
Начало
Todo iba bien hasta que te conocí. Recuerdo aquella partida: tú saliste en la línea cincuenta y cuatro; yo esperaba mi momento en la fila. El aire nos daba en la cara y justo delante de mí, una te amarilla se vino abajo y comenzó a sollozar cosas como que no iba a poder hacerlo y todo eso. La música se aceleraba y las fichas a mi espalda comenzaron a inquietarse. ¿Qué ocurre? Uno que se ha cagado. ¿Quién? ¿Qué pasa? La te amarilla temblaba hasta el último píxel. Se aferró al umbral de la escotilla sin dejar de repetir: voy a estropearlo todo. El comisario político lo apartó de un empujón y se lo llevó a rastras. Al pasar a mi lado se aferró a mi pierna, dando alaridos. Se montó una tangana enorme. Todos comenzaron a darle golpes y patadas. Él chillaba y suplicaba como un gorrino. Cuando conseguí liberarme corrí de regreso a la cola. Los gritos de la te amarilla ya no eran más que un débil gimoteo. Me asomé al exterior. La cúpula dorada de Iván Vasílievich se recortaba contra el cielo azul brillante. Allá voy. Es mi turno. Debajo de mí, una amalgama de cuerpos encajados y restos esparcidos por todo el Kremlin. Cogí velocidad. Giré a un lado y caí sobre ti en mala postura. ¿Qué haces?, dijiste. No respondí. ¿Por qué no te has puesto ahí? Tenías hueco de sobra. Miré a mis pies y vi los tuyos y las piernas y también el resto, tendido, como posando en pleno campo de batalla para algún artista del desastre. Nos miramos un largo instante sin decir palabra. Ahí comenzó todo, supongo, aunque yo todavía no lo sabía.
Бoлтая
Hola. Tome asiento, por favor. ¿Zeta roja siete tres siete ocho?
Sí.
¿Qué tal te encuentras, camarada?
¿Yo? Bien.
¿Algo que destacar?
No. Todo bien.
Ya (tamborilea con los dedos sobre la mesa). Veamos… tengo aquí una incidencia del pasado martes.
¿Una incidencia?
Sí. Nivel cinco. Fila sesenta y dos. Caíste de pie sobre Ele verde cinco ocho tres tres.
No lo recuerdo. Puede ser.
Ya. Nivel cinco…
Ah, sí. Es verdad.
¿A qué crees que se debe, camarada?
A veces, esas cosas pasan.
Ya. ¿Has vuelto a ver a Ele verde cinco ocho tres tres?
No.
¿Estás seguro, camarada?
Hey. Un momento. ¿Qué está insinuando?
Nada. Solo es un control rutinario.
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La más original historia sobre el Tetris que he leído!! Está muuuy guay!!!