
1983, más de dos millones de hogares japoneses son invadidos por un aparato rojo y blanco con apariencia de juguete y nombre de ordenador, la Family Computer (Famicom). Un artefacto que contenía gorilas, motores gripados, dragones, batallas espaciales, lianas en las que balancearse y globos que atados a la cintura permitían sobrevolar el mundo sin abandonar el salón. En Japón aquella consola cuajó con facilidad, pero cuando envió su currículo a las Américas lo hizo con inseguridad, camuflándose como un prototipo de ordenador personal llamado Nintendo Advanced System que incluía teclado, grabadora de casetes, aplicaciones de programación BASIC, joysticks e incluso una pistola, periféricos concebidos wireless cuando la gente aún no sabía que a la vida le sobraban cables. Pero el prototipo no convenció a unos distribuidores que todavía se estaban sacudiendo de encima la polvareda levantada tras la hostia de Atari en el crash del videojuego del 83. Nintendo decidió descartar el ordenador y presentar el aparato como un centro de ocio: alejó a la Famicom de la apariencia de juguete diseñando una nueva carcasa gris capaz de anidar sin desentonar bajo la televisión y a la vera del reproductor de VHS, rebautizó el producto como Nintendo Entertainment System (NES) y lo comercializó junto a un robot, llamado R.O.B., que funcionó mejor como gancho vistoso que como periférico divertido pues solo podía interactuar con un par de juegos soporíferos. La NES se convirtió en un éxito en Estados Unidos y se paseó por el planeta mordisqueando las tardes ociosas, desembarcando en España en el 87. Treinta años después, tanto la Famicom como la NES resucitarían para invadir el mundo de nuevo.
La máquina del tiempo
La jugada de Nintendo en 2016 resulta curiosa: en la antesala de un nuevo lanzamiento potente, una Nintendo Switch que promete fusionar el juego portátil y el de sobremesa, la compañía decide echar la vista unas décadas atrás y aprovechar que forma parte de la infancia de medio planeta para encapsular y comerciar la nostalgia en un aparato llamado Nintendo Classic Mini. Una reproducción en miniatura de la NES primigenia con treinta juegos preinstalados, cable HDMI y pads idénticos a los de la consola original. Es una decisión inteligente teniendo en cuenta que varios dispositivos plug-and-play que recopilan diversiones retro llevan mucho tiempo rebotando en el mercado como maquinitas minúsculas, revisiones de Mega Drive como pads o aparatos para arrimar a la tele, joysticks de Atari, comecocos y portátiles que contienen el alma de aquella SEGA de 8 y 16 bits. Nintendo además parte con la ventaja de fabricar en casa su producto ya que todos aquellos juguetes que repescan el catálogo de SEGA realmente son licencias a terceros.
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El autor lanza una puya a los usuarios que utilizamos emuladores, llamándonos «aleccionadores». Tenga Vd. un respeto a los que fuimos adolescentes en los 90 y teníamos que pagar la friolera de 12.995 pesetas (78.10 €) por cartucho para la Mega Drive o Super Nintendo.
Para más inri éramos lectores de «revistas» como Nintendo Acción, Hobby Consolas y otras muchas que puntuaban juegos de 0 a 100. Con la perspectiva de los años los antaño lectores comprobamos como esas revistas no eran más que catálogos de Nintendo y Sega por las que los chicos de la época pagábamos religiosamente cada mes. Curiosamente todos y cada uno de los juegos comentados tenían más de 85 puntos, y para algunos juegos se daban situaciones estrambóticas, como la saga Donkey Kong de la Super Nintendo, que recibió ¡¡¡¡hasta 103 puntos!!!!. Imagínese la sensación de esperar todo el año a Navidad para recibir el único juego que se nos regalaba y comprobar con desesperación que era en realidad mediocre.
Nintendo, como todo lo que lleva haciendo los últimos 15 años, llega tarde y mal. Después de vender por precios totalmente absurdos juegos clásicos de la NES y Super NES para el catálogo de la Wii, nos llega ahora con este remedo de la NES con unos mando de metro y un sistema cerrado con 30 juegos cuyo criterio de decisión es poco más que cuestionable y parece que lo ha hecho el propio simio Donkey Kong: ¿olvidarnos de Double Dragon I?, ¿¿meter Star Tropic??, ¿¿¿meter ese pastiche injugable llamado Castlevania II y dejar fuera la tercera parte de la saga???. Inexplicable.
Los jugadores de la época nos hemos tenido que buscar la vida. Los emuladores fueron y son la respuesta a años de políticas sacadineros a los que nos ha sometido Nintendo a sus fieles. Nintendo es muy ingeniua cuando cree que el grueso de jugadores clásicos (o retro) vamos a dejarnos 50-60 euros en un sistema cerrado e incómodo cuando por 30 euros que vale una raspberry Pi o con cualquier PC de hace 6 años vamos a poder jugar al 99% de los títulos lanzados hasta 1999 en distintas plataformas. Allá ellos. Pero Sr. Cuevas, tenga un respeto a los que peinamos canas y somos jugones desde los 8 bits.
Creo que lo que hace el artículo no es meterse con los que tienen emuladores, si no con los que consideran tontos a quien compra este producto pudiendo conseguir el mismo resultado con un emulador: es que lo que estás comprando con esta Nintendo Classic Mini es algo totalmente distinto, en el 90% de los casos va a quedar olvidada en un cajón en menos de un año, pero lo que estás comprando es un juguete o un objeto de colección que te recuerda a la infancia.
Que conste que no la he comprador ni tengo intención, aunque la verdad es que ganas no me faltan…
Por otra parte lo de la Nintendo Acción me ha traído una sonrisa: recuerdo cómo poco a poco me fui dando cuenta de lo sesgada que era la revista y de que en el fondo era, como dices, un folleto de propaganda… pero sin embargo he seguido siendo «nintendero» toda la vida (entiendo que en parte por la influencia de esa revista), aunque ya no trate de buscarle una explicación racional. Eso sí, la revista fue una enseñanza perfecta (por ejemplos contrarios) de lo que es la objetividad y la neutralidad, pero le sigo teniendo cariño…
¡Buenas Joe!
Yo vengo de los 8 bits también, del ZX Spectrum en adelante me he ido comiendo todo el ocio digital, consolas incluidas. Y le he metido emuladores a cualquier aparato que lo permitiese porque ¿para qué tienes algo con pantalla si no puedes jugar a cosas? Los de consolas clásicas, desde tiempos del NESticle, y el ScummVM deben de ser las aplicaciones que más he tocado en mi vida. Dicho esto, si menciono el tema Raspberry Pi (que es un trasto que a mí también me interesa) con guasa es porque ando cansado de ver que en todos los analisis de NES Mini la única opinión de los lectores suele ser «¿Esto para qué, si existe la Raspberry Pi?». A mí, aún siendo muy amigo del mundo de los emuladores y teniendo mucho trasto clásico en casa, me parece un juguete bonito que además ha sabido encontrar su público: gente a la que no le interesa montarse algo muy complicado porque no anda muy metida en tecnología pero que quiere juguetear con la nostalgia. Y coleccionistas y amigos de Nintendo. Funcionar ha funcionado, la demanda es tremenda, así que como producto es un éxito para la compañía. Algo que me parece estupendo porque así a lo mejor se lanzan a sacar más cosas similares.
¿Nintendo llega tarde? Sí ¿es un juguete bonito? También, de hecho funciona mucho mejor que los aparatos basados en las máquinas de SEGA, una de las últimas versiones de la Mega Drive portátil, la que acepta tarjetas SD, sigue patinando a la hora de emular y la versión de sobremesa tiene cosas bastante molestas. Además de que dichos hijos bastardos de SEGA no permiten guardar la partida, algo a lo que los que llevamos tirando de emuladores más de quince años estamos muy acostumbrados.
Lo del Castlevania II y dejar fuera el III es muy cuestionable porque menuda bosta el dos y que mierda de puzles de agacharse en una esquina a esperar los vientos. El primer Double dragon no me da tanta pena porque era un poco regulero y a Startropics yo le tengo cariño, aunque me hubiese interesado más su segunda parte que no la he llegado a tocar aún. Pero siendo como suelen ser estas selecciones de juegos me parece que en eso se lo han currado bastante.
El tema Hobby Consolas y similares también me tocó sufrirlo, en un momento en el que la prensa de videojuegos en papel generaba en este país millones de beneficio era demencial que los productos fuesen en realidad catálogos de compra en lugar de publicaciones críticas. David Fernández ha sacado un libro llamado «De Microhobby a Youtube» (yo empecé a leer prensa de juegos con la Microhobby) en el que me esperaba encontrar alguna confesión sobre el desmadre de notas en Hobby Consolas y Micromanía, pero no toca el tema (lo salda diciendo que consideraba las notas justas) y la única revelación es que en su momento el jefe del asunto podía nadar a mariposa en dinero como el Tio Gilito gracias a la pasta que generaba Hobby Press. A lo mejor en aquellos años faltaba un espíritu crítico en general y todos los que curraban en el sector durante aquella época estaban demasiado emocionados con el medio. El libro que comento de Fernandez me ha resultado decepcionante y al otro que acaba de salir titulado «La historia de Hobby Consolas» aún le tengo que echar el ojo, que lo haré, pero me da que apunta por caminos similares.
¡Un saludo!
Joe… Mis respetos.
Buen artículo.. Pero es que vaya grito colega… chapeau
Buen artículo. La extensión de los mandos es realmente insufrible. Espero que pronto saquen a la venta un extensor o algo, como augura el articulista. Por suerte yo tenía uno de una wii (que, efectivamente, tienen la gran ventaja de contar con el botón para volver al menú principal), y no tuve que comprarme otro de estos mandos classic.
La verdad es que me dan un poco de risa todos esos superfanáticos que criticaban y siguen criticando esta classic mini diciendo que para qué comprarla, si siempre ha estado disponible la original y los juegos originales por ebay o páginas similares, que hay emuladores, o que no permite agregar más juegos de los que ya trae, etc. Evidentemente, el público al que va dirigida esta nueva consola no son esos superfanaticos, sino aquellos que, como yo, probablemente tienen ya más de 30, guardan buenos recuerdos de jugar nintendo durante la infancia, y les resulta muy cómodo este formato mini, directamente conectable al televisor a través de un HDMI, y con una selección cuidada de 30 grandes juegos. Porque la verdad es que tengo consola desde que salió a la venta, y hasta ahora me he entretenido sólo jugando algunas horas a la semana, en los momentos de descanso u ocio que me deja el trabajo, la casa y la familia, Mario 3 y estos últimos dias también Castelvania. Y pienso que todavía me quedan otros 28 juegos por ir redescubriendo. Me parece, en este sentido, una estrategia de venta muy bien pensada por parte de Nintendo.
Gran artículo, me ha gustado mucho. Soy de la generación del 81 y esta consola es parte de la infancia.
Como propuesta, no está nada mal, pero el problema es la ejecución técnica y que venga «capada» para meter más juegos, incluso aunque fuera legalmente. Por lo tanto, siempre quedan los emuladores (incluso en Raspberry, tal y como se comentaba en un comentario anterior) o tratar de hacernos con las consolas y juegos originales, lo que siempre tiene una sensación mucho más auténtica. Además del consabido eBay, hay otras páginas donde conseguir consolas y ordenadores retro, como ésta que os recomiendo: http://www.retroclasificados.com
Una duda técnica. Mi televisión solo tiene euroconectores, ni HDMI ni USB. ¿Hay alguna manera de conectar la Nintendo Classic Mini? ¿Algún adaptador o algo así? (No tengo mucha idea de tecnología, como podéis ver XD)
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