
Nolite te bastardes carborundorum. No rechinen los dientes, es la frase de moda. Desde 1985, el aserto dejó de ser un idiota trabalenguas entre estudiantes de latín para convertirse en un santo y seña. Un código de molonez. Si sonreías con complicidad o contestabas «Under his eye» (o «bajo su mirada», tampoco el inglés era preceptivo) conocías la ubicación de la república de Gilead. Habías leído El cuento de la criada, de la archirreconocida escritora canadiense Margaret Atwood. Formabas parte del club. Hasta ahora.
La adaptación televisiva de la novela (que en España pudo verse en HBO) ha democratizado estas contraseñas cómplices, popularizándolas entre los miles de espectadores que degluten sus capítulos con una repugnancia perpleja. Hasta el crítico menos espabilado le regaló en su momento ya la etiqueta de «serie del año», mucho antes de resultar ganadora del Emmy a la mejor serie dramática. Una producción «importante», decían. De las que instauran y descifran códigos: si hoy se cruzan con dos mujeres con hábitos rojos y níveas cofias que caminan en silencio, sabrán que el suyo es un mudo acto de protesta. Ayer serían dos amish extraviadas o excéntricas participantes de un carnaval a destiempo.
A pesar de convertirse en best seller mundial poco tiempo después de su publicación y traducirse a más de cuarenta idiomas, en España el libro de Atwood ha dormitado en pocas estanterías durante estas tres décadas. Deambuló por tres editoriales (Seix Barral, Ediciones B y Bruguera), pero no se convirtió en el clásico canónico (ni siquiera feminista) que es en el resto de países. De la película1 que lo adaptaba nos enteramos de oídas, más o menos lo mismo que de las óperas, los ballets y diversas representaciones que lo amplificaron. Tampoco fue singularmente celebrado cuando se galardonó a Atwood con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2008. El cuento de la criada se desdibujaba entre las glosas a la oracular reputación de la autora y su versátil y extensa producción.
Ahora, al calor de la serie, la novela ha sido hábilmente reeditada (por Salamandra) y escala puestos en los rankings a velocidad de crucero. Una historia común, rescates literarios más marcianos se han visto. Pero ¿por qué El cuento de la criada hoy y no ayer? ¿A qué viene esa faja de «El libro de cabecera de una nueva generación» si fue escrito hace treinta años? ¿Es Atwood una visionaria, una profeta?
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Quizá para complementar esta crítica, merece la pena esta otra (vía Cristian Campos):
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El rojo, por ser el color que está al borde inferior de frecuencias visibles por el ojo humano y pese a su llamatividad cuando está bien iluminado, es el color que antes desaparece de la vista al disminuir la luz, convirtiendose en negro casi de inmediato. Dicho todo esto resulta el color, aparte del negro, más difícil de ver.
Cierto, pero no creo que eligiera el rojo únicamente por su visibilidad. Es un color relacionado directamente con la mujer y mas con las criadas por ser el color de la sangre (con la regla, el parto…). En Japón por ejemplo es el color con el que identifican a la mujer (para diferenciar los baños por ejemplo, la tela de la entrada es roja-mujeres y azul-hombres).
Y si la opresión no existe nos la inventamos.
Maravillosa serie, con claras referencias a lo que podría ocurrir en una sociedad en la que una clase dirigente, autoritaria, despótica y caciquil, tomará una serie de medidas y se apoyaran de unas fuerzas armadas contudentes, que siguieran punto por punto, precepto por precepto, ley por ley, lo que dictará el gobierno teocrático de turno. En algunos países si observamos ya ocurren determinadas ofensas a la falta de derechos de la ciudadanía, ese machismo exacerbado, esa confesionalidad estatal disfrazada de un integrismo apabullante en el que bajo la bandera de la religión se hacen atrocidades, se limitan libertades públicas, y hace que sólo las élites puedan disfrutar de una autonomía e independencia, teniendo al resto del pueblo sojuzgado defendiendo unos valores puritanos que ellos la mayoría de las veces se saltan. La serie da miedo,temor, pavor, produce turbación, quizá porque no llega a la distopía ya que reconocemos acciones, pensamientos, y sentimientos en nuestra sociedad actual. Ese juego, esa tensión, ese thriller, esa sorpresa, hacen de esta serie una obra maestra. Elisabeth Moss hace una actuación extraordinaria (de las mejores que han visto mis ojos sin lugar a dudas, exhibición de versatilidad interpretativa). El guión sobresaliente, el resto de actuaciones secundarias impecables, la dirección un auténtico lujo. Espectáculo televisivo de primer nivel, seguimos en la edad de oro televisiva, gracias principalmente a unos guiones magníficos.
De las mejores series del año, quizás la mejor. Todo en ella es perfecto. Sin embargo, parece que cuando se realiza una crítica a la misma o al libro en el que se basa, sólo se resalta la parte más feminista. En Gileand la opresión se lleva a toda la sociedad menos a los miembros del partido. Se ejecuta a disidentes, gays, lesbianas, curas y demás. Últimamente he visto varias críticas a la serie en la que una mujer compara la situación de las mujeres de nuestro «mundo occidental» con lo que sufre June en esta historia. Me parece que existe un ansia desmedida a la autoflagelación en este sentido, sobre todo cuando la situación de la mujer en muchos países (Irán, Arabia Saudí por poner 2 ejemplos claros) es casi similar a Gileand. La situación de la mujer occidental es seguramente mejorable, pero casi a la par de la de los hombres. Y animo a que se avance en lo poco que queda para llegar a la igualdad total. Pero quizás haga falta más realismo y menos postureo.
Reconozco, como buen hijo de vecino, que jamás busqué entender las pocas diferencias psicológicas que nos diferenciaban de las mujeres. Hay que hacerlo, aunque solo sea por curiosidad. Estaban allí y basta, era normal, justo y necesario prescindiendo de las creencias, pero había autores que a esa diferencia dedicaron parte de sus esfuerzos. Una muestra es el inolvidable monólogo de Jack Nicholson dentro de la iglesia en “Las brujas de Eastwick”. No daba ninguna respuesta, solo hipótesis: que eran una broma, o un error de Dios etc.etc. Creo que encontré una respuesta en un libro de poca monta, de esos que se compran para leerlo en un viaje. Obvia, de tan obvia que se hace invisible. Había un diálogo entre marido y mujer, él, trabajador edil, en sudadera, comiendo con rabia y ella tejiendo, absorta en la trama. Él le decía que el hijo varón, evidentemente su ayudante, tenía que seguir con los estudios, pero los necesarios, no más allá, porque tenía que ser más grande que su padre, ganar más, etc etc. Su mujer, sin perder el hilo de la trama, le contestaba que para ella su hijo estaba bien como estaba.
Él, dejando de masticar, le preguntó casi con fastidio, para qué los había traído al mundo.
Ella respondió para cuidarlos.
Él le contestó confuso ¿Para cuidarlos? ¿De grande también?
Ella: Pues claro, de otra manera se olvidaría que es un hijo.
Él, como tantos escritores contestó “¡Pero, quién entiende a las mujeres!”
Ella, que había terminado el calcetín de su marido le pidió que se lo probara.
Él le respondió con desprecio que no le gustaba.
Ella le dijo que esperara el invierno.
Trabajadores ediles de este calibre los hay por todas partes. Y a veces pueden tomar el poder.
No entiendo el ejemplo. Vamos, que el padre quiere que su hijo estudie y lkegue mas lejos de lo que el llegó (aunque solo admita hasta cierto punto), y la madre que no, que así con mamá toda la vida está muy bien……y el problema es el padre?
No sé por qué, pero esta lectura me ha traído a la mente el espinoso, controvertido y actual asunto de la «maternidad/paternidad subrogada».
es que esa es una de las analogias mas interesantes de la novela, hasta que punto, las mujeres vientres de alquiler son libres y lo hacen por gusto… de cara a la galería, las mujeres de Gilead lo hacen por gusto, felices de ayudar, pero la verdad es otra y se tapa…se miente, se dice que lo hacen de manera voluntaria… llegará a pasar algo parecido con los vientres de alquiler? Pues… quizás
Por curiosidad…¿cómo os defenderíais las mujeres llegado el caso, hipotéticamente?
Por favor, recuerden que estamos en el s.xxi y lo de la fuerxa física ya no cuela.
Serie maniquea y oportunista, con agenda liberaleta que viene a regodearse con el absolutismo actual del correcionismo político de la nueva izquierda, que intenta inútilmente ser feminista, pro lgbt, anti islamofobico, anti racista, anti capitalista y consumista y domocraticos al mismo tiempo; en medio de esta maraña de idioteces la serie le cae como anillo al dedo a todos estos movimientos fascistas de la ideología de genero y la seudoizquierda, que ven en ella una buena justificación para su paranoia; irónicamente la antiutopia que plantea la serie calza como anillo al dedo al compararla con las sociedades islamicas actuales, pero no hay que decirlo fuertemente porque podrían tacharla de islamofobica, mejor meterse con los movimientos evangélicos norteamericanos que apoyaron a Trump, los cuales le tienen repugnancia al sexo y aquí legalizan la violación por un pasaje pedorro del antiguo testamento, lo peor de todo es que la serie plantea que las mujeres estan quedando infertiles de forma masiva por cierta contaminación que nunca aclaran, como también el cómo un grupo de paletos tomaron el poder de la nación más poderosa del mundo de la noche a la mañana y de yapa le cambiaron el nombre, pero lo peor de todo es que si la serie denuncia el horror de la legalización y sacralización de la violación ¿porqué corno la justifica?
1- todos se saludan con frases hechas al mejor estilo salam aleikum … aleikum salam… 2- Las mujeres no pueden salir solas a la calla… 3- Las mujeres no pueden trabajar ni estudiar… 4 – Las mujeres deben vestir con decoro… Obviamente habla del islam….
El que crea que esto es una novela «molona» y no una crónica de lo que se nos avecina y de lo que es en muchos paises ocurre ya si lo traspones, que siga feliz y no se quite la venda. ¿Quien diría a las mujeres iranies o afganas de los setenta; universitarias, hippys, autónomas económicamente que volverían a ser un útero de producir «soldaditos», un saco de músculos para servir a su suegra en todo lo que ordene y dicte y una vagina donde su marido libere su tensión diaria. España esta a un paso ya de volver a estos tiempos con tanto sacerdote subiendo al cadalso a todo librepensador que les critica. ¿O creen normal que jóvenes se estén jugando cárcel acusados de agredir sentimientos religiosos?
!Halaaaaaaa!! Vaya tela. «España está ya a un paso de volver a estos tiempos…» ¿pero de verdad te crees esto? Tío/a, deja de leer yahoo! respuestas como si fuera tu libro científico de cabecera.
Que se quiera exagerar un poco para magnificar un comentario y darle un poco de pulso literario, tiene un pase. Pero de ahí a decir, sin despeinarse, que mañana mismo volvemos al siglo XII…
No saquemos las cosas de quicio… es una novela interesante, de la que hubo en los 90s una pelicula interesante y ahora una serie de television, menos interesante que el libro, menos interesante que la pelicula de los 90s… pero muy muy promocionada. La serie, esta de la que hablan, esta bien, pero tiene mucho de culebron y algo de morbo sado maso… Un poco de 50 sombras y un poco de Acacias 38, folletín sado maso… pero basado en una novela que esta muy bien y vale la pena leer… Decir que esta es la gran serie de la temporada? Es sacar las cosas de quicio… Hubo series mucho mejores como The Leftovers que se quedaron sin premio y me parece que lo merecían mas.. aunque si, lo que vende es el culebrón con ideología de genero y eso es lo que se esta premiando
Es mejor «criada» que «doncella» porque la segunda palabra tiene varios sentidos y entre ellos el de «mujer virgen».
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