
A Isabel Steva Hernández (Barcelona, 1940) la conoce todo el mundo como Colita, que es como ha firmado sus obras toda la vida. Una vida dedicada a la fotografía, una vida dedicada al periodismo y a la cultura, una vida dedicada a contar la vida de los demás, retratando por el camino un buen trozo de la historia de la modernidad en Barcelona.
Sin sus retratos, la Gauche Divine, la Nova Canço o el boom latinoamericano no sería lo mismo. Sin ella, el mundo del flamenco luciría infinitamente menos. Con ella conversamos sobre su admirable carrera profesional, de la que nos hablará, como siempre hace, de forma apasionada, deslenguada, desaforada… Su perro Paquito fue testigo de todo.
La fotografía en España ha sido siempre muy dada a colectivizarse. Pienso en la Agrupación Fotográfica de Cataluña, en La Palangana de Madrid, en el grupo AFAL, en los de Nueva Lente… Sin embargo, tú siempre has ido por libre.
Sí, es cierto, nunca participé de esos colectivos artísticos, por más que muchos de sus miembros fueran mis amigos. Con Oriol Maspons y Xavier Miserachs salía siempre a cenar, al cine… Con Català Roca menos, porque era muy serio, estaba entonces casado y con niños, pero al final nos juntábamos todos por la noche porque éramos muy fiesteros. Ese ha sido mi grupete de amigos de toda la vida. Montse Faixat era también muy amiga mía. Poco después llegó Pilar Aymerich, que no solamente es una gran fotógrafa sino una laboratorista de escándalo. Ella se incorporó un poquito más tarde, porque estuvo mucho tiempo viviendo en Londres, pero en los setenta estaba ya completamente integrada en nuestro grupo. Mi relación con los fotógrafos ha sido sobre todo de amistad, pero es cierto que, justo en los años setenta, muchos de nosotros empezamos a tener problemas con nuestro trabajo, y eso nos unió más profesionalmente, sobre todo los que nos dedicábamos al periodismo. Los periódicos empezaron a no pagarte por las fotos, a no devolverte los originales, a no poner tu nombre… Los maquetadores se convirtieron en nuestros enemigos acérrimos, porque estaban todo el día haciéndonos cabronadas. Entonces Pilar Aymerich y algunos más creamos en mi casa la primera Asociación de Fotógrafos de Prensa y Medios de Comunicación de Cataluña. Luego ya nos fuimos trasladando a otras casas, pero aquello surgió en la mía. Y lo que empezó siendo un grupúsculo de diez personas comenzó a engordar y durante muchos años aquello funcionó, chico, qué quieres que te diga.
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¡Bufff! ¡El Maddox, qué recuerdos y alguno de ellos con Colita incluida! Creo que fue ella la que fotografió a la sensacional Teresa Gimpera «tamponada» con el logo de Bocaccio en su cuerpo (buscar foto en google) entre otras muchas fotos estupendas. Muy divertida la entrevista y recomiendo tomar buena nota de el timo a los críticos que describe en la última parte; dedicado a esos que suspiran por «El grito» de Munch y cosas parecidas. ¡Un recuerdo afectuoso para Colita!
creo que hay que saber apreciar la sátira y tener en cuenta el contexto
hay una gran diferencia entre una mujer a cuatro patas desde un angulo más que calculado para vender cualquier producto en televisión, a una fotografía de dos mujeres a cuatro patas en un marco donde a gritos se sabe donde quedaba el papel de la mujer en algunas oficinas, escenificarlo y dejar evidencia del hecho, de forma que el ver a una mujer a cuatro patas pasa a ser una consecuencia más que a un fin consumible en sí mismo
el fotógrafo eso lo sabe y creo que es un fallo por parte de una revista cultural alimentar clichés y falacias metiendo todo en el mismo saco y emborronando conceptos para aflorar y sacar de nuevo el tema «ofendiditos» siempre de forma unidireccional
que hay varias formas de tratar temas feministas se sabe, es como educar a un perro, les hay que señalan buenos comportamientos y les hay que señalan los malos, las hay que reivindican que somos igual de capaces que nuestros compañeros y que ocupamos espacio y las hay que señalan todo en lo que la sociedad es injusta con nosotras
y también están los que aprovechan para seguir dando baza, reafirmándose en blancos y negros sin tener en cuenta las escalas de grises
Para no creerse el mote de «gauche divine», bien que lo han aprovechado. Los niños terribles del franquismo. Lo que caracteriza a todos ellos es su talento para la autopromoción y para no dejar que quienes no son de su tribu prosperen. Muy graciosa cuando dice que no le gustaba la gente «que subía de las Ramblas». Vamos a visitar a los gitanos en sus covachas, pero que no entren en las nuestras. Y lo de un añito de Franco para que la gente espabile… estupendo retrato hablado.
‘Trabajar’ dice la buena señora… qué horror, espanto y miedo estos ‘modernos’, los de ahora y los de antes. Gente muy peligrosa si se les deja
Si hay algo que me tiene convencido de que el ser humano mejora a largo plazo, es contemplar con tranquilidad, que ciertos sujetos no se reproducen.
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