
Between the desire
And the spasm
Between the potency
And the existence
Between the essence
And the descent
Falls the Shadow
(«The Hollow Men», T.S. Elliot)
Occidente, según Junichiro Tanizaki, nunca ha entendido el Enigma de la Sombra.
La comprensión general de la arquitectura está siempre referida al envoltorio, a la fachada que constituye el límite de la construcción. Son frecuentes los análisis puramente formales que dificultan la comprensión unitaria de la obra, ya que una reflexión centrada esencialmente en el análisis exterior de los volúmenes que componen un edificio es incompleta. Es imposible entender las reflexiones que subyacen en las operaciones arquitectónicas llevadas a cabo por el arquitecto sin tener en cuenta el espacio interior y las «fachadas interiores» de esos volúmenes que nos proporcionan una imagen real y completa de la arquitectura. No hay otra manera de aprehender una operación arquitectónica en toda su magnitud que abandonando el dominio de la luz —el exterior— para adentrarse en el de la sombra —el interior—; abandonar el análisis circunscrito al exterior de la arquitectura, positivista e inmediato, para pasar a «experimentar» desde el interior ese espacio. De la misma manera que a la hora de admirar una obra de arte hay que prescindir de todo lo que se ha leído sobre ella, a la hora de apreciar el arte supremo, la arquitectura, no vale con ceñirse a imágenes reales o virtuales que apenas nos revelan un aspecto formal del espacio, sino que hace falta adentrarse en él. Dejar de entenderla solo con la vista para pasar a sentirla con el tacto. Experimentarla. Sentir como la gravedad y la luz conforman el espacio entre los muros de la construcción y entender topológicamente las relaciones que se establecen entre sus límites. Transcender lo formal y sentir lo espacial. Este es un ejercicio imprescindible para cualquiera, sobre todo si es arquitecto, ya que permite entregar las armas que nos ha proporcionado la disciplina e inclinarnos ante la fuerza misma de la experiencia real del edificio y de la vida que contiene.
La consecuencia de esta necesidad de sumergirse en el espacio como única forma de obtener una visión completa de la arquitectura son claras: no es bajo la luz cómo se experimenta la arquitectura sino dentro de la sombra. Y en los límites entre ambas. El principal elemento de la arquitectura, el espacio, es el campo de batalla entre luz y sombra, exterior e interior, verticalidad y horizontalidad. La arquitectura depende, cobra sentido, de la dicotomía luz-sombra que se establece siempre entre sus dominios. Mientras el espacio «comprendido» pertenece al dominio de la luz, pues es mediante las fotografías como se manifiesta, se entiende y se cualifica; el dominio del espacio «vivido» pertenece al de la sombra. Es el dominio de la oscuridad, en su infinita gama de grises que moldea el espacio, lo que confiere a la propia arquitectura su cualidad más importante, aquella que la convierte, para muchos, en el arte supremo: la posibilidad de ser vivida.
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Pingback: De sombras y enigmas: una aproximación arquitectónica por Junichiro Tanizaki
Con esa cita inicial de T.S. Elliot empezaba Hitchens sus reflexiones en Hitch-22. Felicidades, un artículo interesante y diferente, que ya es mucho.
Me ha encantado el artículo. Me recuerda a la aproximación de Jorge Oteiza sobre las esculturas del vacío, las desocupaciones….
Un gran homenaje a uno de los mejores libros de estética que he leído. Enhorabuena!