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Todo lo que piensa que es moderno se creó hace cien años en la Unión Soviética

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Le Corbusier y su maqueta para el Palacio de los Sóviets, 1934. Fotografía: Cordon Press.

Es perfectamente cierto, como dicen los filósofos, que la vida solo puede entenderse mirando hacia atrás. Pero olvidan la otra perspectiva, que debe vivirse hacia adelante.

Søren Kierkegaard. Diario IV A. 1844.

Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad. Es una brutalidad. Es una bestialidad.

Ricardo de la Vega y Tomás Bretón. La verbena de la Paloma. 1894.

No hay más que ir a una exposición de arte contemporáneo o pararse a mirar un edificio moderno especialmente extravagante —de esos que siempre tienen churretones y goteras— para darse cuenta de que todo esto es una mentira. Menuda tontería, eso lo podría hacer mi hijo de siete años, vamos, hombre. Si parece una cárcel. Si es que esta gente no sabe pintar y no sabe hacer arquitectura. Ni respetan el entorno ni respetan la tradición. Ya podían fijarse en las cosas tal y como se hacían antes.

Salvo, claro, que ese «antes» se refiera a hace cien años y especialmente a la URSS porque, desde la Revolución de Octubre hasta el principio de la década de los treinta, la Unión Soviética fue ariete del pensamiento artístico y arquitectónico más audaz no solo de su época, sino de todo el siglo que estaba por venir. Luego llegó Stalin y lo mandó todo a tomar por saco acusando a esos movimientos de «burgueses» y «reaccionarios» y prohibiéndolos de facto

Sin embargo, pese a que quedaron sepultadas bajo las horteradas infames que se erigieron bajo el denominado realismo socialista, las vanguardias soviéticas triunfaron. Ya lo creo que triunfaron. Tan es así que aún hoy son fuente de inspiración y de imitación de algunas de las obras más avanzadas del mundo contemporáneo. Del que nos rodea y del que nos rodeará unos cuantos años más. 

Kazimir Malévich: la primera en la frente

El 19 de diciembre de 1915 se inauguró en la Galería Dobychina de San Petersburgo la denominada por sus autores Última Exposición Futurista 0,10. Lo extraño no era el nombre, que también, sino el contenido. Una colección un poco a monte y no demasiado bien iluminada de cuadros con formas. Solo formas, sin rastro de nada parecido a algo figurativo ni mucho menos realista. Para entrar en contexto, en 1915 la Bauhaus estaba aún a cuatro años de abrir sus puertas, Kandinski seguía fiel al expresionismo, y Picasso y Braque empezaban a enseñar el cubismo al mundo. El cubismo no era más que una manera distinta de hacer figuración, poliédrica y multitemporal, pero figuración al fin y al cabo. En la Dobychina solo había formas: cruces, triángulos, círculos, trapecios. Y, colgado en la esquina entre dos paredes, el Cuadrado negro sobre fondo blanco de Kazimir Malévich. El punto cero de la pintura. 

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6 comentarios

  1. elreylagarto

    Magnífico

  2. Rusia o la ex unión soviética siempre han estado muy avanzados mucha tecnología de hoy como los viajes al espacio son de esta gran nación los rusos no necesitan tecnología de nadie por que ellos tienen mucha gente con talento y invierten en ellos siempre seran la madre patria viva Rusia uurra rusia

  3. Y aún hay más: una de las más grandes revoluciónes del arte escénico: Meyerchold revoluvionó el teatro (se le considera el padre del teatro moderno) y su sus sistema de biomecánica teatral revolucionó la dramaturgia, la formación artística y el arte escenográfico determinando un nuevo concepto per la composición del espacio, entre sus alumnos destacan Eisenstein, el primer teórico del montaje cinematográfico y no solo, sus películas ya son motivo de culto.

  4. No olvidarse de la revolución madre rusa, esa que todavía esta en curso y que se terminara próximamente (15 a 30 año s): la revolución que cambia la propiedad.De propiedad privada (capitalista) a propiedad social (socialista).

  5. Nuestra Madre Rusia y su legado es como la religión: despierta admiración, respeto y también temor cuando hablamos mal de ella. Jamás nación alguna dio tantas esperanzas a la humanidad y tantos muertos y fracasos nacionales por un ideal, pero si en la arquitectura de la Rusia comunista hay algo horrible son esas unidades habitacionales racionales y populares que hasta no hace tanto se podían ver en la Alemania del Este, en la serie Chernobyl, en mi país y en algunas ciudades del sur de Italia. Unos paralelepípedos rígidos, desagraciados, geométricos y fríos, parecidos a una multitudinaria conejera, donde todo y todos eran iguales, pero con una igualdad rayana en el desprecio arquitectónico. Pero la seguiré amando, como amo a los personajes de sus grandes escritores y a Yuri Gagarín. Excelente y reparador artículo.

  6. Excelente artículo!

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