
(Viene de la primera parte)
Creían firmemente que sus fotografías podían cambiar el mundo. Para ellos fotografiar era un combate y un deber que trascendía el laboratorio de revelado. Se lanzaron a documentar una realidad hasta entonces inaccesible, convencidos de que un negativo podía ser un arma eficaz en la legítima lucha contra el enemigo. Hasta nuestra Guerra Civil, los conflictos bélicos eran apenas una entelequia para los que no la sufrían, ecos lejanos teñidos de épica y romanticismo. Los reportajes gráficos que las documentaban se limitaban a fotografías de antes y de después de las batallas, imágenes desprovistas de cualquier compromiso con el desarrollo de los acontecimientos. Robert Capa y sus inseparables Gerda Taro y David «Chim» Seymour fueron los primeros que se involucraron personalmente en los conflictos bélicos armados con una cámara, arriesgando la vida para documentar la acción bélica y las consecuencias de su barbarie. Hoy en día consideramos que un corresponsal es un fotógrafo extranjero que es enviado a cubrir un conflicto que le es ajeno. Para ellos tres la Guerra Civil no fue, sin embargo, un conflicto ajeno. Y nadie los envió a cubrirlo: ellos lo quisieron así. Lo reclamaron. Es entonces y no antes cuando, gracias al compromiso de estos tres jóvenes idealistas y a las posibilidades que ofrecían ya entonces las nuevas cámaras —las cámaras Leica, Contax o Eyema, al contrario que las primitivas Graflex que se usaron en la Primera Guerra Mundial, eran ligeras y fiables, lo que permitía su uso en cualquier circunstancia—, se empieza a hacer fotografía desde las mismas trincheras. La guerra era por primera vez una realidad capturada y no compuesta; una verdad atrapada y no construida. Capa y sus compañeros buscaban ofrecer lo inaudito: un testimonio a ras de suelo. Y fue con esas poderosas fotografías con las que inauguraron, por derecho propio, un nuevo género en su oficio: el de la fotografía bélica.
En agosto de 1936 la ciudad de Barcelona bullía de actividad. Después de una revolución anarquista que había sofocado rápidamente la sublevación militar, las calles de la ciudad estaban rebosantes de un proletariado eufórico. Diferentes facciones de la izquierda competían por la primacía ideológica de las milicias que se aprestaban confiadas a entrar en combate con el enemigo. La guerra era todavía una realidad lejana pero tangible. Los enviados de prensa extranjeros apuraban sus horas en la ciudad consiguiendo las acreditaciones y permisos necesarios para poder dirigirse hacia el este con las primeras columnas del ejército republicano al tiempo que miles de jóvenes combatientes se despedían en las estaciones de tren y en los muelles de de una ciudad, y de una tierra, que en muchos casos no volverían a pisar.
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La foto parece ser que fue tomada en Espejo, a unos 50 kilómetros más al sur de Córdoba, aunque el paisaje ha cambiado mucho desde el 36 y no se asemeja para nada al que se aprecia en la foto. En 2011, conmemorando el 75 aniversario, se oficializó esta versión, a pesar de que en el Cerro de la Coja se resisten a quitar el cartel que lo conmemora. En Cerro Muriano, el Bar X y en especial su dueño, Juan José Obrero, son toda una fuente de sabiduría alternativa al respecto de la historia de Capa y la foto.
También existe un documental muy interesante, «La sombra del iceberg» (2007), de Hugo Doménech y Raúl M. Riebenbauer, que aporta bastante luz sobre el tema.
Por último, aprovechando la ocasión, cuelgo un corto que aborda el tema desde una perspectiva cómica :)
https://vimeo.com/29291972
Documental sobre la maleta mexicana:
http://www.tv3.cat/videos/4626575
Una cámara de vídeo en el 37…me parece que no.
Mola que la gente como tú comente sin tener ni idea de lo que habla. Evidentemente no existían las típicas cámaras Sony con la que grabaron tu 1a comunión, pero los cinematógrafos existen desde finales del sXIX.
«Mola que la gente como tú comente sin tener ni idea de lo que habla.» Vaya humos.
Entonces sería una cámara de cine, no de vídeo. Creo que hay alguna que otra diferencia.
La foto de Robert Capa «Muerte de un miliciano» no fue tomada en Cerro Muriano, sino en el término municipal de Espejo (Córdoba).
Buenas tardes David,
Sólo decirte que leas con más cuidado, el texto dice lo siguiente: Incluso se ha llegado a asegurar que esa fotografía no fue tomada en Cerro Muriano sino en Espejo, otra localidad cordobesa situada a 50 km al sur.
Un saludo
El articulo, así como toda la serie brillante. Sólo quería hacer una pequeña reivindicación que los habitantes de mi ciudad llevamos haciendo mucho tiempo y que es la siguiente, la ortografía correcta y oficial de nuestra ciudad es Vinaròs y no «Vinaroz», ya que nunca éste fue el nombre de la ciudad sino que fue una injusta castellanización impuesta durante el régimen franquista contra la que llevamos luchando todavía a día de hoy.
Agradecería la corrección del topónimo, para nosotros significa mucho darle visibilidad a este tema aunque pueda parecer una nimiedad.