Ciencias

Francia contra Marie Curie

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Marie Curie, 1930. Fotografía: Cordon.

París, principios de noviembre de 1911. Una muchedumbre enfurecida se aglomera frente a una casa en lo que hoy llamaríamos escrache aunque por entonces esa palabra aún no existiese. Gritan insultos y acusaciones, lanzan piedras, quieren entrar. Hay luz dentro y los envalentonados furiosos creen que el objeto de su ira está dentro, pero no se atreve a salir. No es así: ella regresa en ese momento de la primera conferencia de Solvay, en cuya histórica foto (seguro que la han visto) ella es la primera mujer. Es Marie Curie, que vuelve a su casa para encontrarse la terrorífica estampa. Sus hijas de siete y catorce años, aterradas, sí que están en esa casa.

¿Han oído ustedes hablar de Marie Curie? Y quién no, ¿verdad? Es la única mujer científica que muchos serán capaces de nombrar. La primera que ganó un Nobel. La descubridora del radio. La mártir de la radiactividad. Una mujer pequeña, delgada, sobria y seria que nos mira en blanco y negro desde su humilde laboratorio de otra época, encarnando ella sola todos los tópicos del científico entregado y de la mujer abnegada, que es otro tipo de entrega que practican casi exclusivamente las mujeres.

Lo que pasa es que en realidad esa no era Marie, o no del todo, o no solamente. Cuenta Rosa Montero en su biografía/autobiografía La ridícula idea de no volver a verte, en la que entremezcla la historia de Marie Curie con la suya propia, que en la vida de la científica siempre se mezclaron el personaje y la leyenda: «Primero fue considerada una santa, luego una mártir y después una puta, y todo ello de una manera ardiente y clamorosa».

Santa porque trabajó junto a su marido, Pierre Curie, en condiciones paupérrimas, investigando en un cobertizo que solía ser un almacén con cristales rotos por los que entraba el polvo y la lluvia contaminando sus muestras y en el que en invierno hacía un frío asesino que combatían con una pequeña estufa.

Mártir porque su trabajo con la radiactividad cuando aún no se conocían sus efectos peligrosos la expuso a grandes dosis de la misma que le causaron heridas en los dedos, debilidad física y enfermedades (terminaría muriendo de una leucemia), y porque la muerte prematura de Pierre tras ser atropellado por un coche de caballos la dejaría sola con dos hijas pequeñas.

Y puta porque, tras la muerte de Pierre y pasado el luto, Marie decidió seguir viviendo. Tan sencillo como eso. En vez de morirse con su marido y desaparecer, marchitarse y pasar a la historia como la viuda de Pierre Curie, Marie osó vivir. Y al hacerlo cometió varios pecados imperdonables a ojos de la pacata sociedad francesa de la época.

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9 comentarios

  1. Gracias.

  2. Primero, excelente redacción. Felicitaciones al autor. Este lado de la historia no lo conocía, definitivamente hay que leer más de lo que nos dan en los institutos educativos. Segundo, es impresionante cómo aún existe el asombro por lo que logra una mujer en cualquier campo, cuando debería ser de lo más natural. Tercero, señalar a alguien por sus acciones sigue siendo el deporte favorito en nuestros tiempos. Y cuarto claro, la prensa…siempre hay su caldo de cultivo para aprovechar a cada instante que se dé la oportunidad. Con tu permiso, lo voy a compartir para que llegue a más gente.

  3. Brenda Gómez

    Rocío, el artículo me ha encantado. Buscaré el libro de Rosa que has mencionado.

  4. Magnifico articulo. Por historias así es por lo que Jot Down es lo que es. Muchas gracias Rocío.

  5. Un artíkculo muy interesante…aunque no sólo en francia, a principios del s xx se pusieron en duda los experimentos y descubrimientos de la curie…en este mismo suplemento apareció en 2013, un artículo esperpéntico donde se le acusa entre otras cosas de vanidosa, soberbia y segundona…seguimos más o menos igulaes con la misoginia y el machismo…

  6. Nené Marquiegui

    Excelente artículo con gran perspectiva de género. Me encantaría recibir más artículos de la página. Gracias!

  7. Qué triste que en pleno silgo XXI para vanagloriar a una mujer del calibre de Madame Curie, cuyo prestigio fue logrado por su propio esfuerzo, la autora de esta nota recurra a denigrar intentando hacer ver como loca y mala a la esposa engañada. Qué falta de sororidad!!!

  8. Pingback: Sus dientes brillarán con el fulgor de la radioactividad - Jot Down Cultural Magazine

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