Guerra al calco anglicista

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Benito Pérez Galdós, 1901. Imagen: Blanco y Negro (510) (DP).

La guerra del siglo XXI será lingüística o no será. Son numerosos los frentes abiertos alrededor de esta confrontación gramatical, que lo mismo incluye una tilde en un adverbio que una coma entre sujeto y verbo. Entre ambos fuegos se sitúa el castellanohablante, que ve cómo las balas sobrevuelan su cabeza, sin saber si será un proyectil en forma de imperativo o de posesivo el que se adentre en su corazón podrido por las clases de Lengua. No habrá paz hasta que los nazis gramaticales perezcan, ni fumaremos de su pipa hasta que los anarquistas ortográficos acaten la ley. Pero tranquilo, españolito que vienes al mundo. El día que una de las dos ortografías deje de helarte el corazón, solo podrá ser por dos motivos: o se ha extinguido la raza humana, o alguien con criterio le ha pegado fuego a la torre de Babel. Ya se ha dejado caer por el párrafo que el castellanohablante tiene más frentes abiertos que las potencias del Eje durante la Segunda Guerra Mundial. Bien, pues de entre todos esos frentes hay uno con el que debe tener especial cuidado si no quiere perecer en el campo: la llegada descontrolada del calco semántico procedente del inglés. Decía Unamuno que la llegada de nuevas palabras debe servir para añadir nuevos matices e ideas al idioma… cuán equivocado estaba el viejo.

El problema de esta llegada irracional de nuevos términos originarios de la lengua de Shakespeare es que, a menudo, no aportan nada. ¿A qué se puede deber entonces este desembarco masivo de anglicismos innecesarios? Primero, a que España siempre ha observado las islas británicas con admiración. Desde que Fraga volvió de Londres con bombín hemos colocado a Dickens por encima de Galdós; a Clapton por encima de Paco de Lucía; a Churchill por encima de Hernán Cortés; a Beckham por encima de Raúl. Por otro lado, nuestro acomodo en el autobús capitalista ya es un hecho, y conducimos a gusto sobre esta american way of life mientras entonamos canciones de Rihanna a todo trapo. El anglófono ha colonizado nuestra otrora lengua dominante, y solo nos queda doblar la cerviz servilmente para no quedarnos atrás en este mundo globalizado.

Ahora bien, una cosa es dejar la puerta del préstamo lingüístico abierta para enriquecer nuestra lengua con novedades llegadas allende los mares, y otra muy diferente es que en esta guerra se cuele un término como «bizarro». Sí, el horror. Según la RAE, este palabro ya puede utilizarse para referirse a la «rareza». Hasta hace no mucho, la Academia decía esto: «En español significa “valiente, esforzado” […] debe evitarse su uso con el sentido de raro o extravagante, calco semántico censurable del inglés bizarre». Sucumbimos a la moda anglófona y el pueblo ya utiliza «bizarro» para referirse a lo raro cuando antes ya contaba con maravillas como estrafalario, extravagante, esperpéntico, peculiar, estrambótico, insólito, infrecuente, inusual… Todas ellas formas hermosas, con sus pequeños matices. ¿Quién necesita bizarros en esta lengua?

Luego está el asunto informático. Es un hecho que la tecnología nos ha secuestrado las meninges y ha añadido cookies, webs, links, routers, users, passwords, hackers y quién sabe cuántos términos demoníacos más a nuestro imaginario. Sin embargo, cada vez que la palabra «remover» es utilizada con el significado «borrar», en un calco horripilante del inglés to remove, la guerra recrudece, los cañones resuenan estruendosos, las banderas se agitan al aire y el apocalipsis bélico alcanza su cota más alta. ¿Quién demonios decide utilizar «remover» en lugar de borrar, suprimir o eliminar sin que su alma se vuelva negra como el retrato de Dorian en la bodega? ¿De verdad añade algún tipo de matiz esta relación semántica? ¿No le bastaba a «remover» con su sempiterna definición: «Mover algo, agitándolo o dándole vueltas, generalmente para que sus distintos elementos se mezclen»?

Como en toda guerra, el asunto sexual tiene mucho peso en el correcto desempeñar de los quehaceres bélicos. Troya fue arrasada por una mirada de Helena, la Península fue ocupada por los musulmanes gracias a un lío de faldas y todos sabemos cómo acabó Egipto después de que el Senado de Roma se hartara de los favores que Marco Antonio le dispensaba a Cleopatra. En esta guerra ortográfica, el sexo también tiene mucho que decir. ¿En qué momento de la línea cronológica del castellano, alguien decidió que podemos «tener sexo»? Parece que este calco horrible (del inglés to have sex) no sabe que todos tenemos sexo, a menos que alguien haya perdido sus órganos genitales por mutilación o malformación, o quizás nos tomen a todos por maniquíes de la calle Preciados, con nuestra entrepierna difuminada por el pudor. Menos tener sexo y más follar, castellanohablantes, o habrán ganado ellos la guerra sin paliativos.

En este mismo plano también habrá que censurar la aparición del adjetivo «excitante» cuando alguien quiere referirse a algo emocionante, apasionante, emotivo, conmovedor… Este calco del inglés exciting le roba la identidad a nuestro viejo verbo «excitar», que cuenta con definiciones tan maravillosas como «Ocasionar o estimular un sentimiento o pasión» y «Despertar deseo sexual». Definitivamente, cuando en las series americanas un padre encuentra «excitante» la actuación de su hijo en el último partido de béisbol del curso, no se está refiriendo al mismo tipo de excitación que hemos conocido aquí durante todos estos años de paz lingüística hoy quebrantada. Fuera del terreno del sexo, empiezan a surgir por el campo de batalla aquellos que, sin morir al cometer semejante atrocidad, se deciden por el término «colapsar» para referirse al verbo «derrumbar» (to collapse). Para derrumbe o, esperen, que voy a lucirme, derribo, demolición, destrozo, destrucción, hundimiento o ruina, ya tenemos este idioma que se oculta famélico detrás de las trincheras. No sé si colapsado, pero seguro que sí harto de ver cómo se despersonaliza en favor de la lengua global. Otro crimen se produce cuando en cada capítulo de CSI los científicos encuentran «evidencias» en lugar de «pruebas». El detective Pepe Carvalho se revolverá en su tumba previendo que serán evidencias y no indicios, pistas o señales aquello que marque sus novelas. Lo único que evidencia este batiburrillo de calcos, dicho sea de paso, es que pronto terminará la guerra y dará con nuestros huesos en el calabozo.

Otro asunto, este ya desde el frente sintáctico, es la utilización de «esperar por» en vez del castellanísimo «esperar a». Este calco, triunfo del anglicista wait for, consigue que ahora espere por ti en lugar de esperarte a ti, que es como se ha esperado aquí toda la vida desde que Sara Montiel esperara fumando quién sabe a quién en alguna película de los años cincuenta. La preposición «por» en esta construcción hace tanto daño que casi obliga a retroceder hasta la fortaleza buscando víveres. Algo parecido ocurre con el verbo «aplicar». Verbo transitivo donde los haya (el DRAE aporta hasta siete acepciones diferentes, todas ellas transitivas), de un tiempo a esta parte se ha ido utilizando de manera intransitiva, calco del inglés apply. De esta forma, los castellanohablantes se inclinan por decir, ahora, que tal o cual cosa no aplica. Solo queda, cielo nublado mediante, beber té sobre una pradera del Saddleworth. En este mismo plano, no es menos humillante el último de los calcos. Ya me he encontrado varias veces con pancartas dirigidas al corazón del idioma en las que puede leerse «Vota Rajoy» o «Vota Pdro», en lugar de la clásica construcción sintáctica «Vota por Rajoy» o «Vota a Pdro». Ni siquiera en la política, vicio inmutable que el hispano carga sobre sus espaldas, nos mantenemos originales.

Al otro lado del fuego, la guerra sigue. El calco continúa avanzando y sus ráfagas se sienten en el frente cada vez con más fuerza. Es muy probable que pronto gane la batalla y el ejército pureta, cautivo y desarmado, vea cómo las tropas anglicistas alcanzan sus últimos objetivos militares. Solo queda esperar (no sé si aquí cabe «esperar por») que en el resto de frentes la cosa vaya mejor. Porque la guerra del siglo XXI será lingüística o no será.

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14 comentarios

  1. Tergiversador de Enredos

    Entiendo y comparto la queja, pero como mero acto simbólico. Un brindis al solecito, de los de toda la vida. Porque nada de esto es nuevo. Tenemos el castellano lleno de influencias de otros idiomas… y viceversa. Va por épocas. Nadie se plantea que decir «en base a» es una construcción francesa que ha usurpado nuestra «con base en». Y nadie se lo plantea porque la usurpación aconteció hace muchas décadas. Estos cambios han sido y serán constantes, así es como evolucionan las lenguas. Si fuéramos capaces de traernos al presente a un intelectual romano del siglo tercero, se lamentaría de lo contaminado de «germanismos» y «arabismos» que tenemos el latín.

    • MrsShelley

      Lo que parece que viene a decir el texto es que todos esos préstamos de los que tú hablas venían a expresar una nueva realidad semántica, mientras que la moda actual adopta términos para parecer más ‘cool’.

      • Tergiversador de Enredos

        Si la moda actual adopta estos términos para parecer más cool, con lo que estoy de acuerdo, no me negarás que eso, igualmente, viene a expresar una nueva realidad semántica. En estos tiempos de internet y generaciones enteras que nadan en el idioma de Shakespeare desde muy pequeños (tengo cuarenta y pico años, y empecé a estudiar inglés con nueve; con quince años jugaba a videojuegos íntegramente en inglés. Los que vienen detrás no hacen más que superar eso), la realidad, cada vez mayor, es la del individuo que no se aferra a un único idioma ni a una única manera de expresarse. Ya es que ni traducen los nombres de las películas de Hollywood. Es más, lo «cool», lo moderno, o si lo prefieres, el «novelerío», son parte esencial del sentir de nuestro tiempo. Será lo que tenga ser, pero esencialmente, es. Y el idioma no puede ignorar la realidad.

  2. El verdadero horror es el cambio de la preposición en por desde. Ahora todo se hace desde, se dice desde, se trabaja desde, y no en.

  3. Noelia

    ¿»Bizarre» no es de origen francés? Puede que haya entrado por influencia del inglés, pero es un galicismo.

  4. Noelia

    ¿»Bizarre» no es de origen francés? Puede que haya entrado en el español por influencia del inglés, pero es un galicismo en realidad.

  5. Oh, madre mía. Qué lío! Parece que hay también nacionalismos lingüísticos. Y todo para que nos entendamos, y no solo en el barrio, sino en el mundo futuro. Por supuesto que amo mi idioma, que me define perfectamente de frente a mis pares, pero no a los extranjeros a los cuales cada vez me cuesta menos llegar, y me resigno a las transformaciones. Por más que usted patalee, los cambios no se detendrán, como le sucedió a los latinos, PD: para aumentar aún más la confusión le transcribo la definición de «Bizzarro» en el «Nuovo vocabolario illustrato della lingua italiana», de G. Devoto e G.C. Oli…»Che attira l’attenzione per la sua stravaganza… capriccioso…iracondo, collerico. E’l fiorentino spirito bizzarro in se medesmo si volvea co’denti (Dante)… Cavallo bizzarro…focoso.(DALLO SPAGNOLO «VIVACE, VALENTE», FORSE (TALVEZ) DI ORIGINE BASCA) Se resigne, señor y lo acompaño en sentimientos.

    • Mesala

      Con eso solo aportas que un lengua, un diccionario, o una institución decidió adoptar ese significado aun sin ser utilizado desde su étimo original, han,aceptado una malversación semántica. Por lo que dice, la RAE lo tiene ya aceptado, ¿y?, no por ello deja ser un uso pervertido del espíritu original de la palabra, el cual, al final, acabamos utilizando la mayoría por pereza y desconocimiento.

  6. Un polémico

    Pues yo he de decir que a mí siempre me ha parecido que pagaba bastantes tributos y ahora todo el mundo se empeña en ¡Crearlos nuevos! Que si el cantante hace una versión de «My way» «es un tributo a Sinatra», que si el pintor hace un cuadro estilo Soroya «es un tributo al maestro». Y si bien cuando pago tributo a alguien estoy mostrando agradecimiento, un tributo es un IMPUESTO. El termino inglés «tribute» es HOMENAJE.
    Atte: Un fiscalista.

  7. Puf, ¿y lo de los candidatos de «perfil bajo»? No les mola ni nada a los pidioristas modennos.

  8. Como anécdota final agrego lo siguiente: aún recuerdo las palabras que nuestros manuales de Historia dirigían al General San Martín, el Libertador de las Américas… Y el bizarro capitán cruzó Los Andes para liberarnos del yugo «Godo» (Parece que los reyes de España, en esos tiempos, estaban muy orgullosos de la descendencia «goda», pero cuáles: los visigodos o los ostrogodos? Seguramente que los manuales actuales habrán cambiado el adjetivo, porque de otra manera tendríamos una ambigua imagen de nuestro capitán que no era para nada extravagante o exótico. Cambia, todo cambia, decía el poeta, y por supuesto que las lenguas no están exentas: un ejemplo es nuestro español, libre del «yugo» de las desinencias verbales. Gracias otra vez

  9. Roberto

    Es gusto por llorar. Hace unos meses estuve leyendo uno de esos diccionarios de localismos y «locuciones viciosas» de principios del siglo XIX. Cientos de expresiones que hoy están perfectamente incorporadas al idioma en ese tiempo eran horrorosos galicismos. La guerra contra los calcos del inglés tendrá tanto éxito como las anteriores, entre poco y ninguno.

    Por otra parte, el castellano es algo mucho más grande que lo se habla entre Burgos y Valladolid o dentro de las fronteras del Reino de España. Por ejemplo, «follar» no me sirve como alternativa a «tener sexo», me suena a doblaje español (en todo el mal sentido de la expresión, mis lobeznos), «tener sexo» o «tener relaciones sexuales» es lo único que me sirve si no quiero ser soez ni andar con eufemismos.

  10. prunna

    Felicidades por el artículo, me encantó.
    Me parece que le faltó un punto importante acerca del uso de palabras extrangeras. No hablo de anglicismos sino directamente de usar ‘password’ en vez de ‘contraseña’. Me habría gustado leer una reflexión acerca de la confusión y el peligro que esto puede generar el palabras propias de la política o de conflictos sociales. Ejemplo: mansplaning. Una palabra que hace tiempo venimos oyendo en programas de radio y televisión. Por el contexto -pues mi inglés no es muy bueno- entendí que se trataba de un concepto ya muy antiguo y es el: paternalismo. La actitud paternalista. ¿Que dónde está el peligro? Pues exactamente ahí mismo, en que no hay diferencia entre ‘paternalismo’ y ‘mansplaning’ contienen exactamnte el mismo significado. Entonces ¿para qué usarla? quizás solo Dios lo sepa pero desde luego no hay dentro de las letras hispanas ningún ensayo poniendo en jaque el ‘mansplaning’ o desmontándo las actitudes ‘mansplaning’; no hay nada escrito. ¿Ya ven el peligro?

    Recientemente vi en un programa de telivisión cómo se enredaban para intentar explicar lo que es el mansplaning de un modo muy vago y atropellado, como se hace con todo lo anglosajon, pues lo que nos atrae es la apariencia, eso ya lo sabe todo el mundo. ¿Para qué ese minuto gastado de explicaciones vagas y confusas cuando puedes resumirlo todo con una sola palabra? -‘Mira Pepito, Mansplaning en inglés significa Paternalismo’- pero no. Nadie nombró el concepto castellano ¿quizás nos estemos olvidando de él? ¿Ahora ya ven el peligro?

    Un saludo.

  11. Americanista

    Lo mejor en un artículo que se queja de los calcos anglicistas es ese «series americanas» en vez del correcto «series gringas/estadounidenses/yanquis». La madre que los parió: América somos todos desde Alaska hasta Tierra del Fuego, y no solamente los gringos, cagontó.

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