
Reunirnos con Vicente García (Palma de Mallorca, 1971) en el Salón Internacional del Cómic de Barcelona 2019 tiene mucho de simbólico para nuestro entrevistado. Allí fue donde vendió los primeros ejemplares de Dolmen, una revista que veinticinco años después se mantiene incombustible en un mercado donde las publicaciones sobre cómic (en papel) son una rareza exquisita. Una revista a la que se sumó pocos años después una editorial de cómic que se ha ido abriendo a otros formatos, siempre siendo fiel al eclecticismo en las filias de sus integrantes.
Hablamos sobre el aniversario de la revista, el caos del que nació la editorial y de cómo el paso de los años ha ido sumando a su catálogo libros de ensayo sobre cine o videojuegos, novelas de zombis o el siempre polémico libro digital. Pero también sobre la actualidad del cómic en España, las dificultades de editar desde Mallorca y sobre las polémicas que les han acompañado durante sus años de editor.
Han pasado veinticinco años desde que os gastasteis aquellas famosas diez mil pesetas en el primer Dolmen. Quién hubiera dicho que saldría toda una editorial de aquellas charlas de los viernes noche en la cafetería Mavi. ¿Cómo empezó todo?
Pues como todas las historias de las editoriales. Te iba a decir por azar, pero creo que más bien por circunstancias. Por el hecho de que te guste trabajar, que te guste lo que hagas y el hecho de que te guste organizar cosas. Yo me acuerdo de que propuse hacer un fanzine y como sucede en este caso todo el mundo: «¡Sí, sí!». Todo el mundo se emocionó, y en el momento en el que te pones, te giras y ves que no hay nadie atrás. «Bueno sí, es que tengo otras cosas que hacer…». O «ya te entregaré algo». Y me acuerdo de que en ese primer fanzine tuve que firmar con varios seudónimos, que me daba como vergüenza que fuera mi nombre el único que apareciera ahí. Surgió el seudónimo de Antonio de Castillo, que a día de hoy sigo utilizando, es mi segundo nombre y segundo apellido. Todo aquello era horroroso porque tenías que hacerlo a mano, recortar, claro, no tenía escáner, no tenía nada. Era un fanzine. Tardábamos dos meses en hacerlo. Era otro tiempo, no había internet y tenías que buscarte la vida de otra forma. Sobre todo fue gracias a los que nos han acompañado hasta ahora. Y digo «nos» porque detrás hay un montón de gente que, para que yo pueda estar aquí, están ahí trabajando y tienen las mismas ganas que yo cuando comencé. Gente más joven, pero con las mismas ganas, espero. Ellos tienen sueldo, yo no lo tenía.
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El mundo digital avanza muy rápido y tenemos que adaptarnos todos o el mundo digital se come al offline.
Gran persona y gran editor. Y la revista es una pasada. Aquí, un incondicional.