La sonrisa de Darth Maul

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Fotografía: Lucasfilm / Disney.
Fotografía: Lucasfilm / Disney.

Hace mucho tiempo, en la época en la que vi la trilogía original de Star Wars en el cine, forraba las carpetas del colegio con fotografías de coches deportivos. Cualquier imagen o reportaje valía con tal de que se viera un vehículo de formas imposibles y aceleraciones absurdas. Uno de aquellos recortes era mi favorito; trataba sobre el Ferrari F40 y estaba firmado por Ignacio Lewin, aquel hombre que más tarde presentaría con Michael Robinson El día después llevando dos relojes en la muñeca, como Javier Bardem en la película Huevos de oro. El artículo, en fin, se abría con una anécdota que versaba sobre Katharine Hepburn y Spencer Tracy. Ambos llevaban una aventura en secreto y, hablando la actriz con una amiga que le pidió detalles sobre su amante, solo alcanzó a decir «es bajito» (como el F40), como si confesara que ella tampoco se explicaba cómo había acabado con ese hombre o, por el contrario, intentando hacer ver que, a pesar de sacarle dos palmos de altura, aquel tipo era algo extraordinario. O como mecanismo de defensa: si reconoces de antemano cuál es su mayor defecto, quedan parcialmente desactivados los argumentos del contrario.

Así pues, vaya por delante que reconozco que Jar Jar Binks merece una muerte lenta y angustiosa, preferiblemente a manos de Ramsay Bolton o de un comando itinerante de la Inquisición española. Si me llaman para hacer una encuesta electoral, responderé que mi voto es para el candidato que proponga erradicar la raza gungan de la faz de Naboo. Entiendo pues que soy afín a algún partido de ideología transversal, puesto que agradecería que esos anfibios fueran atravesados con lanzas y puestos al fuego. Así como su sociedad y tecnología son visualmente atractivas y despiertan cierto interés, como criaturas son un garrafal error de diseño. Y Jar Jar en particular es insoportable, más pesado que llevar un cerdo debajo del brazo, y en todas sus escenas se comporta como un peinaovejas y un tolai, como un perfecto imbécil, en resumen. Un acierto total, este personaje.

Pero, a pesar de eso, La amenaza fantasma, el episodio I de Star Wars, no merece ser tan profundamente denostada por tantas hordas de resentidos. Dejando de lado (de momento) la calidad cinematográfica, hay diversos puntos que son compartidos con fervor por los haters, que se retroalimentan entre sí dándose puñetazos en el pecho. Curiosamente, el detalle que más ponen a bajar de un burro es aquel que intenta hacer más creíble un universo fantástico: me refiero al asunto de los midiclorianos. Una de las cosas que empujó a Albert Einstein a intentar comprender cómo funciona la gravedad es que la fuerza que describía la física newtoniana era una acción a distancia e instantánea, pero no se sabía cómo se transmitía. La Fuerza, en este caso la de Star Wars, era algo que en la trilogía original Obi-Wan y Yoda describían de forma vaga y mística, seguramente para no liar a un Luke que bastante tenía ya con lo suyo. Si se insiste en que esas descripciones de la Fuerza no eran metafóricas sino literales, hay que recordar que estos maestros jedi ya le habían contado medias verdades al inocente Skywalker. Ya saben, detalles sin importancia como que tu padre es el segundo mayor villano de la galaxia, o que hay una hermana tuya pululando por ahí o que tienes potencial para ser uno de los jedis más poderosos de la historia. Para entendernos, un midicloriano podría ser a la Fuerza lo que el gravitón a la gravedad cuántica. Pero no, es más fácil abrir las ventanas y exigir a gritos al vecindario la cabeza de George Lucas. El caso es que se acepta con normalidad que se perciban sonidos de disparos láser en el vacío del espacio y en cambio se considera inverosímil que se reelabore el concepto de Fuerza vinculado a un organismo vivo y tangible. Es como justificar que se puede extraer un corazón palpitante con las manos desnudas y que el intervenido siga vivo, pero en cambio cruzar el rictus y exigir la pena capital cuando alguien sobrevive a una explosión nuclear escondiéndose en un frigorífico. Doble rasero, en definitiva.

Por otra parte, están los que fueron como corderitos al cine y luego, dándose más importancia que un ratón encima de un queso, con el dedo apuntando al cielo decían que era una película fallida porque no era necesario contar la conversión a sith de Anakin. Salvando las (galácticas) distancias, es como decir que en El padrino II sobra la mitad del metraje porque no se necesita conocer explícitamente el origen de Vito Corleone.

No faltan los que se sienten desengañados porque el talentoso George Lucas los había decepcionado. Esto solo tiene una posible respuesta: EWOKS. Si la vergüenza ajena tuviera una unidad de medida en el Sistema Internacional, se llamaría ewok. Un ewok es una cifra inconcebiblemente grande; por ejemplo, Jar Jar puesto de cocaína y disfrazado de tuno solo alcanzaría la cifra de 0,27 ewoks. No dejo escapar la ocasión para matizar que la hoguera sobre la que habría que cocinar al espetón la raza gungan debería estar alimentada con la piel y grasa de toda la raza ewok.

Demasiado CGI, demasiadas espadas láser, demasiada burocracia política, demasiado Amidala maquillada como una mamarracha y con farolillos colgando del vestido, demasiada carrera de vainas… En fin, las críticas a La amenaza fantasma suelen ser por exceso más que por defecto, cuando en realidad no difiere significativamente de la calidad media del resto de películas. Y es que, sin ir más lejos, las tres trilogías comienzan igual, con un planeta al que se llega de rebote donde vive alguien que está destinado a hacer grandes cosas y, al final de la película, palma un secundario carismático. Esto no es ni siquiera un spoiler, es una marca de la casa.

Dejaba entrever mi (avanzada) edad en el primer párrafo para quedar libre de culpa («son jóvenes, no vivieron la trilogía original en su momento») en la habitual respuesta que nos dan a los que intentamos poner cierta cordura en los relatos bañados de épica e irrealidad con los que suelen acabar las loas a la trilogía más antigua. Star Wars son buenas películas de aventuras espaciales, con una mitología muy acertada y que enganchan como un culebrón venezolano. Pero tampoco nos volvamos locos poniéndolas en un estante que no les corresponde. Aunque ya se sabe, como sucede con los forofos del fútbol o los fundamentalistas religiosos, no se puede discutir con quien está cegado por el odio.

Fotografía: Lucasfilm / Disney.
Fotografía: Lucasfilm / Disney.

Personalmente, lo pasé genial en el cine y hay muchos detalles de La amenaza fantasma que están entre lo que más me gusta de toda la saga. Quién no recuerda el original desembarco del ejército droide en la batalla final de Naboo o el extraordinario cartel promocional del episodio I, con el joven Anakin Skywalker proyectando una sombra con la forma de Darth Vader sobre una típica vivienda de Tatooine. Me queda, sin embargo, una espinita clavada y no me refiero de nuevo al inefable Jar Jar: esto tiene fácil solución obviando sus escenas gratuitas y supuestamente graciosas. Hepburn seguro que no habría despreciado a un Tracy con algunos centímetros más de altura. «Escalarlo a mayores no, que igual acaba con el pene demasiado grande», dijo nadie nunca. Pues eso mismo; la película, la verdad, gana bastante sin esas intervenciones ridículas.

La espinita a la que me refería es otra: tras Vader, el villano más carismático de Star Wars es Darth Maul. Y la mejor escena con espadas láser vista hasta ahora en las películas está en el episodio I: el formidable combate entre Obi-Wan y Qui-Gon contra Maul. Dos contra uno, a mayor gloria del honor de la Orden Jedi. Esta es una lucha creíble entre gente que es capaz de batear disparos láser, no los movimientos ortopédicos de la trilogía original. También es cierto que hay toda una gama de grises entre ver a Yoda centrifugando y al Obi-Wan crepuscular lanzando mandobles mientras se apoya en un andador. Pero si nos centramos únicamente en los casi cinco minutos de este enfrentamiento, contiene tomas que forman parte, incluso para los resentidos, de lo mejor de Star Wars: la tensión que se palpa cuando los jedis y el sith se despojan de las túnicas, el momento en el que se muestra la doble hoja del sable láser, el cuidado ritmo y coreografía, las artes marciales de Maul o cuando se cierran las compuertas de energía y el sith pasea de un lado a otro como un tigre enjaulado sin apartar sus ojos de fuego de Qui-Gon. Y todo ello mientras suenan los coros de la apoteósica «Duel of the Fates», junto con «Stars Wars Theme» e «Imperial March», los temas más reconocibles de la saga. Insisto, emotivas cargas paternofiliales aparte, no hay combate que se desarrolle a este nivel de espectáculo en todo Star Wars. Desgraciadamente, el desenlace del combate deja a Maul en dos piezas. Con lo fácil que hubiese sido un desarrollo así: el sith aturde a Obi-Wan, que lo había desarmado, y aprovecha para escapar. Por el camino se cruza con Jar Jar y lo mutila salvajamente; el gungan muere al poco entre terribles dolores. Fundido a negro y suena la archifamosa banda sonora a todo trapo. La sala en pie aplaudiendo y lanzando sombreros al aire. Nueve meses después se registra un repunte espectacular de la natalidad. George Lucas es plenamente rehabilitado del affaire ewoks. Todos contentos. Pero no; tenían que matar a Darth Maul.

No obstante, hay espacio para la esperanza. Y es que el canon que es aceptado en la actualidad por Disney (propietaria de los derechos) reconoce implícitamente que la historia de Darth Maul no acabó ahí: en diverso material audiovisual se describe que no murió cuando Obi-Wan quiso probar si el guerrero sith se reproducía por escisión. Ojalá volvamos a ver en los episodios VIII o IX esa sonrisa salvaje, la más bella con dientes podridos de la historia del cine.

Fotografía: Lucasfilm / Disney.
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15 comentarios

  1. Pingback: La sonrisa de Darth Maul – Jot Down Cultural Magazine – METAMORFASE

  2. jacobo de Camps

    Yo soy joven, y me encantó la amenaza fantasma la primera vez que la vi. No habia visto la viejas, pero eso que importa? Es una gran pelicula, obviando a ese bicho estúpido. Buen análisis, has intentado ver la peli sin tantos prejuicios y coincido con el autor. El duelo Darth Maul contra los dos jedis es lo mejor de la fallida segunda trilogia.

    • Nessay-pah

      ¿Cómo que qué importa? Importa todo; TODO. Si te gusta la Amenaza Fantasma pero no has visto las primeras, es como si te asombraras con un gol de cabeza de Ronaldo sin haber visto antes uno de Santillana; un regate de Neymar sin saber cómo era uno de Romario. No te creas las milongas del artículo. Han hecho más trilogías porque una de las escenas de la primera de las películas impresionó muchísimo al público; nos dejó a todos ‘pasaos’. SPOILER Es una en la que Vader está en uno de los pasillos de la Estrella de la Muerte, e intuye la llegada de Kenobi. ¿Has visto alguna vez a un perro «ponerse de muestra» cuando nota que su presa está cerca? ¿Te imaginas a ese animal en esa posición, en la llanura del campo, justo en el crepúsculo del amanecer? Pues metafóricamente así es. Darth Vader percibe que su viejo amigo está allí, y dice: «Noto una presencia». Los niños de aquella época, que ahora somos unos carcamales, nos lo creímos. Lo que hay hoy en día (y lo que hubo en los episodios I, II y III) lo sostiene la fuerte carga inconsciente que su banda sonora lleva implícita. Hay algo (no sabría definirlo) que hace que el Arte en un momento dado se eleve y resuene con el entorno, que no depende de la cantidad de dinero o de recursos que dispongas para llevar una historia a la gran pantalla. Esa escena de Vader es un ejemplo de ello.

  3. Yo nunca he sido fan de la saga galáctica, y más antiguas, siendo mejores, me parece que están sobrevaloradas, pasando por alto el incumplimiento de las leyes de la física si las tratamos como Ciencia Ficción. Respecto a las más recientes, es encomiable el intento por justificarlas, pero son infumables, incluyendo la del año pasado. Es como justificar Matrix Reloaded y Revolutions.

  4. anonimo

    Estoy más o menos de acuerdo. Sin embargo, he de matizar que, puesto que la carga política de la «nueva vieja» trilogía sí me gusta, el pesado de Jar Jar tiene su momento más adelante, no en La Amenaza Fantasma sino en otra de las películas. Cuando, precisamente por su nivel de tolaísmo y estupidez, es engañado y utilizado como un engranaje más en la larga caída de la República al Imperio. Un engranaje pequeñito, pero importante. Lo que no deja de quitarle belleza a la imagen mental de Jar Jar Binks atravesado al espetón por el sable láser de Darth Maul. O de cualquiera, para el caso.

  5. MordoSairon

    Sin duda, es innegable que el combate final de la amenaza fantasma es lo mejor que han visto todas las películas de Star Wars, hasta la fecha (aunque hubo algunos destellos en The Force Awakens que aún dan pie a la esperanza). Si bien respecto a este combate, el cual parece ser la razón de la existencia de este artículo, me parece increíble lo superficialmente que están tratadas algunas cuestiones de por qué el personaje de Darth Maul fue despachado con la celeridad con la que se hizo.

    La coreografía del sith en ese combate es tan brillante y compleja que se necesitaba a alguien como Ray Park, más artista marcial que actor, para ejecutarla. Pero Ray Park tiene un gran defecto y es que su voz resultó ser tan inadecuada que no sólo redujeron sus líneas a la mínima expresión, es que lo poco que le dan para hablar fue doblado por otro actor, Peter Serafinowicz (voz también del comandante de las fuerzas droides). Con semejantes hándicaps, ¿cómo mantener el personaje de Maul en las películas de acción real? El sentido práctico claramente tomó la palabra en este asunto.

    Por otro lado, plantear un final alternativo para el combate considerando la posibilidad de que «el sith aturde a Obi-Wan» y escapa, es bastante más absurdo que el que alguien con un nivel de destreza como Ewan McGregor en aquel momento logre vencer a Park, con toda la suerte de Légolas de su parte. El odio de los sith hacia los jedi nunca habría dejado con vida a Obi-Wan y ello hubiera supuesto un serio problema a la continuidad de la obra. Ese odio me parece magníficamente representado cuando Maul se pasea, como una pantera, esperando que los jedis puedan llegar hasta él. Sólo le habría hecho falta relamerse.

    Respecto a otros aspectos, como los citados midiclorianos, yo no veo que sea tan molesto su existencia, sino el hecho de que parezca que se olviden de ella tan rápido como ha salido en la historia. Sí es bastante más estúpido el concepto de mesías de «no hubo padre» referido a la concepción de Anakin, como si se quisiera atar un cabo para evitar tener que contar la historia del padre de la criatura. En su lugar, es bastante más divertida la teoría de un jedi anónimo susurrando «tú y yo nunca nos hemos acostado» justo antes de marcharse al día siguiente.

    En fin, defectos a Star Wars se pueden sacar a patadas, pero el universo establecido en sí da para mucho juego y se pueden sacar grandes historias de él, con un guión a la altura de las circunstancias.

    • Hola, MordoSairon.

      Bueno, el asunto de la voz de Darth Maul no debería haber sido nunca un problema: ahí tenemos al Vader original, interpretado por un actor (David Prowse) y doblado por otro de voz atronadora y temible (James Earl Jones).

      En cambio, coincidiremos en que fue todo un acierto que Maul fuese interpretado por un tipo de voz mediocre pero experto en artes marciales y no un actor random atado a unos cables o, peor aún, haber presenciado luchas coreografiadas completamente por CGI.

      En cuanto al concepto de mesías concebido de forma milagrosa, en fin, quisieron dotar de mitología a la saga y qué mejor que tirar de fórmulas establecidas hace milenios. ;)

      Gracias por su comentario.

  6. Pablo Lopez Mondejar

    Hepburn medía 1,69 y Tracy 1,75, así que, ni él era bajito ni le sacaba ella dos palmos.

    • Tirso Montañez

      Hola, Pablo.
      Recojo la anécdota que describía Ignacio Lewin. Esa anécdota creo que se basaba en la supuesta primera frase que le dijo Hepburn a Tracy: «Me temo que soy demasiado alta para usted», dando por hecho que con tacones era más alta que él.
      En cuanto a la altura en concreto, según otras fuentes no se sacaban tanto.
      Pero Jar Jar Binks merece morir siempre.

  7. josé antonio

    Sinceramente, y vistos desde la distancia, los episodios I, II, y III mejor que no se hubieran rodado nunca. No así el tandem Tracy-Hepburn, que dio un puñado de películas inolvidables.

  8. Asterio Zuri

    La hoguera en la que se quema Jar Jar y el resto de su raza es infinita. Tú, el articulista, irás a la pira con ellos. :P

    PD: el combate de Darth Maul contra los dos jedis es impresionante, nadie lo niega. El problema es que hoy en día no se puede juzgar el cine sin su marketing: aproximadamente el 80% de la espectacularidad de esa lucha era destripado en el tráiler… nadie disfrutó del combate en la sala de cine.

  9. snchz

    Con Darth Maul se suele confundir una apariencia realmente conseguida con carisma. Carisma, lo que se dice Carisma, Maul tiene el de una pared de ladrillo visto. Hace unas piruetas muy chulas, tiene un arma muy chula y se tatúa el cuerpo. Los ojos le arden cuando te mira. Todo eso está muy bien, pero no tiene más de cuatro frases en toda la película y ninguna de ellas es especialmente memorable*. Darth Maul es un sicario, lo que casa muy bien con lo que su maestro pretende de él, pero un simple sicario al fin y al cabo. Como fan de la saga me escama un poco esa especie de veneración por un tipo que, como personaje, es plano y lineal en una saga de personajes ya bastante planos y lineales.
    Pero hay que resignarse a que entra por los ojos.
    Como el tema de los duelos. Yo prefiero con mucho los de las películas originales; la contención y tensión constante del duelo final del Episodio V (Vader se mueve poco, sí, pero la impotencia de Luke por no poder entrarle SE PUEDE AGARRAR) es mejor que cualquier número acrobático de las precuelas, por otro lado saturados y exhibidos cada diez minutos. Afortunadamente las precuelas nos dieron a Dooku entre tanto bote, salto y cabriola.

    En resumen: salvo el Episodio II, que no ha pasado ninguno de mis bientencionados intentos de rescate (Esa película es de lo peor que he visto nunca), las precuelas, y especialmente el Episodio III, no son todo lo malo que se dice. Tienen errores que no creo que sean imperdonable, y estoy seguro de que se hubieran disimulado mucho mejor si Lucas no se hubiera empeñado en grabarlo todo con una lona verde y hubiera decidido olvidarse de los gungans. Pero así salieron las cosas.

    *Alguien podrá responder a esto que Boba Fett tampoco es un rapsoda y tiene el mismo halo de carisma a su alrededor. Boba Fett lleva trenzas de pelo de wookie colgadas de la armadura. Nada más que añadir.

  10. Tommy

    Sólo para informar que la historia de Darth Maul se continua en Star Wars Clone Wars y Star Wars Rebels.

  11. Pablo

    Toda opinión es válida, claro, pero a mi modo de ver, el autor aligera errores garrafales de la obra como si fueran pequeños detalles sin importancia, e incluso da por buenos momentos que son simplemente ridículos (de nuevo, mi opinión).

    Los midiclorianos no son algo lógico dentro del universo de Star Wars. Esta serie es fantástica, no de ciencia-ficción, y la Fuerza es un concepto relacionado con la magia, no con la evolución de las especies. Tratar de darle una explicación científica es como sacar una secuela del Rey Arturo en el que se descubre que eran una raza de extraterrestres, y que de hecho Excalibur no salía de la roca porque ésta era de un mineral procedente de Avalon, su planeta de origen.

    En cuanto al momento en que los Jedi se quitan las túnicas… francamente, el viejo Obi-Wan llevaba 20 años en el desierto, y a lo mejor tenía semejante prenda para resguardarse del frío. Pero no hay manera de justificar que toda una estirpe de caballeros tenga como parte del uniforme oficial una prenda que forzosamente se tienen que quitar antes de sacar su sable. ¿Y si un Sith les ataca por sorpresa? ¿Se pasarán todo el combate tropezándose? Claro, que el ridículo de las túnicas llegaría en el Episodio III. Sí, ese tan amado por fans y haters por igual porque era «más oscuro». ¿Pero no se veía absurdo cuando Obi-Wan se empieza a despelotar mientras intenta convencer a Anakin de lo equivocado de sus acciones?

    En fin, que al final estas películas son para desconectar la mente, y yo reconozco que son entretenidas, y al final, un placer cuplable. Pero no hay manera de justificar lo injustificable. La verdad es que son muy malas.

  12. El filete era mío

    Algún día, frikis de la Tierra, tendréis que reconocer la dolorosa verdad: que, dentro de su mediocridad, los episodios I, II y III son bastante mejores que los caducos IV, V y VI. Los primeros, con un poco de buena voluntad, proporcionan algo de diversión; los segundos se han quedado más viejos que las pelis de Douglas Fairbanks, además de ser aburridísimos. «El retorno del Jedi» es un truño celestial que hace buena a toda la infravalorada saga inicial (en realidad, posterior).

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