La aparición mariana de Blind Guardian

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Blind Guardian en 1992. Imagen: Virgin.

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Recordemos las palabras de Óscar de Usera: «Después el grunge no creo que enterrara al heavy, un movimiento no entierra a otro, eso es mentira. Lo que pasó es que el heavy llegó a sus horas bajas en todas partes. De los Maiden, el No Prayer for the Dying lo regalé después de escucharlo solo una vez. Ya en el año 90 los éxitos se miden con cuentagotas. El Rust in Peace de Megadeth y tres cosas más. Para el 92 y 93 ya no se salvaba ni dios, todo era bazofia. Me refiero a lo que sacaban las compañías, donde se invertía la pasta».

Ahora, en perspectiva, uno analiza lo que supuso la primera mitad de los noventa para el metal y quizá sea una de las épocas más fecundas de toda su historia. Vaya por delante la irrupción del metal extremo con su infinita ramificación de géneros en tantos países y en todos a la vez. Rara vez un estilo musical habrá experimentado su impulso, además de en Estados Unidos y Reino Unido, en lugares como Colombia, Brasil, Polonia, Escandinavia, Grecia e Italia de forma simultánea.

Sin embargo, de todo aquello poco llegaba a la superficie en esa época. Deicide, Death, Obituary y similares sí que habían tenido exposición en medios, pero el black, doom y gothic tardaron en ser conocidos popularmente al menos hasta mitad de la década. Además, no eran grupos que entrasen fácilmente. La realidad fue que, a partir de 1990, el oyente que demandaba estrictamente heavy metal se quedó en bragas.

Después de la explosión inmortal de los ochenta, la nueva década comenzó con discos de entidad como el Painkiller de los Judas, el negro de Metallica y Rust in Peace y Countdown to Extinction de Megadeth. Pero poco más. El resto era para llevarse las manos a la cabeza. Helloween sin Kai Hansen perpetrando el Chamaleon (confieso que la primera me molaba) Scorpions metidos a baladistas de recopilatorios de Teletienda, AC/DC con The Razors Edge y Ballbreaker digamos que andaban ya algo estancados. Iron Maiden menos mal que mejoraron con Fear of the Dark lo de No Prayer for the Dying, porque era de juzgado de guardia…

1916 de Mötorhead o No More Tears de Ozzy no serían malos, pero eran más de lo mismo. Sound of White Noise de Anthrax palidecía ante los discos con Belladona, cuyo álbum en solitario era prescindible por completo. Básicamente lo mismo que los Fight del Halford. Grupos como Testament y Overkill te podían entretener. Annihilator era una joya, pero habría que contarlo ya como metal extremo. Lo heavy estaba en manos de lanzamientos como los de Accept o UDO, que seguían al pie del cañón, pero sin refrescar sus anquilosadas propuestas, que tampoco es que fuesen Jauja en su día.

Sí, hubo grupos. Sentenced, Corrosion of Conformity, Tankard, Angra, Running Wild, Rage y los consabidos Pantera, Machine Head, Nailbomb, Sepultura, Suicidal Tendencies, pero si bien unos ya estaban adentrándose en subgéneros de crossover con el hardcore, industrial, sludge, el rap y demás, los heavies no partían la pana. Nada lo petaba realmente en el puro y duro heavy metal, hasta que llegaron ellos.

Aparecieron como se iniciaban las cosas antiguamente, sin internet ni historias. Uno veía que había un grupo nuevo porque empezaba a ver camisetas que no conocía. Las de Blind Guardian, de hecho, eran vistosas. Amarillas y granates las más populares de la primera hornada. Una vez en posesión de los primeros casetes grabados, en mi caso fue Somewhere Far Beyond, te aprendías todo de memoria de arriba a abajo y te quedabas con la cara de los que salían a headbanguear esos temas cuando los ponían en Canciller, en Studio Rock o donde fuera. Alguna amistad se forjó por ese fanatismo inicial, antes de la moda, compartiendo unos calimochos con chorrito de licor de mora hablando entre desconocidos sobre ese nuevo grupo que era que te cagas.

¿Qué tenían? Pues en una época en la que Manowar ya solo servía para escribir papers sobre uso, significado e interpretación del doble bombo, Blind Guardian no tocaban la batería: le pegaban al tambor con toda su alma, que no es lo mismo. Con ritmos atropellados, casi hardcore. Tampoco cantaban como los solistas de heavy metal de toda la vida, que en esos años eran ya un reducto un tanto casposo. En el nuevo metal se rapeaba o se recurría a los sonidos guturales, pero el sopranismo yevi estaba en declive. En cambio, Blind Guardian cantaban como toda la vida, berreando, pero sin falsetes.

Sus evocaciones de fantasía tenían su aquel, también. No había chuscas caracterizaciones de bárbaros postapocalípticos; la temática era épica, pero con estudios. Historietas de fantasía, pero que, en definitiva, no eran ridículas. La portada del que era su mejor disco, Somewhere Far Beyond, con unos guerreros tocando la bandurria en mitad del bosque rodeando un artefacto enigmático, tendría el sentido que tuviese, pero tenía alguno. No era una referencia pajera para fliparse, de algún modo daba la sensación de que había algún tipo de fundamento. Más tarde uno descubría que sus letras, la gran mayoría, contenían referencias literarias.

Portada de Somewhere Far Beyond . Imagen: Virgin. (Clic para ampliar)

No obstante, lo importante era la música. Hansi Kürsch, bajista y voces, nunca ha considerado que su grupo respondiera a la etiqueta de power metal. Este género siempre estuvo ahí desde los Keeper de Helloween. En la primera mitad de los noventa sus máximos exponentes pudieron ser Grave Digger, Running Wild, Iced Earth, Rage, algo de Yngwie Malmsteen y, por supuesto, dos titanes: Gamma Ray y Stratovarius. Pero era algo minoritario. Menciones al género y camisetas por doquier no empezaron a verse de forma masiva, creo yo, hasta 1997, cuando salen simultáneamente Tierra Santa, Avalanch, Rhapsody (junto a Pink Floyd el único grupo que conozco que su nombre ha servido de insulto), Hammerfall, Iron Savior, Primal Fear, Nightwish y, desde el metal extremo, el aterrizaje de In Flames con Jester Race (que ya habían convergido magistralmente con el mini Subterranean en 1995)  y la aparición de los finlandeses Children of Bodom. Pero Blind Guardian eran anteriores a todo eso. En esta época de segunda mitad de los noventa, según una teoría personal, todo lo que se agrupó en torno al power metal era la versión guitarrera del eurodance. Cuanto más integrista del power metal fue un grupo desde esa fecha, más se parecía a una cantaíta de Gala, Corona, Cappella, La Bouche, Culture Beat o la mismísima Kate Ryan. No se lleven las manos a la cabeza, imaginen «Désenchantée» con guitarra, doble bombo y una acústica medievalera al principio y al final y saquen sus propias conclusiones.

Blind Guardian era otra película. O al menos no lo era de forma tan descarada. Se definían a sí mismos como speed metal hasta el Imaginations From the Other Side, con el que iniciaron algo que ellos denominaron simplemente heavy metal, pero que rompía con todo lo hecho hasta anteriormente. Inicialmente, eran ortodoxos línea dura. Sus primeros discos, si partían de un molde, era del Master of Puppets de Metallica y el gran clásico del heavy alemán, el Walls of Jericho de Helloween, que por cierto salió un año antes. Poco se dice, pero con el debut de Kai Hansen y Michael Weikath comenzó algo nuevo en la historia del metal. Era algo así como thrash metal, un género moderno, meets Johann Sebastian Bach, una referencia que no puede ser más clásica. También está la opinión de la madre de Weikath, que en referencia a Gamma Ray dijo que sonaban como una panda de «marineros borrachos» y acertó bastante a la hora de definir el género. Como es sabido, las mejores y más precisas reseñas de la música popular suelen hacerlas sus detractores.

En el ensayo metálico Historia del heavy metal (Andrew O’Neill, Blackie Books 2017), se dice «el power metal empezó con el sonido de Judas Priest y el de Iron Maiden, combinado con el estilo lírico de Ronnie James Dio. Y, más adelante, potenció el elemento hortera A TOPE. Resultado: tuvo un gran éxito en Alemania, donde no le ponen pegas a eso». En una entrevista en RockZone, O’Neill insistió: «¿Sabes lo que decimos en UK de esos grupos? Que el power metal se inventó porque los alemanes necesitaban algo para escuchar (risas) ¡y es verdad! Pantera, Sepultura, Fear Factory, Metallica… esas fueron la clase de bandas con las que yo crecí y me influenciaron. Todo ese otro tipo de grupos [los alemanes] nunca fueron portada de Kerrang! Es que son tan histriónicos… en Inglaterra nos lo tomamos todo más a guasa y lo que nos gustan son bandas con los pies en el suelo (…) En Inglaterra es muy difícil que hubiese salido una escena como esa con bandas como Blind Guardian y todo ese escapismo de la mitología y demás tonterías».

Posiblemente lleve razón este hombre, pero con lo que no contaba es con que en España no nos enteramos de absolutamente nada de lo que digan las letras, por mucho que los que pasaron un verano en Inglaterra sean capaces de corear un estribillo medianamente bien pronunciado. Aquí nos pueden recitar en inglés «La puta de la cabra» en una canción que nos va a dar igual, lo importante va a ser la calidad del sonido, la melodía y los punteos. Con esos mimbres, Blind Guardian sacaron cuatro discos que bordaban la perfección. De hecho, hasta el tercer disco, si se leen críticas a este grupo hechas por británicos suelen apuntar que Hansi todavía se tenía que poner las pilas con el inglés.

Blind Guardian en 1988. Imagen: Virgin.

El grupo se formó en 1984, con el nombre de Lucifer’s Heritage. Desde su primera demo, Full Symphonies of Doom ya tenían claro el concepto que irían desarrollando en esos cuatro primeros álbumes. El primero, Batallions of Fear, abría directamente con un clásico, «Majesty», y tenía otro pelotazo en «Wizard’s Crown» (Halloween en la primera demo) y la canción homónima del disco. Estaba producido por Kalle Trapp, que hasta el momento ya había trabajado con otro clásico alemán, Destruction, y los holandeses Pestilence. Las coordenadas eran claras, speed/thrash metal y lucimiento y pulcritud de los punteos. Cuando le han preguntado al grupo por sus productores, siempre se suele citar a Flemming Rasmussen, padre de los Ride the Lighting, Master of Puppets y And Justice for All de Metallica que, francamente, innovó con ellos en quinto disco, Imaginatios From the Other Side, y llevó el metal a terrenos completamente novedosos. Ahora, años vista, en perspectiva, parece mucho más meritorio el trabajo de Kalle Trapp. Cuestión de gustos, pero siempre ha sido mucho más difícil hacer las cosas bien de forma sencilla. Tiempo después, Uriah Heep, que grabaron con Trapp Sea of Light, confesaron que en su viejo estudio tenía la mesa que habían usado los Bee Gees en sus años en Miami. Fíjense de dónde fue a salir tan buen heavy metal.

El siguiente álbum, Follow the Blind, bajaba un pelín el listón, pero era más duro. «Banish From Sanctuary» era pura velocidad. De forma aislada hay riffs en ese disco que no desentonarían entre los de la posterior escuela de death metal sueco. El inicio de «Damned For All Time», por ejemplo, era puro metal extremo, lo que pasa es que Hansi cantaba normal. Era un señor gritando, pegando voces alegremente. No tiraba por lo gutural de las cavernas ni por las majestuosas entonaciones de los Dickinson, Kiske, Dio y compañía.

Con todo, lo mejor del disco estaba al final. «Valhalla», un tedéum de obvias connotaciones guerreras, introducido por un riff matador y con la colaboración de Kai Hansen, lo que confería a la tonadilla la entidad suficiente para ser el gran himno del metal alemán, padre y señor del heavy de espaditas de aquella época. Y luego «Barbara Ann», la de Beach Boys, junto a «Long Tall Sally» servían para cerrar el disco de cachondeo. Años después registraron un «Surfin USA» y un «Mister Sandman» de las Chordettes, rescatada en los ochenta en la película Regreso al futuro. La verdad es que como broma estaban bien, aunque de «Mister Sandman» se cascaron un videoclip y todo, pero nunca lograron imprimirle su estilo metalero a las versiones, lo que evidenciaba que jamás se las tomaron en serio.

En 1990 dieron el gran salto de calidad. La portada de Tales From the Twilight World era de Andreas Marschall. No cabe duda de que es un artista que también marcó la época. A veces de forma muy brillante, como con la portada que le hizo a Immolation en el Dawn of Possesion, la celebérrima de Kreator del Coma of Souls, o la de Sodom con Helmut Kohl y Boris Yeltsin cogidos del cuello. Otras veces tenía ideas menos impactantes, pero no cabe duda de que siempre lució un estilo absolutamente inconfundible, como sus ilustraciones para Grave Digger, Running Wild, Rage, Hammerfall o los aludidos Blind Guardian. En todas estas se reconocía su mano al primer golpe de vista.

Portada de Tales From the Twilight World. Imagen: Virgin.

En lo musical, la cosa era sencilla. Las tres primeras canciones eran torpedos. «Traveler in Time» y «Welcome to Dying» venían a ser lo que fueron Helloween y Gamma Ray, que habían arrancado ese año, pero más duro. Aparecía la balada épica medieval de fantasía, «Lord of the Rings», que a buen seguro amenizó más de una partida de rol. Y un temarraco definitivo, el que abría la cara B: «Lost in the Twilight Hall». De nuevo con el apoyo de Kai Hansen. El padre de Helloween y Gamma Ray hacía cameos en material que estaba un peldaño por encima del suyo. Al menos hasta dos años después, cuando lanzó el apabullante Land of the Free. No obstante, la diferencia la marcaba, aparte del buen hacer instrumental general, el estribillo. Era exuberante, con unos coros espectaculares. Irrumpía luminoso en mitad de toda la tralla y la velocidad no bajaba. Ponía la piel de gallina. Algo así solo lo había hecho tan bien Helloween y, desde su cisma, ya no sabían cómo seguir haciéndolo. Que luego ese estribillo era intercambiable con el de una cantaíta, pues también. Finalmente, el resto del álbum quizá ya pecaba un poco de monotonía. «The Last Candle» no estaba mal, pero ya eran más de cincuenta minutos de matraca lo que llevaba el plástico.

En 1992 tocaron el cielo. Alcanzó el punto culminante su concepción de metal duro, pero suave. Agresivo, pero sensible. Te la meto, pero con vaselina. Las guitarras sonaban más ásperas, más noventeras, pero cuando se doblaban era Vivaldi. Los estribillos, en la línea marcada en el anterior, eran inconmensurables. Aunque, repito, si se los dabas a una modelo de voz sedosa que los ejecutase junto a un negro musculado rapeando sus partes con una caja de ritmos debajo no iba a notar nadie la diferencia en los coches de choque. Al mismo tiempo, pocos discos de heavy metal han comenzado con dos disparos como «Time What Is Time» y «Jouney Through the Dark». Yo creo que tenían el Mötorhead seal of approval.

«Theatre of Pain» era una perfecta tonadilla duermemozas hardrockera, lo que pasa es que ahora, con los nuevos tiempos noventeros, los estribillos ya no se orientaban a la MTV, sino que eran operísticos. Pese a ese detalle, en lo que respecta a manejar un medio tiempo con autoridad y señorío, estaban soberbios. Si antes citábamos a Lemmy, aquí creo que Scorpions se hubieran quitado la gorrilla de cuero.

En «The Quest for Tanelorn» había más de lo maravilloso mismo, con el detalle reseñable de que no sé qué dirían en los coros centrales, pero se escuchaba «espíritu santo» en perfecto castellano. Seguía la que para mí ha sido su mejor canción, «Ashes to Ashes». Era la que abría la cara B, aunque, salvo el casete original, este disco circuló en cedé fundamentalmente.

Había pasajes de evocación medieval, con sus acústicas, y sus coros celebrando que le tocaba tirar en una partida de rol, que alcanzaron la quintaesencia con «The Bard’s Song», auténtica «Stairway to Heaven» del metal alemán, power metal o como quieras llamarlo. Finalmente, con una introducción de gaiteros, quedaba la canción homónima del disco que se iba a los siete minutos y medio. Gustándose ahí.

Fotografía: Markus Felix | PushingPixels (CC-BY-SA-3.0)

Hasta entonces habían sido un grupo que no salía prácticamente de Alemania. Sus conciertos internacionales eran en Austria, Suiza y Hungría como mucho. Sin embargo, este disco ya era de Virgin y los enviaron a hacer una gira por Japón de la que salió Tokyo Tales, su primer directo en serio. Raro hubiera sido que un grupo de filosofía tan teenager no hubiera arrasado el imperio del sol naciente. Hubo antes otro directo, de 1989, distribuido por ellos mismos con cortes recopilados de una gira alemana. El caso es que, por lo que fuera, en 1993, cuando todo esto sucedía, en España no nos enteramos.

Muy poco a poco, en 1994 y 1995, se fue corriendo la voz, iban viéndose las camisetas cada vez más y se levantó el nuevo culto. Cuando empezaron a llegar todos los discos a las tiendas la peña se compraba los cedés de dos en dos. Por fin, tras años de sequía, aparecía algo que molaba seriamente. Era como el grupo heavy que siempre habías soñado, pero no existió hasta entonces.

Con esta expectación, apareció Imaginations From the Other Side, que podría considerarse el final de la primera etapa o el principio de la segunda. Por su sobreproducción yo me inclino por la segunda opción. En febrero de 1996 asomaron por España. El concierto de Canciller en Madrid no fue normal. La gente estaba flipando tanto que era el grupo el que no se creía lo que estaba viendo y no al revés. Se miraban entre ellos, incrédulos, la música no se oía por cómo cantaba la peña los estribillos a grito pelado. Ahí se consumó la epifanía. Porque Blind Guardian fueron como una aparición mariana en unos años chungos para el heavy. Tanto que el género volvió a ponerse de moda y las nuevas generaciones se agarraron a él como a un clavo ardiendo. El heavy ortodoxo volvió a ser popular entre la gente joven. Esos jóvenes ya no eran los hijos de clase obrera de los barrios chungos, ahora este estrato social iba con el pelo cenicero subido en una scooter y escuchaba techno duro, pero lo heavy como tribu no se extinguió.

Blind Guardian volvieron enseguida, en noviembre de ese mismo año. Pero algo había cambiado. La afluencia fue absolutamente masiva. Quizá a mí me cambió la percepción, pues tras ese verano ya estaba totalmente sumergido en el metal extremo, pero ya no me pareció lo mismo. También es verdad que escuché al grupo siempre que jugué al Doom 2 hasta el punto de que, en la actualidad, confundo una cosa con la otra. Si suenan Blind Guardian pienso en que me persiguen machos cabríos, y si por casualidad veo algo relacionado con el Doom escucho de fondo Blind Guardian. Lo que se traduce en que a finales del 96 ya me daban nauseas por saturación. Dice el dicho que, en música, lo que entra a la primera sale a la primera. Lo cierto es que nunca en la vida me he acercado a ninguno de los discos que sacaron después. Ni por curiosidad siquiera. Primero, por indiferencia o desinterés. Ahora, veinticinco años después, es pavor lo que me da pensar en ponerme sus siguientes trabajos. Tengo miedo, verdadero pánico a una cosa: que me gusten.

Fotografía: Markus Felix | PushingPixels (CC-BY-SA-3.0)

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26 comentarios

  1. Juancarlos R.

    Hola!
    Excelente artículo! Blind Guardian fue la banda que básicamente me introdujo al metal hace ya un par de años atrás, y la verdad siguen siendo mi grupo favorito.

    Debido a esto, me parece super interesante conocer un poco más sobre la historia de sus inicios, puesto que yo me introduje con sus dos albumes más recientes. (Super recomendados por cierto)

    Nuevamente, gracias!

    • Jode, pues si te gustan los nuevos, con los antiguos vas a flipar. Qué cantidad de temazos: «Valhalla», «Battalions of fear», «Banish from sanctuary»,»Traveler in time», «Welcome to dying», «Lord of the rings»,»The bard´s song», «The last candle», «Lost in the twilight hall», «Time what is time», «Mordred´s song», «The script for my requiem»…

      Si no los conoces, te recomiendo a Running wild y su heavy pirata:

      https://www.youtube.com/watch?v=BEFGzrbOQsw

      https://www.youtube.com/watch?v=xl2xGWo3iWc

  2. Agustin Romero

    Pues echale un tiento a Night falls in the Middle Earth. Para mi gusto, su canto de cisne. Un disco entero dedicado al silmarillion de Tolkien. Llevaron el virtuosismo friki, como lo llama un amigo, a niveles insospechados. Todo lo que vino despues, ya fue cuesta abajo, pero es normal. Todo tiene que tener un final

  3. Lareon Falken

    Me ha gustado mucho el artículo y hablaré del grupo en otro momento, pero cuando contextualizas los años 90 no estoy de acuerdo con unas cuentas cosas. Es cierto que para grupos como AC/DC o Motorhead los 90 no aportaron nada nuevo, aunque eso no quiere decir que sus discos fueran malos (a diferencia del terrible “No prayer for the dying”) sino que sonaban a algo ya escuchado. Eran auténticas máquinas de atronar en directo (Motorhead me dejó 3 días con un pitido en los oídos por escuchar su concierto en 2ª fila en 1999 que creí que me iba a quedar sordo) pero sus discos aportaban poca novedad. Por otra parte, me llama la atención la reivindicación del “Black álbum” de Metallica y que ignores un disco notable como el “Cryptic writtings” de Megadeth (su perfecto equivalente, Mustaine siempre reflejó a Metallica, en lo bueno y en lo malo). Creo que “Sound of White noise” es un disco a revisionar de Anthrax (pelotazos como “Potters field”, “Sodyum penthatol” y “Burst”, además de cierta experimentación con el rap más en la línea de Suicidal Tendencies en canciones como “room for one more”). Tu apreciación sobre Annhilator y Testament es por lo menos curiosa. Cierto es que Jeff Waters con su política de “hágalo Ud. mismo” suele dejar cosas de carácter experimental, y su “King of the kill” es un disco a reivindicar (“Oh, hear my warning…”) pero de ahí a clasificarlo metal extremo me parece un salto raro sobre una gran banda de thrash muy infravalorada. Por el contrario Testament dejó en 1992 uno de los discos de heavy metal más perfecto jamás hecho, “The ritual”, e inventó en 1994 con “Low” el thrash-death (“Dog faced gods”) y un disco brutal de death metal en 1997 como es “Demonic” ¡Y sin embargo no entra como metal extremo! Los infravalorados de la Bay Area, es lo que hay.

  4. Lareon Falken

    Ahora me voy a poner un poco nostálgico y contar todo lo que cuenta el artículo pero desde mi humilde opinión. Debo decir que Blind Guardian me introdujo en el metal y por eso les guardo un cariño especial, aunque no les escucho nada posterior a 1998.
    En 1997 yo cursaba COU (para los de la LOGSE, lo que hay después de la educación obligatoria sin salir del instituto) cuando, charlando con un amigo sobre Michael Moorcock salió el nombre Tanelorn. Entonces me dice “oye, tengo un disco donde sale una canción llamada “Quest for Tanelorn”, te lo voy a prestar”. El disco era el “Tokyo Tales”, y su rabioso speed metal se convertiría en mi vara de medir.
    He de decir que hasta ese momento había pasado por la época eurodancer, la popi de todo chaval e incursionado por el blues y el jazz. De todo ello sigue habiendo cosas que me gustan, pero ya mis gustos estaban encaminados hacia el rock y hard rock. Un poco de Led Zeppelin (el “IV”), algo de Scorpions (“Love at first Sting”) y mucho Queen (mi cassette de “A night at the opera” echaba humo y la culpa era de “The prophet song”). Pero hasta que el “Tokyo tales” no cayó en mis manos nunca había cogido un disco de heavy, y la primera vez que lo escuché me sonó todo igual hasta el final de “Time what is time” (y eso son 7 canciones del tirón). Ese viernes por la noche lo puse mientras leía y empecé a escuchar. La batería como una ametralladora, el bajo salvaje, los solos técnicos y furiosos, y una voz que alternaba entre lo melodioso y lo potente pero sin caer en la guturalidad. Empecé a adorar ese disco ese mismo día.
    Luego me hice con el “Somewhere far beyond” y a “Theatre of pain” le pille tirria por lo que no pasaba de “Journey through the dark”… hasta que escuché por primera vez “Ashes to ashes”. Y sólo esa canción bien valía el disco.
    “Tales from the twilight world” comenzaba con dos pelotazos, pero “Welcome to dying” sonaba más cruda en directo y me decepcionó un poco el disco porque sus mejores canciones ya las conocía, así que no encontré una sorpresa. En cuanto al “Batallions of fear” sigo pensando que su sonido es cutre (pero no un disco malo) y el “Follow the Blind” contiene una joyita oculta de pura potencia como es “Hall of the King”.
    Pongámonos serios, “Imaginations from the other side”. Cambia la producción, entran los teclados de forma prominente y la orquestación resulta muy presente por momentos… y deja para abrir boca una lección magistral como la “Imaginations” que da título al disco, dos medios tiempos que hoy son clásicos como “Mordred’s song” y “Bright eyes”, una baladita con bandurria (“A past and future secret”), un cierre que hoy es un himno (“And the story ends”) y trallazos de puro speed metal como “I’m alive”, “The script for my requiem” y “Another holly war”. Y por supuesto “Born in a mourning hall”: Velocidad, furia, y un Hansi desatado mientras chilla contra su asimilación por el sistema.
    En 1998 llega en “Nightfall in Middle-Earth” y mi primera gran decepción. ¿Es un disco malo? Rotundamente no. ¿Es un disco aburrido? Por momentos. ¿Tiene la culpa de que una legión de frikis granosos de repente se volcaran al metal? Sí, y no volvieron a comprar otro disco de metal. Técnicamente es impecable, pero su indisimulado homenaje a Queen le pesa, y hay partes en las que le falta alma. Para mí, sólo dos canciones han resistido el paso del tiempo. Una es “A dark passage” con todo su barroquismo musical, legiones marchando y sus interesantes cambios la convierten en una pieza a disfrutar. La otra es “When sorrow sang”, una canción de lo que hasta ese momento era Blind Guardian, speed metal a tope.
    Admito que la galleta y desilusión que me supuso “A night at the opera” hizo que acabara de cortar casi por completo con la banda, pero lo que lo hizo, en realidad, fue el para mi decepcionante concierto que hicieron en el Metalway de Guernica en 2006. Recuerdo a la gente extasiada con “The bard’s song” (versión my tailor is rich) y yo viendo a Hansi literalmente tocándose los huevos. Y ver que no daba las notas en “Born in a mourning hall” porque no era capaz de subir me resultó decepcionante.
    Y así es que hoy sigo escuchando mi santísima trinidad: “Somewhere”, “Imaginations” y “Tokyio tales”, hasta el punto de que no es la primera vez que duermo a mi hija cantándole esa inmensa canción que es “Banish from sanctuary”. Pero no, yo no les escucho material nuevo porque tema que me guste, sino que no lo escucho porque me gustaban.

  5. Eddie Raimon

    No player for the dying es mil veces mejor trabajo que cualquiera de blind guardian y el power metal de las narices en general….menuda castaña «dragonmasmorrera»

    • untiposimpatico

      ¿Tan malos son Blind Guardian?

      • Qué va. Son musicazos y a juzgar por las letras tan curradas también han leído miles de libros. Pero en directo pinchan, sobre todo Kürsch. Por cierto, no sé cómo se ganan la vida, apenas tocan en directo.

    • Mira qué bien, ya conocemos TU OPINIÓN.

  6. jmzueco

    Fue una de las primeras bandas de metal que empecé a escuchar cuando iba al instituto y como muchos la asociábamos al rol y la fantasía. Me gustaban sus primeros álbumes, pero me flipó muchísimo el Nightfall in Middle-Earth. He sido un ávido lector de Tolkien, y las referencias sobre el Silmarillion (que es el libro en el que se basa el Nightfall) son para que te explote la cabeza: se nota que son unos yonkis de su obra. Especialmente buenas me parecen: Mirror, mirror, When sorrow sang y Thorn.

    • A mí me parece excesivamente suave, con tanto efecto e intro me aburre, aunque hay buenas canciones: «Into the storm», «Blood tears»,»Noldor» o la nombrada «Thorn».

  7. Sound of white noise es un discazo.Y la época de John Bush es mejor que la de Belladona.

    • John Bush en un cantante muy potente. Le vi hace unos pocos años con Armored Saint en un festival y sigueteniendo un vozarrón impresionante. Metallica le propusieron unirse al grupo un par de veces, ya que Hetfield no se sentía cómodo a la voz y la guitarra. Rechazó el ofrecimiento porque pensaba que los saint iban a triunfar. Pues no.

  8. Estos son mis principios, si no le gustan tengo otros.

    Uno de los grandes problemas el Heavy eran las terribles producciones de los discos. Recuerdo cosas infames como el «Fly on the wall» de AC/DC. Iron Maiden tuvo algunas producciones realmente bochornosas como «Powerslave». El «Screaming for Vengeance» de Judas Priest sonaba fatal tambien. En España todo lo que producía Mariano Garcia de Discocross, sonaba como el culo, Leize, Porretas etc. Eso si, abrasaba a la audiencia con los discos en donde él pillaba cacho.
    A veces se producia el milagro y discos hechos con 4 duros sonaban a cañon como el insuperable doble directo de Eskorbuto «Impuesto Revolucionario» (Esto es punk, no heavy). Otro disco mítico es doble directo de Barricada, que en estudio tiene también algunas producciones nefastas.
    Aparte aquí se censuraba sin pudor, a cualquier músico que atacase la doctrina liberal que imponía el PSOE y el grupo PRISA desde todos sus medios. Artistas como Robe y Extremoduro, han sido censurados a pesar de llenar pabellones y tener discazos increibles.
    El PSOE ha sido un cáncer para la cultura siempre. A mediados de los 80 cerraron todas las emisoras de radio libres, vendieron el dial a empresarios que se dedicaron a facturar y ahi acabo la creatividad en la radio. Eso si a gente inane y vacia tipo Mecano, Alaska, Azucar Moreno, Hombres G y demas purrela le iba de lujo con los sociatas. A los ridículos de la moda y el diseño estupido tambien. Esto no ha cambiado hoy día. Y se extiende a la literatura en gran medida. El grupo Prisa con su dictadura en las radios y editoriales, ha destruido buena parte de la cultura real de este país, cambiandolo por industria de la cultura. Lo sé me he ido por las ramas respecto al origen del articulo. Digamos que he venido a hablar de mi libro como el otro ;) …

    • Hombre, el sonido de «Powerslave» seguro que un su día fue lo más. Suena un tanto sobreproducido, pero no creo que sea tan mala como dices. «Fly on the wall» sí que suena mal.

  9. La primera vez que escuché a estos bardos creo que fue en «La emisión pirata», una canción de «Imaginations…» . El pirata definía el disco como «una superproducción musical». Pensé que era el mejor grupo del mundo (en mi inocencia, no sabía que una cosa era como suenan tus discos y otra el directo). He ido perdiendo el interés por ellos a lo largo de los años, pero entonces me parecían lo más del heavy alemán, que se merece un artículo por sí solo, esos grupos (Blind guardian, Running wild, Heavens gate…) mantuvieron a flote el Heavy metal europeo en los noventa, época que estuvo bajo el influjo del grunge. Sus discos se espaciaron en el tiempo, cada vez más orquestales, menos speed-metal y me aburrieron. Curiosamente, uno de los más recargados, «A night on the opera» lo escucho de vez en cuando, me parece un gran disco. Los siguientes, ni fu ni fa. En directo Hansi Kursch racanea excesivamente los tonos altos y el grupo suena como muy «eurovisivo», sin garra, pero verlos en sus buenos tiempos hubiera estado bien:
    https://www.youtube.com/watch?v=IUvfxHqlB_8

  10. A ver cuándo toca un artículo sobre Slayer, que parece que lo dejan ya.

  11. Mr. Emtec

    Joder, un artículo sobre heavy de los 90 y no se nombra a Savatage, inconcebible.
    Se pone la excusa de la poca calidad del género en la década, pero si bien no fue como en los 80, podríamos hacer una lista de imprescindibles bastante importantes.

    • Savatage merecerían por sí solos un artículo completo. Uno bastante largo. Qué grandes.

  12. Llego tarde, pero en fin: Álvaro, lo que dicen en «The Quest for Tanelorn» no es castellano, es latín: «spiritus Sanctu, vita aeterna». Gran artículo de cualquier modo. Por cierto, para mí su cumbre siempre ha sido el Imaginations. Ni sé la cantidad de veces que lo he escuchado.

  13. Isaías

    Todos sabemos que los 80 fueron ‘la década del heavy’, así, por antonomasia, y eso, como tantas cosas, es bueno y es malo. Es bueno, o era bueno en su día, porque uno escuchaba aquello que le gustaba, además de resto de bodrios que se han puesto siempre en la radio, pero fue malo porque te encontrabas con que no había el más mínimo interés en hacer una mínima criba de calidad, en producir y sacar adelante algo realmente bueno, sino simplemente cualquier cosa que en ese momento tuviera visos de vender. Del mismo que en su día cualquier cosa que sonara a funky o a MOTOWN lo tenía fácil, por mucho que luego más de uno se echara las manos a la cabeza, durante los 80 y primeros 90 cualquier cosa que sonara ‘jevata’ conseguía sello discográfico.
    Claro, para la banda que lo consigue es como si se te apareciera la Virgen, cojonudo por ellos, pero para el aficionado igual la cosa cambia. Se empezó a dar una especie de saturación, con bandas nuevas a casco porro, y como es literalmente imposible que todas esas bandas fueran buenas (la famosa Ley de Pareto, el 10-20% de quienes producen algo, en cualquier ámbito, acumulan más del 80% de lo que ahí se produce: el 80% de los grandes cuadros del arte mundial lo pintó igual el 15% de todos los pintores que ha habido, el 80% de las grandes novelas, el 80% de la música clásica, de las grandes marcas de atletismo, de los grandes éxitos deportivos, de la masa de las galaxias… da igual, no falla: no es una opinión, es un hecho), pues con lo que nos encontramos fue con mediocridades y auténticas basuras por toneladas pero que se empeñaban en meterte por donde sea como el no va más, como que después de NoSéQuién como que ya no volvería a haber nada que mereciera la pena: es como los que te anuncian el apocalipsis, que al final resulta que casi hay más fines del mundo que años tiene la Tierra y aun así resulta que el mundo no se acaba… hay que ver.
    Y entonces es cuando cuesta que de verdad salga algo nuevo. Y si sale algo nuevo, hay como que exagerar la nota y entonces te encuentras con las memeces de que, no sé, Dio está muerto y enterrado, Judas está más pasado de moda que la carraca, etc, etc… y todos presumen de que más duros que ellos no hay nadie, de que más rápidos que ellos ni el Concorde, de que nadie da más tralla… Coño, idéntico a la matraca con la que Manowar lleva dando la brasa desde el minuto 1… Si es que para originales, los heavies, que somos más chulos que un 8.
    Y ahí entran Blind Guardian. ¿Me sonaban bien en su día? Sí… sólo que para eso ya estaban Helloween. Y para tocar a todo meter ya estaban Metallica o los Judas del Painkiller. Y para el rollo épico, pues me quedo con el Dio de ‘Stargazer’ y eso que es del año 1976. Es decir, no los critico, me parece perfecto que uno se quiera abrir camino en medio de toda esa maraña y para eso entiendo que hay que exagerar la nota, ponerte chulito y mirar al resto por encima del hombro… aunque sólo sea para, al cabo de los años, caer de rodillas delante de Dio, reconocer que el nuevo Toni Iommi no está ni en proyecto, o que te dejarías amputar un brazo sin anestesia y cauterizártelo con un soplete por grabar algo tan ‘sobreproducido’ como el Powerslave… (sobreproducido, dicen… me cago en todo… anda que hay que ser adoquín… en fin, para gustos, colores).
    Es muy cierto que la producción de demasiados álbumes de los 80 era un asco: además del ya citado Fly on the Wall, o el Screaming for Vengeance o, en general, todo Judas antes del Painkiller (para gusto de un servidor, claro está), podríamos añadir todo Motorhead antes del Bastards (no lo digo yo, lo decía el propio Lemmy). Pero es que ahí también metería a los propios Blind Guardian, Rage y resto de bandas de power metal alemán. Lo siento, ya me saturaban en su día y hoy, cuando los vuelvo a escuchar, me dejan frío. Todo eso que en su día se vendía como ‘rompedor’, ‘nuevo’ o lo que sea, al cabo de una década escasa ya decías, ‘ufff, como que va a ser que no’.
    Es verdad que los 90 fueron época de transición, de quitarse de encima modelos ya muy caducos, morralla del momento y de empezar a producir de otra forma, más limpia, más directa, pero sin quitarle un ápice de dureza.
    Rage, Blind Guardian o, no sé, Angra, Symphony X, por citar sólo unos pocos casos que toquen otros palos algo distintos, empiezan a sonar maduros y con capacidad de trascender la moda del momento a partir de comienzos de los 2000.
    En todo caso, el peligro, si se puede decir así, es que ahora estamos, me parece, de nuevo en un momento de, digamos, ‘inflación’: te metes en páginas como takemetal para irte enterando de novedades y es una locura, faltan vidas para escuchar todo eso y, del mismo modo que ocurrió a finales de los 80, ¿de verdad alguien se cree que toda esa avalancha de bandas nuevas, de géneros, subgéneros y subsubgéneros pasará el corte de la calidad dentro de no ya 10 años sino simplemente 5? Ni de coña. De hecho, con lo que te encuentras es que muchas de esas ‘criaturas’ ya nacieron muertas: joder, otro imitador de Dio no, por los clavos de Cristo… otra vez el enésimo berreador gutural… la matraca del tiruriru a la guitarra o el milmillonésimo metralleta de doble bombo… Tendrá que haber una limpia, como siempre, y que se vaya decantando lo que de verdad a uno le apetezca volver a escuchar dentro de no sé cuántos años con gusto, o con cariño, y no en plan ‘joder, y que nadie me diera un par de cogotazos por flipar con esto’.
    Volveré a escuchar a Blind Guardian, que los tengo algo abandonados, y a lo mejor me reengancho. ¡Gracias por el artículo!

  14. Andrés

    La portada del Somewhere far beyond es un pasaje del Silmarillion de Tolkien. Es el primer encuentro entre elfos y hombres.

  15. Tiene gracia que dejases de escucharles justo antes de que sacasen la que todo el mundo considera su obra maestra, Nightfall in Middle-Earth. Yo, personalmente considero que su mejor disco es el siguiente, A night at the opera, que es una locura desde el punto de vista musical con temas como Punishment Divine, The Soulforged, The age of false innocence o el que es sin duda su mejor tema: And then there was silence. Deberías escuchar sus discos posteriores sin prejuicios, porque es cierto que el sonido es diferente: menos cañero y mucho más progresivo y barroco.

    Por otro lado, veo a gente que critica sus directos. Es cierto que Blind Guardian tuvo una mala época en la que se juntaron varias cosas, como la marcha de su batería y la necesidad de un tiempo de acople con el nuevo (que por otro lado es una bestia). Pero lo más grave fue la enfermedad del oído de Hansi que casi le dejó sordo y que hizo que prácticamente tuviera que aprender a cantar de nuevo. Hoy en día, Blind Guardian dan conciertos en los que los temas suenan mejor que en el disco y en los que Hansi está a otro nivel. La última vez que le he visto ha sido hace dos semanas con Demons&Wizards y su voz está a otro nivel. Y el que crea que no, que busque The Fiddler on the Green en directo en Hellfest.

  16. Los conocí sobre el año 89 en una radio local de amigos en Villaverde. Erán una banda totalmente desconocida para todos, hasta que como bién habeís relatado el grupo se disparó en popularidad. Pero eso fué ya a mediados de los 90. A mí personalmente me gusta la época del Speed Metal, ya apartir de «Imaginations..» dejarón de interesarme.

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