
Los chóferes de los cinco principales candidatos coincidieron en el bar de Atresmedia el día del último debate. El de Pablo Iglesias tenía el día libre y fue en taxi. Abascal tenía un mitin en Las Rozas y el suyo aprovechó para acercarse a ver a sus colegas, que con el lío de la campaña no se ven nunca. Un camarero, primo de un amigo mío y que iba para periodista pero que a esto fue a lo más que llegó, tomó buena nota de sus comentarios y me los ha mandado. Cree que son graciosos para la jornada de reflexión.
En la transcripción se ha perdido quién es quién, pero el lector se puede entretener adivinándolo.
Chófer 1
Es una lata, pone el despertador de madrugada para salir a cazar sus propios alimentos. Un día volvimos con una liebre de la Casa de Campo y se emocionó, pero los demás días acaba desayunando cereales, que le fastidia porque son americanos.
Algunos días, si nos pilla de paso, me hace dar un rodeo hasta la prisión de Soto del Real para cerciorarse de que los presos catalanes siguen allí. Como ritual, monta su arma reglamentaria mirando la puesta de sol, en posición de firmes, hasta que se hace la oscuridad. Yo ya sabes que no me asusto por nada, pero prefiero quedarme en el coche; me da un poco de mal rollo.
La otra noche vinieron algunos colegas y Ortega Smith, que llegó nadando por el Manzanares y luego atravesó los páramos semidesnudo con pintura de camuflaje. Alguna vez le pillo reptando entre los contenedores, en vez de venir a casa normal. Estuvieron hasta tarde jugando al Risk, a uno que tienen tuneado y con una sola carta de objetivos: invadir Cataluña y destruir a los demás adversarios.
Como está hasta el gorro de Manolo Escobar y esa música que les ponen en los mítines a todas horas, en el coche me dice que lo que sea, por favor, menos música española, para desconectar. Pero eso solo cuando vamos solos, porque si viene alguien del partido no mueves el dial de Radio Olé. He hablado con los otros chóferes y a los demás les pasa igual, lo que pasa es que cuando están juntos nadie se atreve, por el que dirán y por si les miran mal. Es un poco forzado todo, pero es un ambiente franquista en el que se sienten cómodos. A veces me inquietan cuando me dicen: «Pero Pepe, ¿tú te sientes español de verdad? ¿Qué estarías dispuesto a hacer por tu país?». Entonces me trastabillo, no sé qué decir y se parten de risa. Dicen cosas así para asustar, pero en plan de broma, no sé si me entiendes.
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Buenísimo.
Bueno, espero que los choferes, además de revelarnos las manías de sus patrones, no terminen como los choferes de mi país, que en sus diarios anotaban solamente a quién visitaba y con cuánta coima volvía al auto oficial el ministro o secretario de turno.