Música

La música disco exige tu respeto

Donna Summer. Imagen: Warner.
Donna Summer. Imagen: Warner.

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Algunos dirán que es fruto de la casualidad, pero nosotros pensamos que no es así ni de lejos: el hecho de que la música disco y el rock progresivo hayan vivido una rehabilitación casi simultánea a ojos de la intelligentsia resulta, no ya lógico, sino impepinable. De la misma manera que, reediciones mediante, Yes reciben elogios hasta en la Pitchfork (¡cielos!) o que Van Der Graaf Generator ven su trayectoria revisada en esta misma web, aquellos sonidos bailables de los setenta han pasado de ser una delicia underground, solo apta para el público ansioso de quemar las zapatillas (o para productores buscando diamantes que engastar, sample mediante, en sus propias piezas) a ocupar el lugar de honor que les corresponde en la conciencia de los melómanos, más allá del kitsch y del guiño petardo. ¿Pruebas? Pues un par de ellas: Giorgio Moroder, ese titán, ha recibido justo homenaje apareciendo como estrella invitada en el Random Access Memories de sus discípulos Daft Punk, mientras que el percusionista Jean-Marc Cerrone (ilustre garañón de la música francesa más lujuriosa y desorbitada) abrirá este año la programación bailable en el Festival de Glastonbury. El reconocimiento, como suele pasar, llega tarde, pero llega.

Ahora bien, ¿por qué decimos que esto es natural? Pues agárrense, que vienen curvas: durante sus días de gloria, la música disco fue la hermana guapa y que follaba del prog rock. Y, como tal, sufrió un castigo mucho más intenso que aquel cuando le tocó pasar de moda. A partir más o menos de 1977, los grupos progresivos fueron repudiados por la chavalada de la misma manera que aquel pariente pelmazo y fumeta cuyas excentricidades dejan de hacer gracia una vez que se llega a la pubertad. Y no siempre, que a King Crimson o a Robert Wyatt casi nadie les retiró el saludo. Sin embargo, a aquella corriente sonora tan golfa, tan sociable, tan poco timorata a la hora de expresar sus preferencias carnales y/o químicas, tan propensa a juntarse con minorías mal vistas (negros, latinos, maricas, bolleras), le cayó encima una pena mucho peor. Cuando la mala vida comenzó a pasarle factura, quienes antes habían suspirado por sus huesos comenzaron a darle la espalda mientras la tildaban de hortera, de poco auténtica, de nocharniega y demás epítetos reservados, aún hoy, a chicas que afirman la posesión de sus propios cuerpos sin dejarse encarrilar por el patriarcado. Hay que joderse.

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15 comentarios

  1. Muy bien gafapastas (sin ánimo de ofender), ya era hora, os estábamos esperando. Ahora, a bailar! O no habeis venido para quedaros?

    Bueno, que lo del gafapastismo anti-disco, anti-electro, etc, es un fenómeno muy ibérico, del nivel de la cabra y el campanario. Ya se sabe, que en los países desarrolados, esto no pasa. Dense una vuelta por el norte.

  2. Buen artículo. Básicamente lo mismo que le pasó en su día a la música disco, puede aplicarse a géneros actualmente en la mirilla de la crítica y los paladines del buen gusto, como por ejemplo, el reggaeton.

    igual dentro de un par de décadas se reivindican sus producciones, y nos reímos de lo que hoy en día se considera vanguardia o buena música.

    Y es que el tiempo suele dar la perspectiva adecuada.

    • Pedro Infante

      O no, como claramente se puede leer en este artículo…

    • Stephen Strange

      «Y es que el tiempo suele dar la perspectiva adecuada».

      No estoy del todo de acuerdo. Como muy bien ha dicho don Pedro Infante, este artículo (en cierto modo) es una prueba de que no siempre es así.

      Y, sinceramente, creer (aunque sea un ejemplo muy forzado) que el reguetón será reivindicado un día, es muuuucho creer; además de tener unas tragaderas muy anchas y (con todo el respeto del mundo) estar aquejado de una falta de criterio y una tendencia a la relativización preocupantes.

      Sin acritud.

      • Se reivindica hoy a Raphael, Camilo Sexto, etc… y sin entrar en valoraciones ¿no fueron en su momento tan o más despreciados por el «establishment» culturl de turbo como el reggaetón o el flamenquito?

        No son estilos que me gusten, pero sencillamente digo que la crítica musical supuestamente elaborada y formada es tan influenciable por las modas como la «plebe», y en ese sentido leo este artículo.

  3. Pingback: La música disco exige tu respeto

  4. Jean-Michel Jarre prepara un disco de colaboraciones (Gesaffelstein, M83, Moroder, Carpenter, Zimmer, Massive Attack, Tangerine Dream, Moby).

    https://soundcloud.com/jeanmicheljarre

    Jarre, como Vangelis, fue un pionero de la electrónica, pero nunca hizo música bailable, que es la dirección que tomó la electrónica. Sin embargo, la influencia sonora, o al menos la admiración, de las siguientes generaciones es evidente.

  5. Que digo yo que...

    … es lo que pasa cuando un viejo roquero pecholobo suelta en el bar que el «rumore» de la Carrá es un temazo…

    https://www.youtube.com/watch?v=Wb0NmUIK8aE

    Pues que se te descojona el personal y te canta lo de la mujer dentro del armario. Pero es que lo bueno es bueno. Aunque no sé siquiera si eso es «Disco» o «Spaghetti disco» o qué demonios. Pero me pone. Y la canción también.

  6. Stephen Strange

    El artículo, como siempre en Jot Down, está bien y es divertido (e ilustrativo).

    Pero, francamente, yo ya tengo una edad. Y, precisamente por eso, recuerdo perfectamente -era un preadolescente que empezaba a escuchar música- el último periodo de auge de la música Disco (1977-80). En consecuencia, no puedo estar de acuerdo con el tono ni con el espíritu.
    PORQUE RECUERDO (ejem).

    Lo peor de la música Disco, en su momento, no fue tanto su mayor o menor calidad y acierto (allá cada uno con sus gustos personales… Los míos -lo reconozco- eran y son otros) como su insoportable omnipresencia. Algo que las nuevas generaciones (todas las que no lo vivieron) no pueden ni siquiera imaginar.

    Olvidaos de esas historias que habéis leído y que hablan de la hegemonía del rock sinfónico a mediados de los 70, de lo popular y divertido que era el glam (que, por cierto, no fue realmente contemporáneo suyo), de la explosión termonuclear que significó la aparición del punk en el 77 etecé. En serio… Olvidaos de ellas. Todo eso podía estar pasando, sí. Y ser muy importante. Y figurar en las enciclopedias. Pero lo que dominaba el mundo entre 1975 y 1980 como nunca nada lo ha dominado antes ni nunca nada lo volverá a dominar era la música Disco. Tal cual.

    Y, doy fe, aquello era una auténtica pesadilla.

    Si creéis que puede compararse a lo que en España hemos sufrido (y seguimos sufriendo) con la omnipresencia de cosas como el flamenquito, los Bisbales, el reggetón o el electro-latino lo entenderé. Porque sois jóvenes, inocentes y no tenéis maldad. Vuestra adorable inexperiencia os hace pensar que no ha podido haber una plaga mayor, más invasiva, más cansina. Pero estáis equivocados. La hubo. Y su protagonista fue la música Disco, que extendió su tiranía y sus tentáculos durante la segunda mitad de los setenta, contaminando cualquier manifestación estética, musical y hasta espiritual, dominándolo todo y a todos.

    Como muy bien ha dicho el Sr Yago García, hasta el mundillo del «ruock de toda la vida» terminó sufriendo algo parecido a una abducción. Los Rolling Stones, sí. Los Bee Gees (que hasta 1974 eran una banda de pop melódico de la escuela beatlelesca), por supuestísimo. Incluso los Kiss, Marc Bolan, los Pink Floyd o los nefastos Queen. Por citar unos pocos. Porque fueron cientos. Casi todos.

    Hasta el punk (vuelvo a darle la razón a don Yago) se rindió. Añado, a los nombrados por él, los mismísimos Clash, los Talking Heads o los Blondie. Porque apenas se salvó nadie. El virus, o lo que sea, llegaba a todos los sitios.

    Por eso yo sí entendí el hooliganismo redneck y bestia de la Disco Demolition Nigh; como entiendo las jacqueries campesinas de la Edad Media, la revolución francesa, los disturbios obreros británicos del XIX o la revolución rusa. Había que hacer algo… Aunque no sirviese de nada. Era mucha opresión. Demasiada. Y, al final, la gente termina saltando.

    Otra cosa: la «gay connection» del Disco es evidente, sí. Existió; nadie puede negarlo. Pero creo que aquí se da un exceso de perspectiva. O un defecto de ambientación. A mediados de los 70 los homosexuales, aun conformando un colectivo autoconsciente, influyente e importante desde todos los puntos de vista (cultural, social, de consumo) no eran, todavía, lo que son ahora. Lo que vienen siendo desde finales de los 80 y principios de los 90. Insistir en el carácter filo-gay del Disco, sin ser falso, puede inducir a error. En 1978, los consumidores de música Disco eran, en su inmensa mayoría (inmensísima) adolescentes y jóvenes (de ambos sexos) de orientación hetero. El «lobby» gay (dicho con todo el respeto, y recurriendo a una expresión que no me parece acertada… Pero así nos entendemos) no era, ni de lejos, tan determinante e influyente como lo fue después. Ni tenía una milésima parte de la presencia que puede tener ahora.

    Una última puntualización; relacionada, además, con lo anterior. La «revalorización» de la música Disco no es cosa de ahora. En realidad, su revival y reivindicación empezó a mediados de los 90. Y con bastante intensidad. De hecho, los años 90 fueron, de alguna manera, una especie de revival de los 70 (como los 80 lo habían sido de los 60, ejem). Y, en consecuencia, el Disco volvió a adquirir presencia y a ser «puesto en valor» (que dicen los poetas) de forma evidente y con mayor fuerza que ahora mismo. En parte, también, porque la subcultura gay había mantenido cierto culto por esos sonidos a lo largo de los años. Y es precisamente en los 90 cuando lo gayer alcanza su normalización social de forma definitiva y (al menos en un primer momento) hasta tiene su momento de gloria hip. Incluidos sus tics culturales, sus estéticas y sus músicas. Pero vamos… Que durante la segunda mitad de los 90 la Disco-music de marras vivió una especie de auténtica segunda edad de oro. Mayor que la de ahora (que yo no veo tan evidente).

    Pues eso…

    Disculpad el rollo y enhorabuena a don Yago García y a Jot Down por el artículo. Interesante, entretenido e ilustrativo, como siempre.

    • Buena reflexión, aunque es normal que el estilo predominante afecte a todos los estamenos musicales.

      En los 80 también todos los grandes (hasta Dylan!) hiciero discos synth-pop, y no se produjo una reacción tan áspera hacia este estilo. Quizás los tiempos eran, si no más tolerantes, sí menos vehementes y relativizadores. Sí que creo que algo de homofobia y de machismo había, aunque probablemente no fuera la principal fuerza, en la reacción de hostilidad hacia la música disco.

      • Stephen Strange

        En realidad sí se produjo una reacción contra el synth-pop, amigo mío.
        Los 90 fueron, de alguna forma, un revival de los 70 y (en parte) un revival de la producción «orgánica» (incluyendo la de los 60, por cierto). Volvieron las cuerdas, las baterías «de verdad», el tan traído y llevado «Lo-Fi» y durante unos años (bastantes) los sonidos ochenteros fueron anatema absoluto. Y una época no sólo superada, sino aborrecida e insoportable. Sobre todo las producciones.

  7. La música disco exige respeto? Por qué habría de exigirlo? Es broma? No la entiendo? Y el punk? Queda mal decir que el punk es música (si lo fuera) para descerebrados?
    O no se lleva?

  8. sr. cordero

    Yo siempre se lo tuve(el respeto).quizas por que pertenezco a casi todas esas minorias a las que se supone gustaba…

  9. Siempre me ha asaltado la siguente duda
    ¿por qué la música electrónica siempre ha tenido la vítola de innovadora cuando tiene los mismos años que el rock?
    Nadie suele decir que Elvis es innovador pero todo el mundo dice que kraftwerk si. Cuando los dos lo son.
    Tampoco entendiendo a los grupos de rock que cuando coquetean con la electrónica dicen que dan un paso a delante, cuando estan dando un paso atras de unos 50 años.
    Es algo parecido al rap, parece que meter algo de rap queda moderno cuando es un estilo que tiene mas de 30 años…
    O también estas colegialas tipo Russian Red que hacen un remedo choni de Joni Mitchell. Y van de modernas…
    Lo importante es que la canción mole sin vender ideas gafapastiles de innovación y pollas por el estilo.

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