Arte y Letras Literatura

Jaime Gil de Biedma, poema

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Jaime Gil de Biedma, 1983. Fotografía: Elisa Cabot (CC BY-SA 2.0).

No es la metáfora, es la metonimia
la clave y el emblema del poeta,
que quiere ser sus versos.

La carne se hizo verbo

Como coordinador de Hora de poesía, tuve el privilegio de ser uno de los primeros en leer «De senectute», uno de los mejores y más famosos poemas de Gil de Biedma, que se publicó por primera vez en el número 8 (marzo-abril de 1980) de la revista (aún conservo el original con la firma de Jaime, para solaz de fetichistas). Uno de los mejores poemas de Gil de Biedma, y también uno de los más desconcertantes, con respecto al cual mantuve con el autor una conversación parecida a la siguiente (la reproduzco de memoria cuarenta años después):

—¿De senectute? ¿En serio, Jaime? Acabamos de celebrar tu cincuenta cumpleaños en Bocaccio, con Barral y compañía, y estabas en plena forma, ¿qué has hecho para convertirte en un anciano en apenas unos meses?

—En unos meses no —replicó él con una sonrisa melancólica—, en una noche.

—¿La noche en la que despertaste como quien oye una respiración obscena? —cité—.

—Acabas de decirme que el poema es muy bueno, así que ya puedes burlarte todo lo que quieras.

—Es magnífico, y no me burlo en absoluto. Solo digo que me parece poco serio que te pongas en plan ancianito a los cincuenta recién cumplidos. ¿Qué nos estás contando, que ligas menos que antes, que te queda poco pelo y ya no te ves tan guapo?

Me parecía increíble que se hiciera el viejo y el acabado en plena madurez. No es el mío este tiempo. No estaré invitado ni a un instante feliz… A Jaime le hizo gracia mi impertinencia de jovenzuelo petulante, se rio con ganas y estuvimos charlando un buen rato. Y entre otras cosas me dijo que él no quería ser poeta, que lo que quería era ser poema, una frase que repetiría a menudo.

¿Y qué poema habría podido o querido ser Gil de Biedma? Por razones cuya exposición detallada excedería los límites de este artículo, en su día llegué a la conclusión de que podría haber sido una sextina. Jaime —al igual que Joan Brossa, Ezra Pound y otros grandes poetas contemporáneos— se sentía fascinado por la estructura cíclica de la sextina, una especie de cinta de Moebius verbal con vocación de infinitud, y aunque solo compuso una («Apología y petición»), dejó el embrión de otra en los seis versos finales de su poema breve «De vita beata»:

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9 comentarios

  1. El artículo me parece precioso. Denota mucha sensibilidad y la reflexión final abre las puertas a un debate interesante. Felicidades.

    • De hecho, creo que será el gran debate de los próximos años. No nos importa que las máquinas sean más fuertes o veloces; pero que nos superen como ajedrecistas, músicos o poetas…

  2. De hecho, creo que será el gran debate de los próximos años. No nos importa que las máquinas sean más fuertes o veloces; pero que nos superen como ajedrecistas, músicos o poetas…

  3. A menos que, como está pronosticado,
    toda inteligencia, natural o artificial,
    acabe sumida en la mar extendida.
    Y los cuentas del futuro sean todas arruinadas.
    Y sólo queden por leer algunos cuentos
    de barbarie cuando la torre de la civilización
    sea definitivamente arruinada.
    Pues toda cuenta termina por pagarse,
    con equipaje o con hacienda.

  4. No me pregunte por qué, puesto que ni yo mismo lo entiendo, pero una fulguración parecida al original, (que dicho sea de paso vacía y llena al mismo tiempo dejándonos un retrogusto de tragedia que desaparece por el orden maravilloso de las palabras) es el único siguiente verso.
    Falsa, pues casi siempre lo es la hacienda
    cuando a la postre hacemos bien las cuentas,
    como engañosa es la inteligencia
    de un corazón vacío y arruinado,
    que no habrá de llenarse por leer
    si no lo llena de su anchura el mar.
    Me parece imposible que haya sido construido con un programa. Tal vez la frase… algo así como… en el original, crea en mí un estado anímico que deja las realidades anteriores y posteriores a tal frase suspendidas, dejan de ser terrenas como España y sus guerras, la hacienda, el sufrimiento.
    Buen momento de reflexión y belleza.
    En un país que al final acogerá mis huesos
    blancos como las camisas blancas de esta
    España que reniego y sin pedirlo me donó
    sus versos, algo así como negar el cielo,
    sus aguas o la misma tierra negra y seca
    común a ambos que me engañó desde
    un principio prometiéndome ser poesía,
    y, sin embargo, en otro lugar no sabría
    donde peregrinar con mis huesos viejos.

    • Parece imposible, es cierto. Como nos parece imposible a los ajedrecistas y matemáticos que un ordenador gane a los grandes maestros del ajedrez y del go. Pero ya está pasando, y es solo el principio.

  5. Solo pasaron 10 años entre el poema y su muerte. Tal vez supiera que, a pesar de su juventud, estaba acabado.

    • A Jaime le diagnosticaron el sarcoma de Kaposi (primer síntoma del sida) el verano de 1985, y los cinco años posteriores a «De senectute» los vivió intensamente. En cualquier caso, uno puede escribir un poema «de vejez» a los 18 años, si así se lo piden el cuerpo o el alma; el comentario que le hice en su día fue una impertinencia juvenil que cuento como mera anécdota.

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