Sexo aberrante y familias disfuncionales en la mitología griega

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Las tres Gracias representadas en El juicio de París, de Rubens
El juicio de París, de Rubens.

Infidelidades, relaciones incestuosas, zoofilia… los dioses griegos eran inmortales pero aprovechaban cada día como si fuera el último. Y esto, claro, tenía consecuencias en forma de celos y venganzas tan atroces que los humanos apenas logramos imaginar. Eran seres inmensamente poderosos pero esclavos de sus pasiones, y sus relaciones familiares no eran muy armónicas precisamente. En cualquier caso durante el eterno tiempo libre del que disponían lo cierto es que no se aburrían, tal como veremos.

El conjunto de narraciones míticas permitió no solo cohesionar —a falta de estructuras políticas más sólidas— a las diversas ciudades griegas frente a los bárbaros, les sirvió además de inspiración para su arte, su filosofía, para comprender mejor eso tan enrevesado que son las relaciones personales y, desde luego, como entretenimiento. Se trataba de una serie de historias en las que a menudo hay discrepancias en la descripción de las las acciones, aspecto e incluso genealogía de cada divinidad, pero al fin y al cabo… ¿por qué un dios no podría nacer de varias madres si así lo desea?

En el comienzo fue el Caos. De ahí surgieron la Madre Tierra o Gea, el abismo del Tártaro y Eros, que es la personificación del amor y la fuerza procreadora. Gea tuvo dos hijos, Urano (Cielo) y Ponto (Mar), quienes fecundaron a su propia madre (ya empezamos…). Con Ponto tuvo a diversas criaturas marinas y de su unión con Urano nacieron tres monstruos de 100 manos y 50 cabezas llamados Hecatonquires y otros tres llamados Cíclopes, por tener un solo ojo. Cosas de la endogamia. Urano aborreció a tales hijos debido a su espantoso aspecto, desterrándolos al Tártaro y a continuación tuvo con su esposa-madre a los Titanes. Gea estaba resentida con él por ser tan mal padre y además, según algunas versiones, este impedía que nacieran otros al bloquearles la salida con su colosal pene, por lo que inventó un metal de extraordinaria dureza llamado Adamantio (sí, el material que posteriormente recubriría el esqueleto de Lobezno), y con él construyó una hoz y se la ofreció a los Titanes. Uno de ellos, llamado Crono, la aceptó, y sujetando los genitales de su padre con la mano izquierda los cortó y tiró al mar. Pero algunas gotas de sangre cayeron sobre Gea fecundándola (lo que daría lugar, entre otros, a los Gigantes). Mientras que de la espuma creada al caer el pene al agua nació Afrodita. El pobre Urano, ahora castrado, tuvo que retirarse: el nuevo amo del universo pasó a ser su ingrato hijo Crono.

Saturno devorando a un hijo, de Goya
Saturno devorando a un hijo, de Goya.

Crono inició su mandato casándose con su hermana Rea, pero su madre-abuela Gea le profetizó que un hijo suyo lo destronaría. Así que no se le ocurrió mejor cosa que comérselos según iban naciendo. Dado que según la mitología romana Crono era llamado Saturno, de ahí proviene la célebre pintura de Goya Saturno devorando a un hijo. Harta de ese comportamiento tan bruto, Rea planeó un astuto ardid contra su hermano-esposo con la ayuda de su madre-suegra Gea. Rea parió a un niño y lo escondió, entregando en su lugar a Crono una piedra envuelta en pañales, quien rutinariamente se la comió pensando que era un hijo y sin notar nada extraño en su sabor. Zeus, que así se llamaba, creció en el anonimato y cuando se hizo un hombre Rea lo convirtió en copero de la casa, lo que le permitió escanciar en la copa de su padre un veneno que le hizo vomitar a todos los hijos que se había comido. De tal manera Zeus, con la ayuda de sus hermanos y con la de los Cíclopes y Hecatonquires a los que liberó del Tártaro en el que Urano en su día encerró, se enfrentó a Crono y su ejército de Titanes. Esa fue la mayor batalla que jamás se haya visto en el universo: la Titanomaquia. Diez años duró este combate de increíble violencia, en el que no es difícil ver elementos comunes con la posterior narración cristiana de la insurrección celestial de Lucifer contra Dios. Finalmente Crono y los Titanes fueron derrotados y encerrados en el Tártaro. Salvo uno llamado Atlas, que recibió por castigo aguantar el cielo sobre sus hombros por toda la eternidad. Tras la victoria los tres hermanos varones —Posidón, Plutón y Zeus— echaron a suertes qué parte del universo les tocaría reinar, quedando los mares para el primero (que además recibió de regalo de los Cíclopes un tridente) el Hades para el segundo (con un casco de oscuridad como premio) y los cielos para Zeus, que además recibió como obsequio por parte de dichos seres de un solo ojo el poder del rayo.

Pero Zeus, como supremo dios de los cielos, no iba a ser un gobernante más piadoso que sus antecesores. Como suele decirse, el poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente. Su madre Rea le prohibió casarse y él se rebeló violándola bajo el aspecto de una serpiente, unión de la que nació una hija llamada Perséfone, con la que también mantuvo relaciones dando así como hijo a Dioniso. Poco tiempo después de llegar al poder, el Rey del Olimpo tomó por esposa a Metis, pero Gea —a la que a estas alturas está quedando claro que le gustaba mucho malmeter— le auguró que le daría un hijo que le arrebataría el trono, así que Zeus opta por comerse a su mujer cuando queda embarazada. No obstante, el embarazo sigue su desarrollo y la niña, Atenea, nacerá aunque para ello tiene que atravesar el cráneo de su padre, con la ayuda en tan peculiar parto de un hachazo de Hefesto (quedémonos con este nombre). Zeus pese a todo se sale con la suya porque Metis ya no concebirá más. Además afirma ufano que ella sigue dándole consejos desde el vientre.

Desde entonces Zeus mantendrá una turbulenta vida sexual y sentimental ya sea con diosas o con mortales, con mujeres u hombres, dedicando a ello su inmenso poder —lo de emplearlo en hacer el bien e impartir justicia es para superhéroes moñas— bien ejerciendo la fuerza bruta o transformándose en toda clase de animales para acercarse a sus víctimas. Para guardar las apariencias en el Olimpo tomará matrimonio, eso sí, y qué candidata podría haber más apropiada como esposa que su hermana gemela. Aunque según algunas tradiciones también se casó entre otras con Eurínome, que le dio por hijas a las Gracias, y Themis, que le dio a las Horas, generalmente se considera que la única esposa que tuvo de por vida fue a dicha hermana,  Hera. Un día la vio pasear sola y se le antojó poseerla, así que tomó la forma de un inocente cuco con las alas mojadas y embarradas para despertar su compasión. Ella lo metió dentro de sus ropas para secarlo y… zasca, allí mismo adquirió su forma original desvirgándola antes de que ella pudiera hacer nada. Por vergüenza Hera tuvo entonces que casarse con Zeus y la noche de bodas duró nada menos que 300 años. Su esposo siguió deseándola desde entonces con gran intensidad, aunque no fuera en exclusiva. En el canto XIV de La Iliada, por ejemplo, le dice:

¡Hera! Allá se puede ir más tarde. Ea, acostémonos y gocemos del amor. Jamás la pasión por una diosa o por una mujer se difundió por mi pecho, ni me avasalló como ahora: nunca he amado así, ni a la esposa de Ixión, que parió a Pintoo consejero igual a los dioses; ni a Dánae Acrisiona, la de bellos talones, que dio a luz a Perseo, el más ilustre de los hombres; ni a la celebrada hija de Fénix, que fue madre de Minos y de Radamantis igual a un dios; ni a Sémele, ni a Alcmena en Teba, de la que tuve a Heracles, de ánimo valeroso, y de Sémele a Dioniso, alegría de los mortales; ni a Deméter, la soberana de hermosas trenzas; ni a la gloriosa Leto; ni a ti misma: con tal ansia te amo en este momento y tan dulce es el deseo que de mí se apodera.

No sé yo hasta qué punto puede resultar romántico o sensual decirle a la esposa que la deseas más que a todas aquellas amantes con las que le has puesto los cuernos. El caso es que parecía funcionarle, e incluso despertar sus celos le servía como forma de reconciliación. En cierta ocasión en la que ella se marchó de casa enfadada después de una monumental bronca marital, Zeus difundió el rumor de que iba a casarse con Platea y vistió a una figura de madera con un traje de boda. Hera montó en cólera y al acudir a arrancarle el traje a su rival sintió tal alivio al descubrir la broma que se reconcilió con su marido.

Atenea naciendo del cráneo de Zeus
Atenea naciendo del cráneo de Zeus.

Pero no vaya a pensar el lector que la conducta tan libertina que llevaba Zeus se la permitía a su esposa, a la manera que reclaman esas columnas de las revistas modernas y gafapastas. Tremendamente posesivo, en cierta ocasión en la que invitó a su mesa a Ixión y este tuvo la osadía de intentar seducir a Hera, creó una nube con la apariencia de ella con la que el incauto satisfizo sus ansias. De ahí nació un niño inútil llamado Centauro e Ixión no solo sufrió el ridículo sino que además fue castigado por Zeus a ser atado a una rueda de fuego, que desde entonces recorre eternamente los cielos.

Por cierto, dicha nube con aspecto de Hera pasó luego a llamarse Néfele y se casó con el hermano de Sísifo (el de la piedra), que le dio tres hijos. Uno de ellos, Frixo, era tan atractivo que su tía se enamoró de él, pero al sentirse rechazada lo acusó de violación. Estuvo a punto de morir sacrificado a manos de la masa enfurecida debido a esa falsa acusación, pero un carnero de oro que bajó providencialmente del Olimpo lo salvó. Tiempo después, el vellón de ese carnero sería buscado por la expedición de Jasón y los Argonautas… Pero eso ya es otra historia.

Volvamos entonces a Hera y sus celos. El episodio que narrábamos anteriormente de Atenea naciendo de la cabeza de Zeus le hirió en su autoestima, puesto que entonces su marido podía tener hijos sin intervención suya. En justa venganza decidió tener un hijo por partenogénesis, es decir, sin semilla masculina. El resultado fue Hefesto, un niño tan deforme que tras parirlo su madre lo aborreció arrojándolo del Olimpo. Si eso no fuera bastante, Zeus creyó que ese hijo fue fruto de una infidelidad y la torturó en una silla mecánica hasta asegurarse de que no estaba mintiendo. Llegados a este punto y si hemos estado atentos, recordaremos que Atenea se abrió paso a través del cráneo de Zeus gracias a un hachazo que le propinó… Hefesto. ¿Cómo pudo estar presente en tan singular parto si él mismo aún no había nacido? Pues mire, el poder de un dios no se supedita a nada, ni siquiera a la lógica más elemental. De todas formas, también hay narraciones en las que fue Zeus el que se sintió herido en su orgullo por el nacimiento de Hefesto y entonces tuvo a Atenea. Para que no nos tachen de impíos  daremos ambas explicaciones por simultáneamente ciertas.

La cuestión es que pese a haber sido arrojado del Olimpo por su propia madre, el recién nacido Hefesto sobrevivió, al haber caído al mar. Bajo la protección de dos diosas vivió en una gruta, donde se convirtió en un hábil herrero hasta que pudo ser readmitido en el Olimpo. Allí se casó con su hermanastra Afrodita, con la que tuvo tres hijos que en realidad no fueron suyos dado que ella le engañaba con Ares, el Dios de la guerra. Advertido de la infidelidad, Hefesto tejió una red de bronce y tras decir a su mujer que se iba de viaje se quedó acechando. El amante no tardó en llegar y Hefesto los atrapó en su cama con la red. Acto seguido convocó a todos los dioses en su dormitorio para que contemplaran la infidelidad y exigir entonces la devolución de los regalos de boda. Tras esa relación Afrodita tuvo un hijo con Hermes que nació con ambos sexos y fue llamado Hermafrodito. Hefesto por su parte quiso rehacer su vida, y para ello intentó violar a su otra hermanastra Atenea, pero solo alcanzó a eyacular en su muslo. Ella, asqueada, se limpió con un trapo que tiró al suelo, con lo que la simiente de él fecundó a Gea, la Madre Tierra. Esta, como ya veíamos anteriormente, era de carácter difícil, y se negó a proseguir con el embarazo. Ante lo cual Atenea decidió que ya se encargaría ella del niño en gestación, que se llamaría Erictonio y llegaría a hacer grandes cosas en la vida, como desarrollar el cultivo del trigo.

Con semejante ejemplo, los héroes (hijos de un dios y una mortal) y los mortales llevaban a menudo también una vida muelle y desordenada, lo que tarde o temprano les traía consecuencias.  Como por ejemplo el herrero Dédalo, que acabó matando a uno de sus aprendices por envidia de su talento y por sospechar que cometía incesto con su madre. Exiliado de Atenas por su crimen, acabó encontrando refugio en Creta, al servicio del Rey Minos. Allí en cierta ocasión el monarca se negó a sacrificar a un hermoso toro, un desaire para Posidón que castigó haciendo que su esposa, Pasífae, se enamorara del toro. A petición de ella, Dédalo construyó una vaca de madera para que la reina pudiera esconderse dentro y gozar así del toro. De tan aberrante relación nacería el Minotauro, que sería encerrado por Minos en un laberinto. Dédalo, cómplice de Pasífae en la infidelidad, huiría de la cólera del rey fabricando unas alas de cera con las que escapó de la isla junto a su hijo Ícaro. Mientras tanto, una de las hijas de Pasífae, Ariadna, ayudó a matar a su hermanastro el Minotauro a Teseo, del que estaba enamorada. Pero él la abandonó por su hermana Fedra, quien a su vez se enamoró de su hijastro Hipólito (nacido de una relación previa de Teseo con la reina de las Amazonas), que rechazó sus insinuaciones. Fedra, herida en su orgullo, lo acusó entonces ante su padre de haberla violado y se suicidó. Teseo creyó su versión de los hechos, clamando entonces a los dioses que mataran a su hijo. Y estos cumplieron, haciendo que pareciera un accidente de carro. Triste historia.

Clitemnestra y Egisto a punto de matar a Agamenón, de Pierre Narcisse Guérin
Clitemnestra y Egisto a punto de matar a Agamenón, de Pierre Narcisse Guérin.

No menos dramático fue otro episodio de parricidio. La doncella Leda fue violada por Zeus, convertido para la ocasión en un cisne, y de esa relación puso dos huevos, de los que nacieron dos hijos y dos hijas. Una de ellas fue Clitemnestra, que al hacerse mayor contrajo matrimonio con el Rey de Pisa, hasta que Agamenón lo mató y obligó a su viuda a casarse con él.  Clitemnestra dio a su nuevo marido cuatro hijos —entre ellos Orestes y Electra— hasta que se echó un amante llamado Egisto. Este hombre tuvo la peculiaridad de haber nacido de una relación entre Tiestes y su hija Pelopia. Es decir, su padre era al mismo tiempo su abuelo, y su madre también era su hermana. Pues bien, Clitemnestra y Egisto conspiraron para matar a Agamenón y que este ocupara su puesto. Para poder planear bien cada paso de su felonía, la reina pidió a su marido que cuando terminara el sitio a Troya en el que andaba guerreando encendiera una hoguera en el Monte Ida, que sería vista por un vigía que a su vez encendería otra, formando así una larga cadena para transmitir la noticia a Clitemnestra. Un sistema de comunicación que habrá recordado al lector a la película de El Señor de los Anillos, concretamente el aviso  desde Minas Tirith a Rohan, para pedir ayuda ante el ataque de Sauron.

Pues así lo hizo nuestro protagonista, inconsciente del peligro que le esperaba pese a llegar de vuelta a su hogar acompañado de Casandra, quien se merece un breve inciso. Esta amante suya tiempo atrás prometió sexo al dios Apolo a cambio de que este le otorgara el don de la profecía. Estaba tan enamorado que le concedió ese don, aunque ella una vez lo obtuvo incumplió su parte y lo dejó con las ganas.  A esto se le llama ser un pagafantas. Apolo, resentido, la castigó entonces haciendo que nadie creyera nunca sus profecías. Y así le ocurrió al llegar junto a Agamenón al palacio. Casandra tuvo una visión de sangre y muerte y advirtió del peligro de entrar, pero el rey no le hizo el menor caso. Esa noche, el complot de Clitemnestra y Egisto culminó con el asesinato de Agamenón mientras se bañaba. Pero habían dejado un cabo suelto. Electra nunca olvidaría el crimen cometido contra su padre. Años después, estando ambos en el exilio, instigó a su hermano Orestes para que ejecutase la venganza. Este, haciéndose pasar por mensajero, entró en palacio y mató a Egisto. Clitemnestra entonces reconoció a su hijo y le enseñó una teta como forma de recuperar ese vínculo entre madre e hijo, pero su intento resultó inútil y murió decapitada. Esto serviría luego al psiquiatra Jung para definir el llamado “Complejo de Electra”, por el que las niñas rivalizan con sus madres por la atención del padre. Pero si hablamos de complejos no podemos concluir sin mencionar el más célebre de todos ellos. Este artículo quedaría tan incompleto como el pobre Urano a manos de Crono si no lo mencionáramos.

Edipo y la Esfinge
Edipo y la Esfinge.

Layo, rey de Tebas, estaba disgustado porque no podía tener hijos con su esposa Yocasta. Cierto día acudió al Oráculo de Delfos, y este le advirtió de que mejor siguiera así puesto que si tenía un hijo acabaría muriendo a sus manos. Asustado por el augurio, repudió a su mujer, pero con este gesto hirió de tal forma su ego que ella una noche lo emborrachó para poder acostarse con él. De tal coyunda nació nueve meses después un niño al que Layo abandonó en el monte. Un pastor lo encontró y quiso ponerle por nombre Edipo antes de entregárselo al Rey de Corinto, que como no tenía hijos lo adoptó encantado. Edipo creció y ante las dudas sobre su auténtico origen consultó con el Oráculo de Delfos, que le respondió “¡Aléjate desgraciado! ¡Matarás a tu padre y te acostarás con tu madre!”. Una predicción digna del mismísimo Juán Dámaso. Creyendo que esta predicción se refería a sus padres adoptivos huyó a Tebas, pero en el camino se cruzó con Layo montado en su carro y por el orgullo de no querer apartarse al final lo acabó matando a él y a sus sirvientes. Naturalmente sin saber que en realidad era su padre, caminó de nuevo del oráculo esta vez para preguntarle cómo deshacerse de un monstruo llamado la Esfinge que estaba asolando Tebas. Dado que esa era la ciudad a la que Edipo se dirigía acabó cruzándose con la bestia, que le propuso un acertijo: cuál es el ser que tiene cuatro, dos y tres pies a lo largo de su vida. Nuestro protagonista respondió correctamente que el hombre, pues camina a gatas de niño, de pie en la edad adulta y ayudado con un bastón en la vejez. La Esfinge reconoció que la respuesta era correcta y entonces se autodestruyó. Edipo fue entonces recibido en Tebas como un héroe y proclamado rey, casándose con Yocasta. Cuando finalmente la verdad se supo, ella se suicidó y él se sacó los ojos y se exilió. Así cumplió su inevitable destino.

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Bibliografía:

Biblioteca mitológica, Apolodoro (Alianza Editorial)
Los mitos griegos, Robert Graves (Ed. Ariel)
El gran libro de la mitología griega, Robin Hard (Ed. La esfera de los libros)
Diccionario de mitología clásica, Jenny March (Ed. Referencia Crítica)

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31 comentarios

  1. Una pregunta a los entendidos (y a pesar de mi ignorancia en el tema, espero no parecer un completo ignorante).

    ¿Hasta que punto la existencia de unos dioses tan díscolos, pudo favorecer una menor creencia en estos? Y este factor ¿puedo llevar a buscar otra serie de explicaciones en temas como el origen del cosmos (filosofia)?

    • B. Sartoris

      Es un planteamiento interesante, pero esa visión de que son seres díscolos es algo muy subjetivo: a nosotros nos lo parecen porque así nos los han presentado, pero para los griegos, los dioses se hacían más cercanos y reales precisamente gracias a todos esos apetitos y defectos tan «humanos». Era más fácil identificarse con ellos.

      • Hasta cierto punto y cierta época. Los avanzados filósofos atenienses no negaban la existencia de los dioses (más que nada porque a más de alguno, como a Sócrates, le costó la vida por impío) pero reconocían la ridiculez de los mitos tradicionales tal y como los presentaban los poetas.
        Durante la última época del helenismo y bajo la dominación macedónica y romana la gente fue inclinándose cada vez más por ritos místicos como los misterios eleusinos, alejándose de las fábulas clásicas.

    • Pointer

      Las leyendas forman parte de un tipo de literatura que no es «oficial». Es como las burradas que se contaban en Occidente de los santos, que sí tiraban pedos curativos, que si volaban por los aires. Son el mismo tipo de disparates, que «oficialmente» no tienen amparo. Entendámonos, no se niegan (de hecho, se los publicita), pero no forman parte del núcleo duro de la ideología. Los dioses griegos ante todo eran sociopolíticos, marcaban claramente por otra vía lo que la jurisprudencia intentaba controlar. Pero a la hora de «creer», todo esto era como un folklore, por ejemplo en el tempo de Apolo, que era literalmente como Lourdes, donde acudía gente a miles a curarse de enfermedades (y aún están hoy día los exvotos de los curados), la gente a lo que iba es a un claro entorno religioso a buscar el milagro sobrenatural, la coloratura de la historia le tiraba de un pie. De hecho, como hoy día, la inmensa mayoría de la gente probablemente desconocía el 90% de la estructura ideológica de su creencia y los detalles -así fue el cristianismo durante siglos-, todos estos conocimientos estaban prácticamente circunscritos a una elite que ya se daba cuenta que todo esto eran chorradas, con o sin burradas, y que las mantenía por su obvio valor funcional. También debes ubicarte en la época, porque lo que hoy día gracias al avance de la ciencia nos parecen burradas meridianas, en la época eran simplemente hipótesis plausibles, si no realidades.

    • Tsukyomy

      También hay una segunda aproximación a la mitología, donde se puede tomar el mito como una parábola, por ejemplo tomemos el mito de la creación y sustituyamoslos por los hechos: «En el comienzo fue el Caos. De ahí surgieron la Madre Tierra (Gea), el abismo o la oscuridad (tártaro) y el deseo o unión (Eros), que es la personificación del amor y la fuerza procreadora. De la tierra nacieron el cielo y el mar que junto con la tierra crearon a las criaturas marinas» Como puedes ver es una narración que ayuda al entendimiento de la realidad, y que se puede lograr al buscar los sinónimos de los nombres griegos.
      El segundo entendimiento de la mitología es desde una aproximación ética-didáctica, donde al ver los resultados de las acciones de los dioses (muerte, venganza y verguenza) debes de aprender de sus hechos para no realizarlos, había una frase de un filósofo griego que decía: ¿Porqué los dioses pueden hacer esto y nosotros no? Porque ellos son dioses y pueden hacerlo, los hombres tienen que ser virtuosos, no imitar sus acciones deplorables y aún así honrarlos para no caer de su gracia.

    • raobando

      Mitos las religiones de los demás…

    • Charlie Medina

      No me voy a referir a los dioses «creados» por los humanos, según el estúpido marxismo, sino a la realidad arqueológica y antropológica que demuestra que la Tierra ha sido visitada por seres de otras culturas más avanzadas que aquí fueron indentificados como todo-poderosos. Algunos de estos seres volaban, como Homero describe en su Iliada. Otros tenían fuerzas descomunales. Algunos eran capaces de matar lanzando rayos desde sus brazos. Otros podían vivir en el mar. Los hubo también muy educadores. Y finalmente, algunos tuvieron hijos con los terrestres que fueron considerados semidioses. De los semidioses salieron los primeros monarcas. Curiosamente, todas la culturas describen a esos descendientes de dioses de RAZA BLANCA, incluyendo a los «cuatro señores de los cielos» de la Cultura Xin y Quetzalcoalt de la Maya.

      • Slayer

        ¿Sería mucho pedirle que explicitará a qué se refiere usted cuando dice «realidad arqueologica y antropológica»? No estaría tampoco nada mal que nos diera algunos argumentos que nos demostrasen lo «estúpido» del marxismo.

  2. Laladuh

    Las creencias religiosas muestran sus falencias si se las mira desde fuera. Hoy podemos verlos como díscolos, pero cuando integrados en las vidas de sus creyentes eran dioses, simplemente, por lo que podían ser de cualquier forma, eran díscolos, pero eso mismo se utilizaba para enseñar. Por ejemplo, en la mitología cristiana, un apóstol niega al mesías, otro lo vende, el mismo elegido se cuestiona y sufre por el destino impuesto sobre él. Eso no hace que los creyentes se cuestionen la religión, se usa a Judas como ejemplo de traidor, a Pedro como santo líder de una iglesia y a Jesús como alguien profundamente humano que cumple su sagrado deber a pesar de todo.
    El prisma histórico hace mucho por la justificación de las conductas divinas, aquellos y aquellas que se cuestionan, creo yo, no lo hacen por las cualidades de la religión en particular, sino por elementos que comparten todas las religiones, tales como muy insatisfactorias respuestas a fenómenos naturales, rigidez moral, rituales, entre otros.

  3. Los dioses y sus historias no son más que creaciones del ser humano. Al pensar en esto me ha venido a la mente el (fantástico) artículo acerca de J.L. Sampedro y su literatura (http://www.jotdown.es/2013/04/que-hace-un-hombre-como-tu-en-un-sitio-web-como-este/), el cual, a través de ella, llevaba a cabo las fantasías que en la vida real no podía (o quizás sí podía pero que luego no podía comentar abiertamente).

    Quizás la sociedad de aquel momento manifestaba toda su violencia -sexual, meramente física sin connotaciones sexuales, verbal, rencorosa, celosa, etc.- a través de las historias que relacionaban a sus dioses.

    Aún así, me parece que esas historias son increíblemente más sádicas (sádicas normalizadas) que a las que estamos acostumbrados hoy en día. Lo que me da a entender que los griegos eran mucho más libres que nosotros, al menos desde la óptima de expresar sin reparos pensamientos como estos y aceptarlos como historias ya digo que de lo más normalizadas.

  4. El asunto de Hefesto abriéndole la cabeza a Zeus antes de haber nacido se puede explicar o bien gracias a un viaje en el tiempo o bien por la interacción de un Hefesto de otro universo paralelo.
    (En el fondo, la mitología griega y la de Marvel o DC son igual de galimatías, aunque en la griega se folle más).

  5. Tristero

    La mitología griega era el Sálvame Deluxe de la época. Mucho mejor que los aburridos dioses de las religiones monoteístas imperantes en la actualidad, que los muy amargados no echan ni un mísero polvo.

  6. Sofocles

    Aberraciones varias, y una facilidad de fecundación colosal…

  7. Crisipo de Soli

    Interesante y ameno, pese a tener algunas pequeñas incorrecciones, que son disculpables ya que otorgan un mayor dinamismo al artículo.
    Aunque es bien sabido que en mitología, es habitual un cierto desorden sobre los posibles progenitores de dioses y héroes, esta la primera vez que escucho que Perséfone (hija de Demeter) tenga por madre a su abuela Rea, es un error o aparece en alguna fuente??. Ya no entro en la maternidad de Dioniso, ya que parece que te inclinas por el mito del Dioniso Zagreo en vez preferir el mito clásico en el que es el hijo de Sémele, achicharrada por Zeus gracias a los consejos de Hera….

    • Clínker

      Tampoco había leído nunca que la madre de Perséfone fuera Rea. Según lenguas viperinas, Zeus retozó con Deméter, su hermana, y tuvieron a Perséfone y a ésta después la raptó su tío, Hades, hermano de ambos padres de la muchacha. Un festival de «vida desordenada», vamos.
      Respecto a Dionisio, según Hesíodo, es hijo de Zeus y la curiosilla de Sémele.

    • Javier Bilbao

      Gracias, Crisipo. Respecto a lo que preguntas, en «El gran libro de la mitología griega» (Robin Hard, Ed. La esfera de los libros) se mencionan varias versiones y esta es una de ellas.

      • Crisipo de Soli

        pues nada, revisaré a Robin Hard… y tendré que ponerle una vela a Mnemósine, que una ya está mayor para recordar tanto cotilleo mitológico.

        (Y para dejar en evidencia los estragos de la edad en mis capacidades voy y respondo la entrada de abajo)

  8. angela

    Hola, el cuadro no es saturno es neptuno devorando a sus hijos, muestra el mar hundiendo barcos

    • Crisipo de Soli

      pues nada, revisaré a Robin Hard… y tendré que ponerle una vela a Mnemósine, que una ya está mayor para recordar tanto cotilleo mitológico.

  9. angela

    Perdona sinera saturno no se por que me lo explicaron de otro modo

  10. Para saber más del tema (y directamente de una fuente de esa época), se puede leer la Teogonía de Hesíodo.

  11. Juan C.

    Creo igual que Al rico libro que es más conveniente leer los mitos en su contexto. Los mitos no son solamente culebrones, aunque pueden leerse así, apelan a las fuerzas vivas de la existencia. Mucho menos son (bien lo sabía Platón) relatos morales. Hablan de las energías inmanentes de la naturaleza… creo que son incomprensibles ya para nosotros.

  12. Exelente galeria!!

  13. michelle

    Ja, ja, ja….. esto ya comenzó torcido con EURINOME y sus danzas ofideas…..

  14. Epicureo

    Es bastante difícil imaginar cómo entendían los griegos los mitos porque nosotros no tenemos nada parecido. A veces su fervor religioso nos parece imposible, otras veces da la impresión de que se lo toman todo a cachondeo.

    Hay que tener en cuenta que los griegos no tenían una Biblia ni dogmas. Se suponía que los dioses Zeus, Apolo, Atenea y todos esos estaban ahí, con tanta seguridad que ni siquiera hacía falta tener fe, y había que hacerles los sacrificios adecuados y tal, pero la mitología era fluida y opcional. Cualquier poeta podía sin ningún problema rehacer los mitos o incluso inventarlos (aunque ellos siempre dirían que no inventaban nada, era una musa la que se los «soplaba»). Se respetaban más o menos los temas tradicionales, pero no pasaba nada porque las versiones se contradijeran salvajemente.

    Además la moral de los griegos clásicos tenía poco que ver con la moral judeo-cristiano-platónico-ilustrada que más o menos tenemos ahora, lo cual dificulta todavía más encontrar sentido a los mitos. Muchas cosas que nos parecen atrocidades eran perfectamente aceptables en las circunstancias adecuadas, mientras que bastantes de nuestras virtudes más preciadas les parecerían despreciables o incomprensibles (por ejemplo la humildad, la laboriosidad, la innovación).

  15. Patricia

    Descripción divertida y muy buena para explicar mitología en la ESO. La verdad es que tus lectores, son más curiosos e inteligentes, sin saber mucho de análisis antropológico, de antropología de la religión y la religiosidad te han planteado dudas mucho más profundas que tu descripción de historias que al fin y al cabo los lectores de Jot Down más o menos ya se saben. La mitología es la representación, intento de explicación, de sentimientos/tabúes universales, que las sociedades técnologicamente menos avanzadas intentaban explicar. La historia oral y la de los mitos en particular enseña que esta muy mal el incesto porque provoca endogamia y no hay intercambio económico entre comunidades (mujeres por bienes). Biologicamante el incesto no tiene base biológica que la sustente, por ejemplo. Creo que los lectores de Jot Down están muy bien preparados para realizar análisis y no sólo leer descripciones.

  16. Hablamos de mitología griega o romana? Pues el encabezado dice griega, pero usas algunos nombres dados en la mitología romana.

  17. Pingback: Los monstruos gigantes nos atacan - Jot Down Cultural Magazine

  18. Pingback: Escándalos sexuales de los dioses griegos – El Independiente Periódico Digital

  19. Salvador Tortosa

    Hay zoofilia en la mitologia, más no tengo presente algun hecho de zoofilia en la cotidianidad cultural helénica, como si de pederastia, por caso

  20. Salvador Tortosa

    En la mitologia sí, pero en la cotidianidad, había zoofilia?

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