¿Cuál es la mejor película sobre la ocupación y la resistencia francesa?

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La memoria es creativa y el pasado una pizarra en blanco en la que escribir nuestra preocupación actual para decir «¿Veis? Siempre estuvo ahí». En la película que nos contamos a nosotros mismos los malos siempre son los demás y los hechos reales, tarde o temprano, acaban rindiéndose al deseo de cómo nos gustaría que hubieran sido. Bajo esa perspectiva resulta muy interesante la manera en que el cine en general y el francés en particular han abordado un episodio histórico tan difícil de afrontar fuera del mito y la autoindulgencia. Sobre la forma en que se hizo durante la propia ocupación nazi de Francia ya hablamos en su día; respecto a las décadas posteriores, aunque las perspectivas han sido siempre heterogéneas, podría hablarse de una búsqueda inicial de restañar el orgullo herido mediante la exaltación de la resistencia, atribuida al conjunto del pueblo francés, y cierta tendencia más reciente a afrontar críticamente el pasado.

Algo de todo esto hay en la película recién estrenada en nuestros cines En tránsito, de Christian Petzold, que juega con la idea de situar a los personajes de la época de la invasión alemana en el contexto de la Marsella contemporánea. Lo que nos lleva a recordar otras películas sobre este asunto… otras más allá de Casablanca, naturalmente, que siempre prevalecerá allá en lo más alto y no sería justo para las demás ser comparadas con ella.

(La caja de voto se encuentra al final del artículo)

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Esta tierra es mía

Imagen de RKO Radio Pictures

Sobre la importancia real de la resistencia basta señalar que los soldados alemanes definían el destino a Francia como, literalmente, unas vacaciones, frente a la extrema crudeza del frente oriental. Pétain resultó ser en todos los aspectos mucho más representativo de Francia que de Gaulle, qué le vamos a hacer, lo que convierte al papel jugado por este país durante la posguerra en una de las operaciones propagandísticas más sorprendentes y eficaces jamás vistas. Pero por otra parte todo se ve mucho más claro a toro pasado, es muy fácil dar lecciones a los antepasados sabiendo quién ganó al final y dónde ha puesto la historia a cada uno. Por ello merecen toda nuestra admiración aquellos que en la incertidumbre supieron ser firmes, quizá fueron pocos, pero los hubo. Esto es justo lo que decía Charles Laughton en este memorable discurso, en una cinta rodada en 1943.

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La mano del diablo

Imagen de Continental Films

Esa visión del colaboracionismo como una cuestión de corrupción moral también fue reflejada en esta cinta del mismo año que la anterior, aunque tuvo el mérito añadido de ser rodada en Francia. Por supuesto abordó la cuestión de forma metafórica para poder superar la censura del nuevo régimen, mediante una historia fantástica de un pintor que logra el éxito gracias a un amuleto, sin ser consciente hasta que es demasiado tarde de que, literamente, ha vendido su alma al diablo. Una película notablemente original en su forma y fondo, que fue todo lo a contracorriente que se podía ir en esas circunstancias.

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El cuervo

Imagen de Continental Films

De nuevo estamos ante un film francés de 1943, elusivo por necesidad aunque lo suficientemente explícito como para que una vez concluida la guerra fuera considerado antifrancés: era un espejo cuyo reflejo incomodaba a su público. Su guion se centra en una localidad rural, cuyos habitantes reciben cartas anónimas en las que son acusados de conductas que les traerían la ruina de hacerse públicas. Todos desconfían de todos, íntimamente se saben culpables, pero lo importante es guardar las apariencias y, si es necesario, delatar antes de ser delatado.  

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Calle Madeleine nº 13

Imagen de 20th Century Fox

Es una obviedad señalar que el cine en general y el de Hollywood en concreto siempre ha estado al servicio de una u otra agenda política. Simplemente ocurre que somos más capaces de detectarlo cuando ha pasado el tiempo, cambia el contexto y entonces queda más en evidencia la parte propagandística de la cinta, cosa que llega hasta a resultar simpática. Aquí estamos ante un buen ejemplo. Una vez que la guerra había concluido, la oficina de inteligencia OSS pasaba a llamarse CIA y tenía ante sí la tarea de afrontar la naciente Guerra Fría. Algo que necesitaba apoyo político, así que llegaron películas como Calle Madeleine nº 13, rodada en 1947, cuyo comienzo adquiere formato documental al describir las operaciones llevadas a cabo por esta organización en la Francia ocupada, con un James Cagney más heroico que nunca.

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Un condenado a muerte se ha escapado

Imagen de Gaumont

Uno de esos pocos valientes que señalábamos fue André Devigny, cuya vida resultó digna de ser llevaba al cine, en este caso por Robert Bresson en uno de los clásicos del género carcelario. Profesor de escuela que se unió al ejército en 1939, continuó la lucha tras la rendición uniéndose a la resistencia. Tras ser detenido fue enviado a la prisión Montluc, considerada entonces a prueba de intentos de fuga y donde le torturó el infame Klaus Barbie. A base de ingenio y tenacidad fue urdiendo un plan de fuga que resultó exitoso (el propio título lo dice, no desvelamos nada) y lo que hizo a continuación es continuar su actividad en la resistencia, hasta que volvió a ser detenido… y de nuevo logró escapar. De Gaulle le concedió la Ordre de la Libération tras la guerra y publicó sus memorias, adaptadas a la pantalla por un cineasta que sabía muy bien de lo que hablaba, pues él mismo permaneció más de un año encarcelado por el nazismo.

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¿Arde París?

Imagen de  Marianne Productions

Tras la contundente victoria del desembarco de Normandía en junio, el mando se planteaba si avanzar hacia la frontera alemana o liberar París. Las fuerzas alemanas presentes en la ciudad eran en realidad bastante escasas, así que sus habitantes, envalentonados ante la proximidad de los Aliados, comenzaron la rebelión. En ese periodo de finales de agosto de 1944 es donde se centra esta historia, cuyo título hace referencia a la orden dada por Hitler de arrasar la capital francesa en la retirada, orden que fue incumplida por los generales Von Choltitz y Speidel. Esta es una de las cien películas que merece la pena ver para tener una visión de conjunto de la Segunda Guerra Mundial.   

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La tristeza y la piedad

Imagen de Télévision Rencontre

Profundizar en la historia es otra forma de viajar y aproximarse a una sociedad diferente a aquella en la que estamos inmersos, con otros valores y otra forma de vivir que nos ayudará a vernos en perspectiva. Este aclamadísimo documental de más de cuatro horas de duración es una magnífica oportunidad para ello, pues supo reunir testimonios de dirigentes políticos y de campesinos, de resistentes, de colaboracionistas y de indiferentes, de franceses y de alemanes. También rescató imágenes de la época, incluso propaganda nazi sobre la ocupación, de forma que logra ofrecer una visión de conjunto compleja y llena de matices en la que cada uno intenta explicar y explicarse qué es lo que pasó y por qué adoptó una u otra posición ante ello. Desde la ingenuidad inicial de lo que la guerra suponía, como aquellas burguesas parisinas que recaudaban dinero para que los soldados tuvieran rosales en las trincheras de la línea Maginot, a la destrucción posterior y la impotencia colectiva en la que se sumió el país. Rodado en 1969, fue exhibido durante años en una única sala de París, condenado al ostracismo por ese retrato tan poco afín al mito que daba de Francia, hasta que finalmente fue emitido por televisión en 1981.

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El tren

Imagen de United Artists

Rose Valland fue otra de esas personas que sí supieron dar la talla, las circunstancias históricas la situaron en una posición excepcional y su comportamiento estuvo a la altura. Conservadora en un museo nacional desde antes de la guerra, las autoridades de la ocupación consintieron que siguiera al frente creyéndola inofensiva. Desconocían que ella sabía alemán, lo que le permitió estar al tanto de conversaciones en torno al concienzudo saqueo artístico del que fue objeto el país. Sus filtraciones a la resistencia sirvieron para sabotear ese propósito, lo que le valió más adelante la Médaille de la Résistance. En 1961 escribió sus memorias en Le front de l’art, que de forma un tanto libre inspiró esta película de John Frankenheimer, en la que a Valland le dio vida la actriz Suzanne Flonn.

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Lacombe, Lucien

Imagen de Vides Cinematografica

Hablar de la ocupación de Francia nos lleva inevitablemente a mencionar a Patrick Modiano, Premio Nobel de Literatura en 2014, que ha centrado buena parte de su obra en un periodo histórico que no duda en calificar de vergonzoso para su país. Sus libros se han llevado en varias ocasiones a la pantalla, aunque también ha llegado a escribir guiones como el de esta película de Louis Malle. El protagonista es un adolescente que tras intentar unirse infructuosamente a la resistencia decide sin la menor mala conciencia pasar a formar parte de la Milice, que era el equivalente francés a la Gestapo.

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El ejército de las sombras

Imagen de Les Films Corona

Si bien Modiano no llegó a vivir aquella época, otros muchos intelectuales y artistas sí lo hicieron y marcó una fuerte impronta en cada uno de ellos, por unos u otros motivos. Que la película que tenemos sobre estas líneas comience con la frase «Amargos recuerdos, regresad. Vosotros sois mi juventud» es un claro indicio de esto en el caso de Jean Pierre Melville, uno de los máximos exponentes del cine negro. Los tiempos difíciles crean hombres duros, de manera que su unión a la organización Francia Libre en 1942 marcó en él un estilo que definiría su trayectoria cinematográfica, aunque de ello ya hablamos con detalle en este artículo.

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El último metro

Imagen de Les Films du Carrosse

Es llamativo cómo la población civil fue capaz de afrontar la guerra con relativo optimismo, tanto en el Londres bombardeado a diario como en el París ocupado, los cines, teatros y espectáculos musicales se llenaban día tras día, con espectadores ávidos de algo de entretenimiento y evasión al terminar la jornada. Aún en el caso de que en esta última el toque de queda obligaba a terminar pronto para coger el último metro. Truffaut narraba aquí un triángulo amoroso que remite a El fantasma de la ópera, con el propietario de un teatro que debe permanecer oculto en su interior, mientras su mujer pasa a hacerse cargo de la dirección mientras prepara la huida de ambos.

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Adiós, muchachos

Imagen de Nouvelles Éditions de Films

Aquí tenemos de nuevo a Louis Malle abordando una historia que le incumbía íntimamente, pues  estudió en un internado católico durante la guerra al que un día llegó la Gestapo para llevarse a tres estudiantes judíos que permanecían ocultos en él. A partir de esa experiencia personal escribió y dirigió una de las mejores películas que se han rodado en Europa.  

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Charlotte Gray

Imagen de Universal Pictures

Nancy Wake nació en Nueva Zelanda y vivía en Francia trabajando como periodista hasta que se casó poco antes de que estallara la guerra, pronto se unió al maquis y recibió instrucción militar y de espionaje en Gran Bretaña, para a continuación lanzarse en paracaídas sobre la Francia ocupada. Fue una pieza clave en la operación que permitió armar a varios miles de resistentes, llegando a lograr algo tan meritorio como ser la persona más buscada en Francia por la Gestapo en 1943. Aquí podemos verla en el centro de la imagen. Esta película, que en su día no recibió buenas críticas pese a resultar bastante entretenida, se inspira muy libremente en su figura, encarnada por Cate Blanchett.

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Malditos bastardos

Imagen de Universal Pictures

Concluimos con la más heterodoxa, con permiso de Top Secret y su resistencia francesa en plena RDA. Es una película que, por encima de todo, es fiel a Tarantino, a sus diálogos, sus personajes y su puesta en escena. A los hechos históricos ya un poco menos…

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10 comentarios

  1. Sandro

    “Cognacq-Jay”, A.K.A.: “TV Paris”

  2. Hiroshima non amour
    No trata de la ocupación pero sí es resultado de ella. Marca definitivamente el destino de la protagonista y deja un profundo desasosiego.

  3. El Silencio del Mar, de Jean-Pierre Melville. Con especial mención para Howard Vernon, actor que mereció mucho más de lo que le tocó.

  4. Vigasito

    El tren

  5. Camallerenc

    Frente a las obras maestras de Malle, Melville o Clouzot, gana la (mala) broma de Tarantino. Significativo…

    • Pues sí. Manda 00 que estando ‘El ejército de las sombras’, ‘Esta tierra es mía’, ‘El tren’, ‘Un condenado…’ o ‘Adiós muchachos’ en la lista gane por goleada la de Tarantino…

  6. Top Secret.

  7. RealMcManus

    “Un héroe muy discreto”, por contar la verdad: que la Resistante fue en realidad la mitad de la mitad de la mitad de lo que nos han contado. El Home Army polaco, eso sí que era algo serio…

  8. Dr.Brown

    La verdad que se agradece haber incluido en la lista a obras maestras como Adiós muchachos, El tren, Un condenado a muerte se escapa o El ejército de las sombras, que son filmes que increíblemente no suelen ser mencionados cuando se arman listas con las mejores películas de la Segunda Guerra Mundial. Si bien no es mala, ver que Bastardos sin gloria gane por clara ventaja de votos es una prueba más de que se ve poco cine de antes, y de que muchos cinéfilos jóvenes piensan que Tarantino a (re)inventado el cine.

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