Música

La fiesta aún no ha terminado

Bettye LaVette. Foto: Yancho Sabev (CC)
Bettye LaVette. Foto: Yancho Sabev (CC)

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Músicos homenajeando a músicos. Músicos impulsando carreras de músicos, salvándolas incluso. Músicos rescatando a músicos del olvido. Músicos metidos a productores, o productores metidos a músicos…

En realidad ha ocurrido siempre, hasta el punto de que no creo que exista un arte popular más generoso que la música rock, en el que el legado de unos se construye forzosamente sobre el de otros, en el que las influencias se reconocen sin tapujos, con orgullo, uniendo por el camino a generaciones. Diría, no obstante, que fue en la década de 1980, con el primer cuarto de siglo de rock and roll ya cumplido, cuando se comenzó a vivir en serio el primer revival autoconsciente.

En los años setenta ya se habían presenciado algunos destellos, como aquellas «sesiones londinenses» que se marcaron Howlin’ Wolf, Muddy Waters, Chuck Berry o Jerry Lee Lewis auspiciadas por «jóvenes» de la talla de Eric Clapton, Steve Winwood o Rory Gallagher. En plena new wave, Bruce Springsteen y Steven Van Zandt nos trajeron de vuelta al olvidado Gary U.S. Bonds, y Dave Edmunds hizo lo propio con los Everly Brothers.

No obstante, me atrevería a decir que el punto de inflexión en esta historia lo marcó la publicación de un álbum: el Mystery Girl (1989) de Roy Orbison. Una obra maestra producida por Jeff Lynne, T-Bone Burnett, Mike Campbell y Bono, en la que artistas consolidados como Elvis Costello o Tom Petty aportaron además sus composiciones. Precisamente fueron los Heartbreakers de Tom Petty la banda que acompañó a Orbison en tan soberbia grabación. George Harrison también estaba por allí, al igual que Al Kooper o Steve Cropper. Músicos de primer orden alabando al «Big O», que parecía vivir entonces una segunda juventud.

En 1986, Orbison participó en The Class Of ’55, una grabación colectiva junto a Carl Perkins, Jerry Lee Lewis y Johnny Cash, con la que se pretendía homenajear el irrepetible Millon Dollar Quartet, y en la que las cuatro leyendas de la Sun Records interpretaron algunos clásicos junto a composiciones recientes firmadas por roqueros de renombre como John Fogerty o Randy Bachman.

En 1987 tuvo lugar el mítico A Black And White Night, aquel gran concierto homenaje en el que Roy Orbison se dejó agasajar por sus «amigos»: de nuevo Elvis Costello, de nuevo Bruce Springsteen, Tom Waits, Jackson Browne, Bonnie Raitt, k.d. lang… T-Bone Burnett, de hecho, produciría la velada.

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11 comentarios

  1. Hola Fran
    Excelente lista de Grandes aún con talento. Yo añadiría «Illumination» de Earth, Wind & Fire con producciones de Jimmy Jam & Terry Lewis, Raphael Saadiq, Will I Am -pagando deudas-.
    Y, aunque no quiere decir nada, esa organización que parece preguntarse ¿Algún abuelo ha hecho algo interesante? (Grammy) les concedió el suyo allá por el 2005.
    Un saludo.

    • Fran G. Matute

      Pues sí, gran aportación, sin duda! Saludos.

      • Para Fran y para toda la peña: acá va un ejemplo (en una de sus facetas) de lo que hace Seasick Steve. Observad al colega que toca con él, que se las trae. Cuenta la leyenda que John Paul Jones lo vió tocar en Londres en solitario y que le pidió para tocar con él. Si uno se fija en las miradas que le dedica JPJ, no cuesta nada creer que el hombre está feliz de compartir escenario con SS.
        https://youtu.be/RNmC_eE3YN4

  2. Creo que en el rubro de abuelos marchosos no puede faltar un capítulo al grandísimo Seasick Steve, que conoció el éxito por los sesenta y cinco añitos. Un maestro del blues, el rock y el country. Lo que haga menester, vamos. Excelente el artículo. Pocas cosas hay en el mundo más reconfortantes que sacar músicos del olvido. Gracias Fran por compartirlo con nosotros.

  3. Carlos Guitarlos arrastra una infeliz historia de abandono a la vida en las calles de San Francisco, después de haber alcanzado su cuarto de hora de fama local, cuando a principios de los 80´s, lideró una banda de punk en Los Angeles, llamada Top Jimmy & the Rhythm Pigs… poco mas… colaboraciones con músicos de la costa oeste, como Dave Alvin, antes de retirarse de la gloria, como tantos otros, por la puerta trasera del abandono a otros estímulos y el olvido como peor consecuencia…

    …alguién tiró de él, lo metió debajo de una ducha y lo puso a grabar «Straight From the Heart» (2003 Nomad), que haciendo honor a su título, es una tacada al corazón del oyente, sobretodo si éste está algo fatigado de tanteos que indagan pero no aciertan con la solidez del aldabonazo de un blues que te retuerza el estómago… con este disco ocurre a menudo y en cualquier caso, Carlos Guitarlos deja muy claro que su vuelta al redil mediático no ha supuesto transacción alguna… aquí se muestra como es, que es lo mismo que como le sale de los cojones… nada de inventos, solo R&B, rock & Roll facción rockabilly y americana en estado puro: desde un homenaje a «Easy Rider» hasta la recreación del impulso de Bo Diddley, aquí no falta nadie y nada sobra… la américa profunda del pastiche tradición vs contracultura, que aún no ha resuelto la ecuación. Solo recomendar este vitamínico reconstituyente de oídos ensordecidos, verdadera declaración de intenciones de un tipo, que puede que a estas alturas, haya sido definitivamente abandonado por su hígado

    • Fran G. Matute

      Desconocía la historia de Carlos Guitarlos! Habrá que poner remedio… ;)

      • si te gustó (como a mí) el último set de Bettye Lavette, te vas a sorprender de este disco, que marida excelentemente con ese que nos recomiendas de nuestra querida diva (y que aún no había escuchado, enganchado como estoy con Worthy)… hoy, trás cuatrocientos kilómetros de coche y ambos discos en el reproductor, tengo vitaminas para una semana… gracias!

  4. Qué bueno todo dios santo salvaste la tarde del Domingo lluvioso.

  5. Pingback: Mick Jagger, su lujuriosa majestad – El Sol Revista de Prensa

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