Sociedad

Un Dios doméstico

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Una mujer sostiene una figura del papa Francisco, Lima, Perú, 2018. Fotografía: Alessandro Bianchi / Cordon.

La última vez que fui a misa, el sacerdote (un hombre joven y orondo), antes de dar la comunión, estuvo un rato agitando la hostia por los aires. Mientras, decía: «Este es Jesucristo, el Señor, nuestro amigo, que murió por nosotros y ahora vamos a recibirlo». La verdad es que, si yo fuera el Único-Dios-Verdadero, no me dejaría zarandear así.

Es fácil pasarse de frenada. Después del Vaticano II, la Iglesia católica hizo bastantes esfuerzos por parecer cercana a su feligresía. Se acabaron los latines, los sacerdotes se giraron, se simplificaron los gestos de la liturgia, los hábitos y las sotanas acabaron en los roperos, el gregoriano y el órgano fueron sustituidos por músicas populares y por guitarras. El empeño fue real: se promulgaron cuatro constituciones dogmáticas para que se viese que la cosa iba en serio. Pero con estos cambios (¡no se engañe!), la Iglesia no renunciaba a ser la única intermediaria entre el Dios verdadero y los hombres, fuera de la cual no hay salvación («extra ecclesiam nulla salus»). Entonces, ¿cómo terminó esta bienintencionada puesta al día con sacerdotes sacudiendo violentamente el cuerpo sacramentado de su salvador mientras te dicen que es tu amigo?

En el origen de todas las religiones está el encuentro con lo misterioso. Por culpa de los ufólogos, paranormanólogos y otra gente fantasiosa, el misterio se ha convertido en una cosa hortera. Procuremos salir de este barrizal. Dice Otto, en Lo santo, que si alguien que no sabe relojería se encuentra con un reloj descacharrado no dirá que tiene delante un misterio, sino un problema. Pero sí lo dirá ante una zarza que arde sin consumirse. Lo que diferencia el primer enigma y el segundo es que uno, el problema, puede ser asumido por las facultades del pensamiento, mientras que el otro no. Dicho de otro modo, se puede aprender relojería, pero no se puede conocer enteramente a Dios (porque una mente finita no es capaz de conocer a una mente infinita).

Las religiones permiten a los hombres tratar con los dioses. Los hechiceros saben cuál es el terreno que consagrar para establecer el poblado, los adivinos preguntan si es conveniente ir a la guerra, los presbíteros administran los sacramentos en su nombre. Estas acciones (y muchas otras) no se pueden hacer de cualquier manera. Las divinidades tienen por costumbre indicar exactamente cómo les gustan los sacrificios, las oraciones o los templos. A diferencia de los magos, los sacerdotes no actúan por su propio poder, sino por el poder de otro. Por esto, las religiones tienen la liturgia codificada, de modo que cada ritual se ejecute exactamente de modo que agrade al dios, que es quien lo ha establecido y a quien se dirige. Pero no basta simplemente con ejecutar virtuosamente una serie de movimientos. La liturgia pretende hacer creíble un hecho extraordinario, como que un trozo de pan pueda ser el cuerpo de Dios. Esto es tan complicado como parece, y se logra mediante un intrincado proceso que involucra gestos, espacio, luz, música, vestimentas y palabras.

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6 comentarios

  1. pero alguien ha visto una zarza arder sin consumirse?

    • A contraluz, sí. Y con un estado de la conciencia alterado por una larga ascensión a pleno sol del desierto del Sinaí con el estómago probablemente vacío y todo ello mezclado con la ansiedad de encontrarse en una situación desesperada, bueno, imagino que no solo la ves arder, sino que hasta la oyes hablar.

      • Y con psicotrópicos tb, pero si vamos a basar una fe que nos condicione toda la vida en lo que unos supuestos peregrinos vieron en estado de enajenación por hambre y sed, y además lo vamos a relacionar con una supuesta divinidad ( que tiene que ver la divinidad con algo tan terrenal?), Pues entonces yo me bajo. Es decir, entiendo a la gente de esa época creyente en estas cosas, a la de ahora no.

  2. Dios debe estar aparte y es bueno que así sea. Dios nos ha creado y Dios se ha dado a sí mismo en sacrificio en la persona de su Hijo, para redimirnos, llegando a hacerse humano y sacrificándose.

    Dios es amor, no lo olvidemos. Sin embargo, no casa con ello la soberbia individualista y mezquina del protestante ni el hippismo blando y humanistoide del pelagianismo. Esas son las auténticas taras del catolicismo actual. No hay catolicismo casi, sino un pelagianismo protestante o un protestantismo pelagiano, todo es o libre examen o salvación por las obras. Si no eres ateo, te hace falta un Dios que te haga saber que eres libre y que, sin embargo, ello no te basta para salvarte.

    Soy ateo y de izquierdas, pero siempre será preferible para mí una persona de derechas religiosa que una atea o agnóstica. Al misterio se le mira de frente, no hay subterfugios.

  3. Creo que si la iglesia, además de teología leyese los resultados a los cuales han llegado las ciencias neurológicas que de a poco van desentrañando el funcionamiento de nuestro cerebro, tendría que plantearse un problema insoslayable y poner la fe en su lugar: el de las intuiciones, uno de los más antiguos mecanismos psicológicos de nuestra especie y reconocer que, primero viene la intuición, luego la fe o el ateismo con toda la escenografía necesaria. Una intuición que se demostró erronea fue considerar que el Sol giraba alrededor de nuestra planeta, porque era intuitivo, no necesaria la razón para explicar su girar a torno. Nuestro cerebro necesita certezas, aborrece las ambigüedades, fue programado, además de aprender, para sobrevivir en un medio hostil, todo tiene que tener un principio, una razón y por su misma íntrínsica naturaleza ambiciona vivir para siempre simplemente porque sabe que morirá junto a nuestro cuerpo. y las intuiciones ayudan en este caso. Para mi este universo y todos los mecanismos que contiene y que hace y hará posible infinidades formas de vida, es eterno en su ciclo de nacer y morir con tiempos impensables. Ser eterno y no creado son los únicos atributos divinos de este sistema. Nadie nos ama o se preocupa por nosotros.Estamos sobre un volcán esférico, en cuyas superficie cada tanto hay un tsunami o un terremoto que nos arrasan como migas de pan. Y no hablemos de las enfermedades. La intuición de un dios bondadoso es necesaria para la existencia, pero no deja de ser una intuición, una intuición que ha causado y causa tantas muertes e incomprensiones, y qué decir de la misogenia y homofobia de todas las religiones monoteístas.

  4. Oppiano Licario

    Primero decir que un cerebro subdesarrollado como el nuestro no puede aprehender una mente infinita…

    Para luego acusar a dicho ser de injusto por no ajustarse a la lógica de que es capaz ese «ordenador» limitado ¿en qué quedamos?

    Por eso sospecho que la sonrisa tranquila del buda viene precisamente de contemplar al ateo frustrado que no deja de escupir al cielo.

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