Arte y Letras

El periódico mecánico

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Linotipista, 1904. Fotografía: University of Washington (DP).

La primera vez que vi una linotipia ya no había linotipistas. O sí, pero eran otra cosa y trabajaban en la planta de arriba. La linotipia estaba en los talleres de Diario de Pontevedra en la calle Secundino Esperón. Años después la calle pasó a llamarse Hermanos Vázquez Lescaille. Ahora se llama calle de Rouco. Los locales del Diario de Pontevedra se convirtieron en una oficina de Correos, más tarde una sucursal de caja de ahorros y ahora están en desuso, cubiertos de polvo y folletos publicitarios; en la puerta un cartel anuncia un «taller sobre el perdón» dirigido por un experto, que ya tiene que ser sospechoso un experto en el perdón.

En quince años la calle ha tenido tres nombres y la sede del periódico tres usos, todos acordes con el futuro de la prensa. La primera vez que pisé ese lugar fue un día de 1997. Subí las escaleras de madera hasta la primera planta para entregar una carta al director. En ella criticaba una información del diario deportivo As que había representado la alineación de un equipo con violines y la otra con tanquetas o algo parecido. Fui con mi chica de entonces, y el redactor que nos abrió la puerta no le quitó el ojo mientras yo le agitaba delante de las narices mi papel. Un chico de diecinueve años que escribe una carta al director quiere ser periodista, no que le levanten a su novia.

Tiempo después, cuando comencé a trabajar como corresponsal de Sanxenxo, me enseñaron los talleres en ese acto de bautismo sagrado en el que poco menos te derraman tinta sobre la nuca. Allí estaba la rotativa de la que salía cada madrugada el periódico, y en un rincón la linotipia, como esa máquina de escribir del abuelo que todas las familias conservan en el armario. Los diarios son un centro de peregrinación de colegios e institutos para que puedan observar la maquinaria de la que salen miles de ejemplares. Esta liturgia se repite siempre con un desconocido, como si los periodistas se bajasen del coche y abriesen un momento el capó. Una noticia exclusiva o una entrevista lucen en la portada y dan lustre a quien la firma, como una buena conducción da éxito a quien pilota, pero lo impactante del éxito se representa en las tuercas, los tornillos y el aceite. Un coche puede hacerse bonito en cualquier garaje; ponerlo a correr es otra cosa.

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4 comentarios

  1. Jabois, eres el mejor heredero de Umbral. Felicidades

    • Pero, hombre, con el gallego tropiezas con las palabras, no así con el madrileño, cuya prosa era más alta pero más limpia.

  2. Saturnismo, así se llama la enfermedad de la que se murieron la mayoría por no decir que todos los linotipistas que se manifestaba entre otras cosas por las encías azules producto del envenenamiento por plomo. Buen artículo y saludos de un preprensista.

  3. Qué frase esa con la cual se resume la profesión de periodista! !Pura poesia! «Un experto en perdón agoniza en plaza pública». Emocionante. Gracias por la lectura.

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