Vicente García: «O se busca una fórmula que funcione con el libro digital o nos vamos todos al garete»

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Fotografía: David Airob

Reunirnos con Vicente García (Palma de Mallorca, 1971) en el Salón Internacional del Cómic de Barcelona 2019 tiene mucho de simbólico para nuestro entrevistado. Allí fue donde vendió los primeros ejemplares de Dolmen, una revista que veinticinco años después se mantiene incombustible en un mercado donde las publicaciones sobre cómic (en papel) son una rareza exquisita. Una revista a la que se sumó pocos años después una editorial de cómic que se ha ido abriendo a otros formatos, siempre siendo fiel al eclecticismo en las filias de sus integrantes.

Hablamos sobre el aniversario de la revista, el caos del que nació la editorial y de cómo el paso de los años ha ido sumando a su catálogo libros de ensayo sobre cine o videojuegos, novelas de zombis o el siempre polémico libro digital. Pero también sobre la actualidad del cómic en España, las dificultades de editar desde Mallorca y sobre las polémicas que les han acompañado durante sus años de editor.

Han pasado veinticinco años desde que os gastasteis aquellas famosas diez mil pesetas en el primer Dolmen. Quién hubiera dicho que saldría toda una editorial de aquellas charlas de los viernes noche en la cafetería Mavi. ¿Cómo empezó todo?

Pues como todas las historias de las editoriales. Te iba a decir por azar, pero creo que más bien por circunstancias. Por el hecho de que te guste trabajar, que te guste lo que hagas y el hecho de que te guste organizar cosas. Yo me acuerdo de que propuse hacer un fanzine y como sucede en este caso todo el mundo: «¡Sí, sí!». Todo el mundo se emocionó, y en el momento en el que te pones, te giras y ves que no hay nadie atrás. «Bueno sí, es que tengo otras cosas que hacer…». O «ya te entregaré algo». Y me acuerdo de que en ese primer fanzine tuve que firmar con varios seudónimos, que me daba como vergüenza que fuera mi nombre el único que apareciera ahí. Surgió el seudónimo de Antonio de Castillo, que a día de hoy sigo utilizando, es mi segundo nombre y segundo apellido. Todo aquello era horroroso porque tenías que hacerlo a mano, recortar, claro, no tenía escáner, no tenía nada. Era un fanzine. Tardábamos dos meses en hacerlo. Era otro tiempo, no había internet y tenías que buscarte la vida de otra forma. Sobre todo fue gracias a los que nos han acompañado hasta ahora. Y digo «nos» porque detrás hay un montón de gente que, para que yo pueda estar aquí, están ahí trabajando y tienen las mismas ganas que yo cuando comencé. Gente más joven, pero con las mismas ganas, espero. Ellos tienen sueldo, yo no lo tenía.

Llegasteis al duodécimo Salón del Cómic con quince ejemplares bajo el brazo y volaron en media hora. Esa fue la excusa para decir: «¡España, vamos a por ti!». Por correo, eso sí.

Es curioso, porque ahora me daba pereza buscar cuál fue el primer salón en el que estuve y, mira, ya me lo has chivado. El doce. Salen las cuentas, más o menos, doce y veinticinco pues el treinta y siete actual. Sí, la verdad es que fue una sorpresa. Ibas un poco con complejo, supongo, de provincias. Hacíamos esto en Baleares, ¿a quién le podía interesar? Traes una serie de cosas en la mochila que no esperas vender ni de coña. Se lo dejo a José Manuel, del fanzine Studio, que a día de hoy sigue estando aquí con stand. Estaba en la cola de al lado en las firmas de Óscar Jiménez, que es un autor que está trabajando también para Estados Unidos. Me hizo el dibujo, media hora, tres cuartos, y de repente me giro, no veo ningún fanzine y pensé modesto: «ostras, los ha retirado porque le daba vergüenza». Y le digo: «mira, devuélvemelos, que me voy ahora en media hora, en nada». Y me dice: «¿que te devuelva el qué?». Y yo: «lo que te he dejado, los fanzines». Y me dice: «no, no. Toma dinero, que se han vendido todos en un momento». Y claro, te animas mucho y piensas que hay gente a la que le interesa esto más allá de la Islas. Y a partir de ahí ya me planteé buscar publicidad en el fanzine, librerías de las que algunas a día de hoy nos siguen acompañando. Veinticinco años después se siguen anunciando y en cierta parte son parte de esta aventura. Ahora ellos también venden nuestros productos y vamos cerrando círculos muy bonitos. Pero en aquella época jamás hubiera pensado yo que hubiéramos podido llegar a vender en Sudamérica y que la revista continuara. Siempre dije que la revista continuaría mientras existiera la editorial, porque llega un momento en que en vez de diez mil ejemplares vendes siete u ocho mil, vas bajando, obviamente, pero tenemos unos lectores superfieles. De hecho, es un dato muy interesante. Nosotros cada año hacemos una macroencuesta y participan muchísimos lectores, un tercio de lectores, y una de las preguntas siempre ha sido la edad. Me acuerdo que al principio tenían veinticinco, veintiséis años, y cada año iba subiendo la edad. Ahora mismo son gente de cuarenta años, cincuenta, que siguen comprando por afiliación a la revista.

¿Crees que esa es la fórmula del éxito que habéis tenido?

Es muy curioso porque a veces te encuentras gente que te dice: «¡Ostras, Vicente!», y no te conocen. Y te dicen: «te escribí hace no sé cuántos años», y yo pienso: «madre mía, espero haberle contestado». Contestaba todos los mensajes, todas las cartas. Supongo que ahí tiene un punto simbólico, no dejar a nadie colgado ya que se toma la molestia de mandarte, en esa época, una carta. Y hoy un email, y no contestar. Y eso creo que también se traduce en que la gente lo agradece. Mantenemos una sección de correo donde la gente sigue escribiendo, que es una cosa muy poco habitual. Yo lo hacía porque en parte me he aficionado. En aquella época los correos de los lectores era lo más grande que había en los cómics, a mí me gustaba y la revista lo sigue manteniendo. Es de las pocas cosas que yo hago todavía en la revista. Recibir todas las cartas, contestarlas y, si hay que picar el texto, lo pico yo, las editas, que hay veces que la gente piensa «qué bien escribo» y yo: «sí» [risas]. Le quitas las faltas de ortografía, le das un poco de estilo y ya está. Nadie se ha quejado en veinticinco años de esto. Siguen mandando sus dibujos. Yo creo que al final somos una gran familia, tanto la editorial como la gente que nos rodea, las librerías que se anuncian, los lectores que nos leen.  

¿Crees que hubiera sido posible arrancar hoy con Dolmen?

Me lo pregunto muchas veces. No lo sé. Hoy en día hay otros medios y otros niveles. Todas las editoriales que surgen han nacido por un sistema tradicional que es pedir un crédito al banco. Yo no. Yo tuve que ahorrar quinientas pesetas que me seguía dando mi padre cuando tenía veinte años porque estaba estudiando. De lo que ibas rascando de ahí y allá, algún trabajillo que hacías, para poder sacarte el primer número. Con los beneficios del primer número, sacas el segundo y piensas qué otras formulas hay, y buscas el tema de las publicidades. Y no lo sé. Yo solo sé que si no es en esto, sería otra cosa, pero creo que la clave aparte de las ganas es haber dedicado mis jornadas de trabajo. Lo he calculado y debería estar ya jubilado. Y además con gusto, cuarenta y ocho horas seguidas, dos noches sin dormir. En aquella época recuerdo que tenías que ir corriendo a Seur, que cerraba a las ocho y el transportista no venía a buscarte, tenías que llevártelo tú al polígono o tenías que irte al aeropuerto a llevarlo allá. Hemos hecho de todo.

¿Conoces el panorama actual? ¿Hay alguna revista que pienses: «esta gente lo está haciendo bien»?

Es que hoy en día revistas casi no hay ni en España ni en Estados Unidos. Esto es como ir cerrando los bares. Ves que te estás quedando el último y cualquier día dirán: «cierre usted porque ya no hay más». Hay un compañero, Koldo, que también por vocación hace otra cosa muy parecida, pero es otro estilo. Le pone las mismas ganas, pero va a otro público. Es una revista que se reparte gratuitamente a las librerías y él tiene su trabajo, de hecho es médico. Durante mucho tiempo a mí me preguntaban qué era y yo no sabía qué era. Y decía que era el diseñador gráfico. Montaba la revista, soy editor, soy entrevistador, soy el hombre orquesta.

¿Y qué tipo de artículos publicabais por aquel entonces?

Lo mismo que ahora. Creo que hemos evolucionado muy poco. Somos muy conservadores en eso, y como dicen los americanos: «no arregles lo que no está roto». Hacíamos entrevistas, noticias, reseñas de los tebeos. Los leías y dabas tu punto de vista sobre lo que veías, hablabas de las series que veíamos en aquel momento. Tenía la ventaja de que pedíamos los tebeos de fuera, te los leías dos años antes de que salieran aquí publicados, que ahora esto sería impensable. Ahora se publican a los dos o tres meses o las series de televisión las tienes el día siguiente. Y en aquella época te los leías dos años antes o un año antes y comentabas un poco lo que sucedía, hacías una crítica y a partir de ahí salía la revista. Todos esos conocimientos, de hecho, están aplicados ahora a la editorial. A veces piensas «¿y ahora qué publicamos?». Empiezas a pensar qué leías tú de pequeño, qué cosas estaban bien antes y, como esto es un círculo, al final caes en que te gustaba Johan y Pirluit y lleva un tiempo sin publicarse, sin hacer una edición en condiciones, así que lo repasas y venga, vamos a publicarlo. Cuando publicamos en aquella época Johan y Pirluit se abrió la veda para cosas de ese estilo. Nosotros lo teníamos complicado a nivel económico en mitad de la crisis y dije: «pues ya que vamos a morir, vamos a morir con los principios, con lo que a mí me gustaba y esto al menos lo vamos a editar». Y luego se vende y piensas: es imposible. Un producto que además es de treinta euros, que yo confiaba que se vendiera pero no que lo agotáramos. Y me dije: qué bien, tus conocimientos de friki son los que al final te están dando la base para sacar adelante la empresa.

Ya que hablas de los conocimientos de friki, ¿crees que está siendo de gran ayuda que ese frikismo se esté volviendo más mainstream?

Es muy curioso esto porque antes las tiradas eran más grandes y se llegaba a los quioscos, y hoy en día las tiradas son más pequeñas pero se llega a mucha más gente. Creo que se ha conseguido que haya un sector de la sociedad que no es el típico que lee superhéroes ni lee Manga, y que se ha concienciado de que, efectivamente, hay un tebeo para todos los públicos. Yo me atrevería a ir por la calle y a cualquier persona que da un perfil decirle: «mira, esto es un tebeo que a ti te gustaría». Vamos más encaminados a eso. Ha habido una lucha de trincheras, porque lo ha sido, de intentar ir venciendo ese público, ganándoles diciendo: «mira, estamos haciendo un producto que te gusta, aunque tú no lo creas». Más allá de Mortadelo. Circunscribir lo que es el cómic a Mortadelo, aunque sea el más popular y va más allá de lo que la gente pueda creer, es un error, es como creer que el cine es Lauren y Hardy, Bud Spencer y Terence Hill, Pajares y Esteso. Lo mismo que tienes a Torrente tienes Los lunes al sol. Es un medio que tiene muchos años y además trabaja gente que está buscando ahora otro perfil de público con el término novela gráfica. ¿Qué es la novela gráfica al final? Es un tebeo de toda la vida, enfocado a un público más adulto, pero esto ya existía antes. El Maus tiene muchísimos años. Maus es un tebeo con ratoncitos hasta que te llega como te pueden llegar las sensaciones más potentes de, no sé, Lo que el viento se llevó o El pianista o cualquiera de estas obras. 

La gente que leía la revista Dolmen, por ejemplo, ha crecido y las personas que leen adquieren cultura. Y esa gente que tiene una cultura hoy son médicos, políticos, es gente que trabaja en El País, que trabaja en El Mundo, en La Vanguardia o en cualquier sitio y saben de esto. Y es gente que ahora escribe sobre cómics. Ahora mismo, de hecho, creo que cualquier periódico que se precie tiene una sección dedicada a los cómics. Los grandes centros comerciales también se han dado cuenta de ello. Y lo que antes eran los quioscos, con lo que tú llegabas al público general, ahora son los grandes centros comerciales. Nos queda la librería generalista, donde es muy difícil entrar pero creo que es el siguiente punto, que ellos se den cuenta de que esto vende, que no nos están haciendo un favor. El favor se lo estamos haciendo a ellos. Se tienen que dar cuenta de que ahora mismo hay doscientas librerías especializadas en cómic. Hay ciudades donde hay más librerías especializadas en cómics que librerías generalistas. No hay librerías especializadas en caza o publicaciones sobre animales. No. Y de cómics sí que hay. Y eso es porque funciona. Y volviendo a tu pregunta: sí, estamos llegando a un público que es más general y que se ha dado cuenta de esto.

Al final, la gran batalla es que entiendan que el cómic no es más que otro formato y que no es que ese formato vaya siempre asociado a un contenido determinado.

Sí. Y ver que es un medio como otro cualquiera. Como son las series de televisión, como es la música. Yo no entro en si es un arte o no. Esto ya depende de cada uno. Habrá gente que considere la fotografía un arte y vaya a exposiciones de fotografía y les llegue. Yo creo que un cómic te va a entretener si te asesoras bien y buscas. Hoy en día se busca muchísimo. Buscas en internet y enseguida sabes lo que está bien y lo que no. Y te vas a un librero y el librero mismo te lo explica si hace bien su trabajo. Los libreros de cómic sí que lo hacen, es gente que también ha empezado desde cero con toda su ilusión y saben lo que están trabajando. Lo importante es que te va entretener y te va llegar. Como pasa con las películas. Una película te puede entretener o de repente, si te llega al alma, te puede hacer sentir algo. En el fondo yo creo que es por lo que estamos todos aquí, para sentir. Y creo que los cómics lo están consiguiendo.

Pero volvamos a los inicios de Dolmen. Desembarcáis por correo en España, luego llega Camaleón y ya contáis con distribución. Pero esa relación duró lo que duró y al final rompisteis con ellos, entre otras cosas porque no acababais de tener claro quiénes eran los editores.

A día de hoy me doy cuenta de que tenían razón. Lo que pasa es que tenía muchos menos años y yo no era editor. Publicábamos una revista, pero ellos lo editaban. En el fondo te das cuenta de que en España están cambiados los conceptos. El publisher coincide con el editor, es la misma palabra para dos conceptos, el publicador y el editor. El editor, en Estados Unidos, es el que puede ser un editor de un periódico, es el Perry White de Superman, es el editor del Daily Planet, y luego está la persona que puede publicar. Son conceptos diferentes y en aquella época yo también era más batallador, supongo, y en vez de escuchar razones me dio por enterarme y al final pues, bueno, entre comillas recuperamos la independencia y el control. Aunque entre el número 30 y 31, igual que en los anteriores, nunca nos dieron ninguna indicación de: «mira, danos una reseña de esto que es de Camaleón» o «por favor, corta ahí». No, no. De verdad, jamás. Así como sí que he recibido otras indicaciones de, por ejemplo: «si se te ocurre publicar más cartas en contra de nuestro trabajo vamos a retirar la publicidad». Pero eso te cuento luego si quieres, no te hago un spoiler.

Adelante, por favor.

Supongo que todos éramos más jóvenes y a lo mejor hoy no cogerían el teléfono para llamar a la casa de tus padres, que es donde yo hacía fanzines. Recuerdo que mi padre me dijo: «oye, te llama Rafa Martínez». «¿Quién?« «Sí, dice algo de Norma». Y era el editor de Norma. Imagino que me trataba de usted porque siempre ha sido muy formal. «A usted le estamos poniendo publicidad en la revista o fanzine, pero usted está hablando mal de nuestras publicaciones en su revista». Y yo: «Sí, sí». «Pues como comprenderá eso es incompatible con… si sale una sola revista hablando mal de nuestras publicaciones, retiramos esa publicidad». Y le digo: «pues me temo que el mes que viene habrá que retirarla». Y era porque había una polémica muy grande con los precios de Norma. Supongo que se lo tomaba de forma personal. Eran caros en esa época, yo me acuerdo de que me costaba comprar. Y era además en la sección de los correos, donde siempre hemos publicado todas las cartas que han llegado, todas. Nunca nos hemos dejado ninguna. Nosotros éramos los foros de aquella época, si alguien escribía diciendo que los precios eran muy caros, nosotros lo publicábamos. Yo procuraba no ser muy tendencioso en la respuesta para evitar estos problemas, pero sí, sí, nos retiraron aquella publicidad. Era a doble página y a veces me pregunto si a día de hoy lo haría. Te voy a ser honesto. Hay que pagar las facturas al final del mes, ya no estoy viviendo en casa de mi padre. Tienes que pagar también las nóminas de la gente que está aquí y en el fondo está detrás de ti mucha gente. Entonces, ¿lo haría? ¿No lo haría? Pues no sé. Yo quiero pensar que sí. Habría que verse en la situación.

Pero esa polémica se queda casi en una mera anécdota cuando llega esa famosa historia con Antonio Martínez.

Es que fuimos muy ingenuos. Es muy curioso porque ayer mismo Antonio Martínez en Facebook ponía que a ver si quedábamos para cenar un día de estos. Supongo que él era más joven y yo también y había una guerra ahí cruzada entre él y Cels Piñol, a quien no he vuelto a dirigir la palabra precisamente por esto. Había una página al final de la revista que era cómica y había un personaje que se llamaba Cels Piñol, que era bastante conocido en aquella época, y que hablaba con Antonio Martin, el editor totem de Planeta de Agostini. Era una caricatura, de hecho, estaban hablando y Cels le insultaba gravemente. No voy a repetir las palabras para que no tengamos problemas, pero era tan descabellado lo que decía que para mí era una sátira. Luego coincidió que parece ser que entre Cels y él tenían cosas. Yo tenía muy buena relación con Celso en aquella época, y Antonio había entendido que era una forma de insultarlo públicamente. Como he dicho siempre, si yo llego a haber editado esa viñeta habría hablado con David Ramírez para decirle: «David, por favor, rebájalo y en vez de poner pues… no sé, ponle tonto, ponle lelo». Si es que hasta se llamaban por su nombre. Si en aquel momento en una caricatura de Antonio Martín pones A.M., pues ahí se acabó la historia. O pones Antonio M., pero es que era con nombres y apellidos. David entregó tarde, como siempre, y le dije: «Mira, vete a la imprenta que es que no llegamos». Hoy en día haces una foto, te lo miras, lo lees y ya está. No se la hizo, lo envió y salió publicado. Me acuerdo de que lo vio Jaume Vaquer y me dijo: «Vicente, vas a tener problemas». Dije: «Es una broma, es una tontería». Pero nos denunciaron. El juez de primera instancia me preguntó si yo era responsable de esto y le dije que sí. Cómo iba a dejar a David Ramírez colgado. Tenía que haberlo visto y no lo vi.

Recuerdo que la juez lo vio todo como una tontería, quedamos absueltos en primera instancia, luego apelaron y en apelación —aprendes mucho de cómo funciona el sistema judicial— fuimos a declarar. Yo me enrollé mucho, me hizo callar varias veces. Luego lo transcriben, esto va a segunda instancia, el juez lo leyó y quedé absuelto por un error de forma, pero a Ramírez se lo llevaron por delante, tuvo que pagar una multa y hubo también una recolecta, se publicó un tebeo a favor de él con el que pudo pagar parte de la multa. Cels Piñol tuvo que venir a declarar y no vino, lo cual me sentó muy mal. Habíamos preparado toda la defensa basándonos en lo que él tenía que declarar. Una semana antes dijo que no venía. «Mi mujer me ha recomendado que no vaya, que no tengo nada que ganar». Tendría que haber ido él a decir que esto es una tontería, «mi personaje está aquí, pero…». Y no vino. Y nuestra relación, que era muy buena, se vio afectada. Decir que eres mi amigo y no venir aquí a dar la cara cuando en el fondo la estamos dando por ti. Yo podía simpatizar más con Cels que con Antonio Martín por simpatizar con el que es más débil, y al final el que es más débil es el que me la metió… la vida da muchas vueltas.

Y tras todo ese follón viene la conversión de Dolmen en editorial. Podríamos decir que nació por catarsis.

Como todo. Al final la vida te lleva a un sitio o hacia el otro y tú vas siguiendo el camino. Me asocié también en esa época con Jaume Vaquer, que es farmacéutico y coleccionista de originales y un estudioso del medio bastante potente; con Carlos Pacheco, que es el Pau Gasol de los cómics; y con Francisco Pérez Navarro, que para mí a día de hoy sigue siendo una leyenda. Nos lo pasábamos muy bien, pero cada uno tenía su trabajo: Carlos tenía que dibujar, Jaume tenía que llevar la farmacia, y el Pérez seguir haciendo sus cosas. Pero esa época sí que ayudó para que nosotros cuatro empezáramos a publicar. Publicamos cómics bastante interesantes, algunos de los cuales ahora vamos a reeditar para el veinticinco aniversario. Y aquello me ayudó a ver que podríamos hacer otras cosas, como libros. Sacamos libros sobre historieta, unos treinta más o menos. A partir de ahí pasamos de sacar una o dos cosas al mes a sacar como ahora, doce más o menos. Y de ahí adquirimos no sé si decir profesionalidad, porque al final la acabas teniendo, pero nos convertimos en empresa.

Y fue todo muy natural, dejas de trabajar en casa de tus padres o dejas de trabajar en tu casa, que por el camino te la compras, y acabas teniendo que alquilar un sitio porque ya sois tres o cuatro y trabajar en casa tampoco es lo más cómodo para tu pareja. Y a partir de ahí lo trasladas todo y empiezas a trabajar con más gente y de repente es una día más en la oficina, lo cual sigue siendo como muy extraño. Es verdad que todo es muy romántico, pero al final no dejan de ser los números los que marcan. Empiezas a sacar libros, empiezas a sacar cómics, empiezas a trabajar adelantándote a los dinosaurios de aquella época, a publicar tebeos que Planeta quería publicar pero por tener otra estructura no podían acercarse tanto como nosotros. Nosotros podíamos hacer una oferta y al día siguiente tenías firmado el contrato, y ellos en aquella época no podían, tenían otros protocolos. Protocolos que nosotros seguimos manteniendo, pero ahora ya nos cuesta un poco más. Pero sí, se fue estructurando, salían tebeos, libros. Somos eclécticos por naturaleza.

Si alguien me preguntase le daría un consejo que me dieron y que a día de hoy todavía no respeto, lo intento con toda mi alma pero no puedo: crea tu marca. Yo creo que publicamos tebeos buenos y libros buenos cuando en realidad tienes que crear una marca. Yo siempre he dicho: mira, esto es como si tú tienes un equipo de baloncesto y te viene Messi. No puedes fichar a Messi, ni puedes crear un equipo de baloncesto para Messi. Pues esto es lo mismo. Si tú tienes una línea y te viene uno bueno de otra no lo edites, porque si no te encaja vas a despistar a la gente. Eso en cómic, en literatura, en televisión, es básico. La 2 da documentales, no pongas ahí un partido de fútbol, que lo daban en su momento y lo tuvieron que cambiar a La 1. En cómic sucede lo mismo, tienes que tener una marcada línea. Y a día de hoy me sigue costando y seguimos fallando. Luego sacamos tebeos maravillosos que funcionan, pero la satisfacción al final es del friki que llevas dentro. Pero gracias a eso, ahora, durante la crisis, nos hemos agarrado mucho a los tebeos que sabemos que nos funcionan y en las líneas. Hemos sacado hasta poemarios y yo a partir de ahí supe lo que era la epanadiplosis, que era el título de uno, o «Armadura de azúcar», que es un nombre precioso. Luego se ha vendido o no, pero el gusto que te da cuando lo lees y sabes que lo has publicado tú…

¿Y cuál es esa línea identificable de Dolmen ?

Al final intentamos engañar un poco diciendo que la línea es Z y hay gente que solo nos conoce por la línea Z. Hemos sacado sesenta o setenta novelas y ninguna editorial en todo el mundo había sacado más novelas de zombies que nosotros. Otros solo nos conocen por los manuales de aprender a dibujar o por la línea de Fuera Borda, o por la línea Sin Fronteras. He publicado dos de los tres tebeos que de niño más he adorado. El Príncipe Valiente, y además la edición definitiva, porque estamos cogiendo materiales de Estados Unidos que están restaurados y la estamos mejorando. Hemos doblado el público, la edad de una persona que se lee El Príncipe Valiente es de sesenta años, a lo mejor. Ahora ves la gente que se acerca y tienes a los chavales que leen a Enrique Vegas, por un lado, que ya lo hemos separado aposta, y a las personas más mayores que leen El Príncipe Valiente por el otro. 

Antes decías que la estructura de la revista es la misma que hace veinticinco años, pero también has comentado que, con el paso del tiempo, por un lado crees que os estáis volviendo más políticamente correctos, pero que irónicamente os dicen que en realidad estáis siendo más duros. ¿Crees que es por la sensibilidad de los nuevos tiempos?

Es verdad, qué curioso, ahora que lo dices. Sí, supongo que nos estamos volviendo todos —como me incluyo puedo decirlo— más tontos. Tienes que ir con cuidado a la hora de decir las cosas. Yo no sé si es porque tiene más trascendencia o tenemos la piel más fina. No lo sé. Quiero pensar que con el tiempo te va importando todo un poquito menos y vas diciendo lo que piensas. Yo siempre he querido ser mayor para eso. Quería ser un señor mayor que te dice lo primero que se le ha pasado por la cabeza. Yo quería esto y espero que al final no nos estemos todos aborregando un poco, que tengamos más personalidad. A veces la persona que coordina los artículos, Germán Menéndez, me dice «mira, mira lo que ha puesto este. ¿Qué hacemos? ¿Lo ponemos? ¿No lo ponemos?».

Supongo que sí, te vuelves más políticamente correcto. También es muy complicado a veces hacer reseñas de amigos, porque de repente le da a la gente por empezar a trabajar en Estados Unidos. Jaume Vaquer, por ejemplo, no hacía nunca reseñas de un conocido y ya no te digo de un amigo, pero claro, de repente los amigos que hacían cosas para Camaleón, para el Mondolirondo y tal, están trabajando para Estados Unidos y es imposible no hacer reseñas de según qué tebeos. Es que no reseño Superman porque está Pacheco, no hago Iron Man porque está RocaEran tres y ahora son trescientos, tienes que hacer alguna reseña.

Por suerte no las hago yo, pero a veces es duro publicar una mala crítica a alguien muy cercano. ¿Y qué haces? Pues esperas que no se lo tomen de forma personal y que no tengan la piel tan fina como la otra gente. Nosotros tratamos narrativa y tratamos cómic, y los problemas que he tenido en la narrativa no los he tenido, a nivel personal, jamás en el mundo del cómic. En el mundo del cómic hablas con gente que ha crecido con esto y es muy modesta. Gente que ahora gana muchísimo dinero, y hablas con ellos y no parece que lo tengan. Y a veces hablas con un tío con el ego subido al que le has vendido mil libros… Pero chico, este de aquí ha vendido cien mil tebeos, y me está hablando con respeto. Creo que eso también se ha perdido mucho, hay una guerra de entre el editor y el autor, y en el cómic esto no lo hemos tenido. Creo que estas son las principales diferencias que he visto entre narrativa y cómic.

Y ya que hablas de narrativa. En cuanto a público, ¿has notado mucha diferencia respecto al de cómic?

No tiene nada que ver. El mundo del cómic lo conozco bien, pero el público de narrativa al haber más gente es más difícil de controlar y de conocer. La narrativa se vende muchísimo más. En cómic te saluda gente que conoces de siempre y sabes más o menos por dónde va. Si pones dos círculos hay puntos en los que coinciden y puntos en los que no. Hay muchísimos lectores de cómic que leen narrativa y en cambio hay gente de narrativa que no lee nunca un cómic. Yo creo que sí, son diferentes, supongo que sí.

¿Cuándo llega esa primera decisión de publicar narrativa?

Pues fue sin querer, fue casualidad. Fue contradiciendo otra vez la máxima de zapatero a tus zapatos. Es increíble, vamos. Nos llegó Álvaro Pons y dijo: «mira, conozco una persona que tiene un libro de zombis», y en aquella época no funcionaban los zombis. «El libro es muy bueno, échale un vistazo, léetelo». Y me dio por leerlo. Era un libro de Manel Loureiro, Apocalipsis Z, un best seller. Me gustó y dije: «esto lo tenemos que publicar». Llevábamos publicado, me parece, algo sobre novelillas de Perdidos, la serie de televisión, y no pensaba sacar nada más, pero a mí me gusta mucho el género de zombis. Y de repente no sé si sacamos mil copias, las agotamos y dije: «ostras, esto es muy bueno». Al final vendimos diez mil ejemplares, una barbaridad, yo no he vuelto a vender tanto de casi nada.

También tiráis de libro digital. Tenéis La tríada de So Blonde, Aquí la tierra es mala de J. G. Mesa, algunas obras de Víctor Vázquez… ¿Qué opinión te merece ese formato?

El tema digital me abre la puerta a que me tengas que cortar en cualquier momento con esta respuesta. El mayor de los miedos hoy en día es estar trabajando en algo y que se acabe, como La historia interminable y la nada. Estás trabajando en un medio que está evolucionando constantemente. La industria está evolucionando de tal forma que en cualquier momento te encuentras con que ha desaparecido. Y el medio digital aquí no está funcionando como en Estados Unidos. La piratería en Estados Unidos está muy penada, tú cuelgas algo y al día siguiente, como te descuides, tienes a un agente de FBI tocando la puerta. Aquí no, aquí tienes un tío de la guardia civil que como te descuides, con todo mi respeto a los guardias civiles, te está aplaudiendo: «¡te has descargado esto! ¿Oye, y de dónde te lo has bajado?». Está tan bien visto lo de descargar cosas que en el fondo yo creo que o los grandes editores toman las riendas o nos vamos todos al garete, porque las ventas es que son en general muy malas. Vivimos todos de best sellers, uno que te venda cinco mil y te compensa los doscientos que está vendiendo el otro; creo que o se busca una fórmula que funcione con el libro digital o nos vamos todos al garete.

La música y los videojuegos han encontrado el sistema. En videojuegos ahora mismo pagas por mejores personajes o conectarte y jugar por dos euros a una cosa durante todo el mes. La música lo ha encontrado también con las plataformas y nosotros no veo que lo estemos encontrando. No sé cuál es la fórmula, la verdad. A veces lo piensas, te tienes que reestructurar, te tienes que buscar otra cosa y con el libro digital el problema es… nosotros funcionamos bien con lo de los zombis cuando Apple Store estaba integrado dentro de la Apple Store. Vendíamos muchísimo, cuatro o cinco mil. De hecho, fuimos número uno en la Apple Store, cada mes, cada novela, la que era de novedad de zombis, lo era. Y vendíamos dos o tres mil, que era una barbaridad. Hoy, si vendemos dos o tres ya son muchos, porque Apple decidió sacar los libros de la aplicación, nos llevó a otro sitio. Mira tú la tontería, eso es como cuando tienes una tienda en la travesía de la calle principal. Pues como no estás a dos metros de la calle principal, nadie entra en tu tienda. Y esto es lo mismo, nos sacaron de ahí y las ventas se fueron al garete. Hay que buscar fórmulas para que esto funcione. Lo que está claro es que de momento se está intentado, pero no se consigue que la gente lea lo que debería. Están los más jóvenes, es verdad que tenemos una generación, sobre todo de chicas, que es increíble, que leen de todo y están acostumbrados a leer no en papel, sino en digital, pero todavía no basta. La gente dice: «mira, te ahorras todo el tema de la imprenta». Y es que hasta ahora el IVA digital era de 21% y es una barbaridad.

Esta es otra cosa en la que yo tengo los dos puntos de vista, el del autor y el del editor. Esa guerra de los porcentajes: el autor se lleva un 8%, ¡qué poco! Pero es que la librería un 35%, el distribuidor un 20%, el IVA es un 4%, tú te llevas un 10% y con el 15% o 20% que se queda la editorial tienes que pagar las nóminas de todo el mundo. Es difícil. Y en el sistema digital tampoco existe ahora mismo una distribución más o menos está establecida, el porcentaje que se queda el autor y el porqué. A la hora de sumar todo no acaba de cuadrar porque tienes que llegar a unos porcentajes que no te valen para pagar a todo el mundo. Al final el precio es un poco más barato y ese precio más barato a mí tampoco me sirve. Yo prefiero tener un libro de treint euros de los que me quedo quince y yo vpago a la imprenta. Y con el digital no acaba de cuadrar, porque tienes que pagar la nómina de la gente que está trabajando ahí y si el producto vale diez euros y tú te vas a quedar tres, es imposible. Tienes que vender muchos libros para cubrir eso.

Ya que has mencionado el videojuego. Ese es otro de los mundos a los que les estáis dando espacio en los libros de ensayo. ¿Está funcionando bastante bien, verdad?

Es la industria que más mueve actualmente. Yo ahora me entero de cosas, no sabía lo que era Minecraft y esto es muy curioso porque de repente son tus hijos los que te están enseñando a ti. Voy a mi hijo de once años y le pregunto «oye, no conocerás un videojuego que se llama Minecraft». Y me mira de arriba abajo y dice «pero serás hereje, qué estás diciendo papá, pues claro que sé qué es Minecraft». Me vuelco y ahora con los niños lo voy viendo. Me he enterado de lo que es Minecraft y mis hijos me han obligado a ver youtubers; a raíz de eso se quiénes son y me parece maravilloso. Mi nivel de cultura friki se ha multiplicado exponencialmente.

Y tenéis esa colaboración con la revista Manual que también es un bicho raro, por decirlo así, porque la gente también podría pensar «este tocho de revista con extensos reportajes sobre videojuegos, autores y demás no tiene por qué funcionar». Y agota una tras otra.

Sí. Y eso es una paradoja, porque nosotros la definimos como la Jot Down de los videojuegos. Se me hace raro diciéndolo aquí contigo, pero sí. Me costaba pensar que esto podría funcionar. Esto se debe mucho a Nacho Requena, que es la persona que lo dirige. A su insistencia y a que ama con locura el medio y la revista. Y a Darío, porque me recuerdo diciéndole: es que no me salen las cuentas. ¿Cómo podemos vender una revista de doscientas páginas por diez euros? Es imposible, es que no va a salir. Y funcionó. Y funciona muy bien. Prometimos que no íbamos a reeditar si se agotaba y estamos ahí que no sabemos qué vamos hacer, te da pena. Es que cada revista es un universo, no van numeradas, pero yo como completista sé lo doloroso que es no tener el primer número. 

Antes hemos mencionado las novelas de zombis, hablemos de tus cinco libros.

Yo siempre he querido ser escritor, de hecho, lo de ser editor me cuesta a día de hoy, como editor he publicado mil quinientos libros y como escritor diez. Me queda mucho para poder llegar… y confío que la gente que trabaja detrás me acabe relevando algún día y poderme dedicar a escribir libros, que es mucho más relajado que estar calculando cómo llegar a fin de mes, que es lo más desagradable de esta profesión.

Escribí un libro de fantasía, me encantó, pero vi que en aquel momento eran los zombis lo que funcionaba y que  la fantasía no tenía mucha salída. Lo aparqué, había escrito las dos primeras partes de El libro de Sarah, lo dejé aparcado y me puse a escribir un libro de zombis. Recuerdo que Álvaro Fuentes era el coordinador de la línea y yo no me lo quería saltar, era feo eso de que el jefe te diga «mira, he escrito una novela, publícala». Hice como con todas las otras, se la pasé diciendo: «oye, ha llegado está novela, le he echado un vistazo y no está mal», y me dijo «sí, sí, Vicente, esta novela hemos de publicarla». En aquel momento tampoco le dije que la novela era mía y en la mitad del proceso me dice: «oye, Vicente, el autor eres tú, porque no puede ser, me contestas muy rápido a los mails». Con lo cual me dio un poco menos vergüenza a la hora de publicarla. Y la novela funcionó, menos mal, porque hubiera sido muy feo que todas vendieran y la mía no. Me acuerdo de que salió en Apple Store, y mientras que Los Caminantes y todas las otras fueron número uno, la mía no llegaba. Estaba en el dos porque había una cosa de Dora la exploradora que todos los niños debían estar comprando, y yo cada mañana, te lo digo de verdad, actualizaba y «me cago en Dios», y luego la Biblia, no sé qué cojones pintaba la Biblia ahí, pero me adelantó hasta la Biblia, y cuando por fin mi novela llegó a la primera hice pantallazo de aquello.

¿Esperas una larga vida para la revista? ¿Otros veinticinco años?

Yo creo que sí, aunque sumando las horas yo ya debería estar jubilado. Me veo dando el testigo a otra gente y yo estando ahí escribiendo las novelas, que en el fondo es lo que me gusta. Es muy bonito que te llegue una caja con tus novedades y nos tiremos todos como locos a ver quién es el que la abre y quién la ve. «Ostras, mira lo bonito que ha quedado», y además estamos haciendo cosas más raras cada vez, las industrias te lo permiten, las portadas con brillo o con tal. Recuerdo que Jaime y yo hacíamos la revista solos y pregunté a la imprenta «oye, ¿vosotros hacéis libros también?» Mira tú, el concepto que tenía y ahora no, ahora sacas libros y haces en portadas 3D o lo que sea y salen cosas muy chulas. Y sigues teniendo las mismas ganas que tenías de chaval, con veintidós años.

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1 comentario

  1. El mundo digital avanza muy rápido y tenemos que adaptarnos todos o el mundo digital se come al offline.

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