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J. R. Moehringer: «Si escribes sinceramente sobre la búsqueda de la felicidad de alguien, la gente no podrá dejar de leer»

J. R. Moehringer para JD 0

Esta entrevista está disponible en papel en nuestra revista trimestral número 13

Aquí me tienen. En el vermut que ha organizado Duomo en honor de J. R. Moehringer (New York, 1964), biógrafo de Andre Agassi —recuerden el celebrado Open— y autor de El bar de las grandes esperanzas, un libro que cronológicamente antecede al del tenista, aunque acabe de publicarse aquí. Se trata de las memorias del autor: la historia de un niño sin padre adoptado por un bar entero. Un bar y los hombres que lo poblaban como educación completa.

Moehringer, por cierto, es premio Pulitzer y reportero estrella de The New York Times, así que imagino que es lógico que la expectación que despierta su entrada al bar sea harto parecida a la de algún rey mesopotámico en una ciudadela conquistada. El escritor aparece por la puerta envuelto en un aura noble, bromeando con todos, seguro de ser el centro de la devoción seglar. A su paso se abren los mares y de repente la muchedumbre empujadora le planta delante de mí, un poco como al Hitler de Indiana Jones y la última cruzada, cuando se da de morros con Indy en pleno Berlín. Al instante le arrancan de mi vera, a Moehringer (no a Hitler), pero no me importa. Voy a tenerle para mí solo una hora entera esa misma tarde.

Soy rico, sí (en moneda puramente intelectual).

Ya en el hotel, cuando lo tengo ante mis narices —él con su pinta de diplomático yanqui bien alimentado, sonrisa cegadora y modales exquisitos— y buscando romper el hielo, le comento que mi pueblo natal, Sant Boi, debe ser un poco como su Manhasset, famoso por «el lacrosse y el alcohol». El mío, le digo, lo era por el alcohol y el rugby. Ah: y el hospital psiquiátrico. Moehringer levanta las cejas, periodista nato, y me acribilla a preguntas sobre el centro. Cuando le suelto que mi madre trabajaba allí, veo a Moehringer tomando notas mentales, como el impenitente cazador de buenas historias que es. Y entonces, hablamos. De bares (y pasar mucho rato en ellos) y deportes, de mito y realidad, de masculinidad y traumas, del poderoso sentimiento de pertenencia a algo, de padres ausentes e hijos geniales, de llorar en público, Jimmy Connors y el 11S. Y de Andre Agassi.

O qué se creían.

Pasaste una buena parte de tu vida en un bar [el Dickens] acompañado de otros tipejos. Resulta sorprendente la cantidad de hombres dignos y decentes con los que te topaste. Me preguntaba si decidiste esconder un poco sus partes menos atractivas a la hora de escribir sobre ellos.

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5 comentarios

  1. Mil gracias por la entrevista, Kiko, me compré el libro El bar de las grandes esperanzas después de leer en El País tu crítica y también por la insistente recomendación de un amigo. Gran libro.

  2. Carlos Valladares

    Leí Open por casualidad (como siempre ocurre en estas ocasiones) en el año de su lanzamiento. El libro me absorbió y cuando posteriormente leí «El bar de las grandes esperanzas», el efecto emotivo que tuvo en mi fue muchísimo mayor. No hubo capítulo y pasaje que no significase para mi un retrato juvenil tan auténtico, simpático y adorable. Me vi identificado en tanto y caló tanto en mi que he leído el resto de libros que hasta hoy ha producido Moehringer en repetidas ocasiones. Mi pasión por todo lo que ha escrito ha sido enorme, incluso tuve la suerte de contactar con él por Twitter para agradecerle cuanto había significado su literatura para mi.

    Muchísimas gracias por la entrevista, es un autor que respeto y tengo en un pedestal tan alto como el tuvo a sus héroes o modelos juveniles. Es totalmente cierto que las búsquedas de felicidad ajenas enganchan a uno.

  3. Los Jones, a Hitler van a buscarlo a Berlín, no a Nuremberg.

  4. Un apunte para Kiko a propósito de «No querría ser frívolo, pero el padre de Agassi era un cabrón, y obtuvo resultados». Creo que la lista de padres cabrones que no obtuvieron los resultados deseados es bastante más larga que la contraria. Por otro lado, la pregunta me ha recordado bastante a la letra de A boy named Sue, de Johnny Cash.

    Muy interesante la entrevista, muchas gracias.

  5. Gracias, por la entrevista. Ha supuesto un gran descubrimiento para mi.

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