The Kinks: La aristocracia obrera del rock

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The Kinks, ca. 1980s

Probablemente sean el mejor grupo de rock de todos los tiempos. Están entre la media docena de grupos que probablemente sean el mejor grupo de rock de todos los tiempos. Sin embargo, hay algo en su historia que les hace completamente diferentes a sus rivales: el fracaso. Los Kinks, pese a la contundencia del recuerdo de su nombre, se arrastraron durante la mayor parte de su carrera. Con la excepción del single «You Really Got Me» sus discos más brillantes vendieron poco, algunos tuvieron al menos el favor de la crítica, pero muchos ni siquiera eso.

No obstante, nunca dejaron de seguir su propio camino. Apostaron por un rock que contase historias. Esa literatura la protagonizaban hombres anónimos y sus insignificantes hazañas. Pertenecían a la clase obrera, pero su objetivo era escapar de esa condición a través del arte. Lo tuvieron claro cuando se aproximaban a la edad laboral. Pero con la suerte o la desgracia de nunca dejar de ser lo que se es, con testarudez y un hieratismo muy británico impasible ante las modas ajenas, firmaron con esos mimbres una carrera que es una obra de arte en sí misma. Sin astracanadas, sin grandes pretensiones, sin nihilismo. Siempre como obreros que tocan; obreros que devienen obreros del rock.

Atardecer en Waterloo es un libro de 782 páginas que recoge toda esta odisea. Publicado en la editorial Silex por Manuel Recio e Iñaki García, parece que esta obra, aparecida el año pasado, está contagiada por el espíritu que manifestó Paul Williams en la revista Rolling Stone en 1969: «Nunca tuve mucha serte convirtiendo a la gente a los Kinks. Mi único deseo es que ya te hayas convertido. Si lo estás, hermano, te quiero. Tenemos que estar juntos en esto».

Por fortuna, es un trabajo profusamente documentado, que se basa en los hechos. Las interpretaciones son pocas y precisas. No hay elucubraciones. Se sigue la historia, que siempre es lo más difícil, hasta que hable por sí misma. Sitúa cada disco de sus veinticuatro álbumes de estudio en las situaciones y emociones con las que se concibieron, algo que cambia la percepción que tenías de ellos si solo contabas con los elepés.

En las primeras páginas ya llama la atención que la principal seña distintiva de este grupo, su rollo británico tan acusado, fuese algo mamado en la familia y desde la cuna. Su padre, cuando estaba borracho, cuentan, gustaba de coger el banjo y tocar vodevil y canciones victorianas. De esos shows en el salón de casa nunca lograron escapar las composiciones más personales de Ray Davies, que fueron todas a partir de los tres o cuatro años de andadura del grupo.

Se dice que el carácter de Ray también estuvo marcado por que sus hermanas estuvieran pendientes de él desde pequeño. Su hermano David dice que solo fue feliz los tres años antes de que él naciera. Además, influyó que se les muriera una de sus hermanas más queridas, Rene, la mayor, y se hundieran en la miseria emocional a edad temprana. Eran, han escrito los autores, en definitiva, los raritos del barrio. Ray se autolesionaba golpeándose con un martillo en las rodillas. Solo coincidió que para divertirse, aparte de boxear entre ellos e ir al fútbol a ver al Arsenal, les dio por tocar música.

Ray lo tuvo claro desde el principio, citan los autores: «Crecí con el miedo a ser aplastado como individuo, lo vi cuando iba al colegio. Yo quería ser artista, pero si no llegas al nivel el sistema te enseña para que trabajes en una fábrica de piensos». Ingresó en la escuela de arte en pleno auge del Kitchen sink realism, una orientación artística del teatro y del cine británicos, sobre todo en joyas de mediometrajes grabados y emitidos por la BBC, donde lo primordial era el realismo social. Eso fue configurando de alguna manera el gusto y sensibilidad de Ray, aunque también lo hicieron las drogas. En su escuela todo el mundo se metía y él también, hasta el punto de que cuando el consumo se extendió en los sesenta a él ya le parecía algo caduco y pasado de moda. No obstante, estaba ya centrado cuando decía esto en su gran vicio: el alcohol.

El inicio de todo puede datarse justo cuando los Beatles lanzan «Love Me Do». Ray sintió al escucharla que podría haberla hecho él. Antes de eso hay que tener en cuenta que ya habían estado ensayando con un tal Rod Stewart, con quien no congeniaron por problemas de ego. Tiraron, en sustitución, de un cantante de buena familia que les garantizase un público atento —los amigos pijos del chaval—. Hasta que en una ocasión tocaron ante un público más amplio que empezó a reírse de él cruelmente al escucharle entonar canciones de Buddy Holly con su forma de hablar de niño acomodado. «Se puso tan nervioso que se dio un golpe con el micro en los dientes y se los rompió».

Sin cantante, con Ray al micro, probaron para Epstein, mánager de los Beatles, que no se interesó en ellos y fueron rechazados por EMI y DECCA, entre otras. Solo llamaron la atención de Pye y en ella estrenaron nombre, Kinks, que significa «pervertido» y también «excéntrico». Sacaron un material que obtuvo poco eco y por el sello circuló esta misiva:

Este es el tercer lanzamiento de los Kinks en nuestra discográfica y, como sabéis, las ventas de los dos primeros singles no alcanzaron nuestras expectativas. Todos sabemos que los Kinks son un grupo único, pero difíciles de promocionar… Recomiendo que si este nuevo single de los Kinks no tiene éxito los expulsaremos de nuestra discográfica sin ejercer la opción de renovarles.

Hay mucha historia detrás del riff de «You Really Got Me», que muchos han calificado como el primero de heavy metal de toda la historia. Intentando efectos de guitarra que fuesen más allá habían estado a punto de electrocutarse con los amplis que tenían en el salón de casa. La composición, para Ray, también suponía un paso más para escapar hacia ninguna parte o, según dijo después, a España —concebida entonces por los europeos como un lugar exótico y rico culturalmente pese al caudillo y su régimen— «Al principio solo quería hacer un disco que me permitiera dejar la escuela de arte y viajar a España para estudiar con Andrés Segovia, por ese motivo surgió «You Really Got Me»», cita el libro que dijo.

También hubo algo de respuesta al sello, que les exigía sonar merseybeat, el sonido de Liverpool, pero Ray pretendía hacer algo que rompiera con la moda del momento, que fuera distinto, pero que a la vez a quien convenciera fuese a los puristas del blues. Cuando le presentó el riff a Pye les parecía, en efecto, demasiado blues. En un inicio las primeras grabaciones fueron decepcionantes, el técnico era un imitador de Phil Spector más orientado a los sonidos edulcorados que a los crudos. La novia de David al escucharlo exclamó la sentencia definitiva: «No hace que se me mojen las bragas».

El sonido se corrigió in extremis en otra toma y la canción, en bruto, fue el megapete. Jimi Hendrix les dijo en persona que era «un paso adelante importante para la música rock». Para Bowie «hacía que todo el mundo se levantara de sus sillas». Los autores citan que grupos posteriores como Led Zeppelin, Black Sabbath o Metallica han reconocido su influencia. Incluso, mucho más cerca en el tiempo, los Who lo admitieron. Palabras de Pete Townshend: «Los Kinks habían llenado el hueco que queríamos ocupar nosotros, con ese tipo de música sencilla, la que siempre ha resultado más difícil de componer». Lo cual es una verdad axiomática. Siguiendo la estela marcada por los Davies, surgió su «I Can’t Explain». Este éxito les colocó en la órbita de los Stones y los Beatles en un periodo de máxima competencia entre ellos. Según Ray: «Era increíble, los Beatles esperaban impacientes al siguiente disco de los Kinks, mientras que los Who esperaban al siguiente disco de los Beatles. Fue una época muy emocionante. Había incluso más anticipación entre los propios aristas que entre los fans».

En la vida cotidiana del grupo la traducción del éxito fueron borracheras, drogas, habitaciones de hotel destrozadas, sexo salvaje —Dave llegó a romperse, literalmente, el prepucio— un comportamiento, al fin y al cabo, consistente en hacer lo primero que les pasaba por la cabeza mientras el sello hacía caja con ellos con la urgencia de tener la certeza de que pronto se pasarían de moda y no habría nada que exprimir. En una de estas juergas conocieron en París a Lola, la travesti que dio luego nombre a su gran éxito y que les sirvió para que sus seguidores más fanáticos en Estados Unidos estuviese formado por drags y trans, un dato pintoresco, pero que habla bien de ellos.

Foto: Cordon.

La resaca de tanto trote les llegó pronto en forma de estrés, neumonías, desfallecimientos en directo y serias peleas entre ellos. El libro trae una que refleja muy bien el desgaste de sus relaciones:

Dave: «Le dije que tocaba la batería de pena y que sonaría mejor si la tocaba con la polla». Mick estalló, cogió lo único que quedaba en pie, el soporte del charles, y lo tiró contra Dave. Le dio en plena cabeza, a la altura del ojo; la sangre brotó por el escenario. «Lo siguiente que recuerdo es estar tumbado en el suelo del camerino con la sangre bajándome por la nuca». La cantante de Goldie & The Gingerbreads, testigo de esa noche, explica cómo un desolado Ray tenía la certeza de que su hermano había muerto: «Nunca le olvidaré llorando entre bastidores ¡mi hermano! ¡mi hermano!».

En Estados Unidos, el mayor mercado musical del mundo, fueron vetados por una pelea con un miembro del sindicato. «Estados Unidos, el país que siempre había inspirado la sensación de libertad en mí era, en cierto modo, uno de los lugares más  reprimidos y de ideas más retrógradas en los que había estado», recordaría Ray. Se peleó porque insultaron a su mujer, Rasa, una lituana, llamándola «rojilla».

Pero de su paso por España las imágenes son más nítidas, porque el libro cuenta con fuentes primarias que fueron testigos de sus actuaciones. Aquí se ve otro cariz de su carácter, más auténtico y más sobrado, lo que luego se llamaría punk:

Lo primero que hizo Ray Davies antes de empezar a tocar, sin decir ni una palabra, fue sacar con la mano mi micrófono fuera del pie de micro. Se lo metió en la boca como si fuera un falo, un vibrador o algo parecido, mirando a las chicas que estaban frente a él en el escenario y desafiándolas de una forma grosera. Yo se lo quité de la mano y lo devolví a su pie, diciéndole a Ray en mi más que perfecto inglés en esa época: You do that again and I’ll kill you. Me sentó fatal que hiciera esto, en primer lugar que babeara el micrófono con el que yo cantaba, y después la grosería con la gente.

Y en otra ocasión:

Ray Davies hizo un gesto similar al de sacarse un moco y lanzarlo al público.

¿Anticiparon el glam, la moda más popular de los setenta? Aparte de Lola tuvieron letras sobre confusión sexual, Ray le llegó a confesar a su mujer que de no ser por ella sería gay y David se acostaba con lo que pillaba sin distinguir en trivialidades como de qué sexo era la persona que se llevaba a la cama.

Pero antes de «Lola», en 1965, ya se les daba por muertos. Es a partir de aquí cuando empiezan a darse en su carrera detalles de distinción exquisita. Explican los autores que en esta época Ray escribe «Where Have All the Good Times Gone», una letra de homenaje a generaciones anteriores, «el tipo de canción que escribe alguien de cuarenta años», un emocionado recuerdo y reconocimiento a los que vivieron las dos guerras mundiales y las correspondientes recesiones económicas. «Esa generación luchadora que no estaba de moda homenajear en el despreocupado Londres de los sesenta».

Tener una mirada en perspectiva en aquella época y en aquel lugar, posiblemente la época en la que mayor abismo hubo entre jóvenes y mayores, urbanitas y los demás, si no lo podemos clasificar de revolucionario, sí era absolutamente contracorriente y, por supuesto, un suicidio comercial. Documenta el libro que por esa época un setenta por ciento de la población inglesa se consideraba clase trabajadora, pero lo que reflejaba la cultura popular que se exportaba de ese país era el swinging London, una burbuja que los Kinks eludieron hablando en sus canciones de gente que se quedaba en paro, que no tenía dinero, que lo pasaba mal…

The Kinks,1965. Foto: Cordon.

Y en esta tesitura llegó 1966, el mejor año de su vida, no porque llegase otro éxito, sino porque Inglaterra ganó el Mundial. Tiempo después, en Estados Unidos, en su primera cita con Chrissie Hynde, de Pretenders, con quien mantuvo una relación, Ray le pidió que le acompañara al quiosco para comprar el periódico y ver cómo había quedado el Arsenal. Aunque yo, personalmente, añadiría que ese 1966 Ray Davies también le produjo tres demos a los Iveys, que luego se llamaron Badfinger. Otro hito.

1968 uno pensaría que fue un año de máxima relevancia, pero tras una gira por parques temáticos donde iban a verles, horreur, padres con sus hijos, sacaron The Kinks at the Village Green Preservation Society. Una joya eterna, pero que en su día no entró en las listas de ningún país del mundo. La crítica, sin embargo, sí que vio su calidad. También hay que tener en cuenta que apareció cuando Jimi Hendrix acababa de lanzar Electric Ladyland y los Stones, el Beggars Banquet. Mientras la moda era drogarse, especialmente con LSD, los Kinks evocaban «la cerveza de barril y las amistades perdidas» en un disco sobre la vida rural tradicional y bucólica.

Arthur (Or the Decline and Fall of the British Empire), en 1969, que era una repaso por la historia de su país, vendió seis veces más que el anterior, pero le pasó por encima Tommy, de los Who, con una historia menos elaborada y más efectista, que además se consideró la invención de la ópera rock. Para la crítica, de nuevo, no volvió a haber dudas. En un año en el que aparecieron Let it Bleed, Abbey Road, Space Odity o el primero de Led Zeppelin, en la revista Rolling Stone dijeron que el LP del año era el de los Kinks.

Lejos de autoreivindicare, las declaraciones de Ray sobre el fracaso comercial de estos discos que recoge el libro son para troncharse. Considera que los Stones y los Beatles les tenían envidia, porque ellos no tenían «derecho a fracasar». No obstante, esos dos álbumes concentran tal cantidad de canciones perfectas, melodías imprevisibles y sutilezas que no pueden considerarse en modo alguno un fracaso.

Con la intelectualización del rock de Pink Floyd, King Crimson o Yes, fue cuando los Kinks apostaron por el proto-glam de Lola Versus Powerman and the Moneygoround, Part One. Lograron que las cockettes, el aludido grupo de travestis, les siguiera por todo Estados Unidos, donde salvaron la papeleta volviendo a las listas. Pero solo un año más tarde, palabras de Ray: «Hice el disco más de clase obrera que pude». Fue Muswell Hillbillies y tuvo una repercusión mínima. En Estados Unidos, donde habían conseguido tanto crédito, el hecho de meter un slide a una revista como Creem se le atragantaba. Se inmolaron.

Los setenta los empezaron con el mote de The Juicers (los bebedores) por sus afición a la botella. Se citaban con drag queens, salían con bailarinas de strip tease. En una fiesta que se montó en Hollywood los Kinks eran los menos extravagante de todos los invitados que congregaron hasta el punto de que a Ray no le dejaron entrar. Así, tocaron fondo cuando David tuvo que abandonar el consumo de drogas y el alcohol forzado porque empezó a escuchar voces en su cabeza que le pedían que se tirase por la ventana. Años después sufriría una embolia, según él, a causa de la cantidad ingente de anfetaminas que consumió de joven. Por esas fechas, Ray también casi casca en la bañera tras beberse varias botellas de champán.

Hasta que llegó el punk, que sintieron como «un alivio», no dieron más que tumbos, pese a que los discos de esta década son también joyas. Pero tenían que defenderlas, por ejemplo, en carteles de festivales del Partido Comunista Francés con Raimon y Leonard Cohen. Sin embargo, aunque con el éxito de Sex Pistols, Clash y Ramones cambió el paradigma musical, ellos seguían empeñados en componer óperas cuando sus discográficas les pedían canciones de tres minutos. Su visión comercial era igual a cero.

En la nueva época se adaptaron un poco a lo establecido. Tomaron la vía de la new wave hasta llevarla a terrenos muy AOR, incluso al final de la década de los ochenta se les acusó de heavies. Pero los que sí que eran bastante heavies eran Van Halen, autores de una versión de «You Really Got Me» en su primer LP que triunfó más que la Coca-Cola. La gente se pensaba que cuando los Kinks la tocaban en directo estaban haciendo una versión de Van Halen.

«La primera vez que escuché la versión de Van Halen de «You Really Got Me» no pude evitar reírme. Era muy exagerada. Se habían equivocado completamente respecto al significado de la canción: cuatro chicos de clase obrera, luchando por hacer algo diferente. En la grabación original puedes notarlo en su energía, su aspereza. La versión de Van Halen está muy contaminada; es muy elaborada y ostentosa, pero pierde todo su sentido», recuerda Ray.

En 1989, entraron en el Salón de la Fama. En el hotel Waldorf Astoria de Nueva York, Ray Davies dijo en su discurso: «Veros aquí a todos esta noche hace que me dé cuenta de que el rock and roll se ha vuelto respetable…». Paró, hizo un silencio, todo el mundo aplaudió locamente por lo que acababa de decir, y añadió: «Vaya mierda».

«Este perro viejo no conoce trucos nuevos», se escribió sobre ellos en los ochenta, pero en los noventa, por un par de años, se les nombró padrinos del brit pop, la respuesta británica al grunge, aunque Backstreet Boys y las Spice Girls por un lado y Radiohead y The Verve por otro acabaron rápido con el espejismo. Pese a todo, habían estado sacando discos de estudio hasta 1993. Contando todos, fueron veintinueve elepés en treinta años. Un hecho revelador de lo que fue toda esta carrera y su vocación es que en 2004 Ray Davies recibió un disparo en Nueva Orleans de un atracador. En urgencias, mientras le intervenían y le inyectaban morfina, pidió papel y lápiz para escribir la experiencia con el fin de llevarla a alguna letra. Llámenle obrero, llámenle artesano, lo que pone de manifiesto Atardecer en Waterloo es que Ray Davies nunca pudo dejar de ser lo que era.

Foto: Cordon.

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21 comentarios

  1. Ignatius

    Se rumorea que los hermanos Davies se van a juntar, por lo menos para un disco nuevo.

  2. Victoriano Gomez

    Hablarme de los Kinks, es tocarme mi corazoncito, llevo con ellos y su ambiente de fans kinks desde la muerte de Pete Quaife, entonces entre a condolerme con ellos de Pete, en Facebook, hemos repasado su discografia y he podido convivir en esa esfera musical Kink inenarrable.durante todos estos años, su vuelta a los escenarios, sin Pete, ha podido darse pero no acaba de cuajar, incluso ahora vuelven hablar de una reunion, si lo hacen trataremos de que vuelvan a Barcelona.Siendo los mejores siempre han sido terceros,por detras de Beatles y Rollings, y eso no ha sido nunca justo.

  3. Estuve en un concierto suyo acojonante y me quedo corto

  4. Doctor Roberto

    ¿Han grabado algo minimamente parecido a Sgt Peppers?

    ¡¡¡Por Favor!!!

    • Viejotrueno

      Parecido? mejor, y varias veces… comenzando por ‘The Village Green Preservation Society’
      Infórmese un poco antes de soltar tópicos… el Sgt Peppers ni siquiera es el mejor disco de sus autores (ni de lejos)

      • Karlotti

        Hombre, mejor o peor, todo es subjetivo. A mi me parecen muy superiores las composiciones de los Beatles que las de los Kinks, lo que aporta cada uno de los miembros… sin metenernos en si son o no mejores instrumentistas que los Kinks. El aura y el «rollo» de temas como «I got the feeling», «I want you», «Happiness is a warm gun» o «I am the walrus» no me lo dan los Kinks, subrayo subjetivamente. Es como la Creedence en su género, originalidad, simpleza y un buen gusto sublime.

        Aunque todo sea dicho el endiosamiento de los Beatles y la suposiciones de la prensa especializada en algún punto de «que todo empieza con ellos», por poner un ejemplo: incluso el «heavy rock» vésae Helter Skelter, cuando ya estaban The Who, Cream o hendrix dando caña en el 66/67… pues igual hace que ya los tengamos todos un poco empachados. Aunque no por estar «sobrevalorados, quizá?» dejan de ser geniales. Tópicos a parte, esque son muy buenos… mira Bagde, se junta uno de ellos con Cream y paren un temazo del 15.

        Que luego han tenido morralla en sus respectivas carreras en solitario, no se discute, pero los 10 años que estuvieron juntos tuvieron un nivel altísimo.

        Los Kinks son unos maestros pero no me llegan como los Beatles, tampoco vamos a hechar mierda sobre los Stones y los Beatles, son bandas distintas acojonantes las 3. Mira tú que el gran Alice Cooper ni por esas prefería a los Yardbirds de las bandas de la British Invasión, para que veas lo curioso del asunto. Y no creo que sea un tipo falto de criterio.

        Mejor, peor, peor, mejor… a cada uno le toca más una banda que otra. Igual que es un tópico lo de los Beatles puede ser interpretado como otro tópico apoyar a una «banda maldita» o «banda infravalorada» como pueden ser los Kinks. Pero vamos a dejarnos de interpretaciones torticeras. Cada uno disfruta la música y gusta más de unas bandas que otras.

        Respecto al Sgt Peppers, yo no lo considero el mejor disco de los Beatles, tal vez si hubiera incluido el single Strawberry Fields/Penny Lane sería un plástico más potente. Hombre no deja de ser un tópico nombrarlo, quizás es el disco favorito de nuestro «buen Doctor», pa gustos colores… yo me quedo con el Abbey Road!!!

        Aunque hoy estamos aqui para reivindicar a los Kinks, yo me quedo con la tripeta The Village, Arthur y el Lola Versus!!!

        Disculpen el tocho, pero da gusto hablar de lo que nos apasiona… la música!!!

        QUE VIVA LA JODIDA BRITISH INVASION!!!

        • Johnny Trash

          Lo de que todo es subjetivo en discipinas creativas es un tópico muy manido pero no por eso va a ser cierto. Entiendo que al valorar obras o autores de similar nivel o trascendencia pueda haber debate pero dudo que nadie con dos dedos de frente y cierto bagaje considere que Shakira es mejor que Bach, por poner un ejemplo. Esto no quita que a alguien que reúna las características antes mencionadas le pueda apetecer más escuchar un tema de la primera que uno del segundo en determinadas circunstancias (con una comparación tan extrema como la que he puesto tal vez sea difícil de concebir, pero creo que se entiende por donde voy).

          • Karlotii

            Don Johnny, comparar la velocidad con el tocino e irse por peteneras puede resultar también un tópico en si mismo, y lo digo con todos los respetos: el de el niño que viene en mitad de una película a comentar la jugada.

            La polémica era la siguiente: han comparado a Beatles y Stones con los Kinks y ha habido bronca, vale, aceptamos su argumento de «autores de similar nivel y trascendencia» y ahi he expuesto mis razones por las que no veo sentido despreciar a una u otra banda. Te sigo por donde vas, pero ¿a que diantres viene eso de comparar a Bach con Shakira? Yo dije que TODO ES SUBJETIVO pero en el contexto que nos hallábamos, no se a qué viene malinterpretar los argumentos o buscarle los pies al gato, que está usted en su derecho de decir lo que le salga de los pendientes reales.

            Pero si quería añadir algo de lucidez al hilo, que estoy deacuerdo con usted que «no todo vale», aun sin «dedos de frente», esto lo digo yo; lo único que ha conseguido es darle la vuelta al tema y exponer unos argumentos nada más lejos de mis postulados anteriores, y fruto de una interpretación torticera con ánimos de estirar más el chicle para su propio lucimiento que otra cosa.

            Resumiendo:

            Punto 1. Mi argumento: British Invasion, Beatles, Stones, Kinks, etc. ¿Quién es mejor? Todo es subjetivo.

            Punto 2. Por alusiones: Comparar a Bach con Shakira, igual que tirarse el pisto y comparar a Lionel Messi con un jugador de 3ª División yo NO dije en ningún momento que «todo es subjetivo en discipinas creativas» eso lo dijo usted, como con el símil que establezco yo ahora nada es subjetivo en disciplinas deportivas, y ahi me quedo yo tan pancho. Plas plas, aplausos del personal.

            Buenos días tenga usted Johnny Trash.

            P.D: Perdonen las faltas de ortografía, escribir desde el móvil con una mano y hacer malabarismos con la otra, hoy día, es un milagro.

            P.D.2: Lo que verdaderamente espero es la réplica de Viejo Trueno, veterano usuario de esta página. Ése si que reparte «hostias como panes» en forma de argumentos incontestables.

            • Johnny Trash

              Don Karlotii, no se irrite usted, por favor.

              No sé a que viene especular sobre cuales son mis intenciones para escribir aquí. Ya me contará usted si le apetece que clase de lucimiento puedo sacar de las pocas líneas que he escrito anteriormente.

              Usted escribió «todo es subjetivo» a secas, creo que puede entender que da pié a que se interprete como una axioma y no como algo contextualizado.

              Lo de las disciplinas creativas lo he añadido porque es el campo en el que más se suele usar el tópico de que todo es subjetivo y es el campo del que forman parte las obras de los grupos de los que se está hablando aquí.

              Si usted contesta a Viejotrueno (comentarista de una casta superior y, por lo tanto, con mayor derecho a escribir y contestar según deduzco de su segunda posdata), está bien. Si intervengo yo soy un niño que viene a mitad de la película a comentar la jugada. Vale, guai.

              Si necesita usted trabajo, podría enviar su currículum a Jot Down por si necesitan a alguien en el puesto de moderador, ya que por lo visto está usted muy al tanto de cuales son las reglas para poder comentar artículos en esta página y participar en las conversaciones que en ellos se generan.

              Si me proporciona una forma de contactar con usted, no dudaré en hacerlo la próxima vez que se me pase por la cabeza escribir algo en este sitio para que me diga usted si el contenido de lo que quiero decir es adecuado o si mis credenciales son las apropiadas para hacerlo.

              Que vaya bien.

  5. … y probablemente mejor (de hecho es que ni es el mejor disco de los beatles), pero para eso tendria usted que escucharlos antes de escribir por aqui….

  6. Doctor Roberto

    Tengo 70 años. He padecido un nefasto ¿concierto? ¿actuación? de esos en Blackpool y daban lástima.
    Son tan malos que en ningún medio minimamente serio se les reconoce.
    A los hechos, datos, cifras me remito.
    Y no me vengan con el cuento que los genios ¡JA! son unos incomprendidos.
    Y, por mi profesión; radio musical; he tenido que sufrir oyendo las pocas barbaridades que grabaron y las nefastas producciones.

    ¡QUE ATREVIDA ES LA IGNORANCIA!

  7. Javier Montón

    Doctor Roberto, recétese algo y guarde reposo

  8. Sergio Dueñas

    «Doctor, curate a ti mismo».

  9. Johnny Trash

    Interesante artículo. Gracias por publicarlo.

    Respecto a lo del mejor grupo de rock y pese a que no soy un especialista en la materia, me cuesta imaginar que alguno haya podido alcanzar las cotas de creatividad, variedad y calidad de los Beatles entre 1965 y 1969 y menos en un lapso de tiempo similar.

    Del álbum Arthur de los Kinks he estado escuchando un trozo y, aunque no me desagrada, no me parece que esté a la altura de los que considero los mejores discos del cuarteto de Liverpool (Revolver, White Album y Abbey Road).

  10. Manipulador de Alimentos Online

    Pedazo de grupo y olvidadísimo. Ray Davies es uno de mis referentes. Unas letras geniales, por cierto. Rock and roll fantasy es una de las canciones más épicas de la historia del Rock. Qué bueno que se les recuerde aquí. Muy merecido.

  11. EL LEGADO DISCOGRÁFICO QUE NO TIENE NADIE EN TRES DÉCADAS DIFERENTE - Y LAS VENTAS DE DISCOS PARA OTROS

    En mi modesta opinión y haber escuchado a cientos y cientos de grupos de pop y rock clásico de sus discografías completa, que es lo que vale!, no medio album de un grupo al que ni siquiera conoce. Con los The Beatles no he encontrado un grupo con una discografía enorme de una calidad creativa melódica y de textos supremos y de las maravillosasas etapas de mucha diversidad de sonidos. Su increíble etapa imperial de la PYE, su estupenda y glamurosa etapa RCA, con el gran Muswell Hillbillies y su gemelo pero algo inferior Everybody’s In Show-Biz y la obra maestra de la enorme Opera-rock Preservation Act, especialmente -Preservation Act 2 entre otras obras teatrales muy recomendables como Soap Opera y Schoolboys In Disgrace, y vuelta al rock convencional en su méritoria etapa Arista con la trilógia de albumnes destacables Sleepwalker/Misfits/Low Budget entre otros… A pesar de estar subestimados eso me hace que sea una banda mas interesante, porque me llevé la sorpresa mas grande de mi vida, haber conocido el grupo mas grande de estudio con los The Beatles. Aún así invito a los que le guste la mejor música que indaguen mucho los sesenta y los setenta porque hay esta toda la mejor música contempóranea, el resto….mejor ni lo digo. Saludos

    Pd. La mayoría de los grupos de diferentes sonidos del rock clásico y no tan clásico, reconocieron textualmente sus distintas influencias sobre este grupo de culto.

  12. Josesón

    En aquellos tiempos en que los cambios en la música de rock se sucedieron a una velocidad inusitada, no hubo, que yo me acuerde, tanta disputa por decir quién era mejor o peor. Los Beatles estaban en la cumbre y los Stones atrás de ellos. Pero, hay que dejarlo bien claro, la masa de grupos que venía atrás estaba pletórica de bandas buenísimas. Nosotros apreciábamos a muchas bandas y las veíamos complementarias, no con rivalidad y exclusión como sucedió después. Los programas de radio empujaron a eso poniendo a competir artistas. Los críticos, tipo Scaruffi y compañía, se inventaron sus sistemas de evaluación de la calidad musical y empezaron a comportarse un poco como el récord Guiness, calificando a todo mundo. Y, en referencia específica a The Kinks, me adhiero al comentario que hizo de ellos el crítico de rock mexicano García Michel en un excelente número monográfico de La Mosca (cito de memoria) «No me alcanzan los dedos de la mano para contar las bandas que me gustan, pero, he de decir, la más entrañable de todas son The Kinks». Está resuelto el asunto señores.

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