
Supongo que estaréis al tanto de que no hace mucho salió una película, Interstellar, que permitió a los físicos y físicas de todo el mundo ponerse divinos y hablar de cosas tales como agujeros de gusano, agujeros negros, exoplanetas y dilataciones temporales, muchas dilataciones temporales.
Se ha discutido hasta la saciedad sobre el fundamento científico de la película, unas veces con más fortuna que otras, pero aquí lo importante es participar. Sin embargo, me parece imperdonable la falta de visión que hemos mostrado todos al no percatarnos de que la película nos plantea un problema jodido donde los haya. No, no tiene nada que ver con la plausibilidad de la existencia de agujeros de gusano en un universo de cinco dimensiones. Tampoco sobre lo increíble de seres posthumanos pentadimensionales que nos echan un cable para largarnos del planeta porque hemos sido capaces de acabar con las condiciones que nos permiten vivir en él. Ni tan siquiera que los cachondos nos elijan un sitio para vivir justo al lado de un puto agujero negro. Son pentadimensionales pero tienen poco ojo para elegir vivienda, con la de planetas que orbitan estrellas que hay en el universo.
El verdadero problema, el problema de verdad, el problemón, es que una vez que hemos sido capaces de saltar de un sistema estelar a otro, de una galaxia a otra, tenemos que plantearnos la cuestión del mardito parné.
Cuando llegaron el economista ya estaba allí
No, no es un intento de hacer el cuento más corto y sórdido de la historia ni el de competir con el pobre dinosaurio. El caso es que aunque a día de hoy aún no sepamos si podremos dominar la tecnología para hacer viajes interestelares, los economistas ya se han puesto a estudiar cómo se tienen que adaptar cosas tales como el comercio, los impuestos, las acciones, seguros, políticas monetarias, etc., en esa situación. Por si acaso amigo, solo por si acaso.
Seguramente habrá leído o escuchado esa anécdota de un tal Faraday que estaba investigando sobre cosas electromagnéticas allá por el siglo XIX y el ministro de Hacienda de turno le preguntó para qué servía eso y nuestro protagonista le respondió: «Sir, no lo sé pero algún día podrá gravarlo con impuestos». Ahora la cosa ha cambiado, aún no sabemos si podremos viajar entre estrellas o galaxias pero sí sabemos cómo pagaremos impuestos en caso de que podamos hacer tales viajes. Para que luego digan que no somos previsores.
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Genial el artículo. Si ya tenemos problemas para firmar acuerdos de libre comercio entre países no me imagino si metemos variables en el contexto de relatividad.
Precisamente Kip S. Thorne, que asesoró en la película, explíca el hecho de una manera similar en su libro «Agujeros negros y tiempo curvo».
«(…) los físicos y físicas de todo el mundo ponerse divinos»
¡Querrás decir «divinos y divinas», maldito articulista heteropatriarcal!
Olvidaste agregar «falocéntrico».
Bueno hay otras consideraciones que habría que hacer, por ejemplo, si compro 1 kg de oro y viajo con él a velocidaes relativistas tendré que tener en cuenta la energía que gasto para acelerar ese kg (mejor llevar pagarés).
Respecto a la inmediatez de las transacciones bancarias y en bolsa, en algún lugar vi que algunas compañías seleccionan Londres por proximidad física a algunos servidores de datos fundamentales.
Magnífico!!
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Como ganarse un dinerillo, escribiendo un articulo, sobre eventos que nunca se producirán o nunca vera el autor ni nadie vivo en este momento, es lo que llamo economía de lo inútil.
gran verdad
¡Pero claro! Alguien tuvo que haberle dicho eso a Asimov, Verne, Welles; ¿por qué no naciste antes para decirle tu inteligente raciocinio a Einstein y que no escribiera sobre relatividad especial? Al fin que nunca iba a viajar a años luz, a grandes velocidades ni a usar un gps…
Lo que hay que hacer en vez de tanto cálculo complicado es superar la idea del dinero, como en Star Trek
Toranks, el dinero es un medio de intercambio. El problema en la valoración del bien o servicio lo tendríamos igualmente.
Me ha encantado el artículo para pensar en ciertos aspectos de la relatividad.
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