Arquitectura Arte y Letras

Si van a París y solo pueden ver una cosa, visiten el Centro Pompidou

Fotografía de Oh Paris (CC).
Fotografía de Oh Paris (CC).

Los lectores que hayan ido siguiendo esta serie de artículos, seguramente sabrán que suelen empezar con un chiste. Este empieza literalmente igual que un chiste: un francés, un inglés y dos italianos se reunieron en París y le dieron una patada en su decimonónico trasero. La patada fue tan fuerte que mandaron a la ciudad a tres décadas de distancia en el futuro.

Si están ustedes leyendo Jot Down, entiendo como positivamente imposible que no conozcan la capital de Francia; en cualquier caso, para aquellos que vivan dentro de un barril, diremos que París es una ciudad donde siempre gana un ciclista español, siempre gana un tenista español y que fue liberada en 1944 por soldados españoles. En definitiva, una ciudad llena de chovinistas. Además fue el centro del Imperio francés durante buena parte del siglo XIX y está llena de monumentos también del siglo XIX; ya saben, París es la ciudad del Big Ben, de la basílica de San Marcos y de la Estatua de la Libertad (?)

Seguramente preferirán ustedes visitar todos esos lugares que son símbolo de las glorias pasadas de la capital francesa; no obstante, yo les voy a pedir que se acerquen a uno que es icono de la contemporaneidad mundial (también les pediría que no fuesen al Sacré Cœur porque es un pastiche horroroso, pero en fin, allá ustedes).

1. El París de Georges Pompidou

Se suele decir que el final del siglo XX lo marcó el derribo del Muro de Berlín en 1989 y que el principio del XXI llegó la mañana de un martes once de septiembre de 2001 en Nueva York. A mí me gusta pensar que, en París, los cuartos de la Nochevieja del siglo sonaron en 1967 con la publicación de La sociedad del espectáculo de Guy Debord; que las campanadas fueron todas y cada una de las piedras que los estudiantes lanzaron a la policía en mayo del 68; y que el ataúd se cerró en el momento en que Charles De Gaulle decidió no asistir al Consejo de Ministros que él mismo había convocado para el día 29 de ese mismo mes.

Cuando Georges Pompidou asume la Presidencia de la República en junio de 1969, la capital es una ciudad espesa, abigarrada y agotada. Una urbe pomposa que, pese a las dos guerras mundiales y la bulliciosa efervescencia intelectual, aún sigue alimentada por el estancado embalse cultural del medievo, el barroco y el novecentismo.

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32 comentarios

  1. Visto en fotos, videos…el Pompidou en mi opinión personal, gana mas de lejos y iluminado, pero bueno, se tendria que ver «in-situ» para poder opinar mejor.
    Me ha gustado el articulo, y la seccion del autor tiene muy buena pinta, con este articulo y el de las Piscinas das Mares, convence aunque sea un poco , de que si estas de paso en dichas ciudades, visites eses lugares
    Un saludo !

  2. París es una ciudad fantástica. Sin duda, la próxima vez que vaya por aquellos lares haré caso al autor.
    Dejo otra visión de la vida parisina para quien le pueda interesar:

    http://www.elpisapapeles.com/cultura/ocio/paris-louvre-eiffel-moulinrouge.php

    Saludos

  3. Me hubiese gustado leer alguna mención (al menos una) a Peter Rice.

  4. PRESIDENT MAO

    O sea, que el Pompidou es como la Caja Mágica de Madrid, sólo que bien hecho, construido dentro del presupuesto y situado en una ciudad que no apesta…

    • ¡Alto ahí! París es la ciudad más apestosa que uno pueda oler, donde los pasillos del metro huelen a orines que llevan cumulándose siglos y siglos.

      París es una ciudad de coña. Sobre todo para sus sufridos habitantes; para los tursitas es una delicia porque llegan, huelen los pises y acto seguido huyen y se van.
      Los que vivimos aquí sufrimos el olor a pis de manera constante.

      París no existe

  5. Pedro Torrijos

    Pues sí. O a todo el equipo de Arup. Y a Jan Kapliky o a Su Rogers o Eric Holt. Pero intenté evitar el name-dropping, sirva su comentario como homenaje tardío al diseñador de, entre otras cosas, las preciosas gerber.

    Un saludo.

    • Dicho queda, gracias. No hay mejor edificio que el Pompidou para dar crédito al ingeniero que trabaja con el arquitecto.

  6. El afán de criticar a París poniendo al Pompidou como excusa.

    Súper bien vendido el centro, ¿teneis acciones o algo así?

    Juzgar la historia de París por 10 años es una falta de educación cultural e ignorancia espantosa. ¡Y que bajo macho! «Siempre gana un español en París». Muy bien escrito, de todas formas.

  7. Muy buen artículo de nuevo. Es un edificio Perilloso, con toques técnicos poutashianos, del tipo JFHV sin patillas.

  8. Preciosas las metáforas y los ejemplos que explican esos conceptos que, como arquitectos, nos resultan tan familiares, pero que son, en verdad, comlicados de entender.

    Aunque sólo está citado de manera tangencial, el proceso urbanístico que coloca al Pompidou en esa «plaza» es, también, apasionante.

    Enhorabuena por el artículo.

    • Pedro Torrijos

      Vaya, muchas gracias. En el fondo lo único que intentamos es poner al público a la altura de nuestros ojos, creo yo.
      Un saludo.

  9. Viví en París durante dos años. Recuerdo que, sobre todo al principio, me gustaba deambular por las calles para descubrir la ciudad, sin ningún destino fijo y sin haber consultado ninguna guía. Sin saber por qué, casi siempre acababa en el centro Pompidou. Cuando me acercaba, me ponía de buen humor -hiciera el tiempo que hiciera, casi siempre nublado-. Con el centro Pompidou me pasa como con los mercadillos; ejercen en mí una atracción irresistible.
    Al leer este artículo, que me ha parecido estupendo, creo que entiendo mejor por qué me gustaba y me atraía tanto. Es vitalidad, alegría y juventud. Además las exposiciones son buenas, claro, y como dice el autor se disfruta desde fuera y desde dentro.

    Ah, y tanto en Francia como en España deberíamos recuperar la buena costumbre de confiar proyectos importantes a los treintañeros. Dejar paso.

    Me ha gustado mucho, muchas gracias!

  10. No sé si conoces el texto de Jean Baudrillard sobre el Pompidou, «El efecto Beaubourg», en el que reflexiona sobre este tipo de contenedores para la multitud como uno de los ejemplos de la entrada definitiva de occidente en la hiper-realidad, radicalizando el juego del intercambio simbólico en la era del capitalismo popular. A tu análisis aportaría la hipótesis de que, en casos como el Pompidou, el medio es el mensaje: la ceremonia que desencadena convierte en contingentes los objetos de cada exposición, pues la experiencia consiste en «ir al Pompidou»: ni siquiera el edificio es interesante, pues su morfología queda eclipasada por su rol de espectáculo para las masas.
    EN fín, recomendabilísimo el texto de JB como contrapunto tenebroso al simulacro de optimismo tecnológico que es este edificio. Un saludo y enhorabuena!

    • Pues sí que lo conozco. De hecho, en esta propia revista ya hablé en su momento de Baudrillard y la hiper-realidad, un concepto que me resulta fascinante.

      Sin embargo, yo no estoy de acuerdo con que el Pompidou sea «simulacro», al menos no arquitectónicamente. De hecho, yo abogo porque el edificio es uno de los más veraces de la historia.
      Eso sí, como operación de mercadotecnia (incluido el propio apoyo presidencial) es un ejemplo casi paradigmático.

      En cuanto a «simulacros» arquitectónicos baudrillardescos, yo me quedaría con los horribles y a la vez fascinantes casinos de Las Vegas.

      Un saludo.

  11. O sea que se echó abajo parte de un barrio castizo y auténtico para levantar… esto. Sí, mucha verdad de los materiales y todo lo que quieran, pero si los edificios llevan tantos siglos teniendo fachada es por algo. El pompidou, como la torre Eiffel, se lleva con el entorno como dos pistolas se llevan con un Cristo.

  12. 57 a 7, la diferencia de premios nobel entre Francia y España. Que sigan ganando al tenis, subnormales.

  13. David Martín

    Lo he visitado y es horrendo. No sé si es peor el edificio o la basura que guarda.
    Lo peor de París, sin duda.

    P. D. Si de arte moderno se trata, el MOMA.

  14. Pingback: Si van a París y solo pueden ver una cosa, visiten el Centro Pompidou

  15. Yo soy un parisino «chauvin» y cuando digo parisino es nacido y criado aquí en la ciudad luz, bueno ahora una ciudad museo para turistas con pocas luces.El centro pompidou es un insulto al buen gusto y si les preguntas a los indígenas como yo te dirán»une grosse merde tubulaire», París es Ménilmontant, Belleville,Montparnasse,Barbés etc… et pas tous les clichés que vous avalez a longueur de temps.Un poco de respeto por favor.

    • ¡Caramba! Un parisino anti bo-bo y con gusto ¡Ya era hora!

      Le felicito. Tiene usted unos gustos normales y no sigue las modas.
      Suscribo todo lo que usted ha escrito, sobre todo «et pas tous les clichés que vous avalez a longueur de temps».

      Venga a verme por el Buttes-Chaumont cuando desee y pasearemos por la Mouzaia. Deje que los modernos paseen por el Pompidou y el Marais, que así no molestan.

      ¡Bah! ¡El Pompidou dicen!

  16. La honestidad de los materiales. Poner lo de fuera, dentro.

    Es como embadurnarse la cara de lo que tenemos dentro, que es caca.

    • Le gustará o no, eso es subjetivo, y, permítame decir, bastante irrelevante en lo que a arquitectura contemporánea se refiere, sobre todo cuando dicha preferencia se defiende con argumentos tan demoledores.

      En cualquier caso, me ha dado Vd. un motivo para soltar la mía. Un aspecto de la arquitectura construida contemporánea que no suele convencerme es que cada proyecto se concibe desde cero, que la innovación rompedora se valora más que el saber hacer. Esto no es cierto en todos los casos, me refiero más bien a la tónica general de la arquitectura comercial de perfil medio.

      Hay que reconocer que Rogers ha hecho del concepto que usted menciona («lo de fuera, dentro», por usar sus palabras) su escuelilla, y que no le ha ido del todo mal.

      Es curioso, con todo, que el recién terminado Leadenhall, sea portador de este concepto en una versión mucho más diluida que el Lloyds, completado hace más de veinticinco años en el solar contiguo, o el Pompidou mismo.

  17. Pingback: Pedro Torrijos escribe sobre el Centro Pompidou de París | El Lobo Estepario

  18. Excelente narración, se sitúa uno en la Place Georges Pompidou y observa el edificio casi como si estuviera allí y descubre cosas desconocidas u obviadas.
    Pero cada uno tenemos nuestra visita ineludible, en mi caso 2:
    Primera: Marché des Enfants Rouges, un couscous en Le Traiteur Marocain y después unos pastelitos marroquíes con un té.
    Segunda: Place de le Contrescarpe, unas cervecitas allí no las perdono nunca.

  19. Pingback: Descubriendo Paris a partir del Centro Pompidou | CuaresmaARQ

  20. Una vez en una conferencia en la misma Paris (donde he tenido la suerte -aun no sé si buena o mala- de vivir 3 años) oi a un filosofo y antiguo ministro de educacion francés (Luc Ferry) decir que el objetivo del arte moderno ya no es la belleza, sino la innovacion en si misma. Creo que tenia razon: la conmocion (boulversement) del ser humano frente a la sorpresa, la admiracion ante la novedad, son la esencia de la sociedad actual, y por tanto, del arte actual. El centro Pompidou es el màximo exponente de este concepto. Es la innovacion lo que lo hace bello. En el sentido clàsico de la palabra, se trata de un edificio feo. En el sentido moderno, es de una belleza conmovedora. El problema por el que a mucha gente no le gusta a primera vista es que, como el resto del arte moderno, està mal explicado. Asi que muchas gracias por el articulo, espero que, ademas de las mias, también ilumine las ideas de algun visitante casual del Beaubourg. PS: lo siento por los acentos, el tipo que diseño el teclado francés deberia pasar por la guillotina

    • La novedad tiene un defecto: pasa de moda muy rápido. El Pompidou, ahora, no es rompedor. Solo es feo. No es algo que conduzca a edificios perdurables. El Panteón de Agripa sigue fascinando, dos milenios después de su construcción. El Pompidou, pasados apenas 40, aburre.

  21. Pingback: Si van a París y solo pueden ver una cosa, visiten el Centro Pompidou | The Specialist

  22. Jose Serralvo

    Estudié dos años en París. Como la biblioteca de mi facultad solía estar hasta los topes, iba con frecuencia a la del Pompidou. Alguna vez encadenaba las tardes de estudio con una peli de Resnais en los cines de la primera planta, o con una exposición en la última. Siempre me gustó el edificio, pero he necesitado leer este genial artículo para valorarlo como se merece :-) ¡Gracias!

  23. Pingback: PEDRO TORRIJOS: “Yo escribo como proyecto” - entrevistarq

  24. Alejandra Rojas

    Muy buen artículo. Tuve la oportunidad de visitar el edificio, y la lectura de tu propia visión me ha permitido mirarlocon otra apreciación.

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