Sociedad

Pero ¿qué son las favelas?

Complexo do Alemao
Favela de Complexo do Alemao en Río de Janeiro. Fotografía: Cordon Press.

«Neumáticos incendiados, disparos y una protesta que terminó con al menos un muerto se registraron esta noche, a cincuenta días del Mundial, en varias calles de Copacabana, una de las zonas más turísticas de Río de Janeiro, tras la muerte violenta de un habitante de una favela cercana». El teletipo de agencia escupía el otro día una ducha de realidad en cuatro líneas sobre la delicada situación por la que pasa la ciudad-escaparate de Brasil. De todas las palabras hay una sola en portugués, pero es tan familiar que no merece cursiva. También es cierto que lleva incorporado un barniz de connotaciones negativas asociadas incluso por omisión: fuego, disparos, violencia, muerte, favela. Al leer la noticia en la prensa, en algún punto del planeta habrá algún turista futbolero con el billete en la mano que se habrá pensado dos veces el viaje al Mundial. Craso error. Al menos sin saber antes qué son las favelas. Y ya de paso cuándo, cómo, dónde y por qué.

En rigor, una favela es una comunidad de vecinos —oficialmente, de más de veinte casas— ubicada en un terreno informal y con servicios deficientes. En definitiva, un barrio precario. En total hay mil setenta y una favelas en Río de Janeiro, según el censo de 2010, pero hoy ya hay varias decenas más: una favela se forma con suma rapidez, como ocurrió de manera notoria recientemente en Río y Sao Paulo. Si existen las favelas es por pura y simple supervivencia, dado el desnivel económico de un país donde rige como patrón un salario mínimo que alcanza a duras penas los doscientos euros y que tiene de siempre un déficit habitacional y un pésimo planeamiento urbano, sumado al aluvión cíclico de emigrantes rurales a las grandes ciudades. Estos barrios han pasado por muchas etapas, pero las secuencias se repiten históricamente, echando más y más humo sobre un tema capital: la propiedad y el uso de la tierra.

Como todo lo desconocido, las favelas —o comunidades, uno de sus sinónimos eufemísticos— provocan temor y atracción, miedo y curiosidad al mismo tiempo en quien no las ha pisado. En el caso de Río de Janeiro, impresionan por su avasalladora presencia. Lo que para el planeta es fascinante, en el sentido lato de la palabra, para Río de Janeiro es rutinario, pues forma parte inextricable de su ser. Basta ver un mapa de la enorme ciudad carioca señalizado para entenderlo. O simplemente mirar para arriba, a las montañas. La favela, que para el neófito puede llegar a ser un averno tropical, es el lugar donde habita, atención, uno de cada cinco cariocas. O sea, casi un millón y medio de personas. La aplastante mayoría, sonroja tener que decirlo, es gente del común que se levanta para trabajar cada mañana y que antes de acostarse hace exactamente lo mismo que el brasileño millonario o que el de clase media: ver la telenovela y el fútbol, medicina diaria. Que tiene menos poder adquisitivo y menos garantías sociales y políticas, pero que forma parte del sistema, sobre todo cuando baja de su casa. Los porteros de edificio, cajeras de supermercado, peluqueras, albañiles, conductores de autobús, taxistas, pero también, cada vez más, estudiantes de Derecho, personal trainers, fotógrafos e informáticos habitan en favelas. También, es verdad, hay más desempleo, familias disfuncionales, población en situación de riesgo. Y en la mayoría de las favelas aún rige un poder paralelo al Estado, dominado por grupos fuera de la ley. Por todo ello decir favela inspira sospecha, cuando no terror, para quien no las conoce. Y facilita la recreación de estereotipos ampliamente difundidos por el cine y la televisión, del Zé Pequeno de Ciudad de Dios al capitán Nascimento de Tropa de élite, modelos que no sacan de dudas al que llega a Río. Ese que ve las moles de ladrillo sin revestir dominando las montañas y se sigue preguntando: pero, ¿qué diablos son las favelas?

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8 comentarios

  1. Pingback: Pero ¿qué son las favelas?

  2. João Carlos

    Descreve com cores fracas o coração deste pobre país.
    Ao estrangeiro que vier à copa será impossível retornar sem ter a alma contrita, e sentir-se cúmplice e algoz da favéla, ainda que se exponha, pessoalmente como vítima em potencial.
    Armas, aqui, só as tem o governo e os bandidos. O povo honesto e trabalhador está à mercê de ambos, e nenhum tem piedade. a realidade «deles» é a sobrevivência a qualquer custo. Em resumo, a copa trará (trouxe) oportunidades de ganancia à empreiteiras e construtoras vinculadas ao governo, corrupto e corruptor, demagogo, que dá e engana aos pobres tirando do trabalhador, pagador de impostos e arrimo do país.
    Corrupção, assalto, roubo, violência é o que espera o turista nos aeroportos, táxis, hotéis, restaurantes, e em todos seus passos.
    Gostaria que fossem todos os povos ben-vindos, recebidos fraternalmente, mas não levarão boas lembranças daqui.
    Lamento.

  3. Yo que he tenido la suerte de poder trabajar y convivir en algunas de esas favelas cariocas como puede ser la de Jacareziho o las de la vecina ciudad de Niterói, o si nos vamos mucho más lejos Jardim Nordeste en la ciudad paulista lo que más me ha sorprendido ha sido la normalidad con la que la gente vive en esas ciudades a espaldas de la ciudad. No puedo olvidar la segunda vez que entré a Jacarezinho con el coche y unos chavales de 14 años me pusieron una pistola en la cabeza, todavía no estaba pacificada, no puedo olvidar ese armazón de un helicoptero de policia en el suelo, derribado por el lanzamisiles de algún habitante de la favela y que allí permanecía como un trofeo, como un perenne aviso de que esto no es Copacabana, aquí no mandáis vosotros. No puedo olvidar lo dura que fue esa pacificación, como muchos niños no volvieron a sus casas durante días «refugiados» en el Colegio Salesiano que se encuentra justo en la frontera que divide su ley de la ley del Estado. Y hoy, para ser más precisos ayer, me llegó ese mail que tanto esperaba para poder echar una mano a unos compañeros de prensa que querían rodar en la «pacificada» favela, la respuesta es clara: «No lo vemos prudente, aunque todo el mundo diga que esta favela está pacificada los problemas persisten allá por donde pasa la policia, los problemas se ven menos, están más ocultos, pero son los mismos de hace años. La pacificación no es real, pasará la copa, pasarán los juegos y la policia se marchará. En las favelas más visibles han creado instalaciones deportivas para los jóvenes, han pintado, han limpiado, aquí no, aquí simplemente han impuesto la ley de que no se vea lo que haces».

    Curiosamente, en esa misma favela, hace apenas cinco meses, yo me sorprendía al encontrarme tres ópticas, tiendas de videojuegos y sobre todo una agencia de viajes que anunciaba viajes a DisneyWorld y cruceros por el Caribe, la respuesta de Adriana fue clara: «No todos somos narcos aquí, aquí casi todos trabajamos, el terreno donde tenemos nuestra casa no es nuestro, por eso los servicios de limpieza municipales no pasan por aquí, sin embargo, somos trabajadores, somos ciudadanos, Jacarezinho es una ciudad dentro de otra ciudad, es una ciudad olvidada».

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  5. Pingback: Antimundial en el país del fútbol | Mediavelada

  6. Patricia Angela Diez González

    Que impotencia no poder ayudar a todas esas familias,con trabajo Educación y ojalá que nunca les faltara el apoyo de muchos personajes que tienen los medios para darles lo que más necesitan,trabajos para todos los que aún estan atados de manos,teniendo su profesión y en muchos casos con hijos.Dios está y está con todos ustedes,jamás pierdan la Fe y Esperanza.Soy chilena.

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