
Dado que vamos a hablar por aquí de la juventud, de educación y de varias películas clásicas, no está de más empezar con una encantadora comedia japonesa que viene totalmente al pelo. En Buenos días (1959), una joya absoluta de Yasujirō Ozu, los protagonistas son dos niños que se pasan media película jugando a tirarse pedos y la otra media haciendo voto de silencio en señal de protesta ante sus padres. El motivo: estos se niegan a comprarles una tele, temerosos de que la «caja tonta» termine por atontarlos del todo. Los chavales son inflexibles, se toman su misión muy en serio (son japoneses) y al final ganan porque por el camino revelan a sus progenitores la hipocresía y la dudosa utilidad de los ancestrales códigos sociales del decoro y la buena educación que pretenden inculcar a sus hijos. Y es que tirarse pedos y pensar no son actividades incompatibles, por lo visto.
Llevamos cien generaciones seguidas acusando preventivamente a los jóvenes de preparar poco menos que el fin del mundo con sus aficiones huecas, sus inclinaciones peligrosas y sus gustos alarmantes. Pero no falla: andando el tiempo los chavales casi siempre se revelan más listos de lo que tendemos a creer. Ello no quita para que levantar la ceja ante sus pasatiempos y modas, no consentirlos por defecto, criticarlos y discutirlos sea hasta saludable. A fin y al cabo el conflicto generacional es, como todo conflicto, una de nuestras palancas de progreso. Pero antes de interferir en el desarrollo personal de la próxima generación conviene recordar que nuestras mejores intenciones y la bondad no siempre son la misma cosa. Esto lo explica muy bien otra comedia legendaria, Arsénico por compasión (Frank Capra, 1944) en la que dos ancianitas adorables de enorme corazón, movidas por la lástima que les producen los mendigos del barrio, se dedican a envenenarlos, convencidas de aliviar así su sufrimiento. Análogamente, el mundo se nos ha llenado de padres que confunden la receta de la seguridad infantil y la formación para la vida con el frasco de arsénico. También de profesores que confunden la fórmula del debate dialéctico con la educación en la censura.
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El niño de Boyhood es un imbécil,si vale para algo es para no convertirse en alguien insustancial y pretencioso.
Es un tema muy relevante y para nada fácil. ¿Cómo educamos a nuestros hijos? Hoy en día está de moda acusar de “sobreprotección” y seguramente es cierto. Aún así, no se trata de hacerles vivir en un mundo de algodón, sino de intentar que ellos construyan ese mundo sin odio, sin violencia, pacífico y empático. Tratamos de educar a buenas personas, de transmitirles valores y de que no sean cínicos…
Sin embargo, es verdad: el mal existe. Es más, no es siempre fácil distinguir el bien del mal. El cristiano perseguido de anteayer es el inquisidor de hace dis siglos; El judío perseguido de ayer es el sionista inmisericorde de hoy; el musulmán ninguneado de hoy es el terrorista del mañana.
Algunos afean el relativismo moral, y todos necesitamos una línea que nos ayude a separar lo correcto de lo aberrante, lo aceptable de lo ofensivo.
La tesis del artículo (películas aparte) parece ser que a mayor tolerancia, a mayor integración del Otro en lo Posible, mayor es la democracia. Pero, como siempre ¿puede integrar la democracia los que no creen en ella?
Excelente texto para repensar, replantear o debatir sobre «Educación».
Solamente apuntar un concepto relacionado: «Asertividad».
«Capacidad de expresar o comunicar de forma clara y concisa las ideas, sentimientos y/o creencias de uno sin dañar al otro».
1 saludo.