¿Cuánto vale un libro?

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Fotografía: Bullion Vault (CC)
Fotografía: Bullion Vault (CC)

Articulo patrocinado por Malpaso.

Presten atención.

Presten mucha atención, porque en la solución del siguiente acertijo se esconde el secreto último del universo. En el caso de que ya conozcan el secreto último del universo, pueden saltarse el próximo párrafo.

En un claro de la selva de Borneo, al otro lado de un profundo barranco, hay una carretilla con una tonelada de oro. El oro no está fraccionado en lingotes ni en pepitas: es un bloque de una tonelada. De oro. Nadie sabe cómo ha llegado hasta allí, pero está. Nadie sabe cómo ha llegado hasta allí porque las ramas de los árboles no permiten el aterrizaje de aviones ni helicópteros, y el único acceso a ese punto de la selva es a través de un endeble puente colgante de madera que cruza el barranco. Un puente que apenas sostendría el peso de dos o tres personas a la vez.

¿Cuánto vale esa tonelada de oro?

¿Ya tienen la respuesta? ¿No? Bueno, no desesperen, que yo se la doy.

El valor es cero.

Es muy sencillo. Si la única manera de sacar la carretilla es a través de un puente que no puede sostener su peso, entonces está destinada a quedarse en medio de la selva de Borneo para siempre. Por mucho que ustedes sepan que allí, precisamente allí, hay una tonelada de oro. Quizá argumentarán que se puede construir un nuevo puente o incluso talar los árboles para permitir el acceso aéreo, pero créanme, el gasto en materiales, en fuerza de trabajo y en tiempo necesario para realizar alguna de esas obras acabaría superando el posible beneficio obtenido.

Sí, acabo de escribir que el valor de una tonelada de oro es cero. Y su precio, por cierto, también es cero.

A lo mejor les suena lo que acaban de leer. Y tendrían razón, porque el inicio del artículo se corresponde, casi palabra por palabra, con el prólogo de John muere al final, de David Wong, y el propio acertijo no es más que una versión del enigma que propone Neal Stephenson en Criptonomicón. Dos libros. Lo cual nos permite reformular el rompecabezas.

¿Y si lo que contiene la carretilla es una tonelada de libros?

Al contrario que el oro, los libros no están solidariamente unidos ni trabados ni encajados unos con otros de tal manera que no puedan separarse. No forman un conglomerado producto de un hechizo sobrenatural o de un enlace cuántico tecnológicamente tan avanzado que, como enunciaba Arthur C. Clarke, nos resulte indistinguible de la magia. Tampoco son el Libro de arena de Jorge Luis Borges, que es un volumen dividido pero indivisible, comprensible pero infinito. Los libros pueden sacarse uno a uno a través del puente colgante. Pero hay que pensar que vivimos en el otro extremo del planeta: tendríamos que volar hasta el aeropuerto de Kota Kinabalu, recorrer la isla de Borneo hacia el sur, cruzar la frontera con Indonesia hasta la provincia de Kalimantan, encontrar el barranco y cruzar el puente de madera. Y luego desandar todo el camino.

¿Cuánto vale esa tonelada de libros?

El pasado día 9 de diciembre, la Llibreria Calders de Barcelona colgaba el anterior vídeo en internet. Unos ladrones alunizaban en su tienda con el propósito de robar. Pero no querían robar la caja ni los ordenadores: habían ido a robar libros. En menos de una semana, el vídeo tenía más de ciento veinte mil visitas y había circulado como un torbellino por las redes sociales. La gente se preguntaba si los libros robados eran algún tipo de incunable o si la cultura es tan cara como para que merezca la pena un atraco tan aparatoso. Sí, también se preguntaban si el vídeo era real o se trataba de alguna operación publicitaria.

El vídeo es real por cuanto está grabado en la Llibreria Calders y, efectivamente, un grupo de personas entró y revolvió la tienda de arriba abajo. Pero no, no eran ladrones. Eran actores y actrices y el vídeo forma parte de una campaña de la editorial Malpaso.

Dice Guillermo Solana, director artístico del Thyssen-Bornemisza, que los museos se sostienen en el fetiche. Creo que tiene razón, porque la mayoría de las obras de arte pueden encontrarse en reproducciones extraordinariamente fieles y su comprensión e incluso admiración no dependen de la realidad del objeto. Sin embargo, queremos ir a los museos para conocer el objeto. Para verlo con nuestros ojos, para entrar en verdadero contacto con él. Y por supuesto, no significa lo mismo que alguien robe una copia del Verde sobre morado de Rothko a que roben el mismo verde y el mismo morado que pintó el artista americano en 1961.

Quizá, como ocurrió con los discos de vinilo, a los libros les ha sucedido algo parecido. Se han convertido en objetos preciosos, en fetiches. Ni siquiera es necesario que sean incunables o primeras ediciones para ser piezas de exposición y de colección. De nuestra colección.

¿Y si los roban? ¿Y si nos los roban?

Cuando nos roban un libro se llevan el dinero que costó comprarlo. Cinco, diez, veinte, cuarenta, puede que cien euros. Pero eso es el precio, no el valor. No es desdeñable, pero es irrelevante.

En Sin Perdón, dice William Munny, por boca de Clint Eastwood, que matar a alguien es una cosa terrible, porque le quitas todo lo que tiene y todo lo que alguna vez podría llegar a tener. Cuando nos roban un libro, nos roban un trozo de nuestra vida. Nos roban las horas que pasamos acariciando el papel con cada milímetro de cada yema de nuestros dedos. Nos roban las fracciones de segundo en las que olimos a tinta recién impresa en páginas abiertas por primera vez. Nos roban los meses que tardamos en darnos cuenta del peso de un planeta llamado Solaris. Nos roban las tardes que pasamos intentando copiar en un papel la portada de El Hobbit. Nos roban la noche que recorrimos el Caribe junto a Jim Hawkins y Long John Silver, mientras les alumbrábamos el camino con una linterna bajo nuestra sábana. Nos roban todas las sobremesas en las que discutimos sobre Noam Chomsky y la necesidad de la anarquía. Nos roban ese verano que viajamos a todos los pasados y todos los futuros cogidos de la mano de Kurt Vonnegut. Nos roban el día en el que, al volver del colegio, le explicamos a nuestra madre que no era un sombrero sino un elefante en el estómago de una boa. Nos roban la mañana de Reyes en la que nuestro hijo no nos dejó que le leyéramos su cuento, que él sabía hacerlo solo. Nos roban todos los años de más que nos regaló reírnos con Manolito Gafotas o con Henry Wilt o con un extraterrestre disfrazado de Marta Sánchez en busca de Gurb. Nos roban tiempo, como los hombres grises de Momo.

Y es casi peor cuando nos roban un libro que aún no hemos leído, porque entonces nos quitan un trozo de vida que nunca llegaremos a vivir.

Entonces, ¿cuánto vale una tonelada de libros en medio de la selva de Borneo?

Fotografía: ami photography (CC)
Fotografía: ami photography (CC)

Malpaso. El valor de los buenos libros. Sigue leyendo aquí.

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30 comentarios

  1. antonino pio

    Me ha encantado.

    Aún me queda para tener hijos ( salvo accidente, espero que no… ) pero me quedo con la frase de “Nos roban la mañana de Reyes en la que nuestro hijo no nos dejó que le leyéramos su cuento, que él sabía hacerlo solo”. Me he imaginado ese momento con mi primo pequeño y ya me he emocionado, no quiero imaginarme con un hijo

  2. antonino pio

    Aunque no estoy yo seguro de que el gasto de talar los árboles para llevar un helicóptero supere al de 1000kg de oro. Pero bueno, lo aceptamos por el valor poético del artículo

  3. ¿Y una tonelada de cintas de cassette de las que se vendían en las gasolineras?

  4. Maestro Ciruela

    El valor de esa tonelada de libros en medio de un claro en la selva de Borneo, es por supuesto, INCALCULABLE.

  5. No sé exactamente cuánto vale esa tonelada de libros en mitad del claro de selva en Borneo. Lo que sí sé es que la selva de Borneo, ya de por sí de enorme valor, es con la adición de esa tonelada de libros todavía más valiosa: naturaleza+cultura (aunque me temo que los hongos y la humedad relativa del 90% se los van a pulir ¿Dais un premio por acertar?)

  6. viruela

    Una tonelada de libros en la selva de Borneo son dos toneladas de papel mojado… una tonelada de oro en una pepita dan para una productiva excursión del Coronel Tapioca, provisto de loción antimosquitos, un macuto vacío y una lima para sacar virutas del pegote aúreo… le sale un año de curro pero que muy rentable

  7. Pocas veces precio y valor coinciden. Ahora que los ladrones de libros parecen de mentira (aunque hace unas semanas vi cómo un dependiente de una librería corría detrás de uno muy real), parece difícil creer que hubo un tiempo en que robar un libro (los tangibles, no los ebook, que esos se roban a miles) parecía una gesta. Lo cuenta el gran Yánover en sus ‘Memorias de un librero’: “Todo ladrón de libros se siente un revolucionario. Un intelectual que no ha robado un libro es a la cultura lo que una virgen al sexo (…) En la librería Masperó, en París, pusieron un cartel que decía: “La derecha nos quiere suprimir; si ustedes siguen robando libros, tendremos que cerrar. No colabore con el enemigo”. Cerraron”.

  8. sputnik

    En este pais los ladrones de libros son las editoriales, que venden libros por 30 euros, libros que en el resto del mundo valen 10 dolares o 8 libras.

    Pero a todo cerdo le llega su sanmartin y a estas les ha llegado a manos de el libro electronico y Amazon.

    A mi decidme donde esta esa tonelada de oro, que con un soplete me arreglo, y con lo que me saque ya me comprare los libros digitales que quiera.

  9. sputnik

    Y puestos a robar tambien le han robado el nombre a la productora de la pelicula que citas, le dan la vuelta a la P y listo…

    Hemprendedores españoles, mañana me monto un bar y lo llamo 4DIDAS

  10. Yo he visto montañas de libros en los almacenes de las editoriales, distribuidoras, bibliotecas e imprentas (a veces, montañas de libros míos), no sólo sin valor, sino suponiendo un coste de almacenamiento que aconsejaba como única solución razonable la de venderlos al peso para volver a convertirlos en pasta de papel. Una parte formidable de los libros que hay por el mundo no sólo no hay gente dispuesta a pagar por comprarlos, sino que ni siquiera hay nadie dispuesta a leerlos aunque fuese gratis. Una, cien o un millón de toneladas de libros de esos seguirían teniendo ningún valor en medio de una selva o en el fondo del océano. No caigamos en el fetichismo, por favor.

    • Pero el amor de los libros también es fetichismo, aunque no sea lo fundamental, es como si te gustan las mujeres pero no las braguitas que se ponen

      • O peor. Es como si te gustan las mujeres pero en lugar de tenerlas en tus manos prefieres verlas a través de una pantalla (aunque salga más barato :)

        • No señor, yo lo que quiero es un buen códice en vitela, no! un rollo de papiro o…una tablilla de cera o un líber de corteza de roble, o las tablillas de adobe de Çatal Huyuk, o una buena lápida escrita en capital epigráfica. Las grandes historias pueden escribirse en la arena y no dejarán de serlo. La literatura ha sido oral a lo largo de dos tercios de la estancia humana en este planeta. Lo demás no son más que contenedores tecnológicos, sea el soporte que sea, incluso el digital.

      • Bueno, pues que cada uno caiga en el fetichismo si le da la gana. Pero que no nos lo venda como otra cosa
        ;-)

      • Enrique Sánchez

        ¡Ay, ahora que sale el tema de las bragas! Pues resulta que le pedí a mi suegra que está muy buena que me pasara unas suyas que hubiera llevado dos o tres días. En los relatos eróticos de internet todo sale a pedir de boca pero a mí no me dejan entrar en casa y mi mujer va a pedir el divorcio. Ya sé que no tiene que ver con el tema, pero necesitaba desahogarme.

    • Tonecho

      Es posible que esa montaña de libros sólo sea en el almacén material reciclable, pero fuera de ese almacén cada uno de ellos puede ser por separado una joya de enorme valor (que no tenga lectores no quiere decir necesariamente que no tenga calidad, o valor), y no es cuestión de fetichismo; en un libro una persona puede no encontrar nada, pero otra puede hallar un tesoro entre sus páginas.
      Por otra parte, mostrarle mi comprensión a Enrique Sánchez en estos momentos realmente complicados para él.

  11. Agapito

    Sin desmerecer el artículo, que solo utilizo de excusa para hacer esta reflexión, no deja de llamarme la atención la falta de sintonía entre periodismo y medio ambiente (nuestro mayor problema actual). Un día estaría bien que se nos contara en Jot Down cosas como cuánto nos va a costar cada litro de aceite de palma que estamos obteniendo y metiendo en nuestras cocinas (de forma bastante inconsciente) tras destruir la selva más antigua del planeta. ¿Han adivinado cuál es la selva más antigua de la Tierra? Efectivamente, es la selva de Borneo.

    • tocate las palmas manué

      No se quien usa aceite de palma en España.

      • Agapito

        Pues desgraciadamente la inmensa mayoría de nosotros. Cada vez que leas “aceite vegetal” o “grasa vegetal” entre los ingredientes de los postres, comida precocinada, chocolates, pastelería, bollería, snacks, pintalabios, cremas hidratantes, suavizantes de pelo, detergente en polvo, etc., que compras, has de saber que estás comprando aceite de palma. Cada año consumimos de media 10 kilos por habitante de este aceite tan perjudicial para nuestro organismo y funesto para el futuro de las pocas selvas que van quedando en el planeta. Saludos.

        • Agapito

          Todo estos productos vienen del aceite de palma, si eres de los que lee en el baño cualquier cosa a tu alcance, varios te sonarán: Vegetable Oil (Aceite vegetal o aceites vegetales)- Vegetable Fat (Grasa o grasas vegetales)- Sodium Laureth Sulfate (presente en casi todos los productos espumosos) – Sodium Lauryl Sulfate – Sodium Dodecyl Sulphate (SDS o NaDS) – Palm Kernel – Palm Oil Kernel – Palm Fruit Oil – Palmate – Palmitate – Palm olein – Glyceryl Stearate – Stearic Acid – Elaeis Guineensis – Palmitic Acid – Palm Stearine – Palmitoyl oxostearamide – Palmitoyl tetrapeptide-3 – Steareth -2 – Steareth -20 – Sodium Kernelate – Sodium Palm Kernelate – Sodium Lauryl Lactylate/Sulphate – Sodium Lauryl Sulfoacetate – Hyrated Palm Glycerides – Sodium Isostearoyl Lactylaye – Cetyl Palmitate – Octyl Palmitate – Cetyl Alcohol – Palmityl Alcohol – Cocoa butter equivalent (CBE)- Cocoa butter substitute (CBE)

  12. piansta

    lamento encontrarme -una vez más- en el grupillo quisquilloso:
    creo que un helicóptero puede tirar un cable de muchos más metros que tenga el árbol más alto, enganchar y llevarse esa toneladilla de 40.000×1000$, con un coste operativo de menos de 900$/h.
    creí que ibamos a hablar de termodinámica y de peak oil, ahí sí que se echan bien las cuentas.
    pero, buen artículo.
    gracias.
    http://es.wikipedia.org/wiki/Mil_Mi-17
    http://www.oro-express.es/comprar-oro/lingote-oro-1kg-pamp-suiza

    • Ajroba

      Incluso si viene la Enterprice lo puede teletransportar en un santiamen….

      En serio… ¿Te has molestado en calcular el coste?. ¿Estas en un momento dificil?

      ….

  13. Pingback: ¿Cuánto vale un libro? (Jot Down) | Libréame

  14. Pingback: ¿Cuánto vale un libro?

  15. Teodoro

    ¿Cuánto vale una tonelada de libros en medio de la selva de Borneo?: Nada.
    Un libro solo adquiere valor cuando obra en las manos de un lector.

  16. Álvaro

    Otro quisquilloso mas.
    Aproximando el precio de un kilo de oro a 25.000€ (contando que te lo comprarían al por mayor y por tanto más barato) sale que la tonelada vale 25.000.000€. Como ya han dicho, el precio de llevar un helicóptero y talar tres árboles ni se puede comparar con tal suma de dinero.

    Se entiende el símil o metáfora (nunca llegué a distinguirlos, era realmente malo en lengua y literatura), pero mal ejemplo.

  17. Pingback: Siempre conviene medir los pasos. Más vale un paso bien dado que un malpaso | cambiando de tercio

  18. Para fabricar una tonelada de libros lo triste es que habría que destruir varias miles de toneladas de selva de Borneo. Soy un gran lector y tengo una gran biblioteca en mi casa, pero siento decir que sigo pensando que vale más una tonelada de oro en esa carretilla. Te aseguro que yo encontraría una forma de sacarla de allí. Un saludo.

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