamente la manera de componer. Mi introducción a Weil fue a través del execelente disco-homenaje «Lost in the Stars» donde desde Tom Waits a Lou Reed versionaban algunos de sus temas más populares. Para los que no lo conozcan, creo que es una buena puerta de entrada a su mundo. Un saludo y enhorabuena por el blog!
    iago.

  12. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Jazz y nazismo en el París ocupado

  13. Lo de Lotte Lenya era para que picásemos. Pues piqué, fui a youtube a intercambiar mi ignorancia, y sí. Fui temeraria. Una voz, una melodía, unos coros y estribillos y todo lo demás que iría de perlas con una borrachera de aúpa, pero de las de lléveme a urgencias, no las de puro éxtasis. Qué susto.

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