Tomarse en serio las series

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Imagen: HBO.

En su día la cadena Antena 3 concluyó de mala manera la primera temporada de Juego de tronos. Nunca supo qué hacer con ella. En algún lugar he leído que las últimas sesiones habían concitado la atención de un millón de espectadores, lo que, para estos tipos de la comunicación, es una cifra despreciable.

Comenzaron dando dos capítulos juntos, luego los pasaron de uno en uno, pero volvieron a los dos seguidos, o a los tres, o a los doce, porque las sesiones terminaban a altas horas de la madrugada. Por supuesto jamás avisaron, ni advirtieron, ni anunciaron los cambios, de modo que el espectador no sabía si acabaría saliendo a cenar o a desayunar una vez concluido el capítulo. Es el célebre método Renfe: dejar a todo el mundo abandonado en medio de la estepa durante la noche entera sin decir ni pío. En fin, una machada.

Pero quizás las series han de darse de ese modo, de cualquier manera y sin el menor respeto por el cliente. Alguien que se interese por estas cosas, piensan los directivos, ¿qué ha de ser? Un infeliz. Por lo tanto, hay que masacrarle con sorpresas, a poder ser, de lo más desagradables. De otra parte, la serie misma es obligado que sea lo más confusa posible, como sus programadores. Comencé a seguirla porque alguien docto me dijo que era la Guerra de las Dos Rosas adaptado para público sin estudios primarios. Identificado con tal descripción, me apresté a verla muy ilusionado. Amo las divulgaciones de Shakespeare de la BBC y cuanto peores son, más me gustan. Esta, desde luego, estaba mal concebida, peor dirigida, pésimamente interpretada y con un guion más confuso que el de Matrix. Me ha gustado mucho y estoy esperando la siguiente tanda, si la ponen.

Y es que, justamente por eso, por su rústica realización, la serie me pareció excelente. Se supone que son cuatro (¿o quizás seis?) reinos, cada uno con sus príncipes y bastardos, sus cortesanos eunucos y sus guerreros idiotas y malhablados, todos luchando por el trono que reunirá por fin a las diferentes estirpes de Invernalia, o un nombre parecido, bajo un solo cetro. Puro Shakespeare. Eso sí, no hay modo de saber quién es quién y si Aoryn Burthegor pertenece a la casa de Vodkazas o a la de Negronis y si la reina Mirablauvas es del reino de Cantonflas o del de Chaplinia. Tampoco es fácil averiguar de quién se trata en cada plano, siendo así que todos los guerreros llevan luengas barbas y parecen el mismo, y todos tienen pinta de islámicos, como Rubalcaba. Luego están los jóvenes, pero tampoco hay manera de adivinar cuáles son los verdaderos herederos, the real thing, y cuáles los bastardos, que, como siempre sucede, son los más listos y los que más trabajan porque nadie quiere dejarles mandar, cuando es evidente que son los únicos miembros de la familia con un poco de seso. En España hay un gran sentimiento popular en favor de la bastardía y yo lo comparto. Es una pena que los bastardos hayan caído en desuso en las familias reales actuales. Darían mucho juego.

Pero es que esta es la ley de las series: el argumento y la filmación, lo más confusos posible de manera que el cliente no tenga ni idea de lo que está viendo y no pueda en ningún momento decir: «¡Alto!, que en la última sesión ese caballero llevaba un casco con cuernos y fumaba en pipa, pero ahora aparece con yelmo de cangrejo y chupa hojas de menta». Es importante mantener la confusión porque en cada nuevo rodaje alguien se muere, o se bebe dos litros de anís y no puede ni abrir la boca, o se escapa con la script y hay que sustituirlo a toda prisa. Un ejemplo salaz: aquí las chicas se desnudan todas y varias veces, pero da lo mismo porque todas son modelo inglés y, como es bien sabido, las chicas inglesas llevan la dirección a la derecha y es tarea ardua distinguirlas porque uno se queda como bobo mirándoles el volante. Yo creo que solo he identificado a una de las chicas desnudas, una rubia teñida que cuando termina la primera temporada acaba de dar a luz a tres dragones. Preciosos, eso sí.

Así ha de ser. Confuso, tosco, sin pies ni cabeza, poblado por cientos de nombres tan imposibles de memorizar como los de las novelas rusas y con actores de tercera que han tenido por maestro al mismo discípulo nonagenario de Stanislavsky. Pero atención, es imprescindible introducir alguna rareza fija que mantenga el morbo y dé continuidad. En este caso se trata de un enano saladísimo al que las estadísticas inglesas daban el number one, el más amado por la concurrencia, o sea que a este no lo matan. Y es el más amado porque el pobre enano es la única persona normal de la serie.

Así ha de ser, insisto, porque si no nadie las seguiría a lo largo de doce meses, semana tras semana, con lo difícil que es recordar qué comimos hace siete días. He visto algunas series, unas tenían lugar en una mansión de terratenientes británicos todos homosexuales, incluidos los heterosexuales, otras en un puerto americano atiborrado de contenedores (los cuales, a su vez, iban atiborrados de cadáveres, droga, furcias, espaldas mojadas y algún obispo), también en un suburbio habitado por mujeres histéricas que jugaban a la oca con la lujuria de los maridos de sus mejores amigas, inolvidable la que traía a una familia italiana encantadora dedicada al chantaje, el asesinato, el robo, la estafa y la tortura, o aquella, en el 10 de Downing Street, donde vive el más repugnante reptil de la política asiática. Todas ellas tenían el encanto de la improvisación, la inverosimilitud, la imitación de un realismo para nenes, el confuso guion de quien en el último momento recibe la orden de sustituir al galán (que acaba de romperse la crisma en un accidente de bicicleta) por un señor algo calvo y con evidente ceceo, pero es que es el único actor que quedaba libre esa semana. Chapuzas, vaya.

Estas son las leyes del folletín y siempre han sido así. Cuando su soporte era el papel, cuando Balzac o Dickens firmaban los folletines, no eran muy distintos. Personajes secundarios que acababan por ocupar todo el escenario a petición de la clientela, familias enteras que desaparecían o cambiaban de nombre, lugares montañosos que de repente se convertían en playas con spa, etcétera. El folletín tiene sus reglas y no porque el soporte sea electrónico y televisivo va a cambiar el género. Nadie sería tan necio como para seguir una serie bien hecha, profunda, inteligente y de moralidad kantiana. Para eso ya están las tertulias. Lo que sí ha cambiado en la historia del folletín es la clientela. Antes iba dirigido a las clases menos educadas, ignorantes o analfabetas, y a las mujeres en general, lo que obligaba a los autores a una cierta altura intelectual. Los folletines actuales van dirigidos a la pequeña burguesía y a los universitarios, aunque las series españolas más famosas, como Aída o las de comisarios surrealistas, parecen buscar la complacencia de la aristocracia. Claro, es otro nivel. Lo que no ha cambiado es la persistencia de un aficionado, siempre varón, que toma con fanatismo el asunto, ve cada capítulo cincuenta y ocho veces de promedio, y es el único capaz de identificar a todos los personajes, conoce los lugares de la acción como si estuvieran en su barrio, distingue los diferentes vestuarios de cada rama dinástica, puede repetir las frases más agudas de algunos actores sobresalientes, ha llegado incluso a leer con heroísmo inaudito las novelas homónimas, se reúne con otros fanáticos como él, se disfraza del enano o de la reina de los dragones, y se pone muy nervioso cuando lee artículos como este. A él va dedicado.

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50 Comentarios

  1. ¡Ja, ja, ja…! ¡Cómo se nota que el señor comentarista está en otro negocio, el de los libros! Bueno, el de los libros que se venden poquísimo porque lo que es el creador literario de Juego de Tronos, los vende a millones y además cobra unos emolumentos alucinantes por la vertiente televisiva de su obra. Y no es que yo crea que por eso su categoría literaria sea superior a la de otros escritores, no… Pero puede dar alguna pista de por dónde respiran las heridas a la hora de evaluar «las series». Pero vaya que el artículo, bastante divertido y no tan provocador como el autor pretendía, al menos en mi caso.

    • Llevo bastante tiempo leyendo comentarios suyos y, aunque discrepe (y mucho) en algunos, debo reconocer que tiene un nick muy adecuado, Maestro. Desde aquí, mis respetos

      • Mire perzolaga que corre por ahí uno que firma con mi nick, o sea que no vaya a resultar que usted, sin saberlo, esté siempre de acuerdo conmigo y que cuando no lo está, sea a ese impostor al que lea. Me gustaría que se extendiera usted un poco más sobre el tema que le ha impulsado a interpelarme, en serio. Nunca es tarde para contrastar opiniones. ¡Anímese! Saludos.

        • Pues no ha sido un tema en concreto. Me he decidido en este artículo porque ha reflejado con gran exactitud mis pensamientos al leerlo y porque llevaba tiempo pensando en comentarle cómo me sorprendió el contraste de lo que yo tenía asociado a la expresión «Maestro Ciruela», con los razonamientos y argumentos que usted exponía.

          Realizaré una búsqueda en antiguos artículos y ya me extenderé. Eso sí, no le puedo garantizar inmediatez.
          Saludos

  2. Yo no sé qué les pasa a ciertos literatos hispánicos de vieja guardia, que son incapaces de seguir la trama de Juego de Tronos sin perderse. ¿No le ocurría lo mismo a Juan Manuel de Prada?

    Menos mal que don Félix se apresura a juzgar intelectual y socialmente a quienes sí la siguen. Se queda uno mucho más tranquilo sabiendo que lo que sucede es que quienes la siguen y la entienden están sencillamente aborregados y se ponen nerviosos leyendo este artículo.

    Biografía intelectual, literatura, sociología y provocación al lector en apenas 1.300 palabras. No está nada mal.

  3. Ay, esos intelectuales melancólicos, guardianes del Canon, clérigos de la Distinción… ¿Qué sería de nosotros sin su ayuda para distinguir el tinto del tintorro?

  4. Don Félix tiende a respetar la vida de sus lectores ya sea en columnas políticas o en críticas audiotelevisivas. Seguro que asocia estas costumbres con el estado de las cosas. Disfrute de la vida, hombre, que son cuatro días.

  5. Le encuentro algo de razón al autor. Game of Thrones es una serie divertida pero desprolija, no tiene personajes profundos, no existe identificación con los héroes (con suerte la hay con Tyrion, a veces), mueren personajes con una frecuencia ridícula, etc. No lo veo como un ataque a las series en general… en materia de trama y complejidad, series como Fargo, True Detective o Breaking Bad simplemente arrollan a Game of Thrones.

    • Sí pero eso lo dices tu resalao! Pero el Azua andemas de jugo de tronosh sametio con nada meno que con Los Sonapro!!! Oye magete ¿tu no stas ya mu cansao de dibujá a Mortadelo y Filomon?

    • Fargo es, al igual que la película homónima en la que se basa, una serie sobre personajes planos, sin profundidad, o directamente paletos sin dos dedos de frente. La obra en sí misma es inteligente, pero los personajes son deliberadamente unineuronales. True Detective es un magnífico ejercicio de estilo, pero tiene la profundidad de Paulo Coelho. Pseudofilosofía vacía para alargar el metraje sin gastar dinero en exteriores o en efectos especiales. Breaking bad no pasa de telefilme.

  6. Que las series están sobrevaloradas es un hecho incuestionable, al menos para quien exija un cierto nivel narrativo.
    La mayoría de los seguidores de series incluidas las HBO responden al arquetipo infantiloide que cuando sale el The End, en una película se preguntan: _ ¿Rick Dekard y Rachel tendrán hijos y serán felices? O ¿Jerry Lundegaard será condenado a muerte o saldrá de prisión con un permiso por buena conducta para someterse a una operación de cambio de sexo?
    Con un metraje de 20 horas (pongamos diez capítulos de dos horas) cualquier guionista por paleto que sea, es capaz de dar giros inversemblantes para mantener la atención del espectador. El nivel se demuestra en espacios reducidos (90´ 120´) llámese Christian Mungiu,Denis Villeneuve ,Laszlo Nemes…incluso Michael Mann o John McTiernan saben como hacerlo.
    No he visto ni un solo capítulo de Juego de Tronos ni pienso verlo. Sí he visto con placer Breacking Bad y True Detective; creo que el truco está en los actores.

    • Sí liberty las andivinao. Como sabias tú y tú, y solamente tú que yo me preguntaba si Rick y Rachel tendrian higos y serian falaces? pero hay argo que me faya en ti. Como pues ser tan melonaso y admitir que nunca has visto ni un solo tapículo de jugo de tronosh? Ni piensa verlooo!!!!

    • Seguramente llevas razón ( digo seguramente porque, dado que no veo series, poco puedo aportar ) en que están sobrevaloradas, tal y como también afirma Humberto Castro unos comentarios mas abajo.
      ¿ Cómo lo sé ? pues muy sencillo, porque he visto como los que se no se pierden nignún capitulo de Juego de tronos, son los mismos que se entusiasman con Matrix o las Guerras de las galaxias y similares.
      Ahora he empezado a ver La teoria de big bang, que pasa por ser ( hasta donde yo sé ) una de las mejores series de la historia. Bueno, diálogos ingeniosos, tiene gracia, no hay duda, pero se olvida a los 5 min. de levantarse del sofá.

  7. Hacer una generalización de las series actuales en base a una adaptación de novelas de fantasía, es muy inteligente, BASTANTE inteligente, y creer que alguien se ponga nervioso leyendo merece algún otro adjetivo seguramente

  8. A ver si lo entiendo: el resumen es que Félix de Azúa seguía Juego de Tronos por Antena 3 y los tontos somos los otros?

  9. Creo que el autor guarda rencor a Juego de Tronos por quedarse dormido de forma abrupta entre anuncio y anuncio de Antena 3. Ello le provocó lesiones en las cervicales y al no vender suficientes libros como para cubrir las sesiones del fisio…pues se la tiene jurada a G.R.R Martin, a Antena 3 y a Andoni Ferreño Baratheon. Eso he entendido.

  10. Dio en el clavo, don Felix. Las series, en su mayoría son basura. Un género muy menor, y la gran prueba de ello, es lo fácil que se masificaron. Las respuestas al texto que aquí se leen son por lo demás muy torpes y sentidas. Excelente y divertido texto.

    • Azúa, mira, que éste te compra un libro. Puede que incluso dos. Envíales a los de Círculo de Lectores para su casa antes de que se lo piense y se compre el último de S. King

  11. Iba a escribir un comentario, pero ya la remató Feldestein con una economía de recursos envidiable. No sé qué es Antena 3 porque no vivo en España, pero es obvio que es un canal de televisión. La opinión de Félix de Azúa se vuelve urticante cuando se refiere a cómo cambiaron los públicos. Pero incluso eso ya está postulado en un librito de 2011 que hace poco publicaron en España y originalmente se llamó «Why We Love Sociopaths», el autor es un teólogo político de Massachussets de nombre Adam Kotsko (itself.wordpress.com: tiene incluso el blog una etiqueta que reúne los principales postulados del tomo, si alguien gusta leerlo en el idioma de Walter White).

  12. Camino de Damasco, súbitamente me hundí en una ceguera blanca; el que venia de frente llevaba las largas puestas. Cale el dos caballos y una voz que lo llenaba todo, surgiendo del Blaüpunt, me dijo: Tío, que esto es como Perdidos, gilipollas, que la primera vez que te engañan es culpa del otro, pero la segunda….
    Entonces decidí que como Tyron se ha casado con Sansa, ya me iban bien como nuevos reyes, porque Sansa hija, el único hombre que te ha tratado con respeto es el jodido enano, boba. A la madre de lo dragones, la chica esa rubia, la hacemos ministra de asuntos sociales. y todos los demás tipos duros a matar zombies y que al final ganen y paso de mas libros, que al George R.R. ese le salen personajes por todos lados, que siempre se llaman Aurelio o Aureliano, que resucitan, mueren, y ya veras que al final sera para nada.
    Eso los libros, en cuanto a la serie ya ni hablamos.

  13. Me he divertido muchísimo con los comentarios: acertados, cachondos y sin desmelenes (por ahora). Y también con mosén Azúa, que empieza de nuevo, como siempre con talante demócrata, voluntad contemporizadora y una lengua viperina que no se hace cuatro nudos combatiendo toda posibilidad de pasar desapercibida mientras se pinta de subrepticia, cosa que yo aplaudiría desde el coleguismo de mis épocas de gogó frustrada en la guardería, pero lo mío es mala fe y envidia y despecho e inferioridad mal digerida e incluso debo estar con el mes o con la menopausia porque, al fin y al cabo, si él se quiere, nadie debería decir ni pío. El artículo sería entretenido si uno no se distrajera preguntándose qué verá este señor en el espejo exactamente para remedar a todas horas al favorito del salón aristocrático novecentista, una sublime mezcla entre Oscar Wilde, Henry Higgins y el Pequeño Nicolás. Por cierto, yo diría que en la actualidad hay más de un bastardo en juego.

  14. Las series viven una época dorada y sus seguidores están de enhorabuena. No es mi caso. Me aburren mortalmente y soy incapaz de visionar dos episodios seguidos de ninguna. En mi opinión, la mayoría parecen diseñadas por equipos de guionistas que compiten entre sí para ver quién es el que consigue «epatar» más.
    Sigo prefiriendo el trabajo personal y artesano de ciertos directores y escritores, aunque mi opinión realmente no le importa a nadie. Y ahora seré tachado de intelectualoide en 3 segundos, 2, 1…

    • En desacuerdo. Ahora hay sobresaturación y burbuja seriéfila, la época dorada fue desde 1998 hasta 2013 más o menos. Ahora para encontrar grandes series como las de ese período hay que rascar demasiado. Antes la frecuencia de excelencia era mayor.

      • Resulta bastante irónico que contra mas de culto se quieran dar algunos más utilicen un recurso tan bobo como recurrir al «tiempos pasados siempre fueron mejores». Si hay algo bien demostrado es que la memoria es una perra traicionera con la que hay que andar con pies de plomo.

        Durante la que a muchos os gusta llamar «era dorada» de Hollywood se parían truños en celuloide a un ritmo frenético (sobretodo si tenemos en cuenta los recursos técnicos más limitados de la época). Con la música, la literatura o las artes plásticas tres cuartos de lo mismo. Lo único que logra el paso del tiempo es enterrar en el abismo del olvido aquellas obras que se lo merezcan (y aun así, algunas se resisten, a menudo por culpa de una nostalgia mal entendida).

        Estoy seguro que el nivel de calidad promedio de las series de televisión es bastante mejor mejor ahora que en ese intervalo que comentas (sobretodo en sus primeros años). Otra cosa muy distinta es que a quienes os tira más cierto tipo de series antes lo tuvieseis más fácil para saciar vuestro apetito: podíais ignorar el 99% de cadenas y centraros en las pocas que se habían convertido en refugio del tipo de creadores que os gustan. Ahora esas cadenas que os surtían quieren ampliar miras y no se pueden limitar al caviar para ello (y eso sin entrar a valorar si está más bueno el caviar o un huevo frito). Mientras que otras cadenas también apuestan (con mayor o menor acierto) en mejorar sus productos pero a lo mejor cuando vais a catarlos aún no os convencen.

        ¿Tienes que rascar más para encontrar algo que te guste? Como tú mismo dices, pues probablemente. Pero antes rascabas en el patio de tu casa, que es particular, y ahora lo haces en el Retiro. La frecuencia de la excelencia sólo ha bajado por que te ha tocado ampliar tu zona de búsqueda a unos parajes que antaño para tí era como si no existiesen. Pero bueno, nada nuevo en España, aquí todos retorcemos las estadísticas para lo que nos conviene. XD

        Por cierto que las épocas de declive de Hollywood suelen coincidir bastante con las grandes huelgas de guionistas, cuando éstos se ponen más gallitos. A las productoras les sale más a cuenta dedicarse por una temporada a hacer pastiches vergonzosos si total la gente sigue yendo al cine. Normalmente las aguas volvían a su cauce al cabo de unos pocos años; pero como ahora se pueden ganar los garbanzos tan bien con la tele vais a tener mierda en Jolibú y toneladas de nuevas series por un laaaargo tiempo. Hasta que les de por hacer una huelga de guionistas pero contra las cadenas de televisión. XD

          • Limitarse a criticar mi evidente cagada gramática no le hace quedar a usted más culto que a mi. Más bien le hace quedar como un cobarde que se oculta tras excusas para no debatir sobre un tema que no se vea capaz de argumentar.
            Siempre procuro ir mejorando el uso de los diversos idiomas que utilizo; aunque me cueste por que ni el mundo de las letras sean mi sustento, ni mi punto fuerte ni siquiera el centro de mis ocios predilectos. Seguro que me esfuerzo yo mucho más que no usted cuando cultiva su talibanismo lingüístico.

            Por lo demás, el señor Dani a quien directamente contesté (aunque no pretendí personalizar en él) me ha demostrado en los comentarios de otros artículos estar más que dispuesto a debatir civilizadamente aunque nuestros puntos de vista sean muy opuestos. Quizá haría bien en aprender de él.

  15. Caramba don Félix, ha perpetrado ocho parágrafos enteros sin hablar (mal) de los catalanes. ¿Se encuentra usted bien? ¿Ha ido al médico recientemente?

  16. Estimado Autor,

    Le quisiera pedir que me recomiende una buena serie. Con total sinceridad se lo pido. Me interesaría ver alguna serie que a usted le parezca verdaderamente buena, pues aunque no me disgusta Juego de Tronos, y algunas a las que hace alusión, me falta encontrar una serie que pueda considerarse buen arte.

  17. Primero de todo, un comentario para no soliviantar a los guardianes de la ortodoxia y los garantes de la veta artística: es más difícil y meritorio cerrar una historia en 90 minutos que hacerlo en 5 temporadas de una serie. Y siendo esto cierto, no creo que sea excluyente… a mi me gusta el sexo en compañía (puestos a pedir, en manada y de género femenino) pero no me digo que no a mi mismo cuando el onanismo me llama.
    La gran edad de oro de las series viene dada, en un triste juego de causa/efecto, por un evidente déficit de riesgo en el panorama cinematográfico estadounidense: una aversión al talento. La figura del guionista, largamente respetada en los años dorados de Hollywood, ha pasado a ser prescindible, siendo ahora cotizados aquellos escribanos capaces de adaptar comics y remakes, despreciando las ideas originales y relegando el talento al rincón de pensar. Y es justo en este rincón de pensar donde se ha gestado lo mejor que cualquier aficionado al cine ha podido ver en las últimas dos décadas: las series de televisión, principalmente un puñado de elegidas que han sido el caballo de Troya que ha derivado en una saturación infumable hasta matar a la gallina de los huevos de oro.
    A diferencia de una película, en una serie se puede desarrollar con mayor profundidad el argumento y los personajes, dotándolos de carácter, y si sus creadores son honestos con su creación, sabrán cuándo cerrarla. Partiendo del combo talento (guión) – financiación (producción), guionistas, actores, directores y demás profesionales del séptimo arte han migrado al «genero menor», donde poder desarrollar con más ambición sus respectivas profesiones.
    Cuestión distinta es que ahora el panorama está saturado, que cualquier serie nueva es juzgada con benevolencia con el objetivo de venderla, que se haya sobre explotado la oferta, que a excepción de quienes tienen contratos con plataformas de pago, cualquier canal de TDT maltrata sus productos, y que viéndolas en «tiempo real», de una temporada a otra, es posible que hayas perdido parte interés que te llevó a verla (es recomendable ver las series del tirón, una vez han finalizado todas sus temporadas).
    Pero el firmante del artículo, alguien que viene dando bandazos intelectuales en los últimos años, se permite la brocha gorda para hablar de un tema que a todas luces desconoce: es un rasgo muy hispano.
    Me permito una lista de series de «obligada» visión para quienes quieran refugiarse en ellas, sin que sea óbice para seguir disfrutando de las (cada vez más escasas) películas que aún hoy merecen la pena pagar su entrada:
    The Wire
    The Corner
    Deadwood
    Breaking Bad
    Los Soprano
    Mad Men
    A dos metros bajo tierra
    El ala oeste de la casa blanca
    Hermanos de sangre
    The Pacific
    Hijos del Tercer Reich
    True detective (1ª temporada)
    Dexter (hasta la 6ª temporada)
    Olive Kitteridge
    Roma
    Pablo Escobar, el patrón del mal (bastante mejor que Narcos, oh, sí, sacrilegio)
    Louie
    Cárnivale
    Horace and Pete

    * Y a buen seguro, un puñado más que no he tenido el placer (ni el tiempo) de disfrutar.

    Saludos,

    • Borgen, la última GRAN serie, de esas sin fisura alguna en el guión, Happy Valley y Peaky Blinders. Coincido en la lista salvo en Narcos (colombiana) que no he visto. De acuerdo en que la de Netflix está sobrevalorada: Se ve tan fácil como se olvida.

    • Ha mentado usted «Horace and Pete» y «Carnivàle», y le aplaudo por ello. Nadie parece haberlas visto por aquí. Podría ponerme a listar grandes series, pero no acabaríamos nunca.
      En cuanto al resto de consideraciones, estoy muy de acuerdo en casi todo, pero quisiera destacar la importancia de saber cerrar una serie (el cuándo y el cómo, decisiones generalmente tomadas al tuntún o por condicionantes financieros antes que artísticos), y sumarme a la recomendación de ver las series del tirón.

      • Horace and Pete salió en el reciente artículo de JD donde proponían las (para ellos) mejores series (nuevas) de este año. Por lo demás, no he visto ninguna de las dos así que no puedo opinar.
        Y el cierre de una serie es siempre un problema por que sólo le dejan hacerlo al autor como éste crea conveniente si ésta es buena pero no tiene un éxito apabullante.
        Si la serie es un fracaso comercial la guillotinarán cuando les plazca, de ahí que muchos finales de temporada cierren muchas tramas secundarias, por si no la renovasen no quedarse con peor gusto de boca. A Westworld por ejemplo se la ha criticado mucho NO hacer tal cosa, pues precisamente ellos tenían MUY claro que SÍ renovarían (a mi en cambio me parece acertado, un arco debe cerrarse cuando la historia lo pida, no cuando el calendario apriete).

        Y si la serie tiene éxito, entonces le van a pedir al autor que la estire cuanto pueda para sacarle más huevos de oro a la gallina (Dexter como ejemplo clarísimo y muy conocido). Por supuesto que el autor se puede negar a ello, pero entonces le meterán una patada en el culo, pondrán a alguien que se pliegue a esas condiciones y el bodrio resultante aún será peor.

        El problema al fin y al cabo es el de siempre: Nos guste o no, la producción de esas series es un negocio puro y duro, nadie mete millones sabiendo que se van a evaporar. Un cruel (a veces) hecho que se nos suele olvidar (en proporción directa a lo mucho que nos guste la serie de turno). La próxima vez que veáis una serie que os emocione como la que más pero que temáis que no la cierren a tiempo, montad un kickstarter para pagarle a la cadena para que NO emitan más episodios. Quien sabe, a lo mejor os sorprendéis con la acogida de la idea. XD

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