Félix de Azúa: Insisto

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Paul Feyerabend
Paul Feyerabend.

Me han gustado tanto algunos comentarios que los lectores han tenido la amabilidad de enviar a mi artículo anterior (aquel sobre la filosofía y la ciencia) que no puedo por menos de recomendar dos lecturas a los partidarios de la religión (científica u otra) que asoman la nariz en dichos mensajes.

La primera es la reciente edición en España de la Filosofía natural de Paul Feyerabend (Debate) y en especial el capítulo titulado: «Aspectos fundamentales de las concepciones de la realidad y del lenguaje de la ciencia». Es este un curiosísimo trabajo del célebre físico que se dio por perdido y ha sido hallado en los archivos de la universidad de Constanza, aunque en modo fragmentario. Su finalidad era contraponer los mitos religiosos y los mitos científicos. Data de los tiempos de Levi-Strauss y de Althusser, por lo que leerlo suscita una cierta añoranza tornasolada, como la música de Debussy. Es importante porque permite entender su evolución en asunto tan peliagudo.

No es que yo sea muy partidario de Feyerabend, más bien tiendo a creer que su relativismo anarquizante puede conducir a estupideces como las que se vienen cometiendo en universidades irresponsables (sobre todo norteamericanas) en las que se pone en igualdad de condiciones los orígenes mitológicos del mundo según los Bororo y los trabajos de la astrofísica contemporánea. Su ideología no me parece seria, es verdad, pero sí muy conveniente para adentrarse y profundizar en las ambigüedades de una «realidad» que los discípulos de la religión científica toman por indiscutible. Conviene dar algo más de peso a la duda. Conviene apartar a los científicos de la especulación metafísica. Dejen eso para los filósofos.

La segunda recomendación es el conjunto de columnas que viene publicando Víctor Gómez Pin en el blog del Boomeran(g) bajo el título «Asuntos metafísicos». Va por la número once. Aunque es catedrático de Ontología, el objeto de estudio de Pin en la última década es la física cuántica, de la que es un experto. No por eso ha descuidado el aprieto intelectual de que la filosofía sea la única capaz de definir un marco para esa «realidad» que la propia física no puede definir, que quizás convenga no definir, o que sea imposible de definir. No en vano Pin (ya me perdonará la reducción) viene explicando, desde su tesis doctoral en la Sorbona hace cuarenta años, que hay que regresar una y otra vez a Aristóteles.

Es muy frecuente en este país que la mera suposición de una diferencia se tome como un agravio, por ejemplo, que la filosofía, pero no la ciencia, se ocupe de la definición de «realidad». Aquí todos hemos de ser o de papá o de mamá, o fachas o paleomarxistas. Sin considerar que quizás es mejor que la ciencia no se ocupe de este asunto porque el concepto de realidad es una categoría metafísica. De ahí que la frase «la ciencia no piensa, solo describe» (que, por cierto, es de Heidegger), está en la base de la grandeza y dignidad de la ciencia aunque haya sido tomada por algunos novicios con la tonsura aún fresca como un insulto al señor obispo.

Pero en la actualidad incluso el papa se llama, simplemente, Francisco.

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46 Comentarios

  1. De gómez Pin hay dos libros de los años 70 que me parecen importantes: El drama de la ciudad ideal y Ciencia de la lógica y lógica del sueño y que pasaron completamente inadvertidos. Hay, también, otro: El ocio del mal, sobre Proust.
    Una vez me contó Víctor que al terminar la lectura de La recherche se había quedado bloqueado y fue gracias a Félix de Azúa que se desencalló.
    «Lee Jean Eyre» le dijo Félix. y así, Victor, continuó avanzando.
    Dos grandes pensadores a tener siempre en cuenta.

  2. Frescas, como casi siempre, tus palabras, Félix.

    (Sobre todo después del revuelo del anterior artículo).

    «La ciencia no piensa, sólo describe». Muy exacto el matiz de que ahora muchos se apresuran a defender «la ciencia» como si fuera religión. Conozco a Feyerabend, no conocía a Víctor Gómez Pin.

    Dejo una recomendación (para usted, si acaso no lo conoce aún), o para quien lea esto y sienta curiosidad: «¿Qué es esa cosa llamada ciencia?», de Alan. F. Chalmers. Un libro escrito con una honestidad y un rigor inusuales, acerca de la historia de la ciencia como un «conjunto de normas y principios metódicos» a través de los cuales conocer el mundo. Desde la inducción, el método científico de Bacon, pasando por Kuhn, Popper o el falsacionismo. Desgrana todas las cuestiones y problemas lógicos y evidentes que un «método» le supone al hombre; habla, por supuesto, de Feyerabend también. Y deja abiertas unas cuantas preguntas, lo cual es siempre estimulante.

    Aunque el Papa se llame sólo «Francisco». xD

    Saludos!

  3. Sigo con atención y aprecio sus valerosos aportes y su interés de favorecernos con estos tesoros del saber… lamento de mi parte no tener la estatura cognitiva para servir de contraparte o soporte de enriquecimiento en cada entrega, pero al menos le agradezco porque disfruto con agrado cuando junto a usted, otros interlocutores tienen a bien dilucidar y esclarecer mejor cada tema…. Gracias…!

  4. Falso, la ciencia natural busca explicar, las ciencias sociales explicar y/o comprender. Limitada aún por el positivismo me gusta el concepto de Popper que las ciencias son conjeturas y refutaciones. O de Thomas Kuhn que son puntos de vista con los que se intenta interpretar al mundo. Los empiristas, tan solo, son los que creen que la ciencia debe quedarse en la descripción.

    • Quizá el problema es que no se han dado cuenta aún de que, cuando quieren ir más allá de esa descripción, lo que intentan hacer es filosofía.

  5. Don Víctor, ¿qué es de sus propiedades privadas?¿Lo son menos porque las comparte con sus amigotes? ¿Y qué es de todo ese patrimonio que han ido ustedes acumulando desde hace tres décadas aproximadamente? ¿Habría que sumar todas las propiedades y capitales que les pertenecen, aparte de todo el dinero que se han permitido dilapidar para su buena vida? Por hacer la prueba con unos pocos, bastaría con comprobar a cuánto asciende el patrimonio de Lourdes Auzmendi Ayerbe y Óscar González Gilmás (ex-etarras revolucionarios a quienes les pasa el cuento por donde todos sabemos); y al suyo habría que sumar, en buen comunismo de bienes entre comunistas, los del resto de la Cuadrilla: Javier Echeverría Esponda, Yosu Yurramendi Mendizabal, Miguel Iriondo, Juan Berraondo, Fernando Savater, Sara Torres, Félix de Azua, Javier Fernandez de Castro, Virginia Careaga, Marisol de Mora Charles (y un largo etc. que limito a quienes iniciaron su andadura en Zorroaga). ¿A cuánto asciende el Patrimonio? Y se atreve a justificarse a sí mismo para practicar la rapiña más descarada, la persecución mafiosa y el acoso parapolicial más rotundos.

  6. Hemos de retrasar también hasta hace aproximadamente cuarenta años el tiempo desde el cual el criterio del Pin se impone como un imperativo filosófico, que nos advierte de que lo que diga él acerca de Aristóteles (principalmente, pero también acerca de Platón, o de cualquier otro filósofo antiguo) va a misa o, por mejor encuadrar la frase hecha en su contexto apropiado, va a la Catedral: los prestigios ganados a golpe de oportunidad que desde entonces han acompañado al alzamiento de aquella generación, incluidas las cabezas de turco que cayeron por la causa y que Félix no desconoce, todavía cuentan con el prestigio y la fuerza suficientes para acallar toda voz disonante. De disidencias y de la manera adecuada de tratarlas también supo la Inteligencia de la generación revolucionaria anterior, a la que se atuvieron, con mayor o menor fijación, todos ellos. De aquellos lodos se solidificaron estas piedras, piedras grandes, doradas y poderosas que encubren sólidamente la ganga de la progresía filosófica post-transicional. Víctor Gómez Pin hace tiempo que impone su autoridad, una autoridad que cuenta con la virtud de dar apoyo especulativo a quienes, como Azúa, compartieron beneficios cuantiosos en su momento; pero desde hace no menos tiempo Víctor Gómez Pin chochea intelectualmente, aunque sabe hacerlo con mucha clase.

  7. «aunque haya sido tomada por algunos novicios con la tonsura aún fresca como un insulto al señor obispo.» Solo por esta frase ya vale la pena leer este artículo.

  8. Pues si la ciencia describe, como dice que dijo el otro, aonde huevos se encuentra en la naturaleza el angulo recto, el punto, la línea, el 1 y demás cosas que según Galileo dice, dice Natura cuando abre la boca? La ciencia expresada en lenguaje matemático no describe. La gramática, la buena, la descriptiva, sin ir más lejos, no es una ciencia. Así lo ve al menos García Calvo, un filósofo al que unos cuantos seguíamos, y que no en vano se ha dedicado también la tira de años al estudio de asuntos de gramática y también -desde fuera- de cuántica fundamental.
    Dicho lo cual, se agradecen las recomendaciones de lecturas.

    • Hombre, la ciencia describe cómo funciona la naturaleza y al parecer lo hace de manera que se puede expresar matemáticamente. Pero eso no quiere decir que los puntos, ángulos, rectas, números, etc. se puedan ver y tocar…

      • No es descriptiva, es normativa, ya lo han apuntado. Y cuando se nos atasque el próximo experimento, se inventa una nueva palabra con significado (una nueva particula elemental, por ejemplo, con determinadas y exhaustivas notas definitorias) y Santas Pascuas. Cosas de pretender explicar la realidad desde dentro, con lo que, en buena lógica, el lío entre la explicación y lo explicado es interminable e imposible de desliar.

  9. ¿Qué fundamentos puede tener don Félix para afirmar tan rotundamente que el Pin es un experto en física cuántica? De asegurar que se dedica a su estudio a afirmar que es un experto hay un buen trecho. ¿Con qué conocimiento de dicha materia cuenta para sentirse capacitado para emitir una opinión semejante? ¿No hace falta dominar la materia para hacerse un juicio tal de valor relativo al tema, que exige un nivel de especialización que de ningún modo alccanza quien sólo cuenta con la lectura de sus artículos? No otra razón hay para explicar esta incongruencia que la naturalidad con la que entre compadres se asume de manera incondicional el apoyo mutuo. Las formas que adopta la intolerancia travestida de progresísmo se confunden en el límite con las que a la permisibilidad disoluta le convienen, supuesta la regla distribituiva según la cual al compadre se le debe el compadreo y al sedicente el ataque más o menos explícito y resuleto. Esta es la cuestión que late tras las apariencias, que tantos réditos les ha traído: estos hombres son de hecho tan intocables como en su tiempo lo fueron aquellos falangistas de tan infausto nombre. ¿Qué sería de mí si osase mencionar algo más que su nombre propio acerca de, por ejemplo, Ferrán Lobo? (Sólo con haberlo mencionado se me cierne la negrísima sombra todopoderosa de los compadres.

    Estoy totalmente de acuerdo con Ah China. Pin abusa de su viejo prestigio de doctorado en Aristóteles para pasar por aristotélicas ideas que de nigún modo lo son.

    • Decir que Pin es experto en física cuántica implica algo más que el mero (es un decir) hecho de asegurar que se dedica a su estudio, implica un juicio de valor, efectivamente, que sugiere que el interfecto domina la materia con mayor pericia que otros estudiosos de la misma. Desde este punto de vista, tu opìnión está totalmente justificada: Azúa glorifica a Pin GRATUITAMENTE.

      • E imagino que vosotros dos sois capaces de certificar lo contrario, ¿no? Que Pin no sabe nada sobre el asunto. O que no está preparado para opinar, acorde a su especialidad, sobre los fundamentos de la materia y sus posibles implicaciones, supongo. Imagino que sabéis todo esto y conocéis bien al Sr. Pin, tan íntimamente, que sois capaces de refutar a Azua. Digo yo, porque si no… Dice el texto: «Es muy frecuente en este país que la mera suposición de una diferencia se tome como un agravio, por ejemplo, que la filosofía, pero no la ciencia, se ocupe de la definición de «realidad». Aquí todos hemos de ser o de papá o de mamá, o fachas o paleomarxistas.» Va por ustedes…

        • Señor Hastaahí, sepa que no es necesario que certifiquemos lo contrario para que siga siendo cierto lo que afirmamos: bajo su gorro, poco seso parece caber. Tampoco ha afirmado nadie que Pin no sabe nada sobre el asunto, sino que Azúa no sabe tanto como para justificar su propia afirmación, y que si la hace es por seguir el típico juego de las conveniencias entre amigotes, a las cuales vienen ellos ajustándose desde aquellos comienzos del postfranquismo; aunque con ello no quisiera dejar de notar que Pin tiende a jactarse de su saber con más arrogancia de la debida: era a su revisión de Aristóteles a la que yo por mi parte aludía con conocimiento de causa, y en tal caso he de decirle que sí, que me siento perfectamente capacitado para desmentir las indebidas apropiaciones históricas del Pin. Tampoco me parece de necesidad tener que conocer a Pin para desmentir a Azúa: me sorprende muy mucho su lógica, señor mío. Por último, respecto a la cita que trae a colación, estoy en condiciones de asegurarle que la denuncia de despropósitos ajenos no libra a nadie de los desmanes propios, como es el caso de esta gente (quedó incluído un ejemplo muy explícito).

          • Vaya, Sr. Cabeza. Parece que se le abrieron a u.d las carnes. Modestamente: antes de hacernos tragar por argumentos sus obsesiones, búsquese u.d. un terapeuta que se las trate (que sea bueno, ¿eh?; no escatime u.d. en gastos, es por su bien).
            Y sí, sr. Santi. Como ve, la red está llena de neo-cosacos digitales sin nada mejor que hacer que sacar a pasear sus obsesiones. Qué le vamos a hacer. Trataremos de lidiar con ellos de la mejor forma posible. Un saludo.

            • Hastaeso, lo del Wert vale para sinsesudos como tú, y cómo, que eres un energúmeno de la filosofía, hombre, de los que le gustan al Jefe: religiosamente obediente y servicial.

  10. Os paso este enlace que encuentro hoy, distribuido por la Red Española de Filosofía, a propósito del anuncio del ministro Wert de la reducción de hasta un75% de las horas de Filosofía impartidas en la enseñanza secundaria en su nuevo programa educativo. Por cierto que, entre los entrevistados, hay por ahí un catedrático de Astrofísica. Por los escépticos, digo.

    http://www.youtube.com/watch?v=SDmsVs-YzxA&list=PLQSqENM7xIBYGOsPVbIih431i9AGzG-2d&index=5

  11. ¡Qué divertido! Un filósofo dice que otro filósofo es experto en física como argumento para decir que la física no puede ocuparse de toda la realidad, porque hay una realidad más gorda y más chula que es la de los filósofos. Que los científicos se dediquen a sus cositas que nosotros los filósofos nos dedicaremos a los asuntos de importancia real y además les ponemos unos nombres muy chulos con significado vácuo itinerante para que no se sepa de lo que hablamos: «hombre gañan que estamos en el marco de la metafísica heideggeriana y no de la aristotélica que no sabes nada con tanto átomo y tanto neutrino, dejanos a nosotros».

  12. Coloco este enlace publicado esta mañana en El Pais digital: http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/09/30/actualidad/1380565744_023627.html
    El texto es una entrevista en la que José Mª Ordovás, entre otros cargos, especialista en nutrigenética y nutrigenómica y director del Laboratorio de Nutrición y Genética de la Universidad de Tufts, en Boston, USA, reconoce, barriendo para casa, eso sí, la incapacidad de la genética (¿es esto ciencia?) para resolver, como se prometía, todos los problemas de salud. De ahí, señala, un cierto desencanto sobre las posibilidades de este terreno de investigación. Lo interesante viene al principio de la entrevista cuando a la pregunta del periodista:
    «Parece que en el mundo científico hay cierto desencanto con la genética. ¿Le ha llegado a la nutrigenómica?»
    El entrevistado responde:
    «Efectivamente, podemos pensar en ese desencanto. Y la culpa es de todos, que hemos querido vender los huevos antes de que la gallina los ponga. EL GENOMA ES MUY DIFICIL DE LANZAR, MUY CARO, Y COMO TODO PRODUCTO CARO HABÍA QUE VENDERLO MUY BIEN. Y ESO SE HIZO CUANDO NI SABÍAMOS QUÉ TENÍAMOS ENTRE MANOS. La genómica no lo es todo, y eso lo sabemos cada día más y más. Echamos toda la artillería en la secuenciación, y nos encontramos con que con los genes solo resolvemos el 5% o el 10% de los problemas. ¿Y el resto?»
    O sea, que nos vendieron la cabra. Y, ¿por qué? Por dinero¿Y no será esta la madre del cordero? ¿El vil metal? ¿Qué podemos decir del mundo de la ciencia ante una respuesta así?
    Acaba la entrevista el Sr. Ordovás sentando las bases de una buena nutrición. Consejos que, por cierto, ya me hacía mi abuela: ejercicio y, más que nada, comer de todo… sin abusar. Pues vale.
    Recordar, una vez más, que no se trata, como muchos suponen (y apunta Azúa) de preferir una cosa sobre otra, o de marginar una disciplina sobre las demás. Se trata de poner cada cosa en su sitio y no otorgarle a nadie un campo del que, sencillamente, no se ocupa.
    Dice Federico Mayor Zaragoza, bioquímico, en uno de los vídeos que enlazaba ayer (http://www.youtube.com/watch?v=mEfQuo3kHc0&list=PLQSqENM7xIBYGOsPVbIih431i9AGzG-2d):
    «La Filosofía es esencial, es el amor al conocimiento, el amor al pensamiento que es la capacidad que distingue a la especie humana»
    «Estamos en un momento de crisis sistémica. Estamos al final (en esto es muy optimista) del predominio de una serie de ideas que, por cierto, desplazaron todo lo que es Filosofía, todo lo que es precisamente esa capacidad de libertad y justicia social, de solidaridad. La Unesco dice: solidaridad intelectual, fíjese qué importante es esto en relación a la Filosofía. Solidaridad intelectual y moral. No solo se trata de la mano tendida en lugar de la mano alzada. No solo se trata, en lugar de oponerse a que haya estas relaciones cordiales entre la gente, sobre todo de seguir el artículo 1º de la declaración universal de derechos humanos que dice: todos estamos dotados de razón y nos comportaremos entre nosotros FRATERNALMENTE. Todo eso no se comprende sin la Filosofía. Por eso la Unesco la coloca en primer lugar y dice que en aquellos países donde no existe, se tiene que poner y en los que ya está en el programa, se tiene que favorecer»
    «Yo soy científico y hace muchos años que, sabiendo que era muy difícil saber quiénes somos, me incliné por contribuir a saber cómo somos y he hecho mi aportación. Pero también le digo que cada vez me doy cuenta de que hay unas preguntas esenciales a las que no podemos responder nunca desde el punto de vista experimental. Tenemos que responder precisamente gracias a la facultad de pensar.»
    Pues eso.

  13. Oye que dice un seguidor de los filósofos que como hay algunos científicos que dicen que la ciencia no lo va a resolver todo así ZAS ya mismo (porque deber ser que para los filósofos la ciencia va así a ritmo de película de Michael Bay) y además que la ciencia cuesta mazo de dinero y tiene algo de mercadeo, pues que esto es evidencia de que la filosofía mola mucho más, porque como todo el mundo sabe la filosofía resuelve los problemas de la humanidad a toda leche y al 100% instantáneo (sino fijense en el ser, el yo y el superyo esenciales para el entendimiento del Universo).

    Además que el Señor Mayor Zaragoza defiende la filosofía como concepto general (aunque en realidad está hablando más de la libertad de pensamiento y esta citando a esos filósofos tan del palo del articulista como Heráclito y Leibniz, y luego habla de esa rama de la filosofía que son las matemáticas) y que además opina que hay preguntas que la ciencia experimental no puede responder y que claro, que como es científico (y católico) debe tener razón.

    El argumento es elegir a científicos que opinan que la ciencia no puede responder a todas las preguntas y irlos enlazando para que se vea que el Sr. Azúa tiene razón, y concluir que todo es compatible, que todo quede en su sitio, que los filósofos se dediquen a LAS PREGUNTAs y los científicos nos dediquemos a las preguntillas técnicas.

    Si me dieran un euro por cada pregunta que se ha dicho que no se podía responder con ciencia experimental… Lo que no es científicamente demostrable hoy puede serlo mañana. No sabemos de dónde o cómo vendrán las pruebas, pero eso es lo que hace que el viaje de descubrimiento sea muy interesante. Poco a poco todas esas preguntas que empezaban con un «¿Por qué?, se han convertido en una pregunta que empieza con «¿Cómo?» y que van obteniendo respuestas y eso les produce pesadillas a los filósofos pedantes, aunque debería alegrarles., a lo mejor es que en realidad no son filósofos…

    • Lo que es evidente es que a u.d no le vale nada de nada. Como le ocurre a su amigo el Cabezón, ¿qué son filósofos los que defienden su disciplina? Hombre, pues claro, el fin y al cabo no van a dejar defender sus intereses (y además se alían entre sí porque son harto perversos y malísimas personas: orgullosos, vanidosos, mezquinos y, en fin, unos monstruos; como si esos pecados no pudieran ser, también, propiedad de la comunidad científica, de cualquiera). ¿Qué lo hace un científico? Pues son unos cuantos “compraos”. Es u.d. (ustedes) un tramposo, amigo. Si me dieran a mi un euro por cada científico que cree que la neurociencia va a explicar por qué a mi vecino le ha dejado la novia y encima se ha quedado sin trabajo, también me haría millonario (¿ve?, cualquiera puede recurrir a este tremendo argumento) Pero, insisto (¿por última vez?), no se trataba de menospreciar el campo de nadie, sino de poner cada cosa en su sitio. Como dice Azúa, hay conceptos que pertenecen a la metafísica o a la ética y no a otra terreno y cuando un científico se los cuestiona, como diría Kant, y a su pesar, está filosofando (cuando cualquiera se los cuestiona, usted también, vaya a cumplir penitencia por ello). De hecho hay una rama de la ética que se llama la bioética, también la ética médica, que trata de abordar los problemas éticos que puedan derivarse de la práctica en estos campos. No son los filósofos los que desprecian las ciencias, quizá sean estos los que pretendan coparlo todo (entre otras cosas, también, porque es muy rentable; si esto a ud. le vale como crítica en el caso de las ciencias sociales, tendrá que aceptarlo para las empíricas y, esto, amigo mío, está archidemostrado). Por cierto, lo de “preguntillas” lo afirma usted, no “nosotros” (por abreviar, aunque no me siento pertenecer a ningún “nosotros”, es “pa que usté lontienda”), será un complejo que tiene.
      “Lo que no es científicamente demostrable hoy, puede serlo mañana”. ¡Toma castaña! Pues si esto no es un acto de fe, que venga (¿Dios?) y lo vea. Y u.d. se permite el lujo de desacreditar (me pregunto, ¿con qué autoridad comparable a la suya?, con qué saber; bueno, no lo haga, da igual) al Sr. Mayor Zaragoza con el irrefutable argumento de ser católico (que ya entiendo que para su simplista mecanismo lógico le condena al averno de la irracionalidad; ¿aún está ahí?)¡Pero si es usted más papista que el papa!… En fin.

      • La ciencia no tiene sitios concretos ni cotos ni parcelas, la ciencia se hace preguntas y en la consecución de las respuestas se cambia la anterior respuesta una y otra vez, si en ese proceso hay que entrar en la parcela de la filosofía, se entra y si hay que cargarse unos cuantos conceptos filosóficos, metafísicos o religiosos, pues se eliminan. No hay demarcaciones, no hay «sitios».
        Decir la que la ciencia resolverá mañana lo que no ha podido resolver hoy, no es un acto de fe, es simplemente conocer cómo funciona la ciencia.

    • Junjan, dice usted:

      «Oye que dice un seguidor de los filósofos que como hay algunos científicos que dicen que la ciencia no lo va a resolver todo así ZAS ya mismo…».

      Bueno, pues sin declararme seguidor de banda alguna sí que me puedo permitir devolverle la pelota en nombre del sentido común (ya me lo discutirá usted si lo cree preciso). Constatemos, en primer lugar, que la ciencia, los diversos campos en que se divide el conocimiento científico, no han alcanzado una explicación total, la verdad de la realidad o universo o como le quiera usted llamar. Hecho lo cual se impone una pregunta: ¿qué le permite al discurso científico considerarse en continuo progreso hacia el descubrimiento de la verdad de la realidad)? Parece evidente que la noción misma de ese progreso implica la creencia de que el conocimiento científico se dirige hacia esa verdad. Pues bien, como imagino que nadie estará en condiciones de comprobar el carácter verdadero de una expectativa semejante, no cabe más que concluir que el llamado progreso científico se basa en una fe.

      Porque, oiga, ¿cuál de esas preguntas respondidas por la ciencia experimental se halla definitivamente respondida? ¿En qué medida son verdaderas, pues, las respuestas?

      Va ser usted el que, en buena lógica (reglas de la carga de la prueba) tenga que apoquinar los euros a los escépticos.

      • Sigo con el anterior… Para empezar que todo lo de antes estaba cargado de ironía, quién no lo sepa ver…

        Decir la que la ciencia resolverá mañana lo que no ha podido resolver hoy, no es un acto de fe, es simplemente conocer cómo funciona la ciencia.

        La ciencia avanza no porque quiera llegar a la verdad universal (que puede ser que algunos físicos lo quieran) sino porque el proceso científico no es estático, nunca se llega a una respuesta «verdadera», se llega a la mejor respuesta disponible con los datos actuales, ésta puede variar o cambiar totalmente si los datos cambian, y el método científico implica que ninguna teoría es dada por buena o definitiva, nunca se llega a un dogma, se llega como mucho a una explicación muy buena que se ajusta a todos los datos.
        No es necesario que la preguntas sean definitivamente respondidas.

        • Mañana, dice usted (mañana es nunca todavía, que podría decir alguien). Pues ya ve, cada vez que un científico o un divulgador se sale un milímetro de la recta consideración de las consecuencias de sus experimentos y generaliza un tris de más (cosa harto difícil de evitar: me estoy acordando, sin ir más lejos, del libro de Sokal, con sus -una vez despejada la parte negativa y respetable de su trabajo- kilos de filosofía, toneladas de doctrina acerca de lo que la realidad es, tan o tan poco apreciable como la ejercida por los filosofantes criticados) está cayendo en cuentos, literatura.
          Por no mencionar, además, el papel que en la realidad y en el sistema económico juega la ciencia. Eso también es indeslindable de la ideal «ciencia» y de su avance imparable y, coo diría un periodista para resaltar a las luces con olfato mercadotécnico, con sus luces y sombras.

          • Estoy de acuerdo en su primera parte, cuando te sales de la ciencia y entras en la filosofía acabas indefectiblemente en novela.

            En cuanto a considerar que la economía es una ciencia, pues no, la economía no es ciencia, ni siquiera ciencia social, es una pseudociencia con todo el pedigrí, más cercana a la astrología.

        • Rectifico, no son ustedes unos creyentes, son unos fanáticos. A parte de que, como hacen con el texto de Azúa , se agarran a lo anecdótico para esquivar lo principal (así, con esa estrategia y en constante cascada, evitan siempre el obstáculo, como las lagartijas; oye, que por aquí no, mira a ver por este lado), ustedes ni certifican, ni aseveran; ni aseguran, ni demuestran. Toda queda en manos de un mañana luminoso que sin duda llegará… o no, o puede, o no del todo, o todo es posible, o quizá, pero eso sí, siempre mejor, claro (cuando, a lo mejor, mañana, por no atender ciertas cuestiones, aquí no quede ya ni el tato que les atienda). No vayan ustedes a pillarse los dedos, ¿eh?. Divagan ustedes demasiado para, cuando les conviene, mostrarse tan categóricos. Mientras, que le den morcilla al resto. Vale. En el fondo, y aunque no quieran reconocerlo, son ustedes unos positivistas irredimibles. Que la historia del «progreso humano» (que es la que interesa, no sólo el posible desarrollo científico; son ustedes los que se excluyen o se recluyen) no es una línea recta hacia adelante, hace demasiado tiempo que está cuestionado. Por los filósofos, claro. ¿Y no podría ser un círculo? ¿O una espiral? ¿O no será que, gracias a individuos como ustedes, estemos yendo hacia atrás? O peor, ¿a ningún sitio? Se intuye que Azúa sostiene más bien esto último. Pesimista que es uno, mira. ¿O realista? Quién sabe. O quizá, pero, ¿a qué planteárselo? Juguemos, juguemos, a ver qué pasa. Que luego siempre habrá tiempo para arreglar el desaguisado.

          • Pos vale, pos bueno, pos m’alegro.

            Ya ibas tardando en llamarme positivista. Pospositivista quizás.

            Me refraseo, podría decir que cualquier problema metafísico que quizás en un momento concreto de la historia pudiera parece imposible de probar, con el paso del tiempo y la contínua evolución del conocimiento científico y la tecnología, llegará a ser demostrable y por lo tanto se convertirá en científico.
            Pasará de ser un ¿Porqué Dios creó seis planetas? a un ¿Cómo evolucionan y se organizan los planetas en los sistema estelares del universo?
            La historia del progreso no es lineal, es exponencial.

            • «La historia del progreso no es lineal, es exponencial.»
              Sus ganas. Aparte las narices del ordenador y asómese a la ventana.

  14. “El desprecio se manifiesta en ocasiones de forma exclusivamente verbal, pero entre seres de palabra esta es potencialmente arma temible, por cuyas heridas se exige reparación. Sea cual sea el resultado de la crisis de Siria, me atrevo a conjeturar que los términos rebaño y horda con los que un esbirro del clan familiar en el poder se refirió a las víctimas de la masacre de la Deraa acabarán pesando fuertemente en la balanza”. He aquí una frase rotunda, desconcertante y supuestamente profunda… pero a pesar de todo incierta ―del tipo de las que nos tiene acostumbrados a oír Víctor Gómez Pin. Me permito esta entrada indirecta en la revisión de la apología que se hace en este post de su ejemplaridad como modelo de prodigalidad especulativa. La alabanza se justifica en referencia a sus estudios de física y a sus aportaciones desde la perspectiva más general de la metafísica, pero esta cuña se justifica también porque él mismo no desdeña las ocasiones que se le presentan de prolongar sus reflexiones sugiriendo conexiones en el terreno de la filosofía práctica, con el convencimiento de que la continuidad reflexiva es condición de posibilidad de la fundamentación de la disciplina filosófica misma, apuntando relaciones extensivas, también en este caso, a la fuente aristotélica. Detengámonos en la proposición de partida: ¿es tan cierto eso que dice, o es más bien una aserción impactante, de esas tan propias de la retórica, cuyo objetivo inmediato es provocar un asentimiento como efecto de la estupefacción pura y sin paliativos que provoca? Algo que, apunto de paso, se vino a criticar como característico de la literatura filosófica más que de la crítica filosófica. La contraprueba no ofrece grandes dificultades: lo supuesto sería análogo a afirmar que, echando mano de ejemplos muy convencionales, una mujer se siente más herida cuando se la interpela como puta que cuando es violada, o que un hombre se siente más ofendido cuando le llaman huevón que cuando recibe una patada en salvas sean las partes: paradojas de la versatilidad. Y yo me pregunto qué es lo que explica este tipo de desvaríos especulativos, esta ceguera tan aviesa y al mismo tiempo tan asumida, si no es un empeño cerril por reafirmarse en una postura que a todas luces le traiciona por pura obcecación y afirmación de eso que por otra parte no duda en proclamar como principio ético: la renuncia a la glorificación de uno mismo, vicio que afecta en general a toda una generación pagada de sí misma y que se regodea en sus éxitos mundanos como efecto de una aparente probidad reivindicativa (y en la misma medida hipócrita) con las miras puestas en una entrega a los demás. Hacer de la inserción en el registro lingüístico un absoluto es algo tan desmandado como convertir la inmortalidad del alma en materia de denegación irónica, no ya por efecto de la sublimación de la propia muerte, sino de la propia vida. El episodio número 13 del blog del interfecto, a cuyo número precedente hacía alusión aparentemente objetiva nuestro Azúa, aporta un fundamento puramente erudito a las afirmaciones del estilo de la anotada como punto de partida: ahí muestra el filósofo un dominio histórico de la materia rigurosamente académico para dar apoyo indirecto a aserciones del estilo de las anotadas como entrada: ¿cómo dudar de su veracidad habida cuenta la profusión de referencias al tema con las que el autor cuenta y de las que da fe de manera en apariencia desinteresada? En relación a Aristóteles Víctor Gómez Pin juega con idéntico subterfugio, y no está de más sospechar que lo mismo hace en referencia a la teoría cuántica, algo acerca de lo cual no estoy en condiciones de juzgar, pero que apunto por el modo en que tiende a extrapolar las razones desde allí donde se encuentran bien encuadradas a allí donde sólo se busca reforzar supuestos de más dudosa justificación. Y lo hago conociendo las consecuencias que se siguen de tal clase de extrapolaciones, sabiendo que el primado de la convicción verbalmente priorizada convoca demonios muchísimos más sangrientos y fraudulentos que el de la acción preterida sin paliativos (basta recordar las actitudes de esa genuflexa escuela taurina de eticidad, a la cual se adscriben prosélitos por pura conveniencia pecuniaria: roban y denigran como si fuese la cosa más natural del mundo, diciendo: calma, calma…)

    • Después de una larguísima e incongruente (por no decir delirante) perorata, va u.d y suelta:
      «En relación a Aristóteles Víctor Gómez Pin juega con idéntico subterfugio, y no está de más sospechar que lo mismo hace en referencia a la teoría cuántica, ALGO ACERCA DE LO CUAL NO ESTOY EN CONDICIONES DE JUZGAR, pero que… blablabí, blablablá.»
      Hombre, ¡POR FIN!. Le ha costado a usted, ¿eh? Ja, ja, ja ja.
      ¡Madre mia!, tiene usted una empanada mental, mayor de lo que imaginaba.

    • Corrijo un desliz en tu alegación, Cabeza de Turco: la hipóstasis piniana deriva su radicalidad, en los términos en que la expresas, a mi modo de ver a la perfección, no ya hacia una gratuidad doctrinal a la que se suman las cabezas salientes del grupo desde su alzamiento, en lo cual coincido contigo, sino hacia un resquemor bien personal e intransferible, el que resulta del único daño que en verdad le ha afectado a él, siempre-sufriente Víctor, que fue herido de palabra y, por lo tanto, como no puede ser menos, queda sentado doctoralmente que las heridas que infringen ese absoluto, el de la integración lingüística, resultan ser las más insufribles. Quizá llegue el día en que al dolor de ser llamado huevón le deba comparar la experiencia de recibir una patada en los huevos, y entonces nos dirá el hombre… Mientras tanto, lo terrible es que, por opinar su hueste taurófila, de acuerdo con la moralidad que la avía, que quien actúa canallescamente está más disculpado que el que se exprexa canallescamente, ellos se sienten justificados para crucificar al disidente, con todos esos males que tú en definitiva resumes en dos palabras. Un saludo, y que Dios nos proteja del Maestro y sus acólitos.

  15. lo bueno de la ciencia es que hace de la autocrítica (para los que no son de humanidades: de la continua puesta en cuestión de todo) su principal motor de búsqueda. Y no pasa nada, tras el derrumbe, se empieza otra vez de cero (!)

    • ¿Y cuántos derrumbes y a qué coste los tendremos que pagar? Toda disciplina hace autocrítica, señor mío. Y rectifica.

  16. la filosofía tiene un poco de exceso de acumulación de lo residual. Si no, ¿cómo se explica la escolástica?

    • Pues tal que así, desde un punto de vista, tal vez: como forzando la matemática para que se adecue a la realidad física, así se fuerza a la lógica o filosofía, servidora de la verdad revelada o teología.

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