Arte y Letras Literatura

La película está bien, pero es mejor el libro

Fotografía cortesía de Division of Labor.
Fotografía cortesía de Division of Labor.

Jot Down Magazine para FNAC

Ir al cine mola. Mola mucho. Mola porque ves una película, claro, y durante un rato te escapas del mundo y paseas a veinticuatro fotogramas por segundo por las vidas, las aventuras o los pesares de otras personas. Surfeas emocionalmente de ola en ola, saltas desde la leve y terrenal que nace en la orilla de tus propias preocupaciones hasta los embravecidos tsunamis que azotan las costas de galaxias lejanas, templos perdidos, territorios del sueño, grandes hoteles o mapas esculpidos con sangre de baqueta sobre la piel de una batería. Y ahí te dejas ir, olvidando el equilibrio sobre la tabla, durante una hora y media, dos, o incluso tres horas largas si el filme es de Peter Jackson.

¿Pero saben otra de las razones, quizá más importante de lo que parece, por las que ir al cine mola? Por la liturgia.

Piénsenlo, la liturgia es tan necesaria para la experiencia cinematográfica como la propia película. Porque nos prepara para algo tan trascendental como es la suspensión de la incredulidad. Si vamos a surcar el espacio o a hablar con un superhéroe que solo vive en nuestros remordimientos, tenemos que alejarnos de la realidad. De nuestra realidad. Tenemos que abandonar la orilla. Y como no podemos bañarnos en el mar saltando al agua de golpe, que ya nos dice nuestra madre que esperemos a hacer la digestión, tampoco podemos abandonar nuestra orilla emocional a lo bruto.

El camino es gradual: elegir la película —puede que discutiendo con nuestra pareja o nuestros amigos—, ir al cine, hacer la cola, comprar la entrada, que el taquillero nos la pique, subir o bajar las escaleras, entrar por la puerta de la sala, acostumbrar los ojos a la pantalla en penumbra, anticipar el futuro envuelto tráilers de dos minutos y por último, escuchar la fanfarria. Entonces sí, entonces nuestro cerebro ya está preparado para salirse de sí mismo. Ha sido una hora en total, quizá más, que alarga el mecanismo experiencial del propio filme.

Pero es que la liturgia no se acaba cuando empieza la película. De hecho, continúa mucho más allá del momento en que aparecieron los créditos. El ritual nos permite agarrarnos un rato más a la otra realidad y nos previene del encontronazo de bruces con la nuestra. Paseamos por las calles de la ciudad o por las calles artificiales del centro comercial, entramos a cenar a un restaurante o nos tomamos una copa en un bar. Y comentamos. Comentamos la película de arriba abajo. Que si es fantástica, que si es un bodrio, que si el plano-secuencia es un recurso vacuo o una maravilla de la narrativa audiovisual, que si es hueca o profunda o necia o trepidante o cualquier otra etiqueta que queramos colgarle. Y al final siempre podemos decir esa frase lapidaria que nos gusta tanto y que ensancha el cine hacia los demás territorios de nuestra cultura personal: «La peli está bien, pero es mejor el libro».

Sí, ya lo sé, ya lo sé. Suena pedante y un poco odioso. Suena a hipster y a modernez y a cultureta aunque va a llegar un momento en el que nos van a acusar de modernos solo por saber leer. Pero qué quieren que les diga, la frase tiene razón. El libro siempre es mejor que la película.

Porque las limitaciones de la industria editorial, que las tiene, son mucho más laxas que las del mundo del cine. Porque los presupuestos que se manejan son infinitamente menores y, por tanto, el beneficio económico necesario es incomparable al de una producción cinematográfica. Y así, la creatividad del escritor o escritora puede flotar con libertad sin estar atada a clichés, a restricciones en el tiempo o en la técnica. No hay necesidad de pagar a una superestrella para recuperar la inversión. No hay necesidad de explotar a un grupo de artistas digitales para que recreen paisajes imposibles o monstruos de pesadilla en la pantalla de un ordenador porque es más barato hacerlo así —explotando— que construyendo un decorado o un maniquí animatrónico. Los personajes no están sujetos a los obstáculos interpretativos del actor o la actriz que les de vida. No hay posibilidad de que nuestra heroína tenga la cara de pánfila de Sandra Bullock o que nuestro carismático secundario haga más muecas que Nicolas Cage disfrazado de oso encerrado en una jaula llena de abejas.

Las únicas limitaciones son las de nuestro mar, nuestras olas y nuestra tabla de surf.

Fíjense que la Academia de Hollywood entrega un Óscar a la categoría de mejor guion adaptado. Quizá por eso sea casi imposible que de un mal libro salga una buena película y, sin embargo, son legión los filmes espantosos que se basaron un una novela brillante.

Piensen en La historia interminable, que aparte de mutilar la mitad de la narración, es incapaz de trasladar a la pantalla el fundamental juego con el color de la tipografía que aparece en la novela de Michael Ende. Porque, sencillamente, es imposible. El medio no lo permite. Está intrínsecamente ligado a la palabra escrita y no puede trasladarse.

Piensen en Soy leyenda, la novela de Richard Matheson que ha tenido varias adaptaciones a cada cual más petarda. Los enemigos originales de Matheson, que son una suerte de vampiros protozombis se convierten por arte del CGI más cutre en anabolizados monstruos random cuyo aspecto digital canta la Traviata en la versión protagonizada por Will Smith en 2007. Y eso es casi bueno, porque en la de 1971 son una especie de electroduendes albinos que dan menos miedo que Charlton Heston con gorra militar.

La historia interminable como debe ser leída, con una tortuga de peluche. Fotografía: Aerin (CC).
La historia interminable como debe ser leída, con una tortuga de peluche. Fotografía: Aerin (CC).

Piensen en Guerra Mundial Z. Un filme que comparte con el estupendo libro escrito por Max Brooks el nombre. Y solo el nombre. Créanme, no aparece ni el tono de documental ni el de falso documental. Ni asomo de la crítica a la sociedad del espectáculo, el entretenimiento o a la industria farmacéutica. ¿Narraciones en primera persona? Nope. ¿Ambiente de desesperanza generalizada? Rien de rien. ¿Sudáfrica? ¿Brasil? ¿La Estación Espacial Internacional? ¿El Lobo, ese formidable rifle-hacha construido a base de piezas de coches? ¿La batalla de Yonkers y la derrota del ejército moderno a manos putrefactas de ocho millones de descerebrados zombis? ¿La batalla de Hope, Nuevo México, que compartimos junto a una monja y un tipo que dice que no es Michael Stipe pero que sí es Michael Stipe, mientras suena «The Trooper» de Iron Maiden y la humanidad recupera al fin la esperanza? No, nada, cero de cero. Ah, ¿que no sabíamos que Guerra Mundial Z iba de todas esas cosas? Pues deberíamos leer el libro, aunque no salga Brad Pitt con fular.

Pero a veces la adaptación cinematográfica es buena. Y entonces seguro que el libro también lo es.

Lean. Lean Fahrenheit 451 de Ray Bradbury y luego vean la película de François Truffaut, porque ambas son estupendas. Lean El gatopardo de Giuseppe Tomasi di Lampedusa y vean la amarga y a la vez franca sonrisa llena de dientes de un Burt Lancaster en plenitud revoloteando ante la cámara de la formidable adaptación de Luchino Visconti. Lean a Harper Lee y después descubrirán que no hay un héroe tan monumental como Atticus Finch y que no hay Atticus Finch tan monumental como Gregory Peck. Lean El halcón maltés y se darán cuenta de que Dashiell Hammett escribió a Sam Spade con la cara de Humphrey Bogart. Lean a Milan Kundera y sufran detrás de los ojos de Juliette Binoche en La insoportable levedad del ser. Lean a Boris Pasternak y luego surquen la estepa nevada de Segovia que es Rusia a bordo de un tren conducido por el doctor Zhivago y David Lean. Lean Los hombres que no amaban a las mujeres y entenderán que una heroína tan poliédrica y tan carismática como Lisbeth Salander solo puede cobrar vida a través de la carismática y poliédrica interpretación de Noomi Rapace.

Portada de Fahrenheit 451 diseñada por Elizabeth Perez para The Austin Creative Department.
Portada de Fahrenheit 451 diseñada por Elizabeth Perez para The Austin Creative Department.

Lean, lean. Porque aunque la peli sea buena, siempre merece la pena leer el libro. No tengamos miedo a decirlo, no tengamos miedo a que nos tachen de cosas. Ni de hispters, ni de culturetas ni de modernos. Si es que hay que serlo, ya lo afirmaba Rimbaud hace ciento cincuenta años: «Hay que ser absolutamente moderno». Aunque seamos de pueblo. De hecho, la Fnac ha contado con Raquel Córcoles «Moderna de Pueblo» para su campaña de libros de abril, #MesCoolturetaFnac. La ilustradora catalana diseña las bolsas promocionales en torno al concepto «cooltureta», acuñado y en cierto modo reivindicado por ella misma. Con un bastante de crítica propia y un mucho de cachondeo autorreferencial, pero orgullosa al fin y al cabo de serlo.

Sintámonos orgullosos de ser modernos si eso significa haber leído libros. Como reza la campaña publicitaria de Division of Labor para el canal de streaming norteamericano Roku: «Libros. Con ellos se hacen películas estupendas».

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40 Comentarios

  1. Ver después de leer o viceversa. A la lista añado las numerosas adaptaciones de las novelas de Moravia, el talento de Hitchcock para hacer de libros mediocres películas magistrales y el extraño caso de El tercer hombre, que fue primero película antes que libro.

  2. «Lean a Harper Lee y después descubrirán que no hay un héroe tan monumental como Atticus Finch y que no hay Atticus Finch tan monumental como Gregory Peck»…

    No puedo estar más de acuerdo. Leí ese libro hace mucho tiempo. Me sigue emocionando. Sigo recomendándolo a quien quiera oirlo. Tan sólo me pregunto, sabiendo como sé por mis hijas los truños pseudo educativos y supuestamente dirigidos a adolescentes que les obligan a leer en secundaria, por qué no es de lectura obligatoria en las escuelas de este país…..
    Y la película es maravillosa desde los títulos de crédito y la música inicial. Y aún siendo grandiosa, el libro es aún mejor.

  3. El libro te transporta a un lugar que la película no podrá llevarte por muy buena que ésta sea. El resorte del cerebro que las líneas de un libro tocan es inaccesible a la gran pantalla.

    • De la misma manera que el resorte que tocan los fotogramas de una película son inaccesibles para la letra escrita. Simplemente son dos lenguajes completamente diferentes. Y eso es lo que cualquier adaptación (en cualquiera de las dos direcciones, de libro a película o viceversa) debe entender. Hay que uír de las adaptaciones fieles. No se pueden hacer. Por eso hay que crear, con otro lenguaje, a partir de lo ya escrito-filmado.

      • Deja de ponerte en evidencia y de decir sandeces. Lee el El nombre de la rosa y luego ponte la película.

  4. Soy amante del cine desde que tenía 12 años. También leo desde que era muy niño. Las dos cosas me encantan y no sabría decir qué es mejor. Básicamente porque me parecen experiencias distintas e incluso complementarias. Encuentro muy gratificante leer las novelas en las que se basan las películas que me han gustado y buscar las diferencias y los parecidos. Curiosamente lo contrario (ver las películas basadas en libros que me han gustado) no me suele atraer tanto. Disfrutemos las dos cosas, cada una en su parcela.

  5. Hacía tiempo que no leía un artículo de índole cultural que dijera tantas verdades y de una forma tan asombrosa. » Suena a hipster y a modernez y a cultureta —aunque va a llegar un momento en el que nos van a acusar de modernos solo por saber leer—. » Simplemente, necesitaba que alguien lo dijera para saber que no soy rara por pensarlo… ¡Sigue escribiendo así, por favor!

  6. Pues la verdad es que no sé si estoy de acuerdo con el artículo porque no lo he entendido. Para empezar suelta la manida frase de que el libro siempre es mejor que la película. Para demostrarlo, lo primero que se le ocurre es utilizar un argumento presupuestario: Que como el cine es más caro es «menos libre» creativamente; luego enumera un seguido de ejemplos, al azar, de adaptaciones en las que claramente es mejor el libro que la película; y, para acabar, se contradice a si mismo enumerando ejemplos en los que el nivel libro-película es similar. Pues vale, para redondear su propia contradicción total le han faltado ejemplos en los que la película es mejor que el libro: Como el Padrino, El Sur, Perversidad, El mundo en sus manos, Blade Runner o varias películas de Hitchcock…

    • PD: Será que yo no soy hipster…

      • mataclanes

        +10
        Y añado: Lo que el viento se llevó, Doctor Zhivago, Los Santos Inocentes, Los duelistas, El hombre tranquilo, Tiburón…

    • +10

    • Yo añado otras tres películas que, en mi opinión, igualan o superan las novelas en la que se han basado: Tiburón, El Exorcista y Jurassic Park. Y hay películas brillantes que adaptan novelas y cuentos brillantes: L.A Confidential, El Topo, Los mundos de Coraline, El hombre que pudo reinar…
      Me parece un tanto absurdo (y manido) comparar una película con un libro… Si la primera aporta todo el poder de la imagen, el segundo aporta profundidad… Hay libros pésimos, malos, regulares, buenos y brillantes… Hay pelis… vaya, qué casualidad…

  7. Federico Martínez

    No estoy de acuerdo: hay películas que mejoran las novelas en las que se basan. Por ejemplo, «El halcón maltés». Por ejemplo, «Blade Runner». Por ejemplo, «Los hombres que no amaban a las mujeres» (ambas películas, la sueca y la estadounidense). Por ejemplo, cualquier película basada en las novelas de Tom Clancy. Y no sigo porque es tarde y ponen una peli muy buena en la tele.

  8. ¡Cómo duele haber fallado!

    Vano intento por parte de libreros y editores de resucitar lo que ya va camino del cementerio desde hace tiempo. Hace ya muchos años que los libros se me caen de las manos y no es que lea poco precisamente porque lo hago muchísimo en la red, pero es que la ficción encuadernada cada vez me cansa más. Y lo que no es ficción, incluso aunque me interese el tema casi que también. Leí mucho hasta los 45 años aproximadamente y a partir de ahí, sin saber muy bien por qué, cada vez un poco menos hasta el momento actual en el que apenas leo un par de libros al año y a veces ni eso. En cambio, la ficción cinematográfica está en mí más pujante que nunca. Para mi, el cine, no tiene rival para vehicular todas las diversas artes que tenemos a nuestro alcance y sé que todavía muchísima gente niega esta realidad porque supone «renegar» de lo que siempre se nos ha inculcado: Los sagrados libros, imprescindibles para nuestra «formación» no pueden ser relegados por algo que solo tiene poco más de cien años de existencia. Al tiempo.
    Y lo de la liturgia previa y posterior al hecho de entrar en una sala cinematográfica, pues no es más que otro camelo más por parte de exhibidores que después de años de maltratar a los usuarios, ahora le han visto las orejas al lobo cuando quizá ya sea demasiado tarde para reorientar los usos del público. No hay nada como una buena pantallaza en casa, un sofá con chaise longue, cojines a barullo y algo para picar y beber si es que alguien insiste mucho, que parece que según los exhibidores, nadie puede ver un film si no se atiborra al mismo tiempo de esas carísimas porquerías que expenden en la entrada. Por lo menos, en casa de uno será todo más bueno y barato.

    • Antuán Labei

      Enhorabuena. Es usted un auténtico y genuino cuñao de categoría especial.

      • Enrique Sánchez

        Sí, sería tranquilizador pensar que es un «cuñao» y archivarle junto con su credo en el desván de los desechos, pero lo inquietante es que parece alguien sensato y con quien se puede coincidir en bastantes de sus apreciaciones. Leí en algún sitio, hace ya mucho que quien lee novela a partir de los 50 años, muy listo no es…A ver si va a resultar que los «cuñaos» son otros y no se han «enterao».

        • calimocho

          «quien lee novela a partir de los 50 años. muy listo no es…»
          Mi medidor de cuñaísmo ha explotado.

    • Entre tú, Como Duele, y Klamm, me habéis quitado las palabras de la boca. Me libré de la religión sobre todo por la pesadez de sus liturgias. Ahora consumo imagen a pelo, sin colas, hedor a palomitas, ni publicidad. Sí, soy un adicto y un ateo. (Ah, e igual leo más que el «matacuñáos». Eso sí, en mi ebook, que también soy un hipster de mierda).

  9. Hernán Gutiérrez

    En un vertedero de residuos sólidos, una cabra se las daba para masticar una película cinematográfica y otra cabra le preguntó si le estaba gustando. La primera le respondió que sí, pero que le había gustado más el libro.

  10. @mendeleiev

    ¿Qué os gustó más, el libro, la película o el videojuego…?

  11. He descubierto que lo mío, lo mío, es lo insaciable. Así, veo siempre primero la película, me lleno de imágenes, de ideas, de cuestionamientos, me enredo en la trama… pero quiero más, entonces voy al libro y lo veo como la versión extendida que prolonga el placer de las dos horas en el cine ahora vueltas semanas.

    Y en ese intento de metodología solo he tenido un sinsabor: «El Gran Gatsby». Disfruté más a DiCaprio con Lana del Rey de fondo que la novela de Fitzgerald. Allí sí, caso raro, la película la sentí levemente superior al libro.

  12. Además de «Blade Runner» que, efectivamente, supera en mucho a su primo de hojas sueltas, hay que recordar las terribles adaptaciones cada vez que se intenta trasladar la obra de García Márquez a la gran pantalla: «El coronel no tiene quien le escriba» «crónica de una muerte anunciada». Su prosa no puede dar el salto,e intentarlo es un suicidio artístico.

    Además de «Blade Runner», en materia de ciencia ficción, resulta muy complejo conseguir que esa fantasía encuentre acomodo en lo cinematográfico, a pesar de contar con recursos técnicos hoy en día. Y ocurre, sencillamente, porque los guionistas no tienen capacidad para entrar en el sueño del literato. De entre todas las desgracias llevadas al mundo de la imagen, como olvidar la mini serie «Crónicas Marcianas», con un Rock Hudson más pasmado que Chuck Norris frente al espejo.

    http://casaquerida.com/2015/04/04/pater-publiequitas/

  13. Pablo Calzado

    Dices que no se hacen buenas películas de malos libros, y no es cierto. Casos hay.

    «Sueñan los androides con ovejas eléctricas» es un buen libro, pero bastante extraño: realmente la película es más digerible.

    «Bailando con lobos» sorprendentemente no tiene el aire de experiencia en primera persona que consigue la obra de Kevin Costner, algo que la historia pide a gritos. Al fin y al cabo, ¡es la experiencia de un solo hombre blanco entre los sioux! Más bien parece un artículo enciclopédico.

    Casi otro tanto podríamos decir de «El Padrino», donde la transformación (¿o revelación?) de la personalidad de Michael queda mucho mejor reflejada en el filme que en la novela.

    Y, mi última gran decepción, la original «Ben-Hur» no tiene ni la mitad de desarrollo y profundidad de personajes que la gran adaptación al celuloide de William Wyler, muy superior narrativamente en todos los sentidos.

    Propongo dejar de hacer prejuicios en cualquier sentido.

  14. adrian pereiro

    Antes de que se me olvide, quiero mencionar otro par de las pocas películas que en mi opinión están «a la altura del libro»: El tambor de hojalata (Volker Schlöndorff) y, aún siendo otra cosa, Oblomov (Nikita Mikhalkov).

    Sin embargo mi intención principal era señalar que, pese a las anteriores excepciones (y alguna otra), por lo general, si he leído o tengo intención de leer «el libro», no quiero ver «la película». No quiero que las imágenes del cine contaminen las que he formado en mi imaginación al leer el libro, ni, como se dice en alguna parte del artículo, ponerle a los personajes la cara de un actor, etc. Menos que menos si se trata de algunos de los personajes más complejos e icónicos de ciertos clásicos (me horrorizaría por ejemplo ponerles caras concretas de actores a los personajes de Dostoievsky o a los de Flaubert).

    A mí me gustan la literatura y el cine por igual, pero entiendo que la literatura es infinitamente más exigente, pues demanda una constante actividad intelectual por parte del lector, una actitud activa y una total implicación. Es el lector quien debe rellenar con su imaginación los datos que el escritor no aporta de manera explícita y detallada (rostros, gestos, voces, ambientes, paisajes, olores, luces y sombras, … ) y de una misma novela existen tantas percepciones y «visiones» distintas, ignoradas e imposibles de comunicar, como lectores .

    Exagerando las diferencias, se podría decir que en el cine en cambio casi todo viene servido en bandeja, uno se sienta pasivamente para dejarse embaucar por las imágenes, las palabras y el movimiento. Repito que ya sé que no es exactamente así. Dependiendo de la película el espectador puede tener que poner más o menos de su parte (también en las películas hay «huecos que llenar», y ahí intervienen la sugestión, nuestras ideas preconcebidas, etc) aparte de que siempre queda abierto el terreno para la interpretación y el análisis a posteriori. Pero en general el cine que está basado más o menos fielmente en un texto literario, exige menos esfuerzo al espectador de la película que al lector del texto. Por eso la gente (sobre todo los más jóvenes) prefieren «ver la peli» a «leer el libro» (lo triste es que se quedan tan panchos pensando que una cosa puede sustituir a la otra).

    Los Bergman, Tarkovsky y demás … ya son otra experiencia.

  15. Para mi la diferencia esencial radica en que los libros, la literatura, es estilo. Así, aunque no se cuente nada, si está bellamente escrito, me resulta suficiente. Sin embargo, eso es intraducible al cine, que necesita acción, movimiento, y claro, de un buen libro puede salir una mala película y viceversa. Son dos lenguajes distintos.

    • Vicente Sanchís

      «Para mi la diferencia esencial radica en que los libros, la literatura, es estilo. Así, aunque no se cuente nada, si está bellamente escrito, me resulta suficiente.»
      La correspondencia para esto la podríamos hallar en La Fotografía.
      Son dos lenguajes distintos, en efecto y el del cine es infinitamente más complejo y completo que el de la literatura a despecho de monsergas tales como: «La literatura demanda una constante actividad intelectual por parte del lector, una actitud activa y una total implicación» y «Es el lector quien debe rellenar con su imaginación los datos que el escritor no aporta de manera explícita y detallada (rostros, gestos, voces, ambientes, paisajes, olores, luces y sombras, … ) y de una misma novela existen tantas percepciones y “visiones” distintas, ignoradas e imposibles de comunicar, como lectores .»
      Prejuicios, ceguera y aferramiento a lo pasado, todo muy comprensible pero no por ello digno de panegíricos y fanfarrias…

      • adrian pereiro

        «Son dos lenguajes distintos, en efecto y el del cine es infinitamente más complejo y completo que el de la literatura a despecho de monsergas tales como …»

        No sé dónde he comparado la complejidad de ambos lenguajes ni en qué frase he negado la complejidad y el valor del cine. No soy experto en cine y literatura, ni semiólogo, ni antropólogo cultural, ni nada por el estilo, y no estoy en condiciones de decir cuál de las dos formas es cuánto más compleja que la otra, ni me interesa discernirlo. En ningún momento he interpretado el artículo como una competición entre dos formas de arte. Yo hablaba desde el punto de vista del «consumidor final», no del creador. Me refería además principalmente a los textos literarios llevados al cine de manera más o menos «fiel», y no a guiones originales, adaptaciones libérrimas o cine «de autor». Si lo que he dicho te parece una «monserga», tienes un grave problema de interpretación del discurso ajeno.

        «Prejuicios, ceguera y aferramiento a lo pasado, todo muy comprensible pero no por ello digno de panegíricos y fanfarrias»
        Te diré que para ser ciego y prejuicioso tengo bastante mérito: he visto (y disfrutado con) unas cuantas películas de toda clase de género, estilo, época y origen. He sido socio de cinematecas y cine clubes probablemente durante más años de los que tú tienes y no necesito que un perdonavidas venga a ponerme etiquetas ni a abrirme los ojos. Te sugiero que revises en cambio tus prejuicios, tu comprensión lectora y tu tolerancia a la opinión ajena.

  16. Una revista a la que acusan de hipster, con un artículo donde reniegan de lo hipster, y donde ensalzan la versión sueca de «Los hombres que no amaban a las mujeres», sin mencionar siquiera la versión de David Fincher.

    Esto no es hipster ni ná.

  17. Pingback: La película está bien, pero es mejor el libro | pmpa01eav

  18. En el verano del 92, llegué al polideportivo municipal de mi pueblo, donde una banda de rock estaba dando el típico concierto estival. Apoyado sobre una valla publicitaria se encontraba un amigo mío. Le pregunté: «¿Son buenos?». Él me contesto: «No lo sé. A mí me gustan». No intuí en aquellos momentos la base tan sólida que acababa de proporcionarme para debates como el que se está produciendo en los comentarios de más arriba a este magnífico post del Sr. Torrijos. Qué es mejor, ¿el libro o la película? Pues no lo sé, qué quieren que les diga. Les podría decir lo que más me gusta a mí, pero como tengo «gustos extraños», o al menos no muy comunes entre mis iguales, prefiero guardármelo. Debaten Vds. en balde. A menos que sean capaces de acotar con exactitud el baremo de la calidad, cosa que dudo mucho, no llegarán en su discusión a ningún parte.

  19. Querido señor:
    Podría hacerle un argumentario pedante y rimbombante sobre lo falaz de su artículo, pero lo resumiré en 5 puntos sencillos:

    1. Lea Psocosis y luego vea Psicosis
    2. Lea The Searchers y comparela con la obra maestra de John Ford.
    3. Lea El padrino y luego disfrute de El Padrino
    4. Lea Cadena perpetua O El Cuerpo y vea a continuacion Cadena perpetua o Stand by me.
    5. Lea Sueurs froides: d’entre les morts y despues vea Vertigo.

    Suerte con el proximo árticulo.

  20. AlessioGarcai

    Creo el autor de este artículo debería leer, ya que habla de ello, qué significado tiene la palabra adaptar.

    Según la RAE: 3. tr. Modificar una obra científica, literaria, musical, etc., para que pueda difundirse entre público distinto de aquel al cual iba destinada o darle una forma diferente de la original.

    Una película, aunque sea una adaptación, tiene y debe ser juzgada como obra independiente, porque en realidad es una obra independiente.

    El Padrino está muy por encima, mucho, en celuloide que en papel. Igual que Blade Runner. Y hay que destacar, por ejemplo, Solaris y la adaptación hecha por Tarkovsky (muy poco fiel al libro en cuanto a la exactitud sino más bien en el trasfondo, todo lo que no está escrito).

    En fin, hay que leer, usted lo ha dicho, sobre todo para aprender a ver la diferencia entre una novela y una película, sea adaptada o no.

  21. No lo sé, porque, que los redactores me perdonen, no he leído el artículo entero -ni los comentarios, que también-, servidora, que es de leer largo y mucho, pero de pronto me asaltó Susan Sontag, que aunque tan familiar resulta que hace apenas dos años y poco apareció por mi vida, vive dios, para quedarse (en el vestíbulo, tal vez, pero para quedarse), y recuerdo que me habló de la erótica del cine, de la oscuridad entre desconocidos, allá por los 60, por los 70, antes del lunar blanco en su cabello, teñido mas lunar, qué diablos, y que el cine es un lenguaje y la literatura otro, que qué cosa, esto ya es cosecha propia, esto de la dicotomía que tan bien nos vendió Platón, y que tan caro compramos las siguientes y las siguientes y las siguientes generaciones, que o lo uno o lo otro, una que de pronto se descubre más de Aristipo, más de Montaigne y su, bueno, savoir faire, si es así como se escribe, disculpen ustedes, más de sor Juana Inés cuando metía caña, más de García Calvo, que a quién coño le importa (¿se puede decir «coño» en el siglo XXI o eso quedó relegado para los analógicos?) si de lo que se trata es de gozar. Películas, libros, vencejos, la comunicación bien entendida, tal vez sea porque estoy con el «Discurso contra la servidumbre voluntaria» y con el fin de la historia según Vázquez Montalbán y otras gentes magníficas, la comunicación, la soledad, los amigos, las ausencias, qué coño importa si se trata de gozar.

  22. Professor Colossus

    Y al revés, la decente película «El último mohicano» y el infumable libro inconexo y mediocre.

  23. La hora de Ving Rhames

    Aproveché la semana de pascua para volver a ver «Blade Runner» en los cines y de paso leerme la novela en la que muy libremente se inspira. Desde mi punto de vista la película es grandiosamente mejor que la novela, más rica, con más capas y mejores diálogos.

    También hay que admitir, que el parecido entre ambas es mínima: los nombres de los personajes, las preguntas del test Voight Kampff y poco más.

    Junto con «Cadena Perpetua», diría que en este caso, la película supera a la obra literaria.

  24. roedecker

    De acuerdo en que hay que leer, sí, pero como ya han comentado otras personas, el artículo está plagado de falacias, errores de juicio y contradicciones, de los cuales señalaré el referido a una de las novelas que más leí y releí en mi adolescencia:

    «Piensen en La historia interminable, que aparte de mutilar la mitad de la narración, es incapaz de trasladar a la pantalla el fundamental juego con el color de la tipografía que aparece en la novela de Michael Ende. Porque, sencillamente, es imposible. El medio no lo permite. Está intrínsecamente ligado a la palabra escrita y no puede trasladarse.»

    Pero hombre… ¿cómo que es imposible? ¿No ha visto usted Traffic? ¿O la serie Awake? Hay varios recursos para adaptar ese juego a la pantalla…

  25. El Amante es una excelente adaptación de dos excelentes novelas de M. Duras. Su visionado enriqueció mi experiencia literaria, y complementó sensaciones y vivencias lectoras

  26. Pingback: La película está bien, pero es mejor el libro

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