Sociedad

El terror de Occidente

Kabro, Sudán (hoy Sudán del Sur), 1995. Fotografía: David Stewart-Smith / Getty.

«La culpa es de los nazis». Una historia que empieza así solo puede acabar mal. Esta es la del AK-47, el Kaláshnikov, un fusil de asalto y una máquina para matar que se convirtió en el emblema de un país, de una ideología y de la barbarie.

Una gran historia, eso sí. Por terrible y, sobre todo, por larga. Hace décadas que la URSS desapareció, pero en 2017 quedaban entre setenta y cien millones de AK-47 en el mundo. Muchos más, seguramente, si se cuentan los que todavía se fabrican extraoficialmente. Desde su nacimiento, este fusil de asalto certero, todoterreno y terriblemente eficaz ha causado un número de muertos imposible de calcular. Olvide la bomba atómica: el AK-47 es probablemente el arma con nombre propio más mortífera de la historia.

Aterraba y lo sigue haciendo, y no solo por su eficacia técnica; también por lo que representa. El AK-47 ha sido el arma que eligieron muchos de los que se declararon enemigos de Occidente. Primero, del comunismo, el oficial y sus guerrillas. Después, de los movimientos de liberación nacional de muchos países del llamado tercer bloque. Hoy está en manos de terroristas, narcotraficantes y otros grupos del crimen organizado. Si cualquier arma causa miedo, el AK-47 produce pavor.

Aunque no nació para eso. Nació, cuentan, en 1941, cuando nazis y soviéticos se las veían en Briansk, ya peligrosamente cerca de Moscú. Concretamente, cuando Mijaíl Kaláshnikov, entonces un suboficial de carros de veintidós años, recibió un balazo en un brazo y fue trasladado a un hospital. «La culpa es de los nazis», dijo después. «Yo quería diseñar maquinaria agrícola».

Fusiles y propaganda

Kaláshnikov empezó a diseñar el arma que lleva su nombre sin salir del hospital, aún convaleciente de sus heridas. Sería un nuevo fusil que sustituyese a las carabinas soviéticas, que, dedujo, le estaban costando vidas al Ejército Rojo por lo aparatoso de su manejo. Después de recibir el alta se fue directo al taller. Quería ayudar a sus compatriotas en los campos de batalla, pero llegó tarde: cuando su diseño estaba listo para fabricarse en serie, la guerra llevaba dos años terminada. Fue bautizado con las siglas de «Avtomat Kaláshnikova» y el año de su producción: AK-47. O simplemente Kaláshnikov, en honor a su creador.

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Un comentario

  1. Que articulo más penoso, fuera de lo que Jotdown suele ofrecer eso por descontado, parcial, con aseveraciones tan incomprobables y tan maliciosas como Por ejemplo: el Kaláshnikov es culpable de que existan niños soldados. Nadie se va a poner aquí a defender un arma, pero de ahi a echarle la culpa de todos los males del mundo y a su vez no dejar olvidar nunca su vinculo con el comunismo, tiene cojones.

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