
Este artículo fue publicado originalmente en nuestra revista Jot Down Smart número 5.
Que el interés de los españoles por la política ha subido mucho los últimos dos años es un hecho, y por lo que toca al entretenimiento televisivo la oferta y la demanda se han retroalimentado. Aunque algunos todavía recuerden con nostalgia La clave, debate moderado por José Luis Balbín que algunos solo conocemos de oídas, solo recientemente la política ha vuelto al prime time de las televisiones. Los matinales como Al rojo vivo o las Mañanas de Cuatro, los late show como El intermedio, La Sexta noche o Un tiempo nuevo indican lo fecundo del género. Programas como Salvados o El objetivo hasta llegan a marcar agenda política por sí mismos. Tal vez El informal o Caiga quien caiga son los programas más cercanos en el tiempo antes de la re-emergencia de la política en nuestras parrillas.
Aunque esta repolitización de la sociedad puede haber parecido algo natural con la crisis, su aceleración es algo relativamente reciente. Todos hemos visto la emergencia de nuevos campeones de la comunicación. Algunos (Pablo Iglesias, Miguel Ángel Revilla o Albert Rivera) haciendo carrera política bregándose en tertulias o regalando anchoas. Otros (Eduardo Inda o Francisco Marhuenda) siendo personajes en sí mismos y produciendo odios viscerales o inquebrantables adhesiones. Así ha sido lo que algunos llaman el reciclado de Salsa rosa en el género político. Incluso dentro de los propios programas ha habido una mutación; mientras que El intermedio o Salvados comenzaron como género de humor o entretenimiento, hoy habría quien podría acercarlos al del informativo.
En otros países, como Estados Unidos, llevan más tiempo viviendo y estudiando este fenómeno. El auge de los late shows se suele explicar por el cambio en el consumo de medios tradicionales, en general porque cada vez menos ciudadanos aguantan viendo Informe semanal frente a un producto de entretenimiento. Además, vistas las jornadas laborales de los españoles, que terminan dejando como único momento de respiro frente al televisor las horas tras la cena, todavía podría entenderse más esta querencia por un género ligero. Muchos de esos cambios son imparables y, como cuenta Geoffrey Baym en From Cronkite to Colbert, hacen que los cómicos de los programas nocturnos hoy sean la principal fuente de información política de muchos ciudadanos. La pregunta es qué implicaciones tiene eso para cómo nos relacionamos con la política.
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Me sorprende mucho que se equipare El Intermedio, claramente más politizado, con El Hormiguero. Un programa se dedica a comentar y opinar sobre noticias de actualidad mientras que el otro recibe invitados que por lo general promocionan algo. Cada presentador es de una ideología pero no la muestran con la misma frecuencia. Lo dicho, me sorprende.
Coincido con el articulista en que, si este tipo de programas ( para mí el mejor es El intermedio ) sirven para que aumente el interés por la política, pues bienvenidos sean.
Y lo que no me gusta de algunos es su insistencia en incluir a tertulianos que dan espectáculo, en detrimento de un análisis mas serio y sosegado de la realidad; estoy pensando en E. Inda y F. Marhuenda, dos claros ejemplos de lo que no debe ser un periodista, pero que, eso sí, animan el cotarro, el primero con su mala educación y el segundo con sus groseras manipulaciones ( una vez le oí decir que Mussolini había sido socialista )
Es que Mussolini había sido socialista. Alucino.
No alucines tanto, deja un poco para los demás.
Y P. Iglesias es fascista, y P. Casado comunista, y Hitler de izquierdas.
Lo que hay que oir / leer…
A ver, que Mussolini había sido socialista es un hecho evidente, no una opinión. Concretamente fue miembro activo del PSI de 1900 a 1914. Hasta dirigió el periódico oficial del partido. Sí, lo que hay que leer…
A ver, Mussolini, como los nazis alemanes, se llamaban a sí mismos socialistas, ya lo sé. Pero no lo eran. Se trata de una apropiación indebida del término; en el caso de Alemania, por ej, los periódistas no se les siguieron el juego y nunca los calificaron de socialistas ( nacionalsocialistas en este caso ), hicieron bien su trabajo. No eran socialistas, por mucho que se así se calificaran ellos.
Es como si yo digo que soy el rey del mambo.
Igual no me he explicado bien. Que Mussolini había sido socialista no lo digo porque como fascista se seguía creyendo socialista, sino porque antes había sido militante del Partido Socialista Italiano. Lo que tú dices es una opinión, muy respetable y puede que esté de acuerdo contigo, pero sigue siendo una opinión. Pero que Mussolini había sido socialista es un hecho. No los nazis, no los fascistas, Mussolini.
No sé, me da la impresión que te metes en esta discusión más por orgullo y cabezonería por utilizar un término confuso como «había sido». Si hubieras dicho que Marhuenda dijo que Mussolini «era» socialista, pues te daría la razón, porque evidentemente lo que era Mussolini es fascista. Pero es innegable que «había sido» socialista, tal como le atribuyes tú a lo que dijo Marhuenda.
Ahora bien, si lo justificas por lo que dices de la auto atribución de fascistas y nazis de que se creían socialistas, ya entramos en el terreno de la opinión, y entonces lo que no tiene sentido es que la opinión de Marhuenda es una «grosera manipulación» y la tuya es palabra divina.
En fin, te dejo la última respuesta a ti, porque lo que quería decir creo que es bastante claro y lo demás es meterme en un diálogo de orgullos que no conduce a nada. Lo único que defiendo es que Mussolini había sido socialista, que en el terreno de los hechos incontrovertibles quiere decir que había sido militante de un partido socialista.
Los medios apestan y no son ni más ni menos que un reflejo de la población, encender la tele hoy significa sintonizar el Sálvame, el Sálvame deportivo o el Sálvame político. Hay que ser consciente del tiempo en que se vive, y en este simplemente no damos para más.