España, 1898: el final de todo, el principio de nada

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La batalla de Cavite, en la bahía de Manila, entre España y Estados Unidos, 1898. Imagen: Kurz & Allison / Library of Congress (DP).

Hace muy poco leía en El País Babelia estas palabras de Arturo Peréz-Reverte:

Es conmovedor que incluso de viejo estuviera más orgulloso de haber sido soldado en Lepanto que del Quijote.

Y no podía menos que darle la razón a Cervantes. Lepanto es mucho más importante que cualquier libro suyo. Lepanto no solo cambió la historia de España, cambió la historia de Europa. Pero qué ha cambiado el Quijote. Es más, ¿algún libro alguna vez ha cambiado un simple renglón en el libro de la historia de cualquier país? Eso es lo triste y ese es el problema. El resultado de una batalla está muy claro. Y sus consecuencias también suelen estarlo. ¿Pero el resultado de la lectura de un libro, de muchos libros, de muchas lecturas de muchas personas de un mismo lugar, cómo se computa? Sí, hay libros que cambian vidas, y hay libros que salvan vidas («suena cursi», decía también no hace mucho en otro Babelia el escritor sueco Per Olov Enquist, «pero un libro me salvó la vida»); pese a todo yo entiendo muy bien a Cervantes (o creo entenderlo) y entiendo que, de cara a sus contemporáneos, diera mucha más importancia a su participación en una batalla (una participación marginal, como uno más de los miles de soldados que allí lucharon) que a toda su ingente y extraordinaria labor como escritor.

Después del desastre del 98, que es de lo que quiero hablar en este artículo, se escribieron muchos libros. Pero ninguno cambió nada. Para los que estaban arriba, para los círculos del poder, todo siguió igual. «¿Regeneracionismo? ¡Vaya tontería!», debieron pensar. «Lo que hay que hacer es buscar otra colonia. Y seguir mandando a la gente a morir allí, por su país, que es lo que el pueblo debe hacer, para que todo siga funcionando como ha funcionado hasta ahora». Ya. Está claro que no lo pensaron así exactamente. La ambición y la avaricia humana siempre se camuflan bajo otros discursos más inocuos o más agradables al oído, pero en el fondo solo se trata de eso, de ambición y de avaricia, y poco más que eso. Naturalmente los gobernantes españoles no se diferenciaban en absoluto del resto de los gobernantes. Voy a enumerar muy brevemente las curiosas maneras que tenían los americanos para justificar sus guerras:

1. Doctrina Monroe: «América para los americanos». Como ya hemos hablado de ello en otros artículos no me extenderé más.

2. Política del «Gran Garrote». Aunque fue Roosevelt el que la difundió en sus discursos, ya se había puesto en marcha antes, en concreto en Venezuela y Cuba (como recuerda el propio presidente en su discurso del 6 de diciembre de 1904). Y desde entonces ha tenido mucho éxito. A los americanos les gusta mucho el papel de «policía del mundo» y siempre se van metiendo donde no los llaman, con la excusa de dar una lección a los «malos», que ya se sabe son muchos y no se avienen a razones. Pero como dicho así queda feo y burdo mejor que nos lo diga Roosevelt con sus hermosas y solemnes palabras:

Es falso decir que los Estados Unidos sienten una necesidad de tierras o alimentan proyectos con respecto a las otras naciones del hemisferio occidental (…). Todo lo que nuestro país desea es ver a sus vecinos estables en el orden y la prosperidad (…). Si una nación muestra que sabe actuar con eficacia y con razón (…). Si mantiene el orden y satisface sus obligaciones, no ha de temer una intervención de los Estados Unidos.

Maniobras de los Rough Riders en San Antonio, Texas, durante la guerra hispanoestadounidense. En el centro, el futuro presidente de Estados Unidos, Theodore Roosevelt, 1898. Fotografía: Anónimo / Library of Congress (DP).

3. Doctrina del «Destino Manifiesto». La he dejado para el final porque es la razón más estrambótica de todas (lo cual no impidió que tuviera un gran éxito). Yo siempre había pensado que «el pueblo elegido por Dios» eran los judíos, vamos, eso es lo que se cuenta en la Biblia, ¿no? Pues no. Pues resulta que el pueblo elegido por Dios son los americanos. No es ninguna casualidad que esta curiosa doctrina apareciese justo en 1845 y que el título el artículo donde el periodista John O’Sullivan formulara por primer vez esta teoría fuera «Anexión». ¿No habíamos quedado, lo dice Roosevelt, que los americanos «no sentían necesidad de tierras»? Pues parece que algunos presidentes anteriores a Roosevelt no pensaban lo mismo, ni tampoco sus ciudadanos. Muy brevemente… En 1846 empieza la guerra con México, con la excusa de la independencia y anexión de Texas. El resultado: Nuevo México, Arizona, Utah, Nevada y California pasan a ser americanas. A esto hay que sumarle la compra de Alaska en 1867, y recordemos que ya habían comprado Florida a los españoles y la Luisiana a Napoleón. Con eso, por lo visto, ya se quedan sin hambre de más tierras. ¿O no? Pues no, parece que Roosevelt se olvida de Cuba, de Filipinas, de Puerto Rico y de la isla de Guam. Parece que se olvida de Panamá. Parece que se olvida de Hawai, de Samoa y de otras islas del Pacifico. Y parece que tampoco sabía que España quedaba, en su mayor parte, en el hemisferio occidental, ni sabía, no, qué va a saber, que su antecesor McKinley, después de vencernos en Santiago de Cuba y en Cavite, se estuvo pensando quitarnos las Canarias, porque total, por unas islas más o menos tampoco pasa nada, ¿no? Sí, Roosevelt tenía mala menoria y suspendía geografía en el colegio, qué se la va a hacer…

¿Pero aún no he citado a O’Sullivan? Pues esto hay que remediarlo, que esta frase no tiene desperdicio:

El pueblo estadounidense, en su calidad de pueblo elegido, tiene un fin manifestado por Dios según el cual le es permitido apropiarse de todo territorio que estuviese destinado a formar parte de los Estados Unidos.

Dicho esto creo que ya podemos empezar a entender el imperialismo americano. Y digo empezar a entender porque este imperialismo es un poco distinto. Las causas más comunes, necesidad de materias primas, de buscar mercados exteriores para las manufacturas internas, no son suficientes. Si algo tenían los Estados Unidos, a principios del siglo XX, eran materias primas y mercado de sobra. De manera que muchos autores quitan peso a las razones económicas y hablan de razones ideológicas y geopolíticas.

Las razones ideológicas ya las hemos visto. Las geopolíticas son muy simples. Para ser una gran potencia mundial hay que dominar los mares, para dominar los mares hacen falta puertos, una red de puertos por todo el mundo. Esto es algo que aprenden de los ingleses y que aplican a rajatabla, en lugar de conquistar países enteros mejor quedarse con un cachito de su costa, con eso es suficiente y sale más barato que mantener un gran imperio colonial.

Sí, vale, ¿pero y Cuba? ¿Por qué querían Cuba? ¿Por qué estaban tan empeñados en comprarla? ¿Por qué, cuando vieron que los gobernantes españoles no pensaban vender Cuba, siguieron empeñados en quedarse con la colonia, fuera como fuera? Aquí la única explicación es una explicación económica. Así que el imperialismo americano, por mucho que se diga, en el fondo es un imperialismo tan económico como cualquiera. Los americanos habían construido el primer ferrocarril cubano, que fue el primer ferrocarril español, antes del famoso Barcelona-Mataró. Y la finalidad del primer ferrocarril cubano, el ferrocarril Habana-Güines, inaugurado en 1837, es transportar productos agrícolas, entre ellos el producto más famoso de Cuba, el azúcar. Cuando el presidente McKinley declara la guerra a España, una vieja potencia colonial europea, algunos de sus ciudadanos no lo entienden. Pero pronto lo entenderán: el botín es fabuloso y encima les ha resultado una guerra muy fácil de ganar, extremadamente fácil de ganar, eso elimina todas las dudas.

Restos del Maine en La Habana, 1898, cuyo hundimiento fue el detonante formal de la guerra. Fotografía: Anónimo / Library of Congress (DP).

Sin embargo, la guerra del 98 me parece una guerra muy curiosa. Para empezar por cómo se inicia y cómo se desarrolla, pero más aún por cómo termina. Hay un detalle que me llama mucho la atención. Normalmente el país vencido es el que tiene que pagar al país vencedor. Es lo que se llaman las «reparaciones» y ha sido una práctica de lo más habitual en todas las guerras, pero sobre todo en las guerras contemporáneas. El ejemplo más claro: las reparaciones que el tratado de Versalles estipulaban cuánto tenía que pagar Alemania después de perder la Primera Guerra Mundial. Pero aquí pasa algo totalmente distinto, es Estados Unidos, el país vencedor, el que paga a España, el país vencido. ¿Cuánto paga? Veinte millones de dólares. ¿Por qué los paga? Muy simple. Para meter en el pack a las Filipinas y la isla de Guam, además de Puerto Rico. En realidad les sale barato. Más dinero pensaban ofrecer al gobierno español solo por Cuba. «Pero Cuba es parte de la patria. No se vende. En todo caso nos la pueden quitar», dijo Prim. Y los americanos, que no son tontos, le respondieron: «Pues vale, por nosotros no hay problema».

Además de pagar unas indemnizaciones al país vencido, los americanos, en un gesto de buena voluntad o porque se los quieren quitar de encima lo más rápido posible y los españoles no tienen ni barcos ni dinero para eso, se encargan de reembarcar y devolver a los soldados españoles capturados en Filipinas, mientras que los soldados que han luchado en Cuba quedarán en un estado tan lamentable que causa vergüenza leer las crónicas de la época y ver como harapientos y abandonados a su suerte tienen que pedir limosna para sobrevivir.

Y aquí entramos en el drama humano de la guerra, en eso que por lo visto el Gobierno español no pensaba para nada. «Más vale honra sin barcos que barcos sin honra». Bonita frase, muy al gusto de la época. Si solo fueran los barcos…. Pero en los barcos van soldados. Y luego están las tropas de tierra, esos que morían más por las enfermedades tropicales que por las balas. ¿Cuántos muertos costó Cuba? La rebelión empieza en 1868. Atraviesa varias fases. Hay periodos de guerra total, periodos de paz relativa, con algunos acuerdos como la «Paz de Zanjón», y otra vez periodos de guerra total. Cada nuevo general cambia de táctica. Martínez Campos, Weyler, lo mejor del ejercito español, pero nada. La rebelión se extiende, y salta a otras islas. Salta a Puerto Rico. Salta también a Filipinas. En la metrópoli se reacciona tarde y mal. Y eso que tenemos varios reyes, Amadeo de Saboya, Alfonso XII y al final una regente, María Cristina de Habsburgo-Lorena, además el experimento de la Primera República y sus proyectos federales. Pero los americanos no se implican directamente hasta 1898, con la excusa del hundimiento del Maine, como es bien sabido. Para entonces el Gobierno español ya había abolido la esclavitud y estaba dispuesto a ceder una cierta autonomía a la isla, que naturalmente no contentaba a los sectores independentistas.

El último campamento español en Cuba. Cienfuegos, 1898. Fotografía: Strohmeyer & Wyman / Library of Congress (DP).

Al Gobierno español la derrota le sirvió de excusa para quitarse de encima otras islas: las Palaos y las Carolinas, además de las Marianas que le quedaban, que fueron vendidas a Alemania por veinticinco millones de marcos. Realmente no nos salió muy bien el negocio. Para eso podíamos haber vendido Cuba por los trescientos millones de dólares que los americanos habían llegado a ofrecer y nos podíamos haber ahorrado los miles de muertos y todos los barcos hundidos a lo tonto, además de conservar Filipinas y Puerto Rico. Desde luego, eso es fácil decirlo ahora, visto lo visto, pero en aquel momento, por increíble que parezca, mucha gente pensaba que se podía vencer a la marina americana. O, si no se les podía vencer, al menos había que luchar contra ellos.

¿Y después qué? Bueno, básicamente tres movimientos. El de los intelectuales, con el regeneracionismo y toda esa literatura de la Generación del 98 tan bien intencionada como ignorada. El del poder, que pronto se olvida de Cuba porque desde hace tiempo ya tenía fija la vista en Marruecos (véase por ejemplo la guerra de 1859-1860 donde participan dos grandes pesos pesados de la política española, Prim y O´Donnel, que además de controlar el gobierno nacional como buenos generales nunca le hacen ascos a una guerra). Y por si Marruecos no es bastante también nos vale el Sáhara Occidental, o Guinea, o la isla de Fernando Poo o el Rio Muni, o Ifni, lo que sea, la cuestión es tener alguna colonia, y luego ya veremos para que sirve, que seguro que para algo servirá.

He dicho que había tres movimientos después del desastre del 98. Me falta el tercero, el que no es el de los intelectuales, desesperados y lúcidos, ni el del poder, insensible y egoísta, sino el del pueblo, el de los que sufren las guerras y lo mismo mueren en el Barranco del Lobo que en las selvas americanas. ¿Y cuál es este movimiento? Nada. No lo hay. Indiferencia. Si nadie cuenta con ellos, para qué molestarse en protestar. Si siempre, pase lo que pase, van a salir perdiendo, para qué molestarse en hacer algo. No, mejor ir a las corridas de toros, a los teatros, a las romerías… Bueno, bueno, esto tiene sus excepciones, como todo. Algunos obreros, jornaleros, agricultores se sindicalizan, se instruyen en los ateneos libertarios, se apuntan a los partidos comunistas y socialistas, se vuelven anarquistas o incluso se atreven a protestar contra el sistema de quintas y piden que a la guerra no vayan solo los pobres. Sí, algunas cosas empiezan a cambiar, pero aún tendrán que venir muchos muertos para que algunos gobernantes, como Primo de Rivera, se atrevan a decir, y no muy alto, que Marruecos es una carnicería inútil, pero no, ni el desastre de Annual ni el desembarco de Alhucemas, aún tendremos colonias africanas para rato, porque oye, que una colonia siempre es una colonia…

Ay, y otra cosa, que a Unamuno, a Costa, a Maeztu, a Baroja, a Giner de los Ríos y a todos los demás al final los leyó alguien, como Maura, que se convenció de que «había que hacer la revolución desde arriba, para que no la hicieran desde abajo», que, no seamos tan pesimistas, al final los libros llegan a las manos adecuadas, aunque tardan bastante; de hecho, a veces aún no han acabado de llegar.

El último campamento español en Cuba. Cienfuegos, 1898. Fotografía: Strohmeyer & Wyman / Library of Congress (DP).

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35 comentarios

  1. Eduardo García Sánchez

    Hay un dato poco conocido que suele obviarse y podría haberse reseñado en el artículo. Se trata de la oposición de sectores burgueses y oligarcas dentro de Cataluña, obviamente defendiendo sus intereses económicos en la isla, al proyecto de venta a los Estados Unidos. Las movilizaciones populares se plasmaron en manifestaciones multitudinarias defendiendo la españolidad cubana.

  2. Ángel González

    Enhorabuena por el artículo. Muy bien descrito! Por cierto, qué poco reflejo tiene en el arte la historia de aquellos soldados que se quedaron abandonados a su suerte y se vieron obligados a mendigar. No entiendo cómo no hay más cine o literatura sobre ello…

  3. César Ocete

    Curioso o muy humano. Al dramaturgo griego Esquilo le pasó lo mismo que a Cervantes, estaba más orgulloso de su participación en la batalla de Maratón contra los persas donde murió su hermano que de sus obras.

  4. No es que los yankees se crean el pueblo elegido, es que la amalgama en su creación y refundición como potencia armamentística mundial parece un milagro, pero dos guerras mundiales entrando en el momento indicado dan para mucho negocio.

    http://casaquerida.com/2015/04/14/huelgas-silenciadas/

  5. Pepe Almeida

    Felicitaciones por el escrito.

    Por apuntar algo me gustaría comentar la figura del papel del ejercito en todo el proceso. Algunos estudiosos indican que hacia 1885 (inicio de la etapa más dura de la guerra contra las fuerzas independentistas cubanas) las fuerzas terrestres tenían más de 500 generales. La proporción era de 1 general por cada 50 oficiales y cada 150 soldados aproximadamente. Ello tenia como resultado que más de la mitad del presupuesto se gastaba en sueldos, dejando muy poco para adquisición y mantenimiento de material de guerra, instalaciones, formación e instrucción. Poca munición en la cartuchera y demasiadas estrellas en las bocamangas. Además la formación de la oficialidad era escasa y anticuada. Los americanos se quedaron boquiabiertos cuando observaron en algunos combates como la infantería española disparaba por filas, exponiéndose al fuego enemigo, cuando disponían del más moderno rifle de repetición del momento(mauser de 5 balas) que permitía cargar, apuntar y disparar tendidos en el suelo o protegidos en las trincheras. Eran técnicas propias de la guerras napoleónicas. Por otra parte el exceso de generales y oficiales en tareas burocráticas no resulto en una buena logística e intendencia. Las tropas en combate siempre fueron escasas en munición, víveres y provisiones de boca, por no hablar de la pésima calidad de los uniformes y correajes. La corrupción ya entonces estaba institucionalizada y no era infrecuente que se pagara buen dinero por víveres en mal estado, cuando no directamente incomibles.
    Razón no les faltaba a los regeneradores en sus proclamas, aunque, como bien se apunta, no fueron escuchados. El desastre de Annual fue el resultado y si no se perdieron las colonias posteriores fue por la ayuda externa (la colaboración francesa en la pacificación y sostenimiento del Marruecos español fue decisiva) como por el poco interés en lo que quedaba (aún no se habían descubierto las inmensas reservas de petroleo en Guinea Ecuatorial).

    En algún sitio creo haber leído que no es extraño que el ejercito no haya ganado ningún combate librado frente a fuerzas pertenecientes a países de primer orden desde la Guerra de la Independencia (y esto en colaboración con otras naciones). No estoy seguro que la afirmación sea cierta, pero visto lo visto, lo del 98 no fue más que la constatación de una evidencia más; la incapacidad de España de construir una sociedad (y unas fuerzas armadas) alineadas con las principales corrientes liberales y modernizadoras Europeas que nacieron con la revolución francesa del XVIII. Y en esas estamos aún hoy.

    • kilgore

      Si piensas que se estima reducir el numero de altos mandos a 200 generales y 1050 coroneles para 2017 poco hemos avanzado……

      • Pepe Almeida

        Vaya ! Lo desconocía. Si tenemos en cuenta que en 2013 se contaban poco más de 75.000 soldados esta claro que no hemos avanzado mucho en una centuria. Lo dicho, poca munición en la cartuchera y demasiadas estrellas en las bocamangas.

        • Gatete

          No hemos avanzado tanto, si consideramos que ahora se destina más delo 80% del presupuesto a los salarios.

    • «En algún sitio creo haber leído que no es extraño que el ejercito no haya ganado ningún combate librado frente a fuerzas pertenecientes a países de primer orden desde la Guerra de la Independencia (y esto en colaboración con otras naciones). »
      Hablo de memoria, así que seguramente me equivoque, pero diría que se debe a que el ejército español no ha librado prácticamente ninguno desde entonces contra potencias «de primer orden» salvo esta guerra con los EEUU. Como mucho guerras coloniales (intentos de recuperar América, México, Marruecos, Indochina, y después de orden interno con las carlistas). Casi apostaría a que hasta la guerra civil esto no se produce; en Guadalajara el Ejército Popular de la República derrota al Ejército italiano («disfrazado» de CTV), quizá si tenemos en cuenta que Mussolini había equipado a sus tropas con moderno material bélico, podría contar.

      • Pepe Almeida

        Cierto es.
        Sólo guerras coloniales y de apoyo a otras potencias (de lo de Indochina se aprovecharon los franceses) principales. Esto sólo significa que España había quedado fuera de los principales centros de decisión políticos , con un papel auxiliar de las grandes potencias en el mejor de los casos. Esto sólo implico que en el momento del enfrentamiento con Estados Unidos, el aislamiento paso factura.
        Por último, y si me permite el romanticismo, añadir a Guadalajara la actuación de los republicanos españoles enrolados bajo bandera francesa y dándoles las suyas y las del bombero a la Alemania Nazi, como muestra el gallardo ejemplo de La Nueve encabezando la liberación de Paris.

    • Stephen Strange

      Dudo que los americanos observaran esos anacronismos en sus combates con el ejército español, dado que en casi todas las (pequeñas) batallas que libraron con los «spaniards», éstos se encontraban en posiciones defensivas y más o menos (mejor o peor) atrincheradas.

      Lo del empleo de la vieja técnica del cuadro y las hileras de tiradores (propias de las guerras napoleónicas) es cierto. Pero en la primera etapa de la guerra de Cuba (entre 1895 y 1896), contra los mambises.

      Y, a pesar de su arcaismo, lo cierto es que la táctica tenía su sentido. Era una forma de hacer frente a la caballería insurrecta. Los españoles, curiosamente, siempre adolecieron de falta de caballos en Cuba, mientras que los independentistas andaban muy bien abastecidos. El viejo cuadro dieciochesco y napoleónico era muy eficaz contra los ataques a caballo, aunque también es cierto que ofrecía un blanco muy evidente a los tiradores enemigos.

      En cuanto a la pésima calidad de los uniformes, ya lo he comentado en otro sitio. No era tal.
      Una cosa es que no quede bonito y marcial en las fotos de la época y otra que fuese inapropiado.

      Lo del calzado es caso aparte, desde luego.

      • Stephen Strange

        A partir de la llegada del general Weyler el ejército español alternó la movilización de grandes contingentes de tropas con el uso de pequeñas unidades móviles que desarrollaban, literalmente, un tipo de lucha «contrainsurgente» con los mismos métodos de los guerrileros (incluido el tan traído y llevado -mitificado- uso del machete).
        De hecho, en 1897 son más las emboscadas que los «comandos» (si se puede usar el término antes de tiempo, ejem) contrainsurgentes españoles tienden a los mambises que las que sufren las tropas peninsulares por parte de los insurrectos.
        El ejército español, en la etapa de Weyler, aprendió muy pronto y muy bien. A pesar de lo que se diga y se repita una y otra vez.

  6. María

    En respuesta a su pregunta. ¿ algún libro alguna vez ha cambiado un simple renglón en el libro de la historia de cualquier país? Ejemplos como la Bíblia, el Corán, el Mein Kampf y el Capital, (entre muchos otros) responden a su pregunta.

    • Jose Juan

      Venía aquí a decir exactamente lo mismo. Gracias, María.

    • Valhue

      Debatible. La biblia que todos conocemos se compila en el Concilio de Nicea, en el año 315, por orden del emperador Constantino. El cristianismo ya era una fuerza formidable entonces y la biblia se crea en un intento de atajar las mil interpretaciones contradictorias y las diferentes sectas en las que se ha dividido el cristianismo. Fracasó en el empeño.
      Algo parecido sucede con el Corán; supuestamente una recopilación de las enseñanzas de Mahoma poco después de su muerte, en realidad es un compedio de textos redactados muy a posteriori. El corán más antiguo que se conoce data de una época en la que los musulmanes ya habían conquistado medio mundo.
      Mein Kampf solo fue un superventas cuando Hitler llegó al poder, el cual lo escribió porque de algún modo se ha de pasar el tiempo en la cárcel. Lo relevante del libro es que fue escrito por el mayor genocida del siglo XX, pero si no hubiese llegado a la cancillería su libro sería tan fundamental como sus pinturas. Lo mismo puede decirse de «el capital» de Marx. No tuvo más impacto que el que hoy en día tiene el ensayo de Piketty; si mañana alguien proclama una revolución en Francia y crea una república socialista «pikettyana» pues el libro parecerá más importante de lo que es.

  7. Lo siento pero el razonamiento principal del artículo no se sostiene. Si te das cuenta, la batalla de Lepanto no se habría producido nunca si no fuese por que unos cuantos lectores turcos de un librito llamado El Corán decideiron arrebatarle el control del mediterráneo a otros lectores de un librito llamado La Biblia. No tengo nada más que añadir.

    • Manuel H

      Claro, y cuando al otro lado del Peloponeso y algunos años antes la flota persa se enfrentaba a la flota combinada de las polis griegas libres ¿eso también era una Biblia vs Corán?

      Los libros son la excusa cosmética, pero el objetivo real siempre fue «quítate tú para ponerme yo».

  8. Perdona, pero me parece gracioso asignar intereses económicos (muy ciertos y verdaderos) por el lado estadounidense, y centrarse en los intereses «patrióticos» al lado español.

    Cuba, territorio esclavista hasta 1886, era un enorme negocio para muchos grandes nombres de la sociedad española (¡incluso de hoy en día!), los cuales promovieron y defendieron con sus muchos activos económicos y políticos la esclavitud en primer lugar, la represión de los movimientos independentistas en segundo lugar, y una guerra abocada al fracaso en último lugar.

    Aquí un par de artículos en los que se da cuenta de los dignos nombres detrás de este (incluso hoy en día) desconocido negocio:
    http://mrdomingo.com/2013/04/10/la-desconocida-historia-de-la-esclavitud-en-espana/
    http://barcossinhonra.com/2011/02/17/los-peones-negreros-mas-se-perdio-en-cuba/

    • JordiPPP

      Disculpa, pero en el tráfico de esclavos había mucha gente interesada. Recuerda que una de las claudicaciones del vergonzoso, tramposo y desgraciado Tratado de Utrecht fue la concesión de comercio de esclavos negros a los ingleses. Con ello acabó el teórico monopolio español de dicha fructuosa e inhumana actividad.

      • Manuel H

        «Monopolio» en los territorios españoles, querrá usted decir. Aunque los franceses también habían metido el cazo desde que Felipe V subió al trono.

  9. Pingback: España, 1898: el final de todo, el principio de nada

  10. Anton

    Recomiendo la lectura de «The war lovers» explica los entresijos de la conspiración de T. Roosevelt, Cabot Lodge y W.R. Hertz … Una mina… Y efectivamente amenazaron con bombardear Málaga y demás lindezas como llamarnos barbaros incivilizados constantemente en su prensa… Hoy, aquellos mismos humillados, la derechona analfabeta española, sueñan con USA como ejemplo a seguir…

  11. alvaro

    El análisis de un momento histórico obliga en, primer lugar, a comprender la visión que las sociedades del momento tenían de sus valores e intereses y, por ello, creo que el artículo comete algunos errores de intrepretación al analizar el pasado con escala de valores del presente.
    Si EEUU paga a España por la compra de las islas tras las derrotas navales, es consecuencia del certero análisis de sus militares que advirtieron que una cosa era derrotar a una flota, que si bien era inferior no era mala (otra cosa es la dirección militar de esas batallas) y, otra distinta, derrotar en tierra a un ejercito que se mostraba eficaz y estaba causando graves pérdidas a las fuerzas americanas. El acuerdo evitó las críticas internas y, en España, salvo la cara a un gobierno que necesitaba una derrota «a medias» por diversos motivos, algunos de los cuales, se exponen en el artículo.

    • Perropaco

      Será que alguien no te ha indicado cómo buscar la información por tí mismo. Dale aquí: http://tinyurl.com/ohuks7g Para la próxima vez, ya sabes.

    • Stephen Strange

      Efectivamente. Suele plantearse la guerra hispano-norteamericana de 1898 como una derrota apabullante de España por parte de USA. Y es cierto sólo a medias. La flota estadounidense barrió rápida y totalmente a la española en dos batallas navales (Santiago y Manila). Pero en tierra, las cosas no quedaron tan claras.
      Para empezar, en Cuba sólo hubo dos combates terrestres de cierta envergadura: El Caney y Colinas de San Juan. En ambos, fuerzas norteamericanas que superaban en una proporción de 1 a 10 a las españolas, consiguieron victorias más o menos pírricas a costa de un elevadísimo número de bajas, totalmente desproporcionado frente al de sus oponentes (que ni siquiera desplegaron un dispositivo importante por tratarse de simples posiciones avanzadas sin excesiva importancia para la defensa de Santiago de Cuba).
      En Puerto Rico los combates fueron, todos, de escasa envergadura, frente a tropas españolas poco numerosas. Y, aún así, no ofrecieron victorias rotundas por parte estadounidense en ningún caso.
      En Filipinas pasó algo similar y apenas hubo combates terrestres.

      Por otra parte, suele jugarse demasiado con esa imagen que contrapone un ejército español desastrado, descalzo, mal abastecido, ya derrotado por los insurgentes cubanos y filipinos frente a un ejército estadounidense dotado de los últimos adelantos técnicos y con toda la fuerza y el ímpetu de una potencia industrial detrás. Y no es cierto.
      A principios de 1898, el ejército español estaba ganando la guerra de Cuba (lo que no quiere decir que, inevitablemente, hubiese acabado ganándola) y ya había ganado la de Filipinas (lo que tampoco quiere decir que no hubiese tenido que enfrentarse a un nuevo rebrote a principios del siglo XX) frente a sus respectivas insurgencias. Y no lo digo yo. Cualquiera que lea algo sobre el tema que sea un poco más serio que un artículo de opinión en un suplemento dominical lo puede comprobar.
      Además de eso, y a despecho de lo que las imágenes y las fotografías de la época puedan hacernos pensar, las tropas españolas (sobre todo en Cuba) estaban relativamente bien equipadas y armadas. El uniforme de «rayadillo» y el sombrero de paja pueden parecernos algo poco estético y escasamente marcial, pero era un tipo de uniformidad infinitamente más apropiada para los climas tropicales que los uniformes azules de lana de los norteamericanos, que -por cierto- les causaron múltiples problemas. El tema del calzado es cosa aparte. Las alpargatas de los españoles podían ser adecuadas (además de baratas) para zonas secas y compactas, pero eran nefastas en terrenos cenagosos y húmedos. En cuanto al armamento, es cierto que los norteamericanos tenían las ametralladoras Gatling, pero la realidad es que no fueron tan decisivas en los escasos enfrentamientos terrestres. Y que el máuser español resultó ser muchísimo más eficaz que los fusiles de pólvora negra de los estadounidenses. Además de que la artillería española no estaba compuesta por cañones del siglo XVIII (aunque alguno había, en las defensas de Manila y Santiago… Se ha exagerado mucho la cosa para dar el punto patético y ruinoso). La mayor parte era buena, moderna y bastante eficiente. Tanto la de posición como la de campaña.
      En general, la actuación del ejército de tierra español fue bastante lucida. Más que la del estadounidense (aunque suene raro y escandalice a algunos).

      La guerra la perdió España en las dos batallas navales. Pensar que el ejército de tierra podría haber resistido, inflingiendo serias pérdidas a los norteamericanos, sin ser mentira (podría haber sido factible) es, al mismo tiempo, algo que no tiene sentido. Con el dominio del mar en manos de los estadounidenses, aislados de la metrópoli y sin capacidad de recibir refuerzos y suministros, una «defensa numantina» en el Occidente de Cuba, en Puerto Rico y en Filipinas no hubiese sido sino una locura. ¿Que la guerra podría haberse prolongado hasta 1900? Casi seguro. ¿Pero de qué hubiera servido? USA era, efectivamente, una potencia industrial. Sus bases estaban a apenas unos cuantos kilómetros de Cuba. Podría haber enviado refuerzos e incrementado sus fuerzas hasta alcanzar cientos de miles de soldados que, a la larga, hubiesen acabado con la resistencia terrestre española en 1900 o 1901. Sus bajas habrían sido grandes, sin duda… Pero no mayores que las de los españoles (cuyas fuerzas no superaban los 200.000 hombres, y no todos -ni mucho menos- en condiciones de combatir).

      Eso por no hablar de los padecimientos de la población civil (que ya había sufrido algo parecido a un holocausto durante la espantosa -pero eficaz, desde el punto de vista militar- «Reconcentración» del general Weyler). Piénsese, además, que a finales de 1897 y prinicipios de 1898 la guerrilla cubana había perdido Occidente y en Oriente apenas mantenía unos 3.000 efectivos en armas. Pero que, cuando se produce la declaración de guerra de los USA, su número crece de pronto hasta los 30.000-40.000. Aun estando claro que la mayoría de los nuevos «insurrectos» eran oportunistas de última hora, y que una guerra terrestre de largo recorrido podría haber reducido mucho su número (no tanto por muertes como por deserciones), la cosa no podía ser positiva para el bando español y españolista (la mayor parte de los cubanos que participaron en la guerra de 1895 a 1898 no lo hicieron en las filas de los independistas, sino en las de los españolistas… Otra cosa que merecería saberse más, ejem).

  12. 83banned

    a todo esto, ¿alguien me podría indicar qué guerras, que no fueran civiles, ha ganado el ejército español?

    • Perropaco

      @83banned:

      Será que alguien no te ha indicado cómo buscar la información por tí mismo. Dale aquí: http://tinyurl.com/ohuks7g Para la próxima vez, ya sabes.

    • Sin ir más lejos en ese mismo siglo, el ejército español venía de ganar guerras coloniales en México, Indochina y Marruecos…esta última guerra con Prim al mando de cuerpos de voluntarios vascos y catalanes.

      Por cierto, quería dar las gracias a J.E. por enlazar mi artículo sobre la influencia del empresariado negrero en la política cubana.

  13. gringo

    ¿Libros que hayan cambiado la historia?.
    Además de los citados Corán y la Biblia, a bote pronto se me ocurren Los derechos del hombre de Thomas Paine, El contrato social de Rousseau, El manifiesto comunista y El capital de Marx…
    Aunque tal vez el autor se refiera a novelas.
    En ese caso no digo que cambiaran el mundo, pero tuvieron su influencia algunas como La cabaña del tío Tom de H.B. Stowe, que pudo acelerar lo inevitable, la Guerra de Secesión.
    Es posible también que sin la lectura de los poemas de Homero un joven Alejandro de Macedonia nunca hubiera sido Alejandro Magno.

  14. gringo

    83banned ganamos la guerra del islote Perejil, gran azaña de la aznaridad.

  15. Caiman

    Stephen la verdad ok se dendonde sacas que el ejercito espanol estaba ganando la guerra en 1898. Nadie absolutamente nadie a no ser historiadores espanoles resentidos apoyaria ESA teoria. Los mambises nunca perdieron el occidental, estaban mas fuertes e oriente pero eso no quiere decir que en occidental hubiera desaparecido la rebellion. Solo en la habana segun Datos que reconocen Fuentes espanoles habian 2000 insurrectos, ni que decir de todo el pais Donde nunca hubo menos de un total de 30,000 mambises. ESA historieta de que te has invent ado de que en oriente habian 3,000 mambises Es una mierda, solo Calixto Garcia Tenia a su disposition 4,000 insurrectos. La guerra de Cuba en 1898 para espana estaba estancada, por no decir Perdida

  16. Jose Rafael

    Por supuesto que es falso que España estuviera ganando la guerra en 1898, cuando gobernaba en Cuba Ramón Blanco, el asunto estaba estancado militarmente.Cuando le etapa de Weyler (febrero 1896 hasta octubre de 1897) es el momento en que España esta a punto de ganar la guerra.

    Es un mito la idea que Weyler pacificó todo el Occidente de Cuba, eso si debilitó mucho a las guerrillas de esas zonas, pero no las destruyó totalmente.

    Te aconsejo leer esta tesis de un historiador español donde dice algo muy interesante al respecto.

    Azcàrraga, Weyler y la
    conducción de la guerra de Cuba
    Enrique de Miguel Fernández

    http://www.racv.es/files/Guerra_Cuba_0.pdf

    Nuestra opinión, a la vista de tales cifras, es que no se daba una pacificación
    total, sino más bien una guerra de baja intensidad, como demuestran los datos de los
    cuadros anteriores y los choques en los mapas de Pinar del Río, aunque es bien cierto
    que con una tendencia nada favorable para los cubanos

    En nuestra opinión, la “pacificación” de Weyler no fue completa sino que se
    pasó a una guerra de baja intensidad, con bastante número de muertos cubanos y
    españoles, tal como se deduce de Mi mando en Cuba.

    Stephen te aconsejo leer a los autores americanos. John Tone, Graham Cosmas y John Offner, ellos te daran una idea más clara del estado de la guerra en Cuba en 1898.

  17. Pingback: La colonia que nunca quisimos – El Sol Revista de Prensa

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