
¿Puede haber democracia si el pueblo no está educado para salvaguardarla? ¿Es necesario que los gobiernos promuevan la formación moral de su ciudadanía? ¿Por qué es importante la libertad en un régimen democrático? ¿Y cómo se combina eso con un sistema representativo, donde solo unos pocos nos gobiernan? Algunas de estas preguntas las hemos discutido en nuestro país en varias ocasiones. Las primeras dos las tratamos cada vez que tenemos algún tipo de reforma en la ley de educación y nos planteamos cuál debería ser la relación del Estado con la educación. Tanto izquierda como derecha son militantes en esta cuestión —recuérdese la polémica sobre Educación para la Ciudadanía—. Las segundas dos preguntas, más genéricas, tocan el tradicional debate entre los fundamentos liberales y democráticos o de autogobierno en una sociedad.
John Stuart Mill (1806-1873) fue uno de los primeros pensadores en tratar estos asuntos. Pensador precoz, político liberal, filósofo y escritor, fue una de las mentes más preclaras de su tiempo. Evolucionando desde el utilitarismo clásico hacia una revisión «perfeccionista» del mismo, Stuart Mill ofrece interesantes respuestas a los dilemas clásicos sobre el buen gobierno y la representación. Respuestas que han tenido una gran influencia en la teoría política posterior y que edificaron una concepción del ser humano como un ser capaz de conseguir un desarrollo armónico sobre la base de una sociedad libre y educada. En este artículo os ofrezco un repaso por algunos de los puntales de su pensamiento y de su concepción de la democracia. Para un lector atento no será difícil ver como muchas de sus ideas todavía imperan y se discuten, aunque sea implíticamente, en el debate político.
El fin de la igualdad del placer
Una de las primeras contribuciones de Mill al pensamiento político fue la revisión del utilitarismo plateada por Jeremy Bentham. El hecho que más le preocupaba al pensador inglés era era que el utilitarismo adoptaba una visión muy baja de la vida humana. Bentham concibía al hombre como un ser susceptible de placeres y dolores y que se movía en parte por las distintas formas de su propio interés y por las pasiones, en parte por simpatías y antipatías. Sin embargo, para Mill esto no distinguía una vida apropiada para animales o para los hombres. En respuesta a esto, Mill introdujo una distinción cualitativa entre los placeres. Algunos placeres, ante todo los mentales y espirituales (las artes, la filosofía…), pasaron a ser superiores en sí mismos a los placeres del cuerpo. De esta manera la felicidad no solo requeriría una vida de placer sin dolor, sino también el logro de los placeres superiores, aun a costa de dolor y del sacrificio de los placeres inferiores.
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Y como toda buena contradicción, no desata el nudo de la misma.
«Algunos placeres, ante todo los mentales y espirituales (las artes, la filosofía…), pasaron a ser superiores en sí mismos a los placeres del cuerpo»
Me gusta más la clasificación de Epicuro, basada en factores como la naturaleza o la necesidad para la supervivencia y sin jerarquías. Lo ideal sería una mezcla equlibrada de placeres corporales y mentales/espirituales, que optar por unos o por otros es como sentarse en una silla con dos patas
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Enorme. Lo mejor que he leído últimamente en Jot Down, y de lo más currado de Pablo Simón. Gracias por artículos como estos.
desde mi punto de vista al ciudadano le va a dar igual el sistema de gobierno siempre que se den una serie de requisitos, como que su libertad y su capacidad de autorealizacion esten garantizadas. estoy de acuerdo en que hay una division de placeres y que unos estan por encima de otros, fomentar estos placeres superiores deberia ser la direccion que debe adoptar el estado, empezando por el sistema educativo. una democracia en un pueblo mal educado, o educado de forma tal que los fines de esta sociedad no esten orientados a conseguir los requisitos señalados arriba será una democracia perjudicial para el pueblo, ya que no haria progresar la sociedad.
creo que el establecimiento de una sociedad que vaya en la direccion correcta debe pasar por una serie de etapas. quiza implantar un sistema de gobierno que oriente a la sociedad para la realizacion de esos placeres superiores seria algo contra lo que el pueblo estaria en contra porque supondria renunciar a otro tipo de placeres que ahora sienten seguros. quiza para implantar este modelo si que seria aconsejable que una clase intelectual que tuviera un mayor peso en el ejercicio del gobierno, aunque desde luego la ocupacion profesional o el nivel de renta o privilegios no seria un patron por el que guiarse. este gobierno de intelectuales quiza podrian implantar las bases y los cimientos de una sociedad cuya mentalidad este orientada al alcance de estos placeres supremos y la autorrealizacion personal.
Quiza, no se, es solo un pensamiento que se me viene despues de leer este articulo.
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Buen repaso. ¡Gracias!
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