
«La crisis dispara la capacidad de ser creativos». «En tiempos de crisis la creatividad es el factor clave». «En tiempos de crisis estalla la creatividad». «La crisis económica favorece a la creatividad». «La precariedad nos ha empujado a ser más creativos». Estos titulares han sido publicados en los últimos meses en distintos medios. Todos se pueden encontrar en internet y hay muchísimos más. Tantos que si uno sigue buceando por la red se topa con blogs llamados «creatividad en tiempos de crisis» y demás expresiones peregrinas. Y, ojo, porque si se tira del hilo no es difícil acabar embrollado en una maraña de proverbios chinos e indios. Eso por no contar el mantra de tantas webs sobre start-ups y emprendedores. En tiempos malos, sé un genio, saca ese don que llevas dentro. ¿Es que no te has dado cuenta?
Pero cuando un mensaje se repite tantas veces es necesario ponerlo en cuarentena. ¿Es cierto que un Picasso, que el dadaísmo, que la teoría de la relatividad proceden de momentos en los que artistas, creadores, teóricos, físicos, etc., no tenían ni para pagar la luz? La perspectiva siempre es engañosa y todo depende del ángulo en el que uno se coloque para ver tal o cual cosa, por lo que es posible que debamos de cambiar la mirada para observar que no estamos más que ante otro mito. Un machacante discurso casi de autoayuda que, por qué no decirlo, seguro que le está trayendo buenos dividendos a más de uno.
Vamos a retroceder cuatro siglos hasta llegar al XVII, el llamado Siglo de Oro español. Veamos el contexto político, económico y social: crisis climática (las hemerotecas hablan de mucho frío, sobre todo hacia 1650), crisis económica (bajada de precios, devaluación en toda Europa), conflictos sociales y políticos (en España, últimos años de la casa de los Austrias), y crisis demográfica (la miseria y las enfermedades despoblaron al continente europeo).
Ahora bien, aquellos años de penurias y espadachines a sueldo, como tanto le gusta recordar a Arturo Pérez-Reverte, también alumbraron a Lope de Vega, Quevedo, Tirso de Molina, Luis de Góngora, Cervantes, Calderón de la Barca o Diego Velázquez. La flor y nata de las artes que supuso una transformación brutal en la literatura, el teatro, la pintura y demás disciplinas artísticas. Y aunque es bien cierto que las arcas del país agonizaban y el pueblo pasaba hambre, si se rasca un poco es posible afirmar que, con la excepción de Cervantes, ninguno tuvo demasiados problemas con sus facturas.
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¡Si ya he disho yo siempre que lo de pisar mierda trae buena suerte era un camello como una catedrá!
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Esta idea y otras más, como que habíamos gastado por encima de nuestras posibilidades, son el pan de cada día de los medios de comunicación de la «alta sociedad». Sin embargo, me alegra saber que cada vez algunos críticos logran contradecir estas mentiras, que intentan consolarnos en estos años de crisis.
Me interesa el tema de la creatividad y las crisis o auges economicos. Toda la bibliografia es bienvenida.
el comentario de El gran Gatsby perfecto :)